Etnocentrismo zoológico europeo,
esta película siempre ha sido considerada una de las obras maestras del cine de
aventuras africanas. Vista (entonces, por algunas personas y) ahora (también
por algunas personas), no deja de ser la típica paletada de colonos ignorantes
y eurocentristas, aunque con un regusto por el conocimiento de floras y faunas
diferentes. Aunque, claro, ese conocimiento respondía una necesidad de supervivencia
o a un interés más o menos comercial (como en una película de Tarzán, vamos). Colonialismo,
especismo, machismo, racismo, en fin, todos los bonitos “ismos” que han hecho a
Europea y a su cultura un gran documento de barbarie, como dirían Benjamin o Jameson.
Evidentemente, Europa es un conjunto de muchas más cosas pero, en el fondo, su riqueza
y su preponderancia en el mundo se han construido con estas actitudes. Aunque Aristóteles,
Leonardo o Spinoza, por ejemplo, además de otros europeos anónimos, no tienen
nada que ver con estas cuestiones. En fin, una correcta adaptación (en la forma) de la novela de Haggard, protagonizada por dos pesos pesados de
segunda B de la época, los aventureros Stewart Granger y Deborah Kerr (como en Mogambo), y solo
para nostálgicos de un tipo de cine excesivamente deudor de su época. Escopetas
versus lanzas, vamos. Aunque la fotografía, del gran Robert Surtees y aciertos
parciales siguen manteniendo el interés más de 60 años después de su estreno. No confundir con Las minas de Rey Salmonete ni con el remake de la Cannon.
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sábado, 15 de octubre de 2016
Las minas del Rey Salomón (Aka King Solomon's Mines)
2.5*
Etiquetas:
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Romance,
Siglo XIX,
Stewart Granger
sábado, 7 de mayo de 2016
El oso (Aka L'ours)
3.5*
Jean-Jacques Annaud es uno de los
directores franceses más valientes de las últimas décadas. Ha tocado casi todos
los géneros y ha rodado casi todas las historias, aunque un elemento común a
todas ellas es su arrojo a la hora de afrontar los proyectos más arriesgados. Comenzó
su filmografía con una película sobre la prehistoria, que se ha convertido en
un film mítico, En busca del fuego. Un film
de 1981 que ha resistido muy dignamente el paso del tiempo y que se mantiene
incólume a su poder corruptor. Es verdad que, con anterioridad, Annaud había
rodado dos obras previas (El cabezazo
y La victoire en chantant) pero sería
con ese retrato de la vida antropoide, en los orígenes de la humanidad, con la
que se daría a conocer. Acto seguido vendría su exitosa adaptación de la novela
de Umberto Eco, El nombre de la rosa,
de 1986. Y, 2 años después, estrenaría El
oso, un feroz pero emotivo retrato de la vida salvaje en las espectaculares
montañas de la British Columbia (aunque, en realidad, la película fue rodada en
Los Alpes), protagonizado por un osezno cuya madre ha muerto por un
desprendimiento de rocas en un panal de abejas. Annaud consigue que el
espectador se emocione con las peripecias del pequeño animal, que parece seguir
con fidelidad el arco argumental y que, por supuesto, no necesita diálogos para
comunicar su estado de ánimo ni sus pensamientos. Estamos ante una versión
adulta y conservacionista de las películas de Disney protagonizadas por
animales, por lo menos las que Disney ha estrenado desde Bambi. Atención a la escena en la que el osezno se “reecuentra” con
su madre (sic.). En Dos hermanos,
Annaud volvería al cine rodado con animales, con una calidad similar.
domingo, 31 de enero de 2016
Carne viva (Aka Prime Cut)
3*
Desde Chicago, un matón con la
voz invernal de Lee Marvin debe viajar a Kansas City para meter en vereda a un
ganadero que pretende establecerse por su cuenta, ampliando sus negocios de
carne con el tráfico de mujeres y drogas. No por casualidad, el realismo cinematográfico USAmericano elige Chicago, uno de los templos de la industria cárnica, tal
y como mostró Upton Sinclair en su salvaje La jungla.
Por cierto, dos años antes, Alvin Rakoff también había deslizado una
imagen, en la que se compara a la mujer con el comercio de carne, en Hoffman, amor a la inglesa.
El film cuenta, con ese
aire desaliñado propio de buena parte del cine de género de la irredenta
década de los setenta, la labor del matón Nick y de sus ayudantes, que deben castigar
al indeseable Gene Hackman y a su hermano (el matarife del negocio), pero, a la
vez, también aprovecharán para redimir a una joven Sissy Spacek de su
humillante destino. Correctísimas interpretaciones, ritmo certero, un par de
escenas soberbias (la del homenaje a Con
la muerte en los talones y la del tiroteo en los girasoles), Lalo Schifrin
percutiendo la trama, una fotografía grantwoodiana.
En fin, una película que haría las delicias de El Bosco y de su carro de heno:
hasta tal punto llega el ex televisivo Michael Ritchie en su retrato
sociológico, que no deja de mostrar, con varias resonancias cáusticas y
venenosas, la naturaleza interesada y despiadada de las personas que viven
alrededor del negocio de “la carne”: ese stalag
especista, ese “triturador de carne” infinito y maloliente que hemos creado para los animales de
granja (y, en otros países, para el resto de animales). Pero Ritchie también
muestra otras dos realidades colaterales: la falta de empatía hacia el
sufrimiento de otros seres vivos y la hipocresía que hace falta para esconder
esta cruel situación.
domingo, 9 de agosto de 2015
Arachnid
1.5*
Si alguien quiere ver al gran
Pepe Sancho parándose a contemplar unas extrañas telarañas, en mitad de una
isla salvaje del pacífico, justo un segundo después de huir de una araña
mutante extraterrestre que ha atacado a su expedición de científicos y militares,
esta es su película. Estamos ante un producto serie B “prima”, mal escrita, deficitariamente
interpretada y con unos FX más caseros que la tarta de manzana de la tía
Ágatha. De hecho, podría hablarse de una de las peores realizaciones de la Fantastic Factory, ese loable pero
decepcionante intento de asentar una productora de cine fantástico en España. De hecho, es de justicia suponer que Yuzna y Fernández no esperaban esta clase de infamias. Tanto el argumento como muchas escenas intentan reproducir el cine clásico de
aventuras en la selva (un grupo heterodoxo de personas que debe enfrentarse a
una amenaza), junto con el cine de monstruos de los cincuenta (esos bichejos de
cartón piedra que tienen menos articulaciones que un Click de Playmobil®),
agregándole unas gotitas provenientes de grandes éxitos contemporáneos como Depredador, Jurassic Park o Alien. Detrás
de las cámaras, por cierto, el otrora interesante Jack Sholder.
martes, 8 de octubre de 2013
El secreto de la isla de las focas (Aka The Secret of Roan Inish)
3.5*
El secreto de la isla de las focas es una fábula sobre la mitología
irlandesa, ambientada en la vida costera y con la magia y la dureza de una leyenda
contada por un viejo marinero al calor del fuego, como en la famosa escena de
inicio de La Niebla, de John Carpenter.
Con una lograda mezcla de realidad y fantasía, la película (hermosamente fotografíada por Haskell Wexler) nos muestra a varios
personajes que le cuentan a Fionna, la protagonista, las distintas partes de un
relato que permiten al espectador ir reconstruyendo el puzzle que conforma la historia principal, la cual, además,
consigue ir desvelando el secreto al que alude el título del film. Basada en el libro infantil de
Rosalie K. Fry, aunque esté protagonizado por una jovencísima actriz, el punto
de vista está influido claramente por la nostalgia propia de la madurez. Por su
parte, Sayles rueda con elegancia y sobriedad, con “brillantez formal y
complejidad intelectual”, como diría Caparrós Lera, una deliciosa obra
sobre la fuerza de las palabras en una cultura oral como la irlandesa. La película, además,
contiene algún momento realmente memorable (como la transformación de la selkie, por ejemplo).
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martes, 7 de mayo de 2013
The Plague Dogs
3.5*
Segunda película de su director (Martin Rosen), The Plague Dogs es una emocionante
historia de animación, acerca de dos perros (Rowf y Snitter) que se escapan de
un laboratorio de experimentación, donde sufren todo tipo de penalidades, e
intentan rehacer sus vidas como animales salvajes. Para ello, tienen la suerte
de conocer a un zorro que les enseña a cazar y a sobrevivir a la presencia humana aunque
un conjunto de infortunios pondrán a la gente en su contra y tras sus pasos, lo
que les obligará a estar continuamente huyendo. La animación es relativamente
pobre y repetitiva, comparándola con la que estaba elaborando la factoría
Disney o el estudio Ghibli en la misma época (que sí utilizaban rotoscopios y
ordenadores), su estética es relativamente feista y no se hace un adecuado uso
del color. Sin embargo, su profundidad emocial y su inteligente guión, que
desarrolla la acción con múltiples elipsis y conversaciones en off, distancia este film del cartoon infantil (e infantiloide) de algunas producciones de la
época (hablamos de 1982, año del estreno de El
último unicornio, por ejemplo). Aunque es verdad que Disney llevaba varios
años sin estrenar un film de
animación (salvo Tod y Toby, de 1981)
y volvería al formato con el Cuento de
Navidad de Mickey (sic). En todo caso, del mismo año hay que destacar Los amos del tiempo, de René Laloux y
Moebius. Por otro lado, a los personajes les ponen su voz actores de la talla
de John Hurt, Christopher Benjamin, Nigel Hawthorne, Patrick Stewart o Judy
Geeson. Por último, la película tiene un final realmente emotivo y conmovedor.
Un final que se acaba revelando como una cruda metáfora de la explotación
descontrolada y cruel a la que estamos sometiendo al resto de animales sobre la
faz de la tierra, ya sea en la industria alimentaria o en el espectáculo, ya
sea en la producción de ropa o en la experimentación científica. Una de esas
historias necesarias que, por desgracia, no abundan en las pantallas porque se
tiene la érronea concepción (por ingenua) de que el cine solo debe servir para
entretener (lo que quiere decir, distraer) de la vida normal, de sus sombras y
padecimientos diarios, a los que volvemos mansamente y sin rechistar después de soñar, durante 90 o 120 minutos, con mundos mejores. Como un perro que se cansa de roer su hueso.
domingo, 7 de abril de 2013
El último cazador
3*
Docudrama en clave de epopeya (o balada) sobre los últimos cazadores de pieles o tramperos del Yucón, la zona canadiense de las
Rocosas. El director francés Nicolás Vanier regala la vista del espectador con
espectaculares imágenes y soberbias fotografías de la naturaleza en estado
salvaje y cuenta una historia interesante y atractiva sobre la supervivencia de
una forma de vida, en peligro de extención, que ha basado su éxito a lo largo
de los siglos en su respeto de la naturaleza (aunque esto daría pié a una
interesante discusión que la película, sin embargo, no plantea). Por su parte,
los “actores” hacen lo que pueden para hacer creíbles sus líneas de diálogo y
sus emociones. Hay un par de escenas extrañamente musicalizadas con la voz de Leonard Cohen. Sería conveniente que el espectador pudiera comparar con Atanarjuat, la leyenda del hombre veloz
(de Zacharias Kunuk), con Hacia rutas
salvajes (de Sean Penn) y con Infierno
blanco (de Joe Carnahan). O, incluso, con Perdidos en la nieve.
domingo, 23 de diciembre de 2012
Perro blanco
3*
Telefilm de autor sobre un perro adiestrado para
atacar a personas de raza negra, un perro que está infectado, por tanto, del
racismo de su dueño blanco anterior. El argumento es muy sencillo. Cuando una
joven actriz atropella a un perro aparentemente abandonado, lo lleva al
veterinario y lo salva pero, tras acogerle en su casa y convivir con él, una de
sus amigas sufrirá un ataque brutal. A partir de ese momento, se pondrá en
contacto con una empresa de entrenamiento animal con la intención de reeducar
al perro y de extirparle su odio racista. Con fugaces pero desgarradores destellos del genio de Samuel Fuller, la película se sigue con interés gracias
a un esquemático pero consistente guión (obra de Curtis Hanson y del propio
director que, a su vez, está basado en una novela del marido de Jean Seberg).
Además, hay que mencionar su loable perspectiva ética y su modernísima postura
en defensa de los derechos de los animales. Sin embargo, una dirección por
momentos rutinaria y un cierto sensacionalismo lastran el resultado final, así
como la mediocridad de algunas interpretaciones. Dos años después de esta
película, se estrenaría la archifamosa Cujo,
mientras que el curioso film de Isasi-Isasmendi
El perro data de 1976. A destacar la
interpretación de Paul Winnifield, la presencia de Burl Ives y del propio
Fuller, en un breve papel, así como la BSO de Ennio Morricone, con una
partitura machacona pero efectiva.
lunes, 26 de noviembre de 2012
Al azar de Baltasar
4*
En La Jungla,
ese clásico olvidado del siglo XX, Upton Sinclair se atrevió a retratar las durísimas
condiciones laborales de la industria cárnica en Chicago, así como el
sufrimiento de los animales. En la reciente Elizabeth Costello, Coetzee sugiere que el tratamiento que le damos a los animales es
similar al que los Nazis dieron a los judíos. De hecho, el autor surafricano
afirma que cada día se produce un genocidio al que damos la espalda tal como,
en su momento, ocurrió con el Holocausto. Sin llegar al extremo de Coetzee ni al nivel de detalle de Sinclair, este es el marco intelectual en el que situar esta película. Baltasar es un pequeño burrito que ha crecido entre
el cariño y los juegos de los hijos de sus propietarios. Sin embargo, al
hacerse mayor, Baltasar es utilizado, maltratado y explotado como bestia de
carga en todo tipo de duros trabajos. Los años pasan y el pobre Baltasar no siente
mejoría alguna en su durísima vida, llena de padecimientos e inclemencias.
Hasta que un día se escapa y regresa a la casa que le vió crecer. A partir de
ahí, la narración se va desarrollando de forma azarosa (como en El fantasma de la libertad de Buñuel) alrededor
de la figura de Baltasar. Elegía de la explotación animal por obra y gracia de
un realizador tan comprometido como experimental: Robert Bresson. El burro es
el símbolo de una entidad inocente en la que las personas que lo rodean
proyectan y descargan tanto lo bueno como lo malo, respectivamente, de sus
personalidades. Como la vaca de Nietzsche, el burro de Bresson rumia todo lo
que le rodea. Además, la metáfora del burro no deja de sosprender al espectador
que, a poco sensible que sea, podrá ver en ella la analogía con la propia vida
de la inmensa mayoría de los seres humanos, que vivimos en sociedades envilecidas,
indiferentes ante el sufrimiento ajeno y en las que hay poco espacio (aunque por
pequeño que sea, siempre lo hay) para la empatía y la solidaridad. Una
película valiente, adelantada a su tiempo (y al nuestro) por proponer una
emotiva defensa de los derechos de los animales mostrando, simplemente, su
condición sometida y subalterna. Estilísticamente, los encuadres, la puesta en
escena y el montaje recuerda a la escuela belga de la línea clara y a Tati. Por
cierto, alrededor de la historia del burrito, se agolpan distintas sub
narraciones humanas que quedan, como no podría ser de otro modo, en un segundo
plano gracias a la cámara jansenista de Bresson.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Earthlings
3*
Joaquin Phoenix pone la voz en off a una película documental, dirigida por Shaun Monson, sobre la explotación animal en las sociedades contemporáneas, en los cinco ámbitos en los que el resto de los animales sirven a nuestros intereses, unas veces de manera más o menos justificada, otras veces arbitaria e innecesariamente. Sin embargo, la película muestra que dicha explotación se levanta sobre una crueldad que ejercemos de manera rutinaria, maquinal y casi inconscientemente sobre nuestros semejantes animales. Esos cinco ámbitos son: la industria alimentaria, la de pieles, la de las mascotas, la del entretenimiento y la de la experimentación científica o comercial. Una película realmente terrible y desagradable pero muy necesaria. El material básico está constituido por videos rodados en cada una de esas cinco industrias, durante seis años, que están convenientemente montados para conformar un todo dramático en el que la BSO de Moby cobra un valor añadido. Hay que ver esta película: nuestro futuro moral depende de ello porque todavía existen muchas personas que se niegan a reconocer su complicidad con alguno de estos ámbitos de explotación animal. Como decía Richard Rorty, uno de los más influyentes filósofos del siglo XX, el problema moral más acuciante de nuestro planeta es cómo reducir al mínimo la crueldad existente en el mundo. Para empezar, conociendo y denunciando su existencia. Para continuar, ofreciendo a los animales una vida digna y una muerte compasiva. Y para seguir, por ejemplo, adoptando el vegetarianismo. Argumentos parecidos son también los de Elizabeth Costello de Coetzee.
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