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lunes, 29 de octubre de 2012

Expiación: más allá de la pasión

3*
Dedicada a Carlota Silvanna
Adaptar a Ian McEwan no parece una tarea especialmente difícil porque su literatura tiene componentes de naturaleza cuasi cinematográfica: una trama bien construida, escenas elaboradas a base de certeras pinceladas visuales, personajes bien definidos, ágiles e inteligentes diálogos y algún que otro poso de cuento moral. Es el caso, por ejemplo de la extraordinaria novela Amsterdam. Respecto de Atonement, se añaden además distintos elementos metaficcionales, muy del agrado del público cultivado actual (que aplaude obras como Las horas o El lector). El encargado de trasladar a la pantalla la imponente novela (más de 400 páginas) fue el director de Orgullo y prejuicio, Joe Wright, de la que entresaca varios elementos, especialmente la cuidada ambientación (por otro lado, típica de esta clase de producciones inglesas), una puesta en escena prolija en florituras y, finalmente, el protagonismo de Keira Knightley. El guión es obra de Christopher Hampton, especialista en adaptaciones literarias, director él mismo de algunas de ellas y dramaturgo original. El film cuenta una historia High-Class, con acusaciones falsas, arrepentimientos, expiaciones, pulsiones amorosas, sexuales, en tres marcos temporales distintos y localizada en Inglaterra y en Francia. Wright deconstruye la narración, como su admirado Anthony Minghella en El paciente inglés, pero consigue que el espectador no pierda el hilo de la historia. De hecho, en algunos aspectos, la trama es frustrantemente previsible. Además, utiliza un conjunto de encuadres abiertos para que la visión de conjunto y los miles de detalles ayuden al espectador a entrar en el drama de la película y también, claro que sí, para deleitar su vista. Por cierto, hay un travelling secuencia, durante la guerra, en una playa, que vale su duración en oro. Igual que el plano secuencia de Vanessa Redgrave. Sin embargo, en algunos momentos, los peores, parece que estemos asistiendo a un anuncio de Chanel o de cualquier otra marca de eau de parfum de qualité, mientras que, en otros, hay algo que evoca a El diario de Noa.




lunes, 5 de diciembre de 2011

Un método peligroso

3*


Quien haya disfrutado de la irónica y amarga literatura de Arthur Schnitzler (por utilizar las palabras de Claudio Magris), le sorprenderá muy poco descubrir los pormenores de la vida cotidiana de la burguesía mitteleuropea, tal y como queda retratada en la última película de David Cronenberg, y los factores que la sustentan: una defensa de la vida familiar, las convenciones matrimoniales y las apariencias sociales, en contraste con una obsesión por la satisfacción de los apetitos y las pulsiones sexuales, y todo ello en un clima de represión (ya subrayado por Michel Foucault). Sin embargo, como afirma el propio Jung en la película, es posible que exista en la vida algo más que sexo, en contra de lo que pueda decir el propio Freud o, incluso, un Woody Allen. Y a esto se dedica toda la historia: a desentrañar si existe o no dicha posibilidad. Así, además de una pugna intelectual entre Sigmund Freud y su discípulo C.G. Jung (lo que los personajes hablan), Cronenberg narra la relación triangular entre ambos y una paciente del segundo, la atormentada Sabina Spielrein (lo que los personajes hacen), con las teorías freudianas y el trastorno neurótico de la paciente catalizando toda la acción. El clásico Psychopathia sexualis, de Richard von Krafft-Ebing (1886), ya describió lo que constituye el caso clínico central de la historia: un caso de masoquismo (como el de Belle de jour), que pone sobre la mesa, además, el sadismo latente del terapeuta. Cronenberg sigue con su transición hacía un clasicismo en la forma y en el contenido, que ya comenzara con Spider y con Una historia de violencia, a costa de su torturado y viscoso mundo anterior, a lo que hay que añadir un comentario crítico: se abusa del plano en profundidad (un rostro en primer término y otro al fondo: ambos enfocados), como hiciera De Palma en Carrie y, con más tino, John Houston en Freud, pasión secreta, la cual, como instrumento pedagógico, al servicio del psicoanálisis, es bastante más efectiva. Por otro lado, hay que destacar el excelente trabajo de Michael Fassbender. Finalmente, la película se sostiene sobre una frialdad emocional y estética que sí, puede ser coherente con la época, pero también pueder ser interpretada como un síntoma del tipo de interés que despierta la historia.