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lunes, 5 de junio de 2017

Incidente en la esquina (Aka Incident at a Corner)

3*

Una auténtica pieza de relojería, milimétricamente escrita y montada para la televisión USAmericana, rodada por el orondo maestro el mismo año del estreno de Psicosis (y con el mismo equipo, nada menos), y con un reparto maravillosamente funcional (Vera Miles, George Peppard, etc.). Además, el tele film tiene esos destellos de genialidad cinematográfica del tito Alfred y tiene un comienzo impresionante, ya que supone la particular vuelta de tuerca del director inglés respecto de la genialidad de los puntos de vista en Rashomon, un ardid que, casi con seguridad, tuvo que estar en la mente de Quentin Tarantino cuando concibió la escena del centro comercial en Jackie Brown. Una sorpresa televisiva en toda regla que, aunque no esté a la altura de las grandes obras del maestro manipulador, sí que es una obra realmente estimable y que, además, se atreve a aleccionar sin moralizar.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Cortina rasgada (Aka Torn Curtain)

3*

¿Por qué Ingmar Bergman se vale de 80’ para contar una historia con la profundidad de Persona y Alfred Hitchcock necesita 120’ para narrar Cortina rasgada? De hecho, habría que preguntarse por qué el cine del maestro sueco es tan parvo en duración mientras que el del maestro inglés suele ser tan generoso en minutaje. La respuesta podría estar en el suspense: para crear suspense hace falta tiempo, hace falta dilatar la duración de las cosas, como señala Anthony “Hitchkins” al final de ese biopic que ha protagonizado recientemente sobre el creador de Vértigo. Y como también señalaba François Truffaut en sus gloriosas conversaciones con el auteur, recogidas en la edición definitiva de El cine según Hitchcock. En fin, reflexiones aparte, el tío Alfred pergeña una trama de espías sobre robo de secretos nucleares en el marco de la Guerra Fría, tras el telón de acero y en el marco incomparable del Berlín dividido de postguerra. Adereza la ensalada con un balsámico de Paul Newman (en su única y conflictiva colaboración con el orondo director), con las estimulantes esencias de Julie Andrews (francamente, una pareja poco sólida) y con la minuciosa partitura especiada del siempre excelente y contrapuntístico John Addison, el compositor de esas maravillas musicales que son las BSO de Un puente lejano, La huella o Mujeres en Venecia, por poner solo tres gloriosos ejemplos.


miércoles, 15 de junio de 2016

Mis 5 libros imprescindibles sobre el cine:


-       El cine según Alfred Hitchcock (François Truffaut).
-      ¿Qué es el cine? (André Bazin). 
-       Douglas Sirk por Douglas Sirk (Jon Halliday).
-       Pursuits of Happiness: The Hollywood Comedy of Remarriage (Stanley Cavell).
-       The Psychotronic Video Guide (Michael J. Weldon).

jueves, 15 de octubre de 2015

Hitchcock

2.5*

Decía Alfred Hitchcock que “el cine no es un trozo de vida sino un pedazo de pastel” (“for me, the cinema is not a slice of life, but a piece of cake”). Pues bien, haciendo literalmente honor a la frase, Sacha Gervasi fabrica un biopic apastelado, repletito de chocolate blanco, azúcar glasé y todos esos tópicos y lugares comunes sobre el orondo director (su obsesión por las rubias flemáticas, su inmadurez sentimental, su carácter obsesivo, su glotonería y hedonismo vital, su pasión por el cine, etc.). Aunque, claro, como se trata de vender la película a un público más amplio, vamos a meterle un final feliz, de esos que sonrojan a Hollywood pero que emocionan a casi todos esos espectadores medios que pagan unos 10 euros por ver una película en esos infaustos años de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Desde este punto de vista, la película no defrauda al significado de la frase hecha inglesa, “piece of cake”. La excusa argumental consiste en narrar la historia de la dificultosa producción de Psicosis, uno de los films más populares de todo el siglo XX (un genuino éxito de público en el momento de su estreno y también hoy mismo), abuelo del género de terror (tal y como se realiza en la actualidad) y padre del subgénero psicopático (tal y como se ha venido haciendo desde entonces). Por cierto: tanto Hopkins como Mirren están especialmente inconsistentes en sus papeles, mientras que Jessica Biel sobresale como Vera Miles (además de protagonizar los fotogramas más glamorosos y hechizantes de la producción). 

jueves, 14 de mayo de 2015

La soga (Aka Rope)

4*

Dos amigos asesinan a un tercero y esconden su cadáver en el arcón sobre el cual van a disponer el catering para una fiesta. Conforme avanza la velada, los nervios y las sospechas irán haciendo acto de presencia. Basada en la novela del escritor marxista Patrick Hamilton (el autor de Luz que agoniza), se trata del primer film en color del orondo director y su base filosófica puede remontarse a la obra de Thomas de Quincey, El asesinato considerado como una de las bellas artes, aunque también mantiene conexiones con Impulso criminal, de Richard Fleischer, así como con cualquier crítica sobre supuestas teorías de superioridad intelectual. La puesta en escena consiste en una milimetrada planificación, que se materializa en 10 largos planos secuencia, unidos por dramáticos fundidos y rodados con varios elegantes movimientos de cámara, más o menos como la versión de 1939 de la BBC. Por otro lado, el film está rodada íntegramente en un único decorado, construido en los estudios de la Warner en Burbank, que simula el salón de un apartamento (y alguna otra dependencia), con un gran ventanal de fondo a través del cual se puede ver una vista del skyline neoyorkino, que va oscureciéndose según va cayendo la noche, lo cual produce una extraña sensación en el espectador, que siente que el tiempo va pasando. Soberbias interpretaciones, particularmente del criminólogo Rupert Cadell (James Stewart) así como del dúo intelectuo-criminal. Probablemente, la película más teatral del maestro inglés, junto con Crimen perfecto y Náufragos


lunes, 22 de diciembre de 2014

Con la muerte en los talones (Aka North By Northwest)

4*
Dedicada a Orit A. Amar
Un ejecutivo de Madison Avenue (Cary Grant) es confundido con George Kaplan, un agente de la CIA, lo que le coloca en una trama rocambolesca y perfectamente olvidable en la que será secuestrado, perseguido, atacado e, incluso, se enamorará de una hermosa mujer. En esta trama, Grant será acompañado por sus partenaires, James Mason, Eva Marie Saint y Martin Landau. Durante las más de dos horas de película, Hitchcock irá zarandeando al protagonista del film y a los millones de espectadores del mundo entero que han sido arrastrados por esta presa desbordada de puro entretenimiento. Como decía el propio Hitchcock, North by Northwest es una broma contínua, inverosímil, que prefiere hacerse pasar por una película de intriga y de suspense. Por eso, pertenece a esa parte de su filmografía que Truffaut denominada “los tormentos de un inocente perseguido”: un auténtico “melodrama de la caza del hombre”. Hitchcock sigue con sus tramas pesadillescas, repletas de casualidades y misterios, donde la “lógica de los sueños” se desarrolla mediante una historia que pretende asirse a lo verosímil desde postulados fílmicos bastantes abstractos. De ahí la importancia de la imagen y del montaje, más que del guión, así como de algunas secuencias clave. El resultado es un cine de situaciones, del que hablara Truffaut, más que de personajes (una de las grandes carencias del trabajo del orondo director, según sus propias palabras). Por eso, en la memoria del espectador siempre estará ese Cary Grant corriendo por una carretera polvorienta mientras un aeroplano intenta matarle pasándole por encima. O a ese mismo Cary Grant, en su casi despedida del cine, descendiendo por las caras presidenciales del monte Rushmore. O la escena de la ONU.

domingo, 9 de marzo de 2014

El proceso paradine

3.5*

Alfred Hitchcock tiene una de las filmografías más absorbentes de la historia del cine. A pesar de sus continuas manipulaciones, errores y macguffins, el orondo director ha conseguido pergeñar un buen puñado de obras maestras, atestadas de una poderosísima fuerza visual. Hitchcock sabía contar una historia, crear el suspense, retorcer sus tiempos, encadenar situaciones, mantener el misterio y la ambigüedad. En esta película, por ejemplo, hay unas cuantas escenas narradas de una forma sincrética al alcance de muy pocos (las tomas de transición de la primera parte del film, por ejemplo), un muestrario completo de encuadres (incluyendo un plano wellesiano del dormitorio de la pareja protagonista) o con un uso del movimiento de cámara que dice más de lo que muestra (como ese travelling circular alrededor de Gregory Peck). De una sutileza psicológica maravillosa (atención a las conversaciones entre Gregory Peck y Ann Todd) la película cuenta con una Alida Valli, de origen aristocrático, que convence con su papel de mujer fría y extrañamente serena. Por cierto, es de justicia destacar a los secundarios (Charles Coburn, Ethel Barrimore, Louis Jourdan y Charles Laughton, nada menos). El espectador perspicaz, como el propio François Truffaut, podría preguntarse, ¿pero quién ha seleccionado el casting? Efectivamente, Selznick impuso casi todo el reparto, lo que produce no pocas reticencias en el espectador. Sin embargo, el resultado final es absorvente y admirable, aunque el desarrollo de la historia pueda parecer un tanto previsible e, incluso, pueda hacerse un tanto pesado. Hay películas cuya trama no se debería explicar. Esta es una de ellas: mejor véanla, aunque sea una obra menor, y amplien su alma.




domingo, 27 de enero de 2013

Vértigo (De entre los muertos)

4.5*

A mediados de los ochenta, se recuperaron 5 de los mejores logros cinematográficos de Alfred Hitchcock. Entre estas famosas 5 obras perdidas estaba La ventana indiscreta. Otra de ellas era Vértigo. Los reconocidos escritores de literatura criminal Boileau y Narcejac escribieron la novela sobre la que el horondo director rodó esta fascinante historia de amores y obsesiones condenados: D'entre les morts. El argumento se centra en la historia de Scottie (James Stewart), un detective retirado al que un antiguo compañero de universidad le pide el favor de que investigue el extraño comportamiento de su mujer (Kim Novak). Con un erotismo constante y un marcado regusto fantástico (que se nota desde el diseño del vestuario hasta las localizaciones, la música y el uso del color), el maestro inglés consigue engañar y perturbar al espectador moviendo a los personajes por un San Francisco onírico, casi quimérico. Además, llega a crear esa sensanción de vértigo, la misma que sufre el protagonista. Dicho efecto se consiguió mediante el famoso contra-zoom de Irmin Roberts. Una película neblinosa y cautivadora, que ha influido con decisión en parte del cine posterior. Fascinación, de Brain De Palma, es una buena muestra de ello pero incluso en Hermanas, Una historia perversa o Arma Letal 4 se puede apreciar la sombra de Vértigo. Sin embargo, por poner dos pegas (junto a los habituales errores de continuidad), igual el casting no fue del todo adecuado porque ni James Stewart ni Kim Novack resultan absolutamente convincentes ni entregados. Por otro lado, vistas ahora, algunas escenas resultan un tanto kitsch (como la del sueño). Finalmente, el personaje de Stewart, al no poder dejar atrás el pasado de una relación amorosa muy intensa pero breve, demuestra ser una mezcla no del todo atractiva de asexualidad patológica, fetichismo necrófilo y, por supuesto, obsesión emocional







jueves, 31 de mayo de 2012

Mis 5 directores sin Oscar imprescindibles:



-       Howard Hawks,
-       Alfred Hitchcock.
-       Orson Welles.
-       Fritz Lang.
-       Stanley Kubrick.

jueves, 5 de enero de 2012

La ventana indiscreta

4.5*


No se sabe muy bien cuáles son las razones por las que, en un determinado momento, un director es capaz de rodar una obra maestra. Si hablamos de Alfred Hitchcock, que tiene un buen puñado de magníficas películas, la respuesta puede hacerse aún más complicada. En cualquier caso (y al margen de posibles explicaciones), podría decirse que Rear Window constituye la aleación definitiva de todas las virtudes y obsesiones de su orondo director. Rodada completamente en los estudios de la Paramount (lo que obligó a planificarla al detalle y a volcarse en la magnífica iluminación), cuenta una historia conocida por todos: un hombre en silla de ruedas utiliza su cámara fotográfica para espiar a sus vecinos desde la ventana de su apartamento en el Greenwich Village, con la oposición de su hermosa prometida. La película cuenta, además, con la nebulosa pero irrebatible presencia de una muy uptown Grace Kelly, de un Jimmy Stewart comodísimo en su papel de Voyeur (que debe imaginar un crimen para luego resolverlo), y se apoya en un suspense excelentemente tramado y narrado, en el marco incomparable de una escenografía fabulosa, obra de Hal Pereira. De más está señalar la influencia en Peeping Tom de Michael Powell, o en Blow Up, o en Brian de Palma, o en tantos otros aunque, a su vez, podría estar influida por El susto, de 1946. Un detalle. El minuto 15 ya ha pasado a la historia del cine: constituye el mejor beso filmado nunca en Technicolor.