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martes, 18 de octubre de 2016

Mis 5 imprescindibles de Sam Peckinpah:


-       Duelo en la alta Sierra (1962).
-       Grupo salvaje (1969).
-       La balada de Cable Hoge (1970).
-       Quiero la cabeza de Alfredo García (1974).
-       La cruz de hierro (1977).

lunes, 30 de junio de 2014

Mis 5 escenas de amistad imprescindibles:

-       Escena final de Grupo Salvaje (entre William Holden y Ernest Borgnine).
-       Escena del Guiri de Yakuza (entre Robert Mitchum y Ken Watanabe).
-       Escena del reencuentro en Dersu Uzala (entre Yori Solomin y Maksim Munzuk).
-       Escena de la taberna entre Falstaff y el Príncipe Hal en Campanadas a Medianoche (entre Orson Welles y Keith Baxter).
-       Escena final frente a la chimenea en Ricas y famosas (entre Jacqueline Bisset y Candice Bergen).


domingo, 15 de julio de 2012

Mis 5 imprescindibles de Ernest Borgnine:


-       Marty (1955), de Delbert Mann.
-       Los vikingos (1958), de Richard Fleischer.
-       Grupo salvaje (1969), de Sam Peckinpah.
-       Sunday in the Country (1974), de John Trent.
-       1997 rescate en Nueva York (1981), de John Carpenter.


jueves, 9 de febrero de 2012

Grupo salvaje

5*
 
Sin lugar a dudas, la obra maestra de Sam Peckinpah y una de las mejores películas de la historia del cine, de una fuerza descomunal. The Wild Bunch (en su título original) no es un western arropado por las convenciones clásicas del género sino que es una película insurrecta, donde la historia y, sobre todo, los personajes desmitifican casi todas las convenciones previas. En este sentido, el film entronca con la crisis y con la desilusión USAmericana de la época y, también, con esa sombra del sueño americano: la figura del perdedor (pero de un perdedor que se sacrifica, al menos, por un ideal ético y contra la explotación y la crueldad humanas). Por eso se la ha calificado de crepuscular aunque podría ser preferible hablar de mexican western, en la línea de Veracruz, Bandido, Yo soy la revolución, ¡Agáchate maldito! o Los compañeros. Con un diseño de producción que potencia la belleza de lo miserable, de lo sucio y de lo imperfecto (obra de Edward Carrere), Peckinpah exprime al máximo a sus espléndidos actores protagonistas, a esa compacta y genial cuadrilla de secundarios (encabezados por un soberbio Warren Oates), a sus colaboradores técnico-artísticos (excelente fotografía de Lucien Ballard, renovador montaje de Lou Lombardo y soberbio score de Jerry Fielding), y, sobre todo, a un guión magníficamente escrito (pletórico de ideas y motivos), de una sutileza admirable, de una emoción infecciosa y de una complejidad vital, humana y social, que se expande hasta un nivel pocas veces alcanzado en el género. Tanto el comienzo como el final (de una violencia cinematográfica inusual hasta el momento, 1969) han pasado merecidamente a la historia del cine.