Uno de los más emotivos,
inteligentes y divertidos homenajes que se hayan hecho nunca al cine negro
USAmericano. A veces hay algún que otro gag
un poco simploncillo pero, en general, la película es muy divertida y
entretenida y tien un halo ciertamente maravilloso. Usando la misma técnica que
en la serie Dream On (Sigue soñando), Carl Reiner mete a Steve
Martin en una trama hardboiled, en la
que se van insertando imágenes de películas clásicas para que vayan cuadrando
con el desarrollo de la investigación argumental. El film, a demás de lo mencionado, dispone de un cebo de los buenos:
la presencia de la siempre guapísima, la "pájaraespina", Rachel Ward. Y atención, por cierto, a la tremenda fotografía
en B&W de uno de los operadores contemporáneos más interesantes: Michael
Chapman. Una curiosidad de película, que ha tenido poco reconocimiento y merece
mucho más.
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sábado, 6 de mayo de 2017
Cliente muerto no paga (Aka Dead Men Don't Wear Plaid)
3*
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lunes, 17 de abril de 2017
La cabaña en el bosque (Aka The Cabin in the Woods)
3.5*
Lovecraft decía que “the oldest and strongest emotion of mankind is fear”,
especialmente el miedo a lo desconocido. Y el ser humano, no todos pero sí casi
todos, se han sentido atraidos por las distintas formas de representar el
terror, tanto en literatura como en las artes plásticas o el cine. Sobre los
rituales, sobre los dioses antiguos y sobre los sacrificios, especialmente a
los que el maestro de Providence llamaba los Great Old Ones. Una película que rompe las reglas, los moldes de
varios géneros (terror, ciencia ficción, comedia), donde no se sabe muy bien
qué va a pasar a continuación pero que, en última instancia, se sostiene sobre
un guión que de tan sofisticado que es por momentos se muestra parcialmente
inverosímil. Por otro lado, como en Muerte
entre las flores, hay demasiados detalles que encajan muy forzadamente y
que, además, continuamente llaman la atención del espectador sobre la
naturaleza titiritera del producto. En última instancia, la película es una
muestra de lo que podríamos llama terror metaficcional, como la
interesante Detrás de la máscara: El encumbramiento de Leslie
Vernon. De hecho, desde
una posición típicamente postmoderna (autoconsciencia
irónica), el film está repleto de
múltiples referencias a los mitos del terror de varias culturas y de varios
lugares (desde el hombre lobo hasta Cube,
desde el payaso de It hasta la obra
de Clive Barker), además de a varias películas, especialmente a Posesión infernal Viernes 13 y a los clásicos slasher
de la ultraconservadora década de los ochenta. Es decir, lo mismo que Joss Whedon está realizando con la space opera.
martes, 28 de febrero de 2017
Il profumo della signora in nero (Aka The Perfume of the Lady in Black)
3.5*
Ernesto Gastaldi ha escrito que
un giallo no es un thriller, ni una historia detectivesca,
ni una película de suspense o un film
de horror… pero que puede ser cualquiera de estas cosas. O bien, todas a la
vez. Esto es, precisamente, lo que le ocurre a este oscuro y maldito giallo italiano, protagonizado por la
hipnótica Mimsy Farmer (que acababa de trabajar con Argento en Cuatro moscas sobre terciopelo gris), rodada,
al parecer, en solo 8 semanas y una obra maestra en toda regla. Sin ningún
punto de contacto con la novela de Gaston Leroux de mismo título, Francesco Barilli
construye una atmósfera de paranoia traumática terrible, a base de múltiples
detalles y simbologías, a plena luz del día, en exteriores, pero también en los
maravillosos interiores donde se desarrolla la trama, estupendamente
fotografiados por un tal Mario Masini, con un estilo y una iluminación que
recuerdan a los de los maestros Dario Argento y Mario Bava. Conviene no revelar
nada del argumento, un tanto hitchcockiano,
porque se puede revelar la sorpresa brutal que supone el visionado del film pero sí que se puede adelantar que
la película es tremendamente barkeriana
y polanskiana… Así que atención al
terrible y apocalíptico final (un final, por cierto, que recuerda al de Escalofrío, de Carlos Puerto).
lunes, 27 de febrero de 2017
Desaparecida (Aka Spoorloos)
3.5*
El film original holandés, pergeñado por George Sluizer, y sobre el
que se basó el remake USAmericano de
mismo título (¡sí, ese de la novia que desaparece en la gasolinera, protagonizado
por Kiefer Sutherland, Sandra Bullock y Jeff Bridges, y en el que el novio se
dedica "miles de años" a intentar saber el paradero de su amor). La
verdad es que estamos ante una magnífica película de misterio y suspense que,
además, puede llegar a ser muy absorbente (siempre y cuando no se conozca la
historia, claro). La película está correctamente interpretada, despliega un
sabia dosificación de la angustia (y de los sustos) y desarrolla un magnífico retrato
de una de las principales enfermedades sociales: la sociopatía, en sus dos
vertientes. Los habitantes de los EE.UU. y de sus colonias culturales habrán
visto el remake pero conviene ver la
obra original, sin ninguna duda.
miércoles, 15 de febrero de 2017
Vanishing Point (Aka Punto límite: cero)
3.5*
En una
cultura como la USAmericana, que se ha levantado gracias a grandes epopeyas
viajeras y a enormes desplazamientos de personas, y que, en la actualidad, ha
desarrollado una forma de vida basada casi primordialmente en el coche (y en sus
más diversos accesorios), no es de extrañar que exista casi todo un género
dedicado al mundo del motor, en sus más variadas formas (coches, motos,
camiones, carreras, persecuciones, accidentes, etc.). Entre este tipo de películas,
hay un señalado énfasis en una forma de vida basada en el viaje, como si la
cultura no pudiera echar raíces. De hecho, existe esa genuina tradición USAmericana de
las road movies, en particular, de
esas películas de persecuciones entre buenos y malos, entre proscritos y
agentes de la ley, como Dirty Mary Crazy
Larry, Gone in 60 Seconds, Thunder and Lightning, Return to Macon County, Two-Lane Blacktop o Electra Glade In Blue. En el caso de esta película, y desde
el punto de vista narrativo, Sarafian opta por contar una road movie nihilista, mediante una presentación y un flashback, una especie de version del
cuento de Ambrose Bierce, Suceso en el
Puente de Owl Creek. Estamos ante un film
extraordinario, un canto a la libertad y a la individualidad de un pueblo que,
como los pollitos de Llueve sobre mi
corazón, ha terminado por vivir estabuladamente. Una de las obras maestras
del género en la irredenta década de los setenta, con más capas de significado que muchos films con más renombre.
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miércoles, 11 de enero de 2017
Terciopelo azul (Aka Blue Velvet)
3.5*
Una de las mejores formas de
definir a David Lynch es mirar una de esas ilustraciones de Norman Rockwell por
detrás. O darles la vuelta: es algo banal, familiar, pero es algo a lo que se le
ve las entrañas. David Lynch es como ver por primera vez el escaparate de una carnicería.
O como fijarse en esos cangrejos que todavía están vivos en el mostrador de una
pescadería de barrio. El cine de Lynch es como un pellejo visto desde dentro. Pero, también, el
cine de Lynch es lo que hacen los personajes de Edward Hopper antes de
encerrarse en sus habitaciones o en sus bares. Algo parecido escribió David Foster Wallace en un artículo suyo que se hizo famosísimo en los noventa, un
artículo que publicó en Premiere. Algo
Lyncheano, decía, es algo banal,
oscuro, surrealista y violento. Y esto es, precisamente, Terciopelo azul. Una canción hermosa, como epítome del American Way of Life, que, en realidad,
esconde un submundo turbio, violento y misterioso. Una de esas “pequeñas películas
excéntricas” en las que Lynch se embarcó después del fracaso anunciado de Dune. Una obra hipnótica, icónica y fascinante. Un film que cimentó la fama y el éxito de su creador. Una película que no gustará a todo el mundo.
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viernes, 30 de diciembre de 2016
Metrópolis (Aka Metropolis)
4.5*
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| Dedicada a Orit |
Una de las obras maestras del
cine de ciencia-ficción de todos los tiempos, Metrópolis se alza como un monumento a la imaginación humana más
crítica y visionaria. A través de la elaboración detallada de una distopia,
Lang y von Harbou, su mujer, retratan un mundo
futuro en el que el capitalismo ha definido con precisión las clases sociales y
ha creado un mundo en el que los ricos y los pobres se enfrentan
inexorablemente. Pero es un mundo en el que también hay espacio para el amor.
Para un amor redentor, como el que luego marcaría la diferencia en Matrix. Para un amor milenarista y judeo-cristiano
y, por lo tanto, un amor revolucionario. Para un amor sincero y transversal. Mucho
se ha hablado de los efectos especiales (cortesía del engranaje de la UFA), del
estilo fílmico expresionista (pionero y desolador, en manos de Karl Freund) o
de la música que ha acompañado a varios de sus reestrenos o reediciones (como
la versión con el score de Giorgio Modorer)
pero poco se ha hablado de la historia y de la enorme lupa cáustica que sus
autores pusieron sobre la Europa de entreguerras, una Europa que estaba siendo
asolada por el fascismo, por el capitalismo de estado, por una lucha de clases
irredenta y por los pilares económico-culturales de la sociedad de masas. Una
Europa que ha sido retratada por genios como Walter Benjamin, Siegfried
Kracauer o Joseph Roth. Y por genios como Fritz Lang o Thea von Harbou quienes,
en esta maravilla visual y moral, dejaron un monumento fílmico a la posteridad
de cualquier época y lugar.
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miércoles, 30 de noviembre de 2016
Zaat (Aka The Blood Waters of Dr. Z)
2*
Monster movie casposa y costrosa, en la vetusta tradición de El monstruo de la laguna negra, prototípica
hasta la extenuación, pero que no deja de tener su encanto y ciertas escenas
muy bien rodadas y montadas. Un científico majareta, en su cutre laboratorio,
se transforma en una forma de vida acuática mediante un experimento de su
invención. El siguiente paso es conseguir una mujer de sus mismas
características… pero… los experimentos no saldrán bien. El pueblo cercano,
mientras tanto, empieza a sufrir los ataques de tan despiadada y acartonada criatura. Una producción Barton Film
que, como curiosidad, tiene dos escenas tronchantes: una en la que un sheriff se lleva a un grupo de hippies a la cárcel a ritmo de un tema
tipo Jethro Tull; y otra en la que aparece un desnudo interruptus, que luego se completa con un semi-desnudo de espaldas.
Para rizar el rizo, vamos. Y el final, sin duda, es de lo más curioso. Por
cierto, el film se puede ver como un
antecedente directo de La cosa del pantano.
jueves, 29 de septiembre de 2016
Fellini, ocho y medio (8½) (Aka 8½ Otto e mezzo)
4*
Marcelo, ese periodista arquetípico
de La dolce vita, es “ahora” un
director de cine que, en plena crisis de inspiración, pone en marcha una nueva
película. El productor, el guionista, los actores, las actrices, los técnicos, todos
los implicados en la misma le acosan para que defina, cuanto antes, su nueva
obra, una obra que tiene lazos fantásticos y de Ciencia Ficción, sobre un
Holocausto termonuclear. Federico Fellini abandona definitivamente su previo
neorrealismo en pos de un nuevo estilo, una mezcla de costumbrismo arrebatado, esperpento
all'italiana, unas
gotitas bien dosificadas de surrealismo simbólico, metaficción y esa especie de
realismo ambiguo, de “realismo mágico”, que será la característica primordial del resto de su filmografía. En
pantalla, y con la ayuda de un blanco y negro pulcro y prodigioso, se suceden
una serie de situaciones y acontecimientos, aparentemente arbitrarios, pero
que, poco a poco, van dibujando una historia que, desvaneciendo los límites
entre la realidad y la ficción, habla de la creación, del pasado, de la
identidad, de la memoria colectiva y del amor. Una historia que impresiona al
espectador mediante una puesta en escena vanguardista que alterna entre la
sobriedad, el plano secuencia (ese que tanto amó Berlanga), pequeños
movimientos de cámara a contrapelo (que tanto gustan a Scorsese), una
profundidad de campo apasionante (que seguro que Kubrick conocía muy bien) y el
abigarramiento estético y moral puramente felliniano.
En definitiva, el canto del cisne del cine de su autor, una película compleja y
rica que logra vertebrar, como ninguna otra de su filmografía, casi todos los
elementos y obsesiones de su autor. 10 años después, y frente a una tesitura
parecida, Federico volvería a asombrar con la más popular Amarcord, igualmente poseedora de una BSO deliciosa del gran Nino
Rota.
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viernes, 23 de septiembre de 2016
Ciudadano Kane (Aka Citizen Kane)
5*
Obra maestra. Un poderoso
ejercicio sobre la identidad y la memoria. Como decía su propio creador, una
película solo es buena desde el momento en que la cámara se transforma en el
ojo de un poeta. Por eso, solo por ver la exuberante y barroca fotografía de Gregg
Toland ya merece la pena ver esta maravilla del séptimo arte. Históricamente,
se trata del estreno en pantalla grande de su jovencísimo director, un Welles teatral
muy pagado de sí mismo pero que fue capaz de contar una historia adulta y crítica,
con tintes sociológicos, por un lado, y shakesperianos, por el otro, con una narración
sofisticadamente adaptada a la profundidad de la trama y con un elenco de
actores a la altura de la propuesta. Como no podía ser de otra manera, el propio
Welles quedó insatisfecho con la obra. Por su parte, el mundo entero se quedó
petrificado. Aunque hay todavía miles de millones de personas que no la han
visto e, incluso, algunos que la detestan. ¡Maldita subjetividad!
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viernes, 29 de abril de 2016
Carretera asfaltada en dos direcciones (Aka Two-Lane Blacktop)
3.5*
Sin lugar a dudas, una de las más
fascinantes road movies del cine
USAmericano contemporáneo, un puro y desgarrado canto al motor de explosión, a
Detroit y a la vida en la carretera. El mismo director, Monte Hellman, monta
con precisión mecánica esta historia mínima pero que, en pantalla, funciona
como uno de esos anuncios de Marlboro
o Coca-Cola de la avenida Madison. Es
decir, como un commercial sobre la
libertad. Pero la película tiene otra lectura. Si el progreso de un país se
mide por la relación que ha creado entre su capacidad tecnológica y sus
costumbres morales, Two-Lane Blacktop
funciona como una terrible metáfora del vacío existencial que asola a esa “pesadilla
con aire acondicionado” de la que hablaba Henry Miller. En todo caso, de forma
hipnótica y con una intriga creciente, el espectador seguirá a varios locos de
las carreras, al conductor (James Taylor), al GTO (Warren “muscle car” Oates),
a la chica (Laurie Bird) y al mecánico (Dennis Wilson, ex Beach Boys y poseedor de uno de los mejores discos de Pop de finales
de los setenta, el Pacific Ocean Blue).
Como instantánea espiritual de una época gloriosa de nuestra historia reciente,
este film de 1971 se revela, con toda
su fidelidad y profundidad, como un canto arquetípico a ese nihilismo
desencantado que puede ser visto como el rasgo más importante de la década de los setenta (de forma similar a lo que hizo Punto límite: cero).
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