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miércoles, 8 de marzo de 2017

Mr. Holmes

3.5*

En un ambiente bucólico del countryside inglés, típicamente british, un anciano Sherlock Holmes acaba de regresar de Japón y comienza a recordar su último caso. Corre el año de 1947 y sus facultades intelectuales y deductivas comienzan a sufrir los rigores de la edad. Una película muy sofisticada, por la diversas líneas narrativas que se fusionan en la trama (la del presente en , la de los recuerdos de Holmes en Japón y la de la historia que él mismo está escribiendo y que está siendo leída por el hijo de su nueva housekeeper) y un argumento muy complejo y de hermosas resonancias pero resuelto todo con mucha sobriedad y precisión por un Bill Condon en estado de gracia. Una hazaña cinematográfica que recuerda, sin duda, a la de Resnais y su Providence, protagonizada por un maestro de Sir Ian McKellen, John Gielgud. Como curiosidad, además de los múltiples homenajes a las novelas y a las películas del mito, en el film aparece una película inventada que está protagonizada por Nicholas Rowe (el protagonista de Young Sherlock Holmes). Una película que, aunque muy diferente en temática y naturaleza, puede verse junto con otra maravillosa película del director: la revolución sexual y humana de Alfred Kinsey, estrenada en 2004 pero referida a unos hechos de 1948. En definitiva: un homenaje inteligente, emotivo y muy respetuoso con El Canon. Puede decepcionar un tanto pero eso depende, por supuesto, de las espectativas de cada espectador.


sábado, 27 de diciembre de 2014

El Hobbit: Un viaje inesperado (Aka The Hobbit)

2*
Tras la trilogía de El señor de los anillos (una jugada maestra desde el punto de vista cinematográfico y artístico), Peter Jackson presenta la primera parte de su segunda trilogía. Esta vez sobre la novela infantil El Hobbit, cronológicamente anterior a las aventuras de las tres primeras películas. Y si es comprensible que las más de 1.300 páginas de El señor de los anillos se conviertan en tres films, no lo es tanto que una novela de poco más de 300 se transforme en casi 8 horas de cine. Aquí comienza el primer problema de esta enorme producción: que la historia tiene muchos puntos muertos, escenas estiradas absurdamente y bajones rítmicos por doquier. La historia no da para más. Pero hay algún que otro problema añadido. Por ejemplo, el espíritu infantiloide de la trama, de algunos personajes y de algunos diálogos así como su humor ramplón. Igualmente, la historia calca de alguna manera la excusa argumental de la primera trilogía: un viaje iniciático y de aventuras que debe hacerse formando parte de un grupo heterogéneo. Es verdad que algunas escenas son impresionantes (como la de la cueva de los trasgos, por ejemplo), especialmente si se contemplan en 3D, y que algunos planos paisajísticos son excepcionales, pero Jackson no consigue que el espectador deje de sentir una especie de déjà vu por cuanto está viendo en pantalla. Eso si no se aburre soberanamente o si no le da por pensar acerca de la enorme suerte que tienen todos y cada uno de los personajes. En definitiva, una película repetitiva, estirada en buena parte de su metraje, infantil en su desarrollo y que, además, resulta inverosímil incluso para el género mitológico-fantástico al que pertenece. Es decir, El Hobbit: un viaje inesperado es como La amenaza fantasma: una película innecesaria. Casi nadie la verá en años sucesivos.