En un ambiente bucólico del countryside inglés, típicamente british, un anciano Sherlock Holmes
acaba de regresar de Japón y comienza a recordar su último caso. Corre el año
de 1947 y sus facultades intelectuales y deductivas comienzan a sufrir los
rigores de la edad. Una película muy sofisticada, por la diversas líneas
narrativas que se fusionan en la trama (la del presente en , la de los
recuerdos de Holmes en Japón y la de la historia que él mismo está escribiendo
y que está siendo leída por el hijo de su nueva housekeeper) y un argumento muy complejo y de hermosas resonancias
pero resuelto todo con mucha sobriedad y precisión por un Bill Condon en estado
de gracia. Una hazaña cinematográfica que recuerda, sin duda, a la de Resnais y
su Providence, protagonizada por un
maestro de Sir Ian McKellen, John Gielgud. Como curiosidad, además de los
múltiples homenajes a las novelas y a las películas del mito, en el film aparece una película inventada que
está protagonizada por Nicholas Rowe (el protagonista de Young Sherlock Holmes). Una película que, aunque muy diferente en
temática y naturaleza, puede verse junto con otra maravillosa película del
director: la revolución sexual y humana de Alfred Kinsey, estrenada en 2004
pero referida a unos hechos de 1948. En definitiva: un homenaje inteligente,
emotivo y muy respetuoso con El Canon. Puede decepcionar un tanto pero eso depende, por supuesto, de las espectativas de cada espectador.
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miércoles, 8 de marzo de 2017
sábado, 27 de diciembre de 2014
El Hobbit: Un viaje inesperado (Aka The Hobbit)
2*
Tras la trilogía de El señor de los anillos (una jugada maestra desde el punto de vista
cinematográfico y artístico), Peter Jackson presenta la primera parte de su
segunda trilogía. Esta vez sobre la novela infantil El Hobbit, cronológicamente anterior a las aventuras de las tres
primeras películas. Y si es comprensible que las más de 1.300 páginas de El
señor de los anillos se conviertan en tres films,
no lo es tanto que una novela de poco más de 300 se transforme en casi 8 horas
de cine. Aquí comienza el primer problema de esta enorme producción: que la
historia tiene muchos puntos muertos, escenas estiradas absurdamente y bajones
rítmicos por doquier. La historia no da para más. Pero hay algún que otro
problema añadido. Por ejemplo, el espíritu infantiloide de la trama, de algunos personajes
y de algunos diálogos así como su humor ramplón. Igualmente, la historia calca
de alguna manera la excusa argumental de la primera trilogía: un viaje
iniciático y de aventuras que debe hacerse formando parte de un grupo
heterogéneo. Es verdad que algunas escenas son impresionantes (como la de la
cueva de los trasgos, por ejemplo), especialmente si se contemplan en 3D, y que
algunos planos paisajísticos son excepcionales, pero Jackson no consigue que el
espectador deje de sentir una especie de déjà
vu por cuanto está viendo en pantalla. Eso si no se aburre soberanamente o
si no le da por pensar acerca de la enorme suerte que tienen todos y cada uno
de los personajes. En definitiva, una película repetitiva, estirada en buena
parte de su metraje, infantil en su desarrollo y que, además, resulta
inverosímil incluso para el género mitológico-fantástico al que pertenece. Es
decir, El Hobbit: un viaje inesperado
es como La amenaza fantasma: una
película innecesaria. Casi nadie la verá en años sucesivos.
Etiquetas:
2012,
3D,
Acción,
Adaptación,
Aventuras,
Cine fantástico,
El Hobbit: Un viaje inesperado,
Espada y brujería,
Ian Mackellen,
Peter Jackson
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