Imaginémonos un personaje de The Walking Dead, fuerte y adiestrada,
que se queda sola con su marido y con su hija en mitad de la montaña… Imaginemos
que se desarrolla una especie de capítulo extendido de la serie, con su lucha
por la supervivencia, en un mundo asolado por infectados hiperviolentos... Imaginémonos
que se hace una película sobre este tema con dos líneas narrativas: la del
presente y la del pasado reciente, que explica varias cosas extras... Imaginemos
que todo ello se cuenta con parsimonia pero con destellazos de violencia y
brutalidad... Imaginémonos que no hay muchas perras pero sí bastante talento,
especialmente de la protagonista, una Lucy Walters muy metida en el personaje,
muy creíble, que lo mismo te fusila un ciervo que se impregna de heces para que
los infectados no la reconozcan... Pues bien, no hace falta imaginarse nada: ¡este
humilde film cuenta todo esto! Disfrutable pero no memorable.
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jueves, 29 de junio de 2017
sábado, 3 de junio de 2017
Neither the Sea nor the Sand (Aka Ni el mar ni la arena)
3*
Cine oscuro, maldito y de culto, como lo llaman en Exhumed Movies, estamos ante una película absorbente y atmosférica,
que está ambientada en el mundo marino de los faros y las costas inglesas, que
está basada en una historia hermosa y perversa de amor más allá de la muerte,
en la línea de un Edgar A. Poe, y con puntos
en contacto con la maravillosa Deathdream
de Bob Clark. El film se levanta
sobre los paisajes, los diálogos, los silencios, las miradas de los
protagonistas, pero, sobre todo, a partir de la excelente
interpretación de Susan Hampshire (presente, también, en las maravillosas El amuleto del diablo o Malpertuis), que hace un papel de Oscar
(no tanto su partenaire
interpretativo). La trama consiste en una historia de amor entre dos personas solitarias,
en un ambiente bucólico y con un giro inesperado y dramático en su relación. En
definitiva, el producto no es para todos los paladares pero es una obra maestra
de la sugestión y el desasosiego y tiene varias escenas tremendísimas y muy
bien armadas.
viernes, 7 de octubre de 2016
Train to Busan (Aka Tren a Busan)
2*
El enésimo exitazo surcoreano que
llega a las pantallas occidentales y no deja de ser una película previsible,
estereotipada (en personajes, caracteres, situaciones, diálogos y resoluciones)
y típica. Además, la historia tiene varios fallos graves de guión (como unos
zombies que están persiguiendo a unos humanos en el tren y, de repente,
desaparecen en la siguiente escena), situaciones ojipláticas de “anda la
hostia, ¿y esto por qué pasa ahora?” y sorpresas no muertas del estilo. Finalmente, tiene la típica chorrada esa de,
según las necesidades narrativas, así se transforman de rápido o de lento los
zombies. Por no mencionar a esas masas informes de zombies y/o infectados que
cualquier espectador puede apreciar que son más falsas que la sonrisa de un político en campaña. En fin, una mezcla de elementos extraídos de Snowpiercer, El tren del infierno, Guerra mundial Z, 28 días después y
alguno de los films de zombies del
gran George A. Romero (sí, esas obras que se atreven a lanzar a la cara del
espectador lecturas críticas de la sociedad contemporánea) y que, por todo
ello, tampoco destaca por su originalidad. A Romero, por cierto, se le rinde un
cumplido homenaje en la escena final de la cinta. Potable, solo potable,
si tu nivel de conocimiento zombie no pasa del libro The Zombie Survival Guide,
de Max Brooks o de la serie The Walking
Dead.
miércoles, 31 de agosto de 2016
La divertida noche de los muertos vivientes (Aka Return of the Livind Dead Part II)
2.5*
El éxito del video musical de Thriller, dirigido por John Landis a
comienzos de la ultraconservadora década de los ochenta, propició que el mundo de
los muertos vivientes llegara a las pantallas de todo el mundo y se hiciera mainstream. Bueno, el video de Michael
Jackson y la filmografía de George A. Romero, para qué negar lo evidente. Entre
las producciones fantaterroríficas que salpicaron de sangre, vísceras y
cerebros purulentos los maravillosos años ochenta, destaca la producción de Dan O’Bannon, El regreso de los muertos
vivientes, una película simpatiquísima de cuyos imberbes espectadores
admiraron, por igual, su humor negro, sus efectos especiales truculentos y sus
tintes erótico festivos. Además, había un marcado mensaje anti gubernamental, una
recuperación nada nostálgica del punk
y un enaltecimiento del género zombie.
Tres años después de este suculento bocado, el guionista y director parece
sacarse de la manga una especie de remake
(o versión simple) del film de 1985.
Aunque, eso sí, enfocado a un público más adolescente y no tan marcadamente
juvenil. ¿Qué tienen en común ambas películas? La premisa: un barril cae por
accidente de un camión militar y la lía parda en un pequeño pueblo. En el film
de O’Bannon en un cementerio. En el segundo caso, en una pequeña ciudad
USAmericana en construcción. Un buen programa doble para ver con la chavalería.
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viernes, 25 de marzo de 2016
No profanar el sueño de los muertos
3*
Una máquina que emite radiaciones ultrasónicas, diseñada para acabar con los insectos de la campiña inglesa del Distrito de los Lagos, produce la
resurrección de los muertos, que se levantan sedientos de sangre y con muy
malas pulgas. Un variado conjunto de personajes que se hallan por la zona
habrán de hacerles frente. A medio camino entre el stablishment atrofiado de la década de los sesenta y la
experimentación propia de la irredenta década de los setenta (es decir, con un
conflicto generacional de fondo), Jorge Grau regala a la cinematografía
española su clásico film sobre
zombies, en la estela de La noche de los
muertos vivientes, con ciertas situaciones y un “primer final” parecidos pero con ciertos rasgos
personales (por ejemplo, los zombies son capaces de ejecutar ciertas acciones
coordinadas). Con apuntes sociológicos y, sobre todo, ecológicos, la película
cuenta con la icónica presencia de Arthur Kennedy (¡grandes actores, en horas
bajas, poniendo su talento en distintos productos de serie B!) así como de un
buen puñado de actores de reparto con gloriosas e interesantes filmografías
(José Lifante, por ejemplo, pero también Cristina Galbó o Raymond Lovelock). En
definitiva, una película muy disfrutable, que tuvo que rodarse en coproducción
y con una puesta en escena y unos maquillajes ciertamente estimables, además de
una agradecida “clean-direction”, como escribe Peter Dendle en su The Zombie Movie Encyclopedia.
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lunes, 29 de febrero de 2016
El terror llama a su puerta (Aka Night of the Creeps)
3*
Imagínense el Vinieron de dentro de…, de David
Cronenberg, pero rodado con la pulcritud de una comedia universitaria
USAmericana de la época dorada. Si se le añaden algunas de las convenciones de
las películas de zombies y una excusa argumental calcada de los Critters o, incluso, de Fuerza vital, entonces, solo entonces,
tendremos esta estupenda creación de Fred Dekker, el mismo director de House, una casa alucinante. El film es un homenaje permanente al cine
estudiantil de la ultraconservadora década de los ochenta, al que se le ha
metido con calzador una trama de invasiones extraterrestres que transforman en
descerebrados lo que ya, de alguna manera, está un poco descerebrado: la mente
de un universitario medio. Y todo encaja perfectamente. Dekker ha dado con una
fórmula muy atractiva. Hasta el punto que Robert Rodriguez (en The Faculty) y David Nutter (en Comportamiento perturbado) la explotarían
unos cuantos años después. La única pega a la función es el ritmo de algunas
secuencias, el retardo de algunas réplicas-contrarréplicas, así como el timing general de la narración. Por lo
demás, una película estimable, que tiene una composición estética admirable
(50% Lynch, 50% Bava) y unos FX como
de clase de pretecnología, como debe ser.
sábado, 15 de agosto de 2015
Bienvenidos a Zombieland (Aka Zombieland)
3*
Siguiendo a Guy Debord, la
premisa de esta película bien podría ser la siguiente: si vivimos en lo que se
denomina “la sociedad del espectáculo”, ¿por qué todo es tan aburrido? ¿Por qué
el espectáculo nos produce tanto sopor? ¿Y por qué nos aburrimos tanto en nuestros
escasos momentos de ocio? Pues bien, para que esto no nos ocurra, y siguiendo
esta premisa, Rubén Fleischer (el director de la homóloga 30 minutos o menos), factura la penúltima parodia de ese soñado Apocalipsis
zombi que es el sino de los habitantes-freaks de la sociedades Occidentales contemporáneas.
En la línea de Zombies Party, Desmembrados, Memorias de un zombi adolescente o Juan de los muertos, la película está plagada hasta la saciedad de
homenajes/guiños cinéfilos y momentos de coña. Pero tiene algo que la diferencia
del resto de zombiemovies: un cameo
francamente gamberro de Bill Murray. Lo que el espectador va a contemplar es
una auténtica montaña rusa de acción, vandalismo y disfuncionalidades sociales
con unas gotas de humor post traumático y el protagonismo de un Jesse Eisenberg
pre La red social. Un film recomendable para una de esas dead nights que todo el mundo sufre
entre semana, en esa carrera hacia la muerte cuyos boxes son los fines de semana. Por cierto, como era de esperar, ya se
ha anunciado una segunda parte.
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viernes, 20 de marzo de 2015
La noche del comenta (Aka Night of the Comet)
2.5*
A la mañana siguiente del paso de
un cometa cerca de la tierra, la ciudad de Los Ángeles se despierta sin habitantes.
Solo con dos chicas, algún que otro superviviente y un extraño secreto por
descubrir. Es decir, una versión de ¿Dóndeestá todo el mundo? (tanto el capítulo de Twilight Zone como el telefilm
de 1974). Night of the Comet es una
película post apocalíptica, políticamente incorrecta (en plenas Cultural Wars de la ultraconservadora
década de los ochenta), poseedora de un espíritu muy propio de la época y con
unos extraños mutant comet zombies pululantes,
que van y vienen por el metraje dando sustos de vez en cuando. En realidad, es
como una versión deluxe de cualquier
producción Troma del momento (el efecto apocalíptico se consigue con un
sempiterno filtro rojo lo que le da un aura de comic strip) ya que, a una premisa aterradora, se le añade una
comedia adolescente, aventuras en plan La superviviente, de Paul Gillon, muchas ochentadas pop (justo para
divertirse, como diría Mickey Vainilla) y una BSO repletita de sintetizadores. Aunque
el desarrollo de la segunda mitad y el propio final es de un convencionalismo
decepcionante. En todo caso, el componente conspiranóico alinea este film en el bando de producciones tan
estimulantes como Están vivos, The Quiet Earth o Hidden (Lo oculto).
miércoles, 17 de diciembre de 2014
Messiah of Evil
3*
La historia del cine está llena
de pequeñas obras maestras subterráneas a las que el cinéfilo curioso puede
acercarse tanto por casualidad como por recomendación. El mesías del mal es una de estas obras extrañas y alocadas que
salpican el desarrollo del género fantaterrorífico contemporáneo.
Concretamente, es una de las más lúcidas y vanguardistas maravillas de los años
setenta, una mezcla muy seductora de Lovecraft, David Lynch y algún que otro
elemento extraído del trabajo de George Romero y de Dario Argento. Ideada,
escrita y rodada por el tándem Willard Huyck-Gloria Katz (los guionistas de American Graffiti), El mesías del mal supone una bocanada de aire fresco en el género
(así como un sorprendente descubrimiento), tanto por su inquietante, abstracta
y fantasmal atmósfera como por la pulcritud estética con la fue rodada, lóbrega
y esteticista a partes iguales. Además, el metraje está salpicado de asombrosos
personajes, situaciones surrealistas y un puñado de escenas que hielan la
sangre (la del supermercado o la del cine, por ejemplo). En todo caso, no es
injusto señalar que la sensación final puede ser un tanto decepcionante e
insatisfactoria, sobre todo por ciertas vacilaciones. Estrenada el mismo año
que El exorcista, 1973, integra una
especia de oscura cuadralogía terrorífica, junto con Let’s Scare Jessica to Death, The
Wicker Man y Lemora.
sábado, 27 de septiembre de 2014
Miedo en la ciudad de los muertos vivientes
2.5*
En un pueblo llamado
Dunwich, cuyos orígenes se remontan a Salem, un párroco se ahorca en una
iglesia, hecho que abre de par en par las
puertas del infierno y, con ello, el mal se apodera del lugar. Por
eso, un nutrido grupete de flesh-eating
zombies comienza a salir de sus tumbas, lo que extraña y asquea por igual a
los habitantes del lugar. Por su parte, un periodista y una joven (Catriona
MacColl), inmersos en una investigación policial, llegan hasta el pueblo con la
intención de descubrir el misterio, cerrar las puertas malignas y salvar al
pueblo y a la humanidad entera. Segunda parte de la pentalogía USAmericana de Lucio
Fulci (junto con Nueva York
bajo el terror de los zombies, El más
allá, Aquella casa al lado del
cementerio y El descuartizador de
Nueva York) y de la trilogía de los morti
viventi (con El más allá y Aquella casa al lado del cementerio),
con más de lo mismo (de hecho, por ejemplo, el comienzo de esta y el de El más allá, son calcaditos), pero con
un poco más de pericia, tanto desde el punto de vista del guión como desde el
trabajo de planificación y dirección. Por otro lado, como escribe Kim Newman,
se trata de un producto que se refiere temática y espiritualmente a la obra de
Lovecraft, Clark Ashton Smith y Henry James y eso, por sí
solo, ya es una virtud. En un momento determinado del desarrollo cinéfago de
cualquier persona (pero, eso sí, con un gusto determinado por el terror),
películas como esta pueden causar cierta impresión pero, pasado el tiempo y con
un cierto bagaje cinéfilo a sus espaldas, productos así no hacen sino despertar
la nostalgia del espectador o, en su defecto, una sonrisa indulgente. En todo
caso, un producto gore a tope y con algunas escenas que, por derecho propio,
forman parte del top trasher
del director.
jueves, 15 de mayo de 2014
Juan de los muertos
2.5*
Dos amigos sobreviven en Cuba trapicheando como
pueden. Pero, un buen día, un virus se propaga por La Habana y los cubanos
comienzan a transformarse en zombies. Al comienzo, se acusa a la disidencia
insular en connivencia con el gusano USAmericano pero pronto se comprende que
el asunto es más grave de lo que parece. Coproducción cubano-española, a
iniciativa del propio director, y rodada en la propia isla. Alejandro Brugués
propone una relectura de género a la vez que plantea una más que evidente
crítica al anquilosamiento en que vive la revolución, la revolución de los zombies. De todas formas, la
relación entre el cine de zombies y la alegoría política tampoco es novedosa:
toda la obra de Romero rezuma de esta contundente mezcla. El acabado se queda en
el pasillo que une el amateurismo y
lo profesional: la fotografía es plana (digital, monocromática), los efectos
digitales no son del todo convincentes, el maquillaje es mediocre y se abusa de
la sangre pixelada. Por último, el control del ritmo no está suficientemente
sopesado y las situaciones supuestamente dramáticas hacen agua (igual por la música). Aunque, por otro lado, hay suficientes guiños y homenajes para hacer
el visionado un tanto entretenido, por lo menos desde el punto de vista
cinéfilo. Además, el espectador recuerda ¡Vampiros en La Habana! y se sonríe del tiempo que ha pasado. Por otro lado, entre el mosaico de interpretaciones, se pueden destacar un par de
ellas pero, en general, hay una limitación clara en este sentido. En
definitiva, el argumento no sorprende, el desarrollo no asusta, los gags no hacen mucha gracia y la acción
no entretiene. Lo más destacable, además de la curiosa premisa de base (una
empresa que se deshace de los muertos vivientes), es el hecho de que se haya
materializado en pleno régimen castrista. Por cierto, en toda la película no se
pronuncia ni una sola vez la palabra zombie, por lo menos en castellano.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Aquella casa al lado del cementerio
2*
En una vieja mansión de Nueva
Inglaterra, un doctor y su familia se instalan para que el marido investigue el
suicidio de un científico. Pronto comenzarán a sufrir los sustos y acosamientos
de una extraña presencia. A partir de una historia que recuerda levemente al gran
escritor de Providence así como a Henry James, la película tiene un aspecto
visual que no esconde su inspiración argentiniana, especialmente de Suspiria. Aunque en este caso, la
mansión no está encantada ni poseída sino más bien ocupada. Ocupada por el
doctor Freudstein, nada menos. La dirección muestra muchos de los rasgos
típicos del estilo Fulci: mucha cámara subjetiva, mucho desenfoque, mucha saturación de luz, muchos
movimientos de cámara fulminantes y cosas así. Además, Fulci exprime hasta la
náusea una contracción del tiempo y del espacio más propia del cartoon que del cine de terror
convencional. La verdad es que la película es un poco costrosa en casi todos
sus aspectos técnico artísticos (la iluminación, el montaje, las
interpretaciones) y el argumento tiene más agujeros que un queso de Gruyère (lo
mismo que en El más allá pero todo
mucho más flojo). Por eso, es una lástima que Fulci no haya cuidado un poco más
algunos aspectos: le hubiera salido un film
basante más aceptable. En cuanto al factor gore,
la película parece un puesto de casquería: mucha sangre, muchos cuerpos
desmembrados, muchos gusanos y mucha putrefacción. Todo lo cual hará las
delicias de un público barbilampiño o nostálgico pero el neófito sentirá
repugnancia, aburrimiento o la risa floja. O las tres cosas. La música, por
cierto, es una podredumbre aparte (salvo algún que otro corte).
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Aquella casa al lado del cementerio,
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Zombie
sábado, 12 de noviembre de 2011
Zombies party
3*
Shaun es un joven inglés que deja transcurrir su vida entre un trabajo insulso, los ratos que pasa con su desastroso amigo en la taberna The Winchester y una monótona relación sentimental con una chica que, además, se aburre soberanamente con él. Y nada parece que vaya a cambiar en esta vida. Nada, hasta que su novia le planta y los zombies comienzan a campar a sus anchas por las calles de Londres. Sobre esta premisa, Edward Wright construye una comedia zombi con multitud de buenos momentos, creativos gags y sin mayores pretensiones, salvo rendir un agradecido homenaje al maestro del género, George A. Romero. Por su parte, el humor y las situaciones absurdas recuerdan a la minusvalorada Mi novia es un Zombie, de Michele Soavi, mientras que el tono socarrón general y el aliento romántico nos traen a la mente Zombieland, de Ruben Fleisher, aunque la comparación más evidente es con la reciente Attack the Block. El resultado final es una sorprendente, divertida y -en muchos momentos- realmente ingeniosa recreación de la invasión zombi como
sustituto de una vida vulgar, rutinaria y frustrante.
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