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martes, 15 de marzo de 2016

Mis 5 películas de ciencia ficción clásicas imprescindibles (1):


-       Metrópolis (1927).
-       Ultimátum a la tierra (1951).
-       Planeta prohibido (1956).
-       La invasión de los ladrones de cuerpos (1956).
-       El tiempo en sus manos (1960).




lunes, 6 de julio de 2015

El río (Aka The River)

4.5*

La tercera obra maestra sin parangón de Jean Renoir (junto a La regla de juego y La gran ilusión), una meticulosa, poética y casi impresionista representación de la vida en “la joya de la corona”, donde la adolescencia, el amor y la madurez transitan al ritmo que marcan las emociones y la propia corriente de la naturaleza, identificada con el río sagrado hindú, el Ganges. Renoir utiliza la metáfora heraclitiana del río para ofrecer una hermosísima reflexión sobre la vida y la muerte en un marco particularmente sugerente, el marco histórico-político del final del colonialismo inglés tras la independencia de la India. El argumento no puede ser más sencillo: 3 chicas jóvenes de diversa y variada condición y personalidad, se debaten entre su educación, sus instintos y sus deseos en pos de la aventura y el amor. La llegada de un capitán USAmericano tullido espoleará la competitividad entre ellas (en particular, entre dos) pero también los valores morales que llevan dentro. El film alterna entre el retrato de personajes, la descripción cuasi documental y detallista de los paisajes y las costumbres del país, y el simbolismo más instructivo. No por casualidad, es una obra de referencia para creadores de la talla de Satyajit Ray o Wes Anderson. Una de las películas más hermosas de su director, repleta de infinitos detalles, solo apreciables tras varios visionados, y con una luz, un cromatismo visual y un olor que impregnan al espectador de vida y de esperanza (obra del sobrino del director). La importancia de un autor como Jean Renoir queda clara cuando se sabe que el Edmund Wilson de la crítica cinematográfica, André Bazin, estaba trabajando en una monografía sobre el director francés antes de morir, una monografía que editaría, posteriormente, nadie menos que François Truffaut.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Surcos

3.5*

Una familia de pueblerinos se traslada a la capital en una España autárquica regida por la supervivenvia, la amoralidad y el estraperlo. En cuanto llegan y se instalan en una corrala de Lavapiés, cada miembro del clan debe echarse a la calle para ganarse el pan y, sobre todo, los cuartos. Junto con Los peces rojos, la otra obra maestra del realizador José Antonio Nieves Conde, quien (inspirado por Zavattini y sobre un minucioso guión co-escrito por Gonzalo Torrente Ballester, en el que se entrecrucan varias historias), levanta un retrato neorrealista de ese Madrid de miseria y picaresca que tan bien describió el Camilo José Cela de La colmena, el Luis Martín-Santos de Tiempo de Silencio o el Ignacio Aldecoa de Espera de tercera clase. La película tiene un magnífico nivel técnico-artístico, algunas secuencias de extraordinaria modernidad (como la escena del humo del tren, al final, o ese par de escenas de rápido montaje) y constituye una panorámica coral del tipo de vida que llevaban los españoles al comenzar la década de los cincuenta. Probablemente no se escribió y se rodó con un objetivo profético pero, como dice la sabiduría popular, de aquellos barros estos lodos.

martes, 12 de agosto de 2014

El merodeador (Aka The Prowler)

3*

Como escribe Javier Coma en su imprescindible Diccionario de la caza de brujas, Joseph Losey, acusado por el Macarthismo, tuvo que exiliarse a Gran Bretaña a finales de 1952, donde continuaría su carrera con un buen puñado de obras prestigiosas, tanto en cine como en teatro. Sin embargo, con anterioridad, Losey había ya realizado un buen puñado de buenas películas. En este caso, se trata del segundo de los films de serie negra que Losey rodó al inicio de su carrera, junto con El forajido, M y Larga noche. Es curioso pero este humilde film noir no denuncia la corrupción política ni la policial, ni describe una sociedad podrida hasta los huesos ni una forma de vida represiva y vulgar. Este film noir, simplemente, describe una atracción sexual más poderosa que el disparo de una magnum. Bueno, y también el mundo de las apariencias sociales y de la falsa honradez. El agente Webb Garwood (Van Heflin) acude con su compañero a una casa residencial donde vive una mujer (Evelyn Keyes, por entonces casada con John Houston, quien produce la película junto con Sam Spiegel para el sello Horizon), que ha denuncia la presencia de un merodeador. Webb, un policía cínico y descontento con su trabajo, poco a poco se va enamorando de la mujer hasta que descubre que está casada. Aún así, la corteja y la consigue. Hasta el momento que el marido lo descubre y surje la posibilidad de hacerlo desaparecer, aprovechando la denuncia anterior. Por cierto, la voz que se escucha en la radio, que se supone que es la del marido, es realmente la voz del guionista, el gran Dalton Trumbo. Y una última advertencia: no confundir con el clásico slasher de los ochenta de mismo título.

 

lunes, 7 de octubre de 2013

Cuando los mundos chocan (Aka When Worlds Collide)

3*

El cine de SciFi USAmericano de los años cincuenta, aunque no fuese bueno, tenía una indudable virtud: su concisión. Es decir, las historias se desarrollaban en torno a los 90’ pero había muchas que rondaban los 60’-70’. Por tanto, por muy peregrinas o bizarras que fueran sus historias, no concedían tiempo al aburrimiento. Cuando los mundos chocan, de 1951, es una de estas creaciones. Un equipo de científicos descubre que un nuevo planeta va a pasar cerca de la Tierra y que, con la cercanía y potencia de su atracción, va a producir todo tipo de desastres. Pero ahí no acaba su descubrimiento porque revelan que, además, un segundo astro va a chocar directamente contra nuestro devastado planeta, acabando con todo rastro de vida y, por tanto, con nuestra civilización. Por ello, se embarcan en una difícil y contrarelojera misión: construir una nave que pueda poner a salvo a un selecto grupo de humanos y animales en un nuevo planeta. Una idea propia de una sociedad optimista e industrial. Una idea que casa muy bien con una sociedad que acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial con el dominio mundial en sus manor. Y una idea que, por otro lado, no encaja con el nihilismo pesimista y generalizado de la actualidad. De hecho, es una idea que ni se plantea el infeliz Lars von Trier en su endeble reflexión estético-apocalíptica. Rudolph Maté, el director de la excelente Con las horas contadas, rueda uno de los primeros clásicos del género catastrofista, muchos años antes de Armageddon, El día de mañana o Deep Impact. Y lo hace con la solvencia narrativa y los ajustados medios técnicos propios de la época, aunque con un resultado más que loable y un espíritu final absolutamente resplandeciente. A la producción, el inquieto George Pal, que quería rodar una secuela titulada After Worlds Collide.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Alicia en el país de las maravillas

3.5*
 
Uno de los clásicos de la época dorada de The Walt Disney Company, dirigido por el autor de varios éxitos de la productora, Clyde Geronimi, con la colaboración de dos pesos pesados de la compañía, Hamilton Luske y Wilfred Jackson. Si en todas las historias de la Disney aparece la típica concepción conservadora de la vida, propia del fundador de la compañía (llegando al estereotipo femenino y al machismo de Blancanieves y los siete enanitos y La bella durmiente o a la glorificación de la ética protestante del trabajo en Tiempo de melodía), en esta narración es relativamente difícil (aunque no imposible) encontrar una cierta visión conformista de la realidad detrás de la fachada subversiva y surrealista de la trama, respetuosa, eso sí, con el espítiru de las dos novelas originales de Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo), aunque amputadas en más de una parte. Así, se quedan fuera múltiples trabalenguas, los poemas nonsense (defendidos por Chesterton), varios personajes y capítulos, los juegos lógicos, las referencias ajedrecísticas, algunas reflexiones retorcidas sobre la realidad y los sueños, etc. Además, el argumento de las dos novelas está mezclado y la trama tiene varios añadidos, cosecha de la casa. En todo caso, el trabajo de animación es impresionante aunque el diseño de personajes esté inspirado, claramente, en la obra del ilustrador original, John Tenniel. Por otro lado, la popularidad de los caracteres (ese sombrerero loco que recuerda a Bertrand Russell), la riqueza de los colores (filmados en Technicolor) y los sorprendentes gags visuales (como el que señala Martin Gardner sobre la Oruga) hacen de la película una experiencia inolvidable (mucho más que la reciente y saturada opera burtoniana), una experiencia que el ritmo y la música no hacen sino acompañar deliciosamente. Y todo ello en poco más de 70’. Hay partes, por cierto, que serán recuperadas por el imaginario de Jim Henson mientras que otras recuerdan a El mago de Oz.





domingo, 30 de septiembre de 2012

Mis 5 imprescindibles de Ava Gardner:


-       Forajidos (1946).
-       Pandora y el holandés errante (1951).
-       Mogambo (1953).
-       La condesa descalza (1954).
-       La noche de la iguana (1964).