Jennifer O’Neill pasó el verano del 42 más sola que la una, en ausencia de su marido, alistado en la marina
USAmericana que sirvió en la 2ª G.M. Sin embargo, durante esas vacaciones
estivales, se entregó al amor con un inmaduro adolescente a punto de dejar de
serlo. En este film, la granjera Alice
(Glenda Jackson), que tiene a su marido prisionero de los japoneses en esa
misma conflagración mundial, recibe a un misterioso soldado británico en su
solitaria finca del countryside
inglés. Poco a poco, comienzan a intimar y, parafraseando creativamente a
Cernuda, la soledad y el deseo harán el resto. Extraña producción de Michael
Apted (casi casi su estreno cinematográfico oficial, tras una interesante
carrera como director de teleseries y algunos documentales), en la que la
ambientación, la interpretación y una dirección sobria como un vaso de leche de
antaño hacen el resto. La película toca temas tan interesantes como la
deserción, el travestismo o el crimen por amor pero lo más destacable es la
fascinante caracterización de la Jackson, partenaire
de un Oliver Reed rudo como un sargento en celo y de un Brian Deacon femenino y
frágil como una muñeca de porcelana. Una muy interesante loseta en el camino de
baldosas amarillas de ese maravilloso cine olvidado de la irredenta década de
los setenta. A redescubrir.
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sábado, 26 de septiembre de 2015
miércoles, 24 de junio de 2015
Como un torrente (Aka Some Came Running)
4*
Como en
An American Tragedy, de Dreiser,
Minelli rueda la historia de un arribista, David Hirsch (Sinatra), un escritor
medio fracasado que acaba de regresar de la Segunda Guerra Mundial a su pueblo
natal, en busca de sus orígenes pero también de un futuro viable. Excelente
melodrama de finales de los cincuenta, dirigido con esa rara mezcla de compacta
narración, poderosa puesta en escena y perspicaz profundidad psicológica,
propia de buena parte de la obra de Vicente Minnelli. Radiografía de una parte
de la sociedad USAmericana, concretamente de los intersticios y los contactos
entre las clases medias y las clases trabajadoras, representadas por Arthur
Kennedy y su hermano Frank Sinatra, así como por Martha Hyer y Shirley
MacLaine, respectivamente, rodeados por un outsider
(Dean Martin), que es el único personaje que consigue mantener su coherencia
durante todo el metraje,. Comparable a los mejores logros de Douglas Sirk en el
género, tanto en el análisis de los valores y de la moralidad de cada tipo
social, como en la disección de las necesidades y de las pasiones humanas. En
est sentido, Minelli cumple a la perfección con ese apotegma de Italo Calvino
que asegura que el artista ha de tener un compromiso “cívico y político” con la
sociedad que le sustenta, como ser humano y como creador. Por otra parte, la
película explora con mayor contundencia que Sirk el uso del color, los
movimientos de cámara (especialmente en los travellings),
los encuadres expresivos y la composición de las escenas según los estados de
ánimo que sugieren las tonalidades. Pinceladas intelectuales aquí y allá para
un film que acaba, abruptamente, [spoiler] con
el más injusto de los cierres.
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viernes, 23 de enero de 2015
Aquel maldito tren blindado (Aka The Inglorious Bastards)
3*
Quentin Tarantino ha dicho en varias ocasiones que el origen de su Malditos bastardos hay que buscarlo en
un pequeño film de Enzo G. Castellari
(de hecho, el propio título es un homenaje a esta película de 1978). Por otro
lado, Harold Bloom ha resaltado en toda su carrera a los ensayistas y a los
escritores proféticos, aquellos que nos ayudan “a convertirnos en lo que somos como
individualidades con preocupaciones, más que como individualistas indiferentes
a nosotros mismos y a los demás”. De alguna forma, el tipo de cine rodado por
Castellari (irónica serie B de género) prefigura la propia obra de Tarantino.
Esta película es una muestra excelente: un replanteamiento del género bélico
(desde El tren hasta los Doce del patíbulo), con una
extraordinaria concepción de la trama (entretenidísima) y del montaje y un
espíritu irónico salpicando todo el producto, desde el diseño de personajes y
la concepción de la música hasta los diálogos, la crítica del estamento militar
y el propio final. Igual es un poco exagerado comparar a Castellari con un
cineasta profético pero la comparación se sostiene igualmente: sin este tipo de
cine corrosivo, visto y deglutido por Tarantino en su juventud, probablemente,
su personalísimo estilo nunca se hubiera desarrollado.
martes, 13 de enero de 2015
Un puente lejano (Aka A Bridge Too Far)
4*
Como decía Chris Marker en Level 5, “no puede haber películas de guerra porque las películas de guerra no huelen como la guerra”. Y sin embargo, las hay. Como esta cuasi olvidada producción de los hermanos Levine de la irredenta década de los setenta. A la dirección, Richard Attenborough, el hermano del naturalista y presentador de documentales de la BBC, y poseedor de una filmografía tan extraña como interesante. El reparto, es realmente impresionate (un listado de más de 20 estrellas del cine Hollywoodiense, británico, alemán y sueco de la época). Y la historia, una exquisita y detallada maniobra, repleta de acción y de ironía, que tiene como objetivo desmontar la visión heróica de la guerra, el triunfalismo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial y la supuesta racionalidad de la estrategia militar. Pero para ello hay que ver el film en su integridad porque, esto está claro, la película arranca con tranquilidad, con parsimonia, y, sin embargo, poco a poco, va construyendo un discurso crítico y nada complaciente sobre la sinrazón de la estructura castrense y todas sus acciones. Como contrapunto a esta operación fílmica, John Addison entrega una de sus más sofisticadas partituras.
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jueves, 4 de diciembre de 2014
Tiempo de amar, tiempo de morir (Aka A Time to Love and a Time to Die)
3.5*
Erich Maria Remarque fue un escritor que disfrutó
de gloria y fama durante un buen periodo de tiempo (antes y después de la
Segunda Guerra Mundial). Como Vicente Blasco Ibañez antes que él, Remarque fue
adaptado a la pantalla grande por algunos de los mejores directores del Star System. Tras la adaptación de Lewis
Milestone de Sin novedad en el frente,
su amigo Douglas Sirk acomete la tarea de plasmar en imágenes la novela contra
la Alemania de Hitler, un momento histórico que el propio Sirk vivió de forma
dramatica y que, además, ya había llevado al cine con anterioridad (en Hitler’s Madman, por ejemplo). La trama
se sitúa en el frente ruso y cuenta la historia de un soldado de infanteria nazi (curioso y sorprendente punto de vista) que, cansado y hastiado de los
horrores de la guerra, decide vivir su esperado y ultimo permiso como si fuera
el ultimo. En dicho interim, visita
su ciudad natal para intentar encontrar a sus padres pero lo que encuentra es
el amor así como una extraña sensación de náusea vital. Sirk realiza un
trabajo de ambientación extraordinario (hasta el punto de que muchos planos
recuerdan la detallista obra gráfica de Jacques Tardi) y presenta un absorvente
melodrama bélico, con tintes trágicos, en el que hay franco espacio para la
reflexion filosófica y política. Con una música estupenda de Miklós Rózsa y
unas interpretaciones suficientes, A Time
to Love and a Time to Die se eleva como una de las últimas obras maestras
del director de origen alemán, una maravilla fílmica de hondas raíces
humanistas y estéticas.
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lunes, 24 de noviembre de 2014
Salvar al soldado Ryan
2.5*
Tras el desembarco de Normandía, un escuadrón del ejército USAmericano debe infiltrarse en terreno Nazi para poner a salvo a un soldado. Tras esta misión intrascendente se esconde una de las producciones más absurda e injustamente sobrevaloradas de toda la filmografía del irregular Steven Spielberg. En el plano moral, la película queda definida perfectamente por su introducción y por su epílogo, rodado a la manera del que cerró La lista de Schindler y con su mismo espíritu: entroncar el pasado con el presente, aunque se haga de una forma superficial, patriotera y acrítica. Por otro lado, sorprende la forma con la que la mayoría de los personajes matan, mutilan y arrasan a todo tipo de enemigos, sin dudar y sin sufrir emoción alguna. Este aspecto también podría ser reprobable. En el plano estético, el metraje sorprende por su uniforme regularidad. Pero es que, además, en el plano narrativo, Spielberg va sobresaltando, aturdiendo y aburriendo al espectador, casi a partes iguales. Es verdad que la primera escena es impresionante (los primeros 10-12 minutos) pero también es verdad que una película no es mejor por un nivel feroz de hiperrealismo sangriento. En este sentido, es un defecto del espectador medio y no un acierto del film el hecho de que sorprendiera por su crudeza en la representación de la guerra. Por otro lado, dicha crudeza solo parece afectar a la carnaza narrativa porque muchos de los personajes de la trama van sobreviviendo a mil y una peripecias militares insignificantes, que no tienen más interés que el de que el espectador vaya comprobando la influencia que ha tenido esta cinta en el desarrollo de varios productos de entretenimiento en la era del simulacro (videojuegos como Medalla de honor: ¡qué casualidad!). En definitiva, una visión hipervitaminada de la II Guerra Mundial que solo te atrapa cuando te escupe sangre a la cara con el sonido seco de los disparos de fondo.
viernes, 28 de junio de 2013
Los violentos de Kelly
3*
Hayden White afirmó en Metahistoria que el pasado puede ser contado de varias formas: como
tragedia, como comedia, como sátira o como un romance. De hecho, el cine sobre
la Segunda Guerra Mundial ha ido tocando cada uno de estos palos, aunque ha
prevalecido la forma trágica (disfrazada o mezclada con el cine de aventuras).
Incluso se pueden encontrar películas cómicas lo que, en el fondo, le da la
razón al historiador USAmericano. De hecho, el cine bélico en clave de comedia,
referido a la 2ª GM, tiene su propia sección en la historia del cine, desde El gran dictador hasta La vida es bella, pasando por ¿Qué hiciste en la guerra, papi?, 1941 o Desventuras de un recluta inocente. Y, por supuesto, no han faltado
los críticos que se han llevado las manos a la cabeza por frivolizar y
trivializar tan dramático y cruel acontecimiento histórico. En todo caso,
matiza White, la preferencia por una u otra versión de la misma porción del
pasado responde a razones estéticas o morales más que científicas. En el caso
de Los violentos de Kelly, la
historia se centra en un grupo de soldados que descubren que, pocos kilometros
tras las líneas enemigas, los nazis guardan 16 millones de dólares en oro, lo
que disparará sus ganas de hacerse ricos y, por tanto, sus avaricias personales.
Pero también la capacidad de trabajar en equipo, como en Tres reyes. Brian G. Hutton rueda una ácida historia de acción, con
un nutrido grupo de simpáticos y entrañables personajes y con un acertado uso del
ritmo narrativo (aunque la mezcla de géneros y la excesiva duración no juegen
siempre a favor del film). Además, no
faltan los momentos de humor, las parodias y las burlas, lo que estimula
nuestras representaciones amables de la guerra (sic).
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lunes, 29 de octubre de 2012
Expiación: más allá de la pasión
3*
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| Dedicada a Carlota Silvanna |
Adaptar a Ian McEwan no parece una tarea especialmente
difícil porque su literatura tiene componentes de naturaleza cuasi cinematográfica:
una trama bien construida, escenas elaboradas a base de certeras pinceladas
visuales, personajes bien definidos, ágiles e inteligentes diálogos y algún que
otro poso de cuento moral. Es el caso, por ejemplo de la extraordinaria novela Amsterdam. Respecto de Atonement, se añaden además distintos
elementos metaficcionales, muy del agrado del público cultivado actual (que
aplaude obras como Las horas o El lector). El encargado de trasladar a
la pantalla la imponente novela (más de 400 páginas) fue el director de Orgullo y prejuicio, Joe Wright, de la
que entresaca varios elementos, especialmente la cuidada ambientación (por otro
lado, típica de esta clase de producciones inglesas), una puesta en escena prolija
en florituras y, finalmente, el protagonismo de Keira Knightley. El guión es obra de
Christopher Hampton, especialista en adaptaciones literarias, director él mismo
de algunas de ellas y dramaturgo original. El film cuenta una historia High-Class,
con acusaciones falsas, arrepentimientos, expiaciones, pulsiones amorosas,
sexuales, en tres marcos temporales distintos y localizada en Inglaterra y en
Francia. Wright deconstruye la narración, como su admirado Anthony Minghella en
El paciente inglés, pero consigue que
el espectador no pierda el hilo de la historia. De hecho, en algunos aspectos, la
trama es frustrantemente previsible. Además, utiliza un conjunto de encuadres
abiertos para que la visión de conjunto y los miles de detalles ayuden al
espectador a entrar en el drama de la película y también, claro que sí, para
deleitar su vista. Por cierto, hay un travelling secuencia, durante la guerra, en una playa, que vale su duración en oro. Igual que el plano secuencia de Vanessa Redgrave. Sin
embargo, en algunos momentos, los peores, parece que estemos asistiendo a un
anuncio de Chanel o de cualquier otra marca de eau de parfum de qualité, mientras que, en otros, hay algo que evoca
a El diario de Noa.
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sábado, 20 de octubre de 2012
El desafío de las águilas
3*
A la sombra del
inaugural Los Doce del patíbulo (1967),
de Robert Aldrich, Brian G. Hutton dirigió esta cinta bélica de aventuras con un variopinto grupo de militares empeñados
en intentar rescatar a un alto mando aliado que los nazis retienen en el Schloss Adler, un
inexpugnable castillo en pleno corazón de los Alpes. Con eficaces toques de intriga, propios de las
película de espionaje, el film juega
muy bien sus escasas pero contundentes bazas: un guión sencillo (de Alistair
MacLean, el autor de Los cañones de Navarone) pero efectivamente rodado y montado, un ritmo pausado que va
adaptándose convenientemente al suspense y a la acción (donde no faltan las
convenientes elipsis), una fotografía con apropiados tonos fríos para los
exteriores y cálidos tonos para los interiores y, finalmente, unos intérpretes
adecuados. Debut oficial de Clint Eastwood, tras la trilogía del dólar y tres papeles más: Las brujas, Cometieron dos errores y La jungla humana.
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sábado, 29 de septiembre de 2012
Verano del 42
3.5*
Hermie, Oscy y Benjie, tres jóvenes amigos, pasan las
vacaciones con sus padres en una isla de Nueva Inglaterra y viven un verano en
el que conocen toda clase de experiencias lúdicas y formativas. Muchas veces se
ha contado en el cine el despertar sexual de un grupo de adolescentes. Sin
embargo, nunca se ha hecho con la elegancia y la sensibilidad características
del estilo cinematográfico de Robert Mulligan. Respetando con escrupulosa fidelidad
la novela original de Herman Raucher, Mulligan retrata los dubitativos
escarceos amorosos de Hermie (Gary Grimes), quien descubre la experiencia
erótica en un mundo lleno de prejuicios masculinos sobre el sexo y las mujeres
(los de Oscy, por ejemplo), con la única ayuda de su imaginación. La presencia
de Dorothy (Jennifer O’Neill), destrozada por la guerra, terminará por abrirle
la puerta a la madurez. Respecto de la fotografía, hay que señalar que el
trabajo de Robert Surtess es de una belleza plástica admirable, consiguiendo
extraer muchos matices lumínicos a las localizaciones californianas. Además, se
hace un uso muy apropiado de los filtros, para subrayar ese carácter mítico y nostálgico
del recuerdo del protagonista, ya que la historia nos es narrada,
retrospectivamente, en voz en off.
Con evidentes homenajes al cine USAmericano de los años cuarenta, la película
recuerda a otro trabajo de la época, La
última película, de Peter Bogdanovich, que, como este film, también tuvo una secuela. Por último, la hermosa BSO de
Michel Legrand ha entrado a formar parte de la historia de la música.
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martes, 7 de agosto de 2012
El submarino
3.5*
Das Boot (en su título original), francamente, no
es una película antibelicista. Como tampoco lo es Duelo en el Atlántico, el reverso de esta historia. Funciona, más
bien, como alegoría de la posición alemana en la II Guerra mundial. Es decir, a
pesar de la fértil voluntad, el arrojo y la íntegra actitud de muchos militares,
el esfuerzo fue en vano. Sin embargo, a nivel narrativo, el suspense y la acción funcionan a las mil maravillas, disparando la empatía del espectador, que se
siente identificado con las peripecias de un buen puñado de camaradas de armas
en el claustrofóbico ambiente de un submarino pre nuclear. Algunas muy buenas
interpretaciones (especialmente la de Jürgen Prochnow), normales el resto y
mediocres otras tantas, y una BSO desubicada por momentos (atención a ese toque
hispánico en el score cuando el
submarino llega a Vigo). Una de las características más encomiables del film es, sin duda, la puesta en escena,
que es tensa, abigarrada, ingeniosa y que consigue explotar con originalidad
las limitaciones del set. Otra es el
ritmo, que es sabiamente controlado y dosificado por el director, Wolfgang Petersen. Sin embargo, a lo largo de la
trama, algunas escenas se repiten y otras son un tanto inverosímiles. En todo caso, es una de
las mejores películas sobre submarinos de toda la historia del cine (por encima
de K-19, La caza del Octubre rojo o U-571).
sábado, 4 de febrero de 2012
Infierno en el Pacífico
3*
Alegoría sobre lo absurdo de la guerra, en general, y sobre un cierto parasitismo usamericano, en particular, Infierno en el Pacífico es una estupenda película que cuenta la historia del
encuentro de dos soldados náufragos en una isla del pacífico: un yanqui y un
japonés, interpretados magistralmente por Lee Marvin y Toshiro Mifune,
respectivamente (quienes, por cierto, sirvieron en la Segunda Guerra Mundial).
Del recelo y la persecución mutua del comienzo, las relaciones entre los dos
personajes van distendiéndose hacia la convivencia, primero, y la colaboración,
después, sin llegar a producirse una complicidad total, algo que sí ocurriría
en Enemigo mío, creada bastantes años después al calor de esta obra. Excelente e invisible dirección de John Boorman,
en uno de sus más interesantes films, concretamente
su segundo trabajo, después del clásico negro A quemarropa. Arropado por la belleza de los paisajes de las islas
Palau (fotografiadas por Conrad Hall), por la música de Lalo Schifrin y con muy
pocos diálogos, Boorman consigue materializar un proyecto arriesgado con
resultados más que satisfactorios. Sin embargo, el final puede producir más de
un sinsabor: de hecho, existe uno alternativo, rodado para la versión estrenada
en los EE.UU.
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