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sábado, 26 de septiembre de 2015

La máscara y la piel (Aka The Triple Echo)

3*
Jennifer O’Neill pasó el verano del 42 más sola que la una, en ausencia de su marido, alistado en la marina USAmericana que sirvió en la 2ª G.M. Sin embargo, durante esas vacaciones estivales, se entregó al amor con un inmaduro adolescente a punto de dejar de serlo. En este film, la granjera Alice (Glenda Jackson), que tiene a su marido prisionero de los japoneses en esa misma conflagración mundial, recibe a un misterioso soldado británico en su solitaria finca del countryside inglés. Poco a poco, comienzan a intimar y, parafraseando creativamente a Cernuda, la soledad y el deseo harán el resto. Extraña producción de Michael Apted (casi casi su estreno cinematográfico oficial, tras una interesante carrera como director de teleseries y algunos documentales), en la que la ambientación, la interpretación y una dirección sobria como un vaso de leche de antaño hacen el resto. La película toca temas tan interesantes como la deserción, el travestismo o el crimen por amor pero lo más destacable es la fascinante caracterización de la Jackson, partenaire de un Oliver Reed rudo como un sargento en celo y de un Brian Deacon femenino y frágil como una muñeca de porcelana. Una muy interesante loseta en el camino de baldosas amarillas de ese maravilloso cine olvidado de la irredenta década de los setenta. A redescubrir.


miércoles, 24 de junio de 2015

Como un torrente (Aka Some Came Running)

4*

Como en An American Tragedy, de Dreiser, Minelli rueda la historia de un arribista, David Hirsch (Sinatra), un escritor medio fracasado que acaba de regresar de la Segunda Guerra Mundial a su pueblo natal, en busca de sus orígenes pero también de un futuro viable. Excelente melodrama de finales de los cincuenta, dirigido con esa rara mezcla de compacta narración, poderosa puesta en escena y perspicaz profundidad psicológica, propia de buena parte de la obra de Vicente Minnelli. Radiografía de una parte de la sociedad USAmericana, concretamente de los intersticios y los contactos entre las clases medias y las clases trabajadoras, representadas por Arthur Kennedy y su hermano Frank Sinatra, así como por Martha Hyer y Shirley MacLaine, respectivamente, rodeados por un outsider (Dean Martin), que es el único personaje que consigue mantener su coherencia durante todo el metraje,. Comparable a los mejores logros de Douglas Sirk en el género, tanto en el análisis de los valores y de la moralidad de cada tipo social, como en la disección de las necesidades y de las pasiones humanas. En est sentido, Minelli cumple a la perfección con ese apotegma de Italo Calvino que asegura que el artista ha de tener un compromiso “cívico y político” con la sociedad que le sustenta, como ser humano y como creador. Por otra parte, la película explora con mayor contundencia que Sirk el uso del color, los movimientos de cámara (especialmente en los travellings), los encuadres expresivos y la composición de las escenas según los estados de ánimo que sugieren las tonalidades. Pinceladas intelectuales aquí y allá para un film que acaba, abruptamente, [spoiler] con el más injusto de los cierres. 

viernes, 23 de enero de 2015

Aquel maldito tren blindado (Aka The Inglorious Bastards)

3*

Quentin Tarantino ha dicho en varias ocasiones que el origen de su Malditos bastardos hay que buscarlo en un pequeño film de Enzo G. Castellari (de hecho, el propio título es un homenaje a esta película de 1978). Por otro lado, Harold Bloom ha resaltado en toda su carrera a los ensayistas y a los escritores proféticos, aquellos que nos ayudan “a convertirnos en lo que somos como individualidades con preocupaciones, más que como individualistas indiferentes a nosotros mismos y a los demás”. De alguna forma, el tipo de cine rodado por Castellari (irónica serie B de género) prefigura la propia obra de Tarantino. Esta película es una muestra excelente: un replanteamiento del género bélico (desde El tren hasta los Doce del patíbulo), con una extraordinaria concepción de la trama (entretenidísima) y del montaje y un espíritu irónico salpicando todo el producto, desde el diseño de personajes y la concepción de la música hasta los diálogos, la crítica del estamento militar y el propio final. Igual es un poco exagerado comparar a Castellari con un cineasta profético pero la comparación se sostiene igualmente: sin este tipo de cine corrosivo, visto y deglutido por Tarantino en su juventud, probablemente, su personalísimo estilo nunca se hubiera desarrollado.

martes, 13 de enero de 2015

Un puente lejano (Aka A Bridge Too Far)

4*
Como decía Chris Marker en Level 5, “no puede haber películas de guerra porque las películas de guerra no huelen como la guerra”. Y sin embargo, las hay. Como esta cuasi olvidada producción de los hermanos Levine de la irredenta década de los setenta. A la dirección, Richard Attenborough, el hermano del naturalista y presentador de documentales de la BBC, y poseedor de una filmografía tan extraña como interesante. El reparto, es realmente impresionate (un listado de más de 20 estrellas del cine Hollywoodiense, británico, alemán y sueco de la época). Y la historia, una exquisita y detallada maniobra, repleta de acción y de ironía, que tiene como objetivo desmontar la visión heróica de la guerra, el triunfalismo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial y la supuesta racionalidad de la estrategia militar. Pero para ello hay que ver el film en su integridad porque, esto está claro, la película arranca con tranquilidad, con parsimonia, y, sin embargo, poco a poco, va construyendo un discurso crítico y nada complaciente sobre la sinrazón de la estructura castrense y todas sus acciones. Como contrapunto a esta operación fílmica, John Addison entrega una de sus más sofisticadas partituras.
 

jueves, 4 de diciembre de 2014

Tiempo de amar, tiempo de morir (Aka A Time to Love and a Time to Die)

3.5*
Erich Maria Remarque fue un escritor que disfrutó de gloria y fama durante un buen periodo de tiempo (antes y después de la Segunda Guerra Mundial). Como Vicente Blasco Ibañez antes que él, Remarque fue adaptado a la pantalla grande por algunos de los mejores directores del Star System. Tras la adaptación de Lewis Milestone de Sin novedad en el frente, su amigo Douglas Sirk acomete la tarea de plasmar en imágenes la novela contra la Alemania de Hitler, un momento histórico que el propio Sirk vivió de forma dramatica y que, además, ya había llevado al cine con anterioridad (en Hitler’s Madman, por ejemplo). La trama se sitúa en el frente ruso y cuenta la historia de un soldado de infanteria nazi (curioso y sorprendente punto de vista) que, cansado y hastiado de los horrores de la guerra, decide vivir su esperado y ultimo permiso como si fuera el ultimo. En dicho interim, visita su ciudad natal para intentar encontrar a sus padres pero lo que encuentra es el amor así como una extraña sensación de náusea vital. Sirk realiza un trabajo de ambientación extraordinario (hasta el punto de que muchos planos recuerdan la detallista obra gráfica de Jacques Tardi) y presenta un absorvente melodrama bélico, con tintes trágicos, en el que hay franco espacio para la reflexion filosófica y política. Con una música estupenda de Miklós Rózsa y unas interpretaciones suficientes, A Time to Love and a Time to Die se eleva como una de las últimas obras maestras del director de origen alemán, una maravilla fílmica de hondas raíces humanistas y estéticas.


lunes, 24 de noviembre de 2014

Salvar al soldado Ryan

2.5*

Tras el desembarco de Normandía, un escuadrón del ejército USAmericano debe infiltrarse en terreno Nazi para poner a salvo a un soldado. Tras esta misión intrascendente se esconde una de las producciones más absurda e injustamente sobrevaloradas de toda la filmografía del irregular Steven Spielberg. En el plano moral, la película queda definida perfectamente por su introducción y por su epílogo, rodado a la manera del que cerró La lista de Schindler y con su mismo espíritu: entroncar el pasado con el presente, aunque se haga de una forma superficial, patriotera y acrítica. Por otro lado, sorprende la forma con la que la mayoría de los personajes matan, mutilan y arrasan a todo tipo de enemigos, sin dudar y sin sufrir emoción alguna. Este aspecto también podría ser reprobable. En el plano estético, el metraje sorprende por su uniforme regularidad. Pero es que, además, en el plano narrativo, Spielberg va sobresaltando, aturdiendo y aburriendo al espectador, casi a partes iguales. Es verdad que la primera escena es impresionante (los primeros 10-12 minutos) pero también es verdad que una película no es mejor por un nivel feroz de hiperrealismo sangriento. En este sentido, es un defecto del espectador medio y no un acierto del film el hecho de que sorprendiera por su crudeza en la representación de la guerra. Por otro lado, dicha crudeza solo parece afectar a la carnaza narrativa porque muchos de los personajes de la trama van sobreviviendo a mil y una peripecias militares insignificantes, que no tienen más interés que el de que el espectador vaya comprobando la influencia que ha tenido esta cinta en el desarrollo de varios productos de entretenimiento en la era del simulacro (videojuegos como Medalla de honor: ¡qué casualidad!). En definitiva, una visión hipervitaminada de la II Guerra Mundial que solo te atrapa cuando te escupe sangre a la cara con el sonido seco de los disparos de fondo.
 

viernes, 28 de junio de 2013

Los violentos de Kelly

3*

Hayden White afirmó en Metahistoria que el pasado puede ser contado de varias formas: como tragedia, como comedia, como sátira o como un romance. De hecho, el cine sobre la Segunda Guerra Mundial ha ido tocando cada uno de estos palos, aunque ha prevalecido la forma trágica (disfrazada o mezclada con el cine de aventuras). Incluso se pueden encontrar películas cómicas lo que, en el fondo, le da la razón al historiador USAmericano. De hecho, el cine bélico en clave de comedia, referido a la 2ª GM, tiene su propia sección en la historia del cine, desde El gran dictador hasta La vida es bella, pasando por ¿Qué hiciste en la guerra, papi?, 1941 o Desventuras de un recluta inocente. Y, por supuesto, no han faltado los críticos que se han llevado las manos a la cabeza por frivolizar y trivializar tan dramático y cruel acontecimiento histórico. En todo caso, matiza White, la preferencia por una u otra versión de la misma porción del pasado responde a razones estéticas o morales más que científicas. En el caso de Los violentos de Kelly, la historia se centra en un grupo de soldados que descubren que, pocos kilometros tras las líneas enemigas, los nazis guardan 16 millones de dólares en oro, lo que disparará sus ganas de hacerse ricos y, por tanto, sus avaricias personales. Pero también la capacidad de trabajar en equipo, como en Tres reyes. Brian G. Hutton rueda una ácida historia de acción, con un nutrido grupo de simpáticos y entrañables personajes y con un acertado uso del ritmo narrativo (aunque la mezcla de géneros y la excesiva duración no juegen siempre a favor del film). Además, no faltan los momentos de humor, las parodias y las burlas, lo que estimula nuestras representaciones amables de la guerra (sic). 




lunes, 29 de octubre de 2012

Expiación: más allá de la pasión

3*
Dedicada a Carlota Silvanna
Adaptar a Ian McEwan no parece una tarea especialmente difícil porque su literatura tiene componentes de naturaleza cuasi cinematográfica: una trama bien construida, escenas elaboradas a base de certeras pinceladas visuales, personajes bien definidos, ágiles e inteligentes diálogos y algún que otro poso de cuento moral. Es el caso, por ejemplo de la extraordinaria novela Amsterdam. Respecto de Atonement, se añaden además distintos elementos metaficcionales, muy del agrado del público cultivado actual (que aplaude obras como Las horas o El lector). El encargado de trasladar a la pantalla la imponente novela (más de 400 páginas) fue el director de Orgullo y prejuicio, Joe Wright, de la que entresaca varios elementos, especialmente la cuidada ambientación (por otro lado, típica de esta clase de producciones inglesas), una puesta en escena prolija en florituras y, finalmente, el protagonismo de Keira Knightley. El guión es obra de Christopher Hampton, especialista en adaptaciones literarias, director él mismo de algunas de ellas y dramaturgo original. El film cuenta una historia High-Class, con acusaciones falsas, arrepentimientos, expiaciones, pulsiones amorosas, sexuales, en tres marcos temporales distintos y localizada en Inglaterra y en Francia. Wright deconstruye la narración, como su admirado Anthony Minghella en El paciente inglés, pero consigue que el espectador no pierda el hilo de la historia. De hecho, en algunos aspectos, la trama es frustrantemente previsible. Además, utiliza un conjunto de encuadres abiertos para que la visión de conjunto y los miles de detalles ayuden al espectador a entrar en el drama de la película y también, claro que sí, para deleitar su vista. Por cierto, hay un travelling secuencia, durante la guerra, en una playa, que vale su duración en oro. Igual que el plano secuencia de Vanessa Redgrave. Sin embargo, en algunos momentos, los peores, parece que estemos asistiendo a un anuncio de Chanel o de cualquier otra marca de eau de parfum de qualité, mientras que, en otros, hay algo que evoca a El diario de Noa.




sábado, 20 de octubre de 2012

El desafío de las águilas

3*

A la sombra del inaugural Los Doce del patíbulo (1967), de Robert Aldrich, Brian G. Hutton dirigió esta cinta bélica de aventuras con un variopinto grupo de militares empeñados en intentar rescatar a un alto mando aliado que los nazis retienen en el Schloss Adler, un inexpugnable castillo en pleno corazón de los Alpes. Con eficaces toques de intriga, propios de las película de espionaje, el film juega muy bien sus escasas pero contundentes bazas: un guión sencillo (de Alistair MacLean, el autor de Los cañones de Navarone) pero efectivamente rodado y montado, un ritmo pausado que va adaptándose convenientemente al suspense y a la acción (donde no faltan las convenientes elipsis), una fotografía con apropiados tonos fríos para los exteriores y cálidos tonos para los interiores y, finalmente, unos intérpretes adecuados. Debut oficial de Clint Eastwood, tras la trilogía del dólar y tres papeles más: Las brujas, Cometieron dos errores y La jungla humana.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Verano del 42

3.5*

Hermie, Oscy y Benjie, tres jóvenes amigos, pasan las vacaciones con sus padres en una isla de Nueva Inglaterra y viven un verano en el que conocen toda clase de experiencias lúdicas y formativas. Muchas veces se ha contado en el cine el despertar sexual de un grupo de adolescentes. Sin embargo, nunca se ha hecho con la elegancia y la sensibilidad características del estilo cinematográfico de Robert Mulligan. Respetando con escrupulosa fidelidad la novela original de Herman Raucher, Mulligan retrata los dubitativos escarceos amorosos de Hermie (Gary Grimes), quien descubre la experiencia erótica en un mundo lleno de prejuicios masculinos sobre el sexo y las mujeres (los de Oscy, por ejemplo), con la única ayuda de su imaginación. La presencia de Dorothy (Jennifer O’Neill), destrozada por la guerra, terminará por abrirle la puerta a la madurez. Respecto de la fotografía, hay que señalar que el trabajo de Robert Surtess es de una belleza plástica admirable, consiguiendo extraer muchos matices lumínicos a las localizaciones californianas. Además, se hace un uso muy apropiado de los filtros, para subrayar ese carácter mítico y nostálgico del recuerdo del protagonista, ya que la historia nos es narrada, retrospectivamente, en voz en off. Con evidentes homenajes al cine USAmericano de los años cuarenta, la película recuerda a otro trabajo de la época, La última película, de Peter Bogdanovich, que, como este film, también tuvo una secuela. Por último, la hermosa BSO de Michel Legrand ha entrado a formar parte de la historia de la música. 




martes, 7 de agosto de 2012

El submarino

3.5*

Das Boot (en su título original), francamente, no es una película antibelicista. Como tampoco lo es Duelo en el Atlántico, el reverso de esta historia. Funciona, más bien, como alegoría de la posición alemana en la II Guerra mundial. Es decir, a pesar de la fértil voluntad, el arrojo y la íntegra actitud de muchos militares, el esfuerzo fue en vano. Sin embargo, a nivel narrativo, el suspense y la acción funcionan a las mil maravillas, disparando la empatía del espectador, que se siente identificado con las peripecias de un buen puñado de camaradas de armas en el claustrofóbico ambiente de un submarino pre nuclear. Algunas muy buenas interpretaciones (especialmente la de Jürgen Prochnow), normales el resto y mediocres otras tantas, y una BSO desubicada por momentos (atención a ese toque hispánico en el score cuando el submarino llega a Vigo). Una de las características más encomiables del film es, sin duda, la puesta en escena, que es tensa, abigarrada, ingeniosa y que consigue explotar con originalidad las limitaciones del set. Otra es el ritmo, que es sabiamente controlado y dosificado por el director, Wolfgang Petersen. Sin embargo, a lo largo de la trama, algunas escenas se repiten y otras son un tanto inverosímiles. En todo caso, es una de las mejores películas sobre submarinos de toda la historia del cine (por encima de K-19, La caza del Octubre rojo o U-571). 



sábado, 4 de febrero de 2012

Infierno en el Pacífico

3*


Alegoría sobre lo absurdo de la guerra, en general, y sobre un cierto parasitismo usamericano, en particular, Infierno en el Pacífico es una estupenda película que cuenta la historia del encuentro de dos soldados náufragos en una isla del pacífico: un yanqui y un japonés, interpretados magistralmente por Lee Marvin y Toshiro Mifune, respectivamente (quienes, por cierto, sirvieron en la Segunda Guerra Mundial). Del recelo y la persecución mutua del comienzo, las relaciones entre los dos personajes van distendiéndose hacia la convivencia, primero, y la colaboración, después, sin llegar a producirse una complicidad total, algo que sí ocurriría en Enemigo mío, creada bastantes años después al calor de esta obra. Excelente e invisible dirección de John Boorman, en uno de sus más interesantes films, concretamente su segundo trabajo, después del clásico negro A quemarropa. Arropado por la belleza de los paisajes de las islas Palau (fotografiadas por Conrad Hall), por la música de Lalo Schifrin y con muy pocos diálogos, Boorman consigue materializar un proyecto arriesgado con resultados más que satisfactorios. Sin embargo, el final puede producir más de un sinsabor: de hecho, existe uno alternativo, rodado para la versión estrenada en los EE.UU.