Un montaje rápido, vertiginoso,
pero imperfecto, sigue las sucesivas peripecias de un Bond descontrolado, justo
al día siguiente del final de Casino
Royale y, por tanto, justo un día después de la muerte de Vesper Lynd (Eva
Green). Pasable continuación temático-emocional de la obra maestra de Martin Campbell,
dirigida con pulso errático e irregular por Marc Foster (de hecho, son los
mismos guionistas en las 2 cintas). Daniel Craig cada vez está más convincente
en el papel de 007: contundente, frío y elegante a partes iguales (de hecho, podría
defenderse que es el mejor espía al servicio secreto de su Majestad, después de
Roger Moore, por supuesto; es decir, es el actor más convincente poniendo la
cara al agente secreto británico que salió de la pluma de Ian Fleming). La
chica Bond esa que sale (Olga Kurylenko), sin ser espectacular, produce cierta
admiración y el astuto y despiadado Némesis francés (Mathieu Amalric) crea un
personaje a la altura de la trama y del mensaje eco-político de fondo. Un
mensaje que, por cierto, es ciertamente apropiado al espíritu de los años 00 en
que fue estrenada esta vigésimosegunda producción de la saga y que, como
curiosidad, contiene un homenaje a James
Bond contra Goldfinger. Sin ser una fiesta del cine, Zineface no cree que
mucha gente pueda salir de la sala oscura decepcionada con el film. Sin embargo, se insiste, tampoco
estamos ante una película inolvidable.
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lunes, 11 de julio de 2016
Quantum of Solace
2.5*
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Secuela
lunes, 30 de noviembre de 2015
Skyfall
2.5*
Cada generación ha de reescribir las
historias de su pasado. Y da igual que sean sus historias reales o sus
historias imaginarias. Por eso, iba haciendo falta que se reescribieran las historias de James Bond. De ahí el estreno de Casino Royale y de Quantum of
Solace. Así que, poco a poco, se están desempolvando, desapolillando,
renovando. En esta ocasión, San Mendes coge el testigo para rodar una de las
más increíbles (por inverosímiles) de todas las películas de la saga, en
particular si la comparamos con los dos primeros capítulos de esta mini “resurrección”.
De hecho, recuerda un poco a una famosa escena de The Matrix fundida con las inauditas concatenaciones del guión de Miller’s Crossing. Para más inri, todos los planos, todas las
escenas, todas las secuencias se intentar rodear de un aire de qualité visual, de una niebla artística
(algo similar a lo que le ocurre al Batman
de Nolan), lo que no favorece la implicación del espectador, que se queda
contemplando un fuego de artificios sin mayor interés ni empatía. Es verdad que
el villano tiene cierto carisma, que las chicas Bond son sólidas y que el film tiene múltiples guiños a la
historia de la saga (lo cual va estimulando la memoria del público) pero, eso
no es suficiente: bajo un maquillaje de ridículo patriotismo, emerge un guión
desastroso y previsible, con varios chuscos agujeros, algunas frases infantiles,
un par de gracias desubicadas y mucha lectura freudiana de tercera clase. Así,
Bond aparece como un niño expósito traumatizado y con complejo de Edipo, que
tiene que romper con su pasado destruyendo su símbolo psicológico más
habitable: la mansión familiar. Podría haberse hecho algo mucho más lúcido pero
Mendes ha decidido seguir por el camino de la mitificación adolescente. Ni
siquiera la presencia de Albert Finney redime a este fallido intento
Hollywoodiense de adecentar la, tantas veces mancillada, épica bondiana.
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lunes, 7 de septiembre de 2015
J. Edgar
3*
Como en Entrevista con el vampiro, un viejo John Hoover dicta sus memorias
a un mecanógrafo. Para ello, ha de rememorar sus acciones y experiencias
pasadas, trayendo al presente la compleja vida de un hombre que puso su vida
entera al servicio de un patrioterismo infantil y de un conservadurismo
hipócrita y banal. Al frente del FBI, John Edgar Hoover, racista y obsesivo,
hizo muchas cosas pero casi ninguna loable, por lo menos no desde el punto de
vista moral (sí desde el punto de vista criminológico, por ejemplo). Como el
personaje es tan minusválido (desde el punto de vista personal) y repugnante (desde
el punto de vista ético), resulta extraño que Clint Eastwood ruede un biopic tan sutil como, a la postre,
secretamente laudatorio de una figura tan controvertida como el autor de la
caza de brujas, por citar solo una de sus polémicas lindezas. Es como si
hubiera hecho una biografía de Henry Kissinger (sic). Aunque toodo se andará,
ya que ya se ha hecho una de la insolidaria Dama de Hierro (sic). Habrá que
esperar un tiempo para saber qué piensa realmente el viejo “hombre sin nombre”
de estos ídolos de la raison d’État
republicana y neoliberal. En todo caso, una cosa parece clara: los matizados
recursos retóricos y fílmicos, esa fotografía gris, verdosa, claro-oscúrica así como esa BSO, entre
patética y nostálgica, están puestos al servicio de una narración intrincada
que complejiza al personaje contextualizando decenas de situaciones y de
personajes históricos. Y eso se agradece. Porque enseña. Sin embargo, por lo
demás, estamos ante un escalón más en el último esfuerzo del director de Carmel
por traer al presente a los héroes de la historia reciente USAmericana,
siguiendo el mandato del viejo John Ford de El
hombre que mató a Liberty Valance. De esta forma, el Eastwood anciano
parece como la Némesis de Oliver Stone.
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