Auténtico milestone dentro de la filmografía de Lucio Fulci, esta obra tiene
la suficiente personalidad propia para destacar dentro del giallo, además de tener uno de los títulos más sugerentes y
acertados de todo el subgénero. Es verdad que Fulci bebe de las fuentes,
digamos, clásicas (Bava, Argento, Bazzoni, Martino) pero las exprime y adapta a
su propio estilo cinematográfico. Por ejemplo, allí donde Argento destila los esencias
primarias del género para usarlos como ingredientes básicos de un sofisticado
perfume, Fulci los estira y retuerce para conseguir sacudir al espectador con
un olor chillón y desabrido. Por eso es curioso observar la casi total ausencia
de erotismo en los films de Argento,
mientras que muchos de los giallo de
Fulci se acercan al sexploitation. Es
decir, en la obra de Fulci hay desnudos, hay sexualidad, carnalidad, pasión. Ambos
comparten un malsano gusto por la violencia y por el trazo grueso en cuanto al
diseño de asesinatos explícitos pero es Fulci, una vez más, el que lleva este
aspecto un punto más allá, añadiendo lo mórbido y lo putrefacto. Finalmente,
conviene añadir que la película tiene casi todos los rasgos típicos del cine de
Fulci, lo que Troy Howarth ha llamado sus Splintered Visions: un montaje precipitado, con ciertos errores; una composición de
planos que alterna entre el art cinema y lo gamberro; movimientos de
cámara enfermizos, febriles; un gusto por el lujo, ciertamente esteticista, que
no esconde la atracción por las bajas pasiones y por el gore (como en la escena
de los perros de laboratorio, por ejemplo); el juego con lo onírico; la
imagineria simbólica y surrealista, etc. En realidad, casi todos los directores
que tocaron el giallo han querido ser
considerados auteurs pero solo unos
pocos lo son en realidad. Para bien o para mal, Lucio Fulci es uno de ellos.
Mostrando entradas con la etiqueta Lucio Fulci. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lucio Fulci. Mostrar todas las entradas
sábado, 5 de marzo de 2016
Una lagartija con piel de mujer (Aka A Lizard in a Woman's Skin)
3*
Etiquetas:
1971,
Alberto de Mendoza,
Drama psicológico,
Ennio Morricone,
Florinda Bolkan,
Giallo,
Intriga,
Jean Sorel,
Lucio Fulci,
Luigi Kuveiller,
Stanley Baker,
Thriller,
Una lagartija con piel de mujer
sábado, 27 de septiembre de 2014
Miedo en la ciudad de los muertos vivientes
2.5*
En un pueblo llamado
Dunwich, cuyos orígenes se remontan a Salem, un párroco se ahorca en una
iglesia, hecho que abre de par en par las
puertas del infierno y, con ello, el mal se apodera del lugar. Por
eso, un nutrido grupete de flesh-eating
zombies comienza a salir de sus tumbas, lo que extraña y asquea por igual a
los habitantes del lugar. Por su parte, un periodista y una joven (Catriona
MacColl), inmersos en una investigación policial, llegan hasta el pueblo con la
intención de descubrir el misterio, cerrar las puertas malignas y salvar al
pueblo y a la humanidad entera. Segunda parte de la pentalogía USAmericana de Lucio
Fulci (junto con Nueva York
bajo el terror de los zombies, El más
allá, Aquella casa al lado del
cementerio y El descuartizador de
Nueva York) y de la trilogía de los morti
viventi (con El más allá y Aquella casa al lado del cementerio),
con más de lo mismo (de hecho, por ejemplo, el comienzo de esta y el de El más allá, son calcaditos), pero con
un poco más de pericia, tanto desde el punto de vista del guión como desde el
trabajo de planificación y dirección. Por otro lado, como escribe Kim Newman,
se trata de un producto que se refiere temática y espiritualmente a la obra de
Lovecraft, Clark Ashton Smith y Henry James y eso, por sí
solo, ya es una virtud. En un momento determinado del desarrollo cinéfago de
cualquier persona (pero, eso sí, con un gusto determinado por el terror),
películas como esta pueden causar cierta impresión pero, pasado el tiempo y con
un cierto bagaje cinéfilo a sus espaldas, productos así no hacen sino despertar
la nostalgia del espectador o, en su defecto, una sonrisa indulgente. En todo
caso, un producto gore a tope y con algunas escenas que, por derecho propio,
forman parte del top trasher
del director.
miércoles, 26 de febrero de 2014
Aquella casa al lado del cementerio
2*
En una vieja mansión de Nueva
Inglaterra, un doctor y su familia se instalan para que el marido investigue el
suicidio de un científico. Pronto comenzarán a sufrir los sustos y acosamientos
de una extraña presencia. A partir de una historia que recuerda levemente al gran
escritor de Providence así como a Henry James, la película tiene un aspecto
visual que no esconde su inspiración argentiniana, especialmente de Suspiria. Aunque en este caso, la
mansión no está encantada ni poseída sino más bien ocupada. Ocupada por el
doctor Freudstein, nada menos. La dirección muestra muchos de los rasgos
típicos del estilo Fulci: mucha cámara subjetiva, mucho desenfoque, mucha saturación de luz, muchos
movimientos de cámara fulminantes y cosas así. Además, Fulci exprime hasta la
náusea una contracción del tiempo y del espacio más propia del cartoon que del cine de terror
convencional. La verdad es que la película es un poco costrosa en casi todos
sus aspectos técnico artísticos (la iluminación, el montaje, las
interpretaciones) y el argumento tiene más agujeros que un queso de Gruyère (lo
mismo que en El más allá pero todo
mucho más flojo). Por eso, es una lástima que Fulci no haya cuidado un poco más
algunos aspectos: le hubiera salido un film
basante más aceptable. En cuanto al factor gore,
la película parece un puesto de casquería: mucha sangre, muchos cuerpos
desmembrados, muchos gusanos y mucha putrefacción. Todo lo cual hará las
delicias de un público barbilampiño o nostálgico pero el neófito sentirá
repugnancia, aburrimiento o la risa floja. O las tres cosas. La música, por
cierto, es una podredumbre aparte (salvo algún que otro corte).
Etiquetas:
1981,
Aquella casa al lado del cementerio,
Dario Argento,
Gore,
H.P. Lovecraft,
Katherine MacColl,
Lucio Fulci,
Sobrenatural,
Terror,
Zombie
Suscribirse a:
Entradas (Atom)











