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sábado, 5 de marzo de 2016

Una lagartija con piel de mujer (Aka A Lizard in a Woman's Skin)

3*

Auténtico milestone dentro de la filmografía de Lucio Fulci, esta obra tiene la suficiente personalidad propia para destacar dentro del giallo, además de tener uno de los títulos más sugerentes y acertados de todo el subgénero. Es verdad que Fulci bebe de las fuentes, digamos, clásicas (Bava, Argento, Bazzoni, Martino) pero las exprime y adapta a su propio estilo cinematográfico. Por ejemplo, allí donde Argento destila los esencias primarias del género para usarlos como ingredientes básicos de un sofisticado perfume, Fulci los estira y retuerce para conseguir sacudir al espectador con un olor chillón y desabrido. Por eso es curioso observar la casi total ausencia de erotismo en los films de Argento, mientras que muchos de los giallo de Fulci se acercan al sexploitation. Es decir, en la obra de Fulci hay desnudos, hay sexualidad, carnalidad, pasión. Ambos comparten un malsano gusto por la violencia y por el trazo grueso en cuanto al diseño de asesinatos explícitos pero es Fulci, una vez más, el que lleva este aspecto un punto más allá, añadiendo lo mórbido y lo putrefacto. Finalmente, conviene añadir que la película tiene casi todos los rasgos típicos del cine de Fulci, lo que Troy Howarth ha llamado sus Splintered Visions: un montaje precipitado, con ciertos errores; una composición de planos que alterna entre el art cinema y lo gamberro; movimientos de cámara enfermizos, febriles; un gusto por el lujo, ciertamente esteticista, que no esconde la atracción por las bajas pasiones y por el gore (como en la escena de los perros de laboratorio, por ejemplo); el juego con lo onírico; la imagineria simbólica y surrealista, etc. En realidad, casi todos los directores que tocaron el giallo han querido ser considerados auteurs pero solo unos pocos lo son en realidad. Para bien o para mal, Lucio Fulci es uno de ellos.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Miedo en la ciudad de los muertos vivientes

2.5*

En un pueblo llamado Dunwich, cuyos orígenes se remontan a Salem, un párroco se ahorca en una iglesia, hecho que abre de par en par las puertas del infierno y, con ello, el mal se apodera del lugar. Por eso, un nutrido grupete de flesh-eating zombies comienza a salir de sus tumbas, lo que extraña y asquea por igual a los habitantes del lugar. Por su parte, un periodista y una joven (Catriona MacColl), inmersos en una investigación policial, llegan hasta el pueblo con la intención de descubrir el misterio, cerrar las puertas malignas y salvar al pueblo y a la humanidad entera. Segunda parte de la pentalogía USAmericana de Lucio Fulci (junto con Nueva York bajo el terror de los zombies, El más allá, Aquella casa al lado del cementerio y El descuartizador de Nueva York) y de la trilogía de los morti viventi (con El más allá y Aquella casa al lado del cementerio), con más de lo mismo (de hecho, por ejemplo, el comienzo de esta y el de El más allá, son calcaditos), pero con un poco más de pericia, tanto desde el punto de vista del guión como desde el trabajo de planificación y dirección. Por otro lado, como escribe Kim Newman, se trata de un producto que se refiere temática y espiritualmente a la obra de Lovecraft, Clark Ashton Smith y Henry James y eso, por sí solo, ya es una virtud. En un momento determinado del desarrollo cinéfago de cualquier persona (pero, eso sí, con un gusto determinado por el terror), películas como esta pueden causar cierta impresión pero, pasado el tiempo y con un cierto bagaje cinéfilo a sus espaldas, productos así no hacen sino despertar la nostalgia del espectador o, en su defecto, una sonrisa indulgente. En todo caso, un producto gore a tope y con algunas escenas que, por derecho propio, forman parte del top trasher del director.

 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Aquella casa al lado del cementerio

2*

En una vieja mansión de Nueva Inglaterra, un doctor y su familia se instalan para que el marido investigue el suicidio de un científico. Pronto comenzarán a sufrir los sustos y acosamientos de una extraña presencia. A partir de una historia que recuerda levemente al gran escritor de Providence así como a Henry James, la película tiene un aspecto visual que no esconde su inspiración argentiniana, especialmente de Suspiria. Aunque en este caso, la mansión no está encantada ni poseída sino más bien ocupada. Ocupada por el doctor Freudstein, nada menos. La dirección muestra muchos de los rasgos típicos del estilo Fulci: mucha cámara subjetiva, mucho desenfoque, mucha saturación de luz, muchos movimientos de cámara fulminantes y cosas así. Además, Fulci exprime hasta la náusea una contracción del tiempo y del espacio más propia del cartoon que del cine de terror convencional. La verdad es que la película es un poco costrosa en casi todos sus aspectos técnico artísticos (la iluminación, el montaje, las interpretaciones) y el argumento tiene más agujeros que un queso de Gruyère (lo mismo que en El más allá pero todo mucho más flojo). Por eso, es una lástima que Fulci no haya cuidado un poco más algunos aspectos: le hubiera salido un film basante más aceptable. En cuanto al factor gore, la película parece un puesto de casquería: mucha sangre, muchos cuerpos desmembrados, muchos gusanos y mucha putrefacción. Todo lo cual hará las delicias de un público barbilampiño o nostálgico pero el neófito sentirá repugnancia, aburrimiento o la risa floja. O las tres cosas. La música, por cierto, es una podredumbre aparte (salvo algún que otro corte).