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jueves, 13 de agosto de 2015

A lo loco y con la cara de otro (Aka The Man with Bogart's Face)

3.5*

¿Qué se puede esperar de una película cuyo título original en inglés es The Man with Bogart’s Face? Pues se espere lo que se espere, la realidad es que se trata de un film sorprendente. Como sorprendente es el rol del actor protagonista, Robert Sacchi. El argumento ya marca el tono de la producción: un admirador de Humphrey Bogart se somete a una operación de cirugía estética para tener el rostro de su ídolo y para poder trabajar como detective privado en el Los Ángeles de comienzos de la ultraconservadora década de los ochenta. Y esto solo ocurre en los primeros dos minutos de la historia. Lo que sigue es una comedia divertidísima, llena de situaciones ocurrentes, diálogos ingeniosísimos y una concurrida galería de sentidos e inteligentes homenajes al cine noir de los cuarenta-cincuenta. Es verdad que, en alguna ocasión, la película baja un poco el nivel, sobre todo en cuanto al tempo fílmico. Pero lo que también parece verdad es que estamos ante una de esas joyas olvidadas del cine reciente, el canto del cisne del pastiche nostálgico Hollywoodiense de la época. Por cierto, es de justicia insistir en el excelente trabajo de guión así como en la estupenda paleta de actores de reparto, y/o secundarios, que pululan por la trama dejando lo mejor de sus principales caracterizaciones en el género (desde Herbert Lom a Franco Nero, pasando por Olivia Hussey, Victor Buono o Sybill Danning, por ejemplo, sin olvidar la mágica presencia de Yvonne De Carlo o el mítico George Raft). A propósito, la película resiste un visionado conjunto con Juego Peligroso y con Un detective muy especial, los dos primeros protagónicos del extrañamente olvidado Chevy Chase.

lunes, 25 de marzo de 2013

Keoma

2.5*

Sucia, embarrada y arbitraria reactualización de varios clásicos del Spaghetti, especialmente de Por un puñado de dólares y, sobre todo, de Django, con el típico rambling man interpretado por Franco Nero aunque, esta vez, con más energía y vello que nunca. Enzo G. Castellari, dándose cuenta de que no se podía estirar más el Euro Western (hablamos de 1976), apostó por lo que Carlos Aguilar ha llamado la brutalización del género, añadiéndole un malsano nihilismo. Y, al mismo tiempo, apuesta por el sinsentido narrativo, de un argumento plagiado hasta la saciedad, pero que, en este caso, se mueve entre flashbacks y recuerdos alucinados. Sin embargo, aún habriamos de contar con otros epílogos de parecida ralea, como Mannaja (El valle de la muerte), de Sergio Martino. En el terreno cinematográfico, junto a constantes homenajes al estilo de Peckinpah, Castellari ofrece varios sofisticados pero gratuitos movimientos de cámara (como ese travelling interminable alrededor de una conversación), inusitados encuadres y un montaje abrupto. Y aquí está una de las pocas virtudes del film: la creatividad visual, patente en 2 o 3 escenas que sorprenden por su imaginativa bizarría (el ejemplo sería la escena en la que se identifican 4 balas con 4 dedos y éstos con 4 víctimas). La BSO, de los hermanos De Angelis, acierta en la letra pero no en el tono, ofreciendo una partitura que aunque no tropiece con la imagen, sí acaba rechinando por sus constantes efectos turbadores, como en el cuarto final, con los gritos de un parto de fondo. Por cierto, de tan bien que salió la jugada, el subgénero tuvo que ser enterrado.



martes, 4 de septiembre de 2012

Django

3*
 
Adelantándose a la violencia crepuscular del Grupo Salvaje de Peckinpah y en la línea del estilo sobrio y sucio de Leone, Sergio Corbucci (el "segundo Sergio") hace una lasca en el Colt del Western europeo con la historia de Django (Franco Nero), un ex soldado yanqui que vive arrastrando un ataúd en el que enterrar su violento pasado. A su alrededor, dos bandas enfrentadas -los racistas sureños capitaneados por el Mayor Jackson (Eduardo Fajardo) y los revolucionarios de Hugo Hernández (José Bódalo)-, y una hermosa y apaleada mujer, María (Loredana Nusciak). Django pretende vengarse (la eterna historia de mil y un Westerns) y, de paso, liberar al pueblo donde se están refugiando, por turnos, todos estos personajes. La situación, por tanto, recuerda ligeramente a Yojimbo. Corbucci filma una película descarnada, violenta y embarrada (como la moral de gatillo fácil de todos y cada uno de los personajes de la historia), con su característico estilo, un estilo que sería fagocitado y exagerado en otros films posteriores, como Keoma. La BSO, del argentino Luis Bacalov, utiliza atmósferas y motivos creados por Ennio Morricone, presentes en la mente de los espectadores. Por último, multitud de directores han copiado y recreado escenas de la película, como Quentin Tarantino en Reservoir Dogs.