Maurice Sendak es uno de los
autores de literatura infantil más vendidos y más leídos del mundo. Su obra
ilustrada es una auténtica delicia, al igual que sus diferentes textos y
ensayos sobre las más diversas cuestiones (por ejemplo, los recopilados en Caldecott & Co.). Sendak es una
institución mundial en el campo de la creación visual. Por eso, cuando Spike
Jonze decidió adaptar Where the Wild Things
Are, su clásico de 1963, las expectativas estaban creadas. Sin embargo, el
resultado deja mucho que desear, especialmente desde el punto de vista del
guión, que no satisface ni a los espectadores más jóvenes ni a los más mayores y
nostálgicos. De hecho, la película es tan poco sentimental como el libro pero
la historia original se pierde en mil y un vericuetos y la imagen real no ayuda
a entrar en una historia protagonizada por actores y monstruos reales que no
conmueve ni emociona. El carácter simbólico del cuento, donde cada monstruo
representa un miedo infantil, está bien representado pero Dave Eggers, autor de
The Circle y guionista ad hoc, no consigue empatizar con la
inmensa mayoría del público. Es una lástima. Mucho más interesante es el
cortometraje que dirigió Gene Deitch, en 1973, sobre la misma base creativa. O
la personalísima versión que Jim Henson hizo de otra obra de la misma trilogía,
Outside Over There, que se transformó
en Dentro del laberinto.
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miércoles, 27 de julio de 2016
miércoles, 28 de enero de 2015
En compañía de lobos (Aka The Company of Wolves)
4*
En Morfología
del cuento, Vladimir Propp hablaba del relato del lobo y los cabritos,
estableciendo las distintas versiones del mismo así como sus características
formales. El cuento de Caperucita roja,
tanto las versiones orales conservadas como las versiones de Perrault y de los
hermanos Grimm, no son sino transposiciones del arquetipo estudiado por Propp.
Al igual que esta película de Neil Jordan, una adaptación puramente fantástica,
contada en clave de relato medieval, aunque con elementos psicoanalíticos, que
supone un auténtico tour de force narrativo ya que la estructura del film
es como una matrioska rusa: una
historia dentro de un sueño; un sueño dentro de otra historia; y así
sucesivamente. El cuidadísimo diseño de producción así como la ambientación general
(decorados, vestidos, atmósferas, animales, etc.) redondean un producto que
igual puede ser disfrutado por los niños que por los adultos, por los jóvenes que
por los ancianos, de tan convincente que es el mundo fantástico que se crea así
como su enorme poder de sugestión. Si bien es verdad que los FX han quedado un tanto atrasados, el
encanto de los animatronics y de los maquillajes redime otro
tanto su caducidad. Por otro lado, los actores componen una paleta variada de
caras y expresiones (incluyendo la sorpresiva aparición de Terence Stamp), aunque
no terminan de ser del todo congruentes con la producción. En todo caso,
estamos ante una de las obras maestras del cine de Jordan, repleta de simbolismos de todo tipo y que, además,
consigue subvertir varias de las convenciones del cine contemporáneo
sobre hombres lobo (el de Aullidos o
el de Un hombre lobo Americano en Londres,
por ejemplo). Como muestra un botón: incluso hay varias mujeres lobo.
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martes, 9 de septiembre de 2014
Oz, un mundo fantástico
3*
Estupenda e inesperada continuación del clásico El mago de Oz, casi 50 años después de
su adaptación canónica, la de Victor Fleming. El desconocido director adapta para la pantalla dos libros del
autor original, L. Frank Baum, y presenta un cuento moral en la línea del cine
infanto-juvenil de la época y, por tanto, alejado de ese optimisto irreal tan propio
de Walt Disney (como en Oz, un mundo de fantasía). En este
sentido, el film se acerca a
producciones más sombrías como Cristal
Oscuro y, más concretamente, como Dentro
del Laberinto, obras maestras del estudio de Jim Henson, pero también a una
joya desconocida como Nutcracker, de
Carroll Ballard. El diseño de producción, la imagineria visual y todos los
elementos de la ambientación resultan muy curiosos aunque francamente inferiores
a los que aparecen en las películas mencionadas.
martes, 4 de marzo de 2014
Piel de asno
3*
C.S. Lewis ha escrito sobre distintas formas de amor en su libro sobre Los
cuatro amores: el cariño, la amistad, el eros y la caridad. Y subrayó que
muchas veces se confunden y superponen varios de ellos. En todo caso, cuando Charles
Perrault escribió La piel de Asno
para su Cuentos de mamá Ganso, no tenía
en mente estas disquisiciones sino la vieja y decadente costumbre de casarse
entre familiares. Jacques Demy dirige una película infantil que, como todas las
grandes películas infantiles, dice más sobre los adultos que sobre el mundo de
los niños ¿Por qué? Porque los cuentos infantiles, destinados a enseñar y a
educar, denuncian las deformaciones y los prejuicios del mundo de los adultos,
como muy bien sabía Jean Cocteau cuando rodó La bella y la bestia o Neil Jordan cuando rodó la magnífica En compañía de lobos. El film es un trabajo realmente bello, muy
bien ambientado y bastante bien rodado, lleno de esa fantasía, belleza y
crueldad presente en algunos de los mejores cuentos de hadas y que, además,
destila ese espíritu profundamente conservador de muchas de las fábulas
clásicas, aunque sugiera y presente temas tabú como el complejo de Electra y el
incesto. Demy vuelve a ese cinéma
enchanté musical (que tan bien
conoce desde Los paraguas de Cherburgo) y, una vez
más, con el protagonismo de la angelical Catherine Deneuve. La BSO, a la que le
sobra orquestación y a la que le falta más melodías festivas, es del gran Michel Legrand. Es una
lástima que sea una película tan desconocida para el gran público. Pero no es
de extrañar, ya que no la ha producido ni distribuido Walt Disney.
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miércoles, 11 de diciembre de 2013
Lemora, un cuento sobrenatural
3.5*
La joven Lili (Cheryl Smith) es una proto adolescente
candida y virtuosa que decide visitar el pueblo donde cree que está su padre
moribundo, en el lecho de cama. Al llegar, pronto descubrirá que nada es lo que
parece y que Lemora (Lesley Gilb), la persona que se está encargando de ella,
esconde un horrible secreto. Lemora es un maravilloso cuento para niños, con moraleja y sobrenatural, ideado y ejecutado con tino por un
desconocido Richard Blackburn, que utiliza viejos y efectivos motivos del
género (el enigma del bien y del mal, la ingenuidad de la juventud, la búsqueda
de la inmortalidad) con todo el respeto por la tradición del fantastique. A la reflexión sobre la
dificultad de que la inocencia (asexuada) sobreviva en el mundo (sexual) de los
adultos (como Caperucita Roja, por
ejemplo), Blackburn añade una historia sobre vampiros (en la más pura tradición
Salem’s Lot) y unas gotas de
religión, lo que acaba convirtiendo la historia en una reflexión sobre la
brujería y, por tanto, sobre el poder del mal. El film destaca por una cuidada fotografía nocturna, un diseño de
producción decadente y victoriano, que recuerda a esas viejas producciones de
serie B de los setenta, y una ambigüedad moral que alcanza su culminación en el
inesperado e irónico final. En este sentido, todo el producto recuerda a esas maravillas con nombre de mujer que salieron de
la pluma del inmortal Poe (Berenice, Morella, Ligeia, Eleonora). Muy aconsejable.
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