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miércoles, 27 de julio de 2016

Donde viven los monstruos (Aka Where the Wild Things Are)

2*

Maurice Sendak es uno de los autores de literatura infantil más vendidos y más leídos del mundo. Su obra ilustrada es una auténtica delicia, al igual que sus diferentes textos y ensayos sobre las más diversas cuestiones (por ejemplo, los recopilados en Caldecott & Co.). Sendak es una institución mundial en el campo de la creación visual. Por eso, cuando Spike Jonze decidió adaptar Where the Wild Things Are, su clásico de 1963, las expectativas estaban creadas. Sin embargo, el resultado deja mucho que desear, especialmente desde el punto de vista del guión, que no satisface ni a los espectadores más jóvenes ni a los más mayores y nostálgicos. De hecho, la película es tan poco sentimental como el libro pero la historia original se pierde en mil y un vericuetos y la imagen real no ayuda a entrar en una historia protagonizada por actores y monstruos reales que no conmueve ni emociona. El carácter simbólico del cuento, donde cada monstruo representa un miedo infantil, está bien representado pero Dave Eggers, autor de The Circle y guionista ad hoc, no consigue empatizar con la inmensa mayoría del público. Es una lástima. Mucho más interesante es el cortometraje que dirigió Gene Deitch, en 1973, sobre la misma base creativa. O la personalísima versión que Jim Henson hizo de otra obra de la misma trilogía, Outside Over There, que se transformó en Dentro del laberinto.

miércoles, 28 de enero de 2015

En compañía de lobos (Aka The Company of Wolves)

4*

En Morfología del cuento, Vladimir Propp hablaba del relato del lobo y los cabritos, estableciendo las distintas versiones del mismo así como sus características formales. El cuento de Caperucita roja, tanto las versiones orales conservadas como las versiones de Perrault y de los hermanos Grimm, no son sino transposiciones del arquetipo estudiado por Propp. Al igual que esta película de Neil Jordan, una adaptación puramente fantástica, contada en clave de relato medieval, aunque con elementos psicoanalíticos, que supone un auténtico tour de force narrativo ya que la estructura del film es como una matrioska rusa: una historia dentro de un sueño; un sueño dentro de otra historia; y así sucesivamente. El cuidadísimo diseño de producción así como la ambientación general (decorados, vestidos, atmósferas, animales, etc.) redondean un producto que igual puede ser disfrutado por los niños que por los adultos, por los jóvenes que por los ancianos, de tan convincente que es el mundo fantástico que se crea así como su enorme poder de sugestión. Si bien es verdad que los FX han quedado un tanto atrasados, el encanto de los animatronics y de los maquillajes redime otro tanto su caducidad. Por otro lado, los actores componen una paleta variada de caras y expresiones (incluyendo la sorpresiva aparición de Terence Stamp), aunque no terminan de ser del todo congruentes con la producción. En todo caso, estamos ante una de las obras maestras del cine de Jordan, repleta de simbolismos de todo tipo y que, además, consigue subvertir varias de las convenciones del cine contemporáneo sobre hombres lobo (el de Aullidos o el de Un hombre lobo Americano en Londres, por ejemplo). Como muestra un botón: incluso hay varias mujeres lobo.

martes, 9 de septiembre de 2014

Oz, un mundo fantástico

3*

Estupenda e inesperada continuación del clásico El mago de Oz, casi 50 años después de su adaptación canónica, la de Victor Fleming. El desconocido director  adapta para la pantalla dos libros del autor original, L. Frank Baum, y presenta un cuento moral en la línea del cine infanto-juvenil de la época y, por tanto, alejado de ese optimisto irreal tan propio de Walt Disney (como en Oz, un mundo de fantasía). En este sentido, el film se acerca a producciones más sombrías como Cristal Oscuro y, más concretamente, como Dentro del Laberinto, obras maestras del estudio de Jim Henson, pero también a una joya desconocida como Nutcracker, de Carroll Ballard. El diseño de producción, la imagineria visual y todos los elementos de la ambientación resultan muy curiosos aunque francamente inferiores a los que aparecen en las películas mencionadas.

martes, 4 de marzo de 2014

Piel de asno

3*

C.S. Lewis ha escrito sobre distintas formas de amor en su libro sobre Los cuatro amores: el cariño, la amistad, el eros y la caridad. Y subrayó que muchas veces se confunden y superponen varios de ellos. En todo caso, cuando Charles Perrault escribió La piel de Asno para su Cuentos de mamá Ganso, no tenía en mente estas disquisiciones sino la vieja y decadente costumbre de casarse entre familiares. Jacques Demy dirige una película infantil que, como todas las grandes películas infantiles, dice más sobre los adultos que sobre el mundo de los niños ¿Por qué? Porque los cuentos infantiles, destinados a enseñar y a educar, denuncian las deformaciones y los prejuicios del mundo de los adultos, como muy bien sabía Jean Cocteau cuando rodó La bella y la bestia o Neil Jordan cuando rodó la magnífica En compañía de lobos. El film es un trabajo realmente bello, muy bien ambientado y bastante bien rodado, lleno de esa fantasía, belleza y crueldad presente en algunos de los mejores cuentos de hadas y que, además, destila ese espíritu profundamente conservador de muchas de las fábulas clásicas, aunque sugiera y presente temas tabú como el complejo de Electra y el incesto. Demy vuelve a ese cinéma enchanté musical (que tan bien conoce desde Los paraguas de Cherburgo) y, una vez más, con el protagonismo de la angelical Catherine Deneuve. La BSO, a la que le sobra orquestación y a la que le falta más melodías festivas, es del gran Michel Legrand. Es una lástima que sea una película tan desconocida para el gran público. Pero no es de extrañar, ya que no la ha producido ni distribuido Walt Disney



miércoles, 11 de diciembre de 2013

Lemora, un cuento sobrenatural

3.5*

La joven Lili (Cheryl Smith) es una proto adolescente candida y virtuosa que decide visitar el pueblo donde cree que está su padre moribundo, en el lecho de cama. Al llegar, pronto descubrirá que nada es lo que parece y que Lemora (Lesley Gilb), la persona que se está encargando de ella, esconde un horrible secreto. Lemora es un maravilloso cuento para niños, con moraleja y sobrenatural, ideado y ejecutado con tino por un desconocido Richard Blackburn, que utiliza viejos y efectivos motivos del género (el enigma del bien y del mal, la ingenuidad de la juventud, la búsqueda de la inmortalidad) con todo el respeto por la tradición del fantastique. A la reflexión sobre la dificultad de que la inocencia (asexuada) sobreviva en el mundo (sexual) de los adultos (como Caperucita Roja, por ejemplo), Blackburn añade una historia sobre vampiros (en la más pura tradición Salem’s Lot) y unas gotas de religión, lo que acaba convirtiendo la historia en una reflexión sobre la brujería y, por tanto, sobre el poder del mal. El film destaca por una cuidada fotografía nocturna, un diseño de producción decadente y victoriano, que recuerda a esas viejas producciones de serie B de los setenta, y una ambigüedad moral que alcanza su culminación en el inesperado e irónico final. En este sentido, todo el producto recuerda a esas maravillas con nombre de mujer que salieron de la pluma del inmortal Poe (Berenice, Morella, Ligeia, Eleonora). Muy aconsejable.