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miércoles, 25 de febrero de 2015

Margin Call

3*

Radiografía top down de una de las causas inmediatas de la crisis económica actual, la especulación y la avaricia, permitidas y alentadas por el capitalismo post-industrial. En este sentido, Margin Call supone un loable intento por poner caras y nombres a los responsables del desaguisado económico-financiero que está ahogando a las clases medias y a las clases bajas pero que sigue enriqueciendo a las clases más pudientes y poderosas de esta parte del mundo (de ahí, lógicamente, el comportamiento de Jeremy Irons al final del film). Uy, perdón, que teniendo en cuenta el cacareado “fin de la historia” y el dominio triunfal de ese neoliberalismo orquestado por los estados (y toda su contradictoria y prehistórica ideología), ya no hay clases. Bueno, pero siempre queda algo: los que ganan dinero y los que se lo ganan. Esta película da buena cuenta de ambos grupos de personas aunque nos avisa sobre ese sorprendente sometimiento de "los empleados" white collar, ese enorme grupo de asalariados intercambiables cuya principal característica es, según Siegfried Kracauer, su sempiterna inseguridad económica y personal. Somos como las remóras de los tiburones capitalistas del mundo.



jueves, 24 de julio de 2014

Cuando todo está perdido (Aka All is Lost)

3*

Versión pedrestre del Gravity de Cuarón, All is Lost es la recreación de una campaña de pura supervivencia. El velero de Robert Redford choca accidentalmente contra un contenedor en medio del Índico, lo que supone el comienzo de una serie de catastróficas desdichas que llevan al viejo marinero a enfrentarse con todo tipo de adversidades en el mar, incluyendo el riesgo de su propia muerte. El director de Margin Call, J.C. Chandor, juega algunas buenas bazas pero desaprovecha otras. Por ejemplo, el film puede ser disfrutado por personas que conozcan el manejo de un velero y la vida en el mar pero el personaje de Redford sorprende por algunos de sus comportamientos. Por otro lado, la estructura de la trama sigue paso a paso el viejo adagio épico-narrativo “después de la tormenta vendrá la calma”, lo que termina por aburrir al espectador, en una película que no pretende ser épica sino intimista (de ahí su sobriedad general). Finalmente, los efectos digitales son como de telefilm de Antena 3 (esos bancos de peces, esos tiburones…), lo que resta credibilidad al conjunto. Por otro lado, si bien este Redford versión photoshop pone el cuerpo y la cara apropiadas en la mayoría de los casos, en otros no parece del todo convincente, aunque el papel tampoco exige mucho, la verdad.