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lunes, 7 de noviembre de 2016

Top Gun (Ídolos del aire)

2.5*

El piloto Maverick intenta emular las hazañas heroicas de su padre, a bordo de un caza F-14, y en el marco de una escuela de aviación en Miramar, California, conocida como TopGun, un reducto para entrenamientos de élite. Por supuesto, habrá rivalidades con sus compañeros, que acabarán reconociendo la pericia del piloto, así como elementos melodramáticos (con la muerte de un personaje) y románticos (con Kelly McGillis de por medio). Patochada ultra machista propia de la era Reagan, que funciona como una campaña de la oficina de reclutamiento del gobierno USA de la época (y, de hecho, así lo fue en la práctica) y un espectáculo videoclipero apabullante, en particular respecto de las escenas aéreas. No por casualidad, detrás de tamaño despropósito adolescente, está el productor Jerry Bruckheimer (y la propia Fuerza Aérea USAmericana, sin cuya implicación esta película hubiera resultado del todo imposible de rodar). Un buen reparto, una BSO icónica y una fotografía nostálgica terminaron de redondear el producto. Como era de esperar, un éxito enorme de público, a ambos lados del Océano Atlántico, y todo un hito del Blockbuster contemporáneo. Como decía El Roto en una viñeta de El País, “lo llaman videojuegos pero yo creo que nos están enseñando a matar. Dispara, dispara”.

lunes, 10 de febrero de 2014

Heat

4*

El teniente Vincent Hanna (Al Pacino) persigue con ahínco al equipo de Neil McCauley (Robert de Niro), un grupo de ladrones sofisticados, en una ciudad envilecida y rodeados, asimismo, de un paisanaje donde no faltan los más atroces depredadores, tanto en las altas esferas (Van Zant) como en las cloacas (Waingro). Michael Mann filma su propio guión de plomo (un guión que ya había rodado en ese borrador de Heat que fue L.A. Takedown), con la ayuda de una fotografía crepuscular de Dante Spinotti, una BSO épica de Eliott Goldenthal y un abultado presupuesto. 60 millones de euros pueden dar para mucho: para firmar 170’ de implacable narración de género, para rodar en más de 95 localizaciones en Los Ángeles, para desarrollar un guión absorvente y trágico, para contratar a un buen puñado de excelsos profesionales y actores, para no tener que deber nada a ninguno de los grandes estudios, etc. Es verdad que la escena de la conversación entre McCauley y Hanna podría haber dado más de sí ya que decepciona un poco, le falta intensidad e ingenio. Es verdad que algún personaje, algún diálogo, alguna escena podrían haber sido eliminados del montaje final. Pero tambien es verdad que la película funciona maravillosamente bien allí donde Michael Mann quería que funcionase: en el retrato abstracto pero apasionado de dos mundos enfrentados —de dos “profesiones” límite, el de los ladrones y el de heat, con sus respectivos códigos de honor—, engarzado en el espacio y el tiempo de una epopeya urbana que se mueve, además, en los límites del thriller y del drama romántico. Aunque, finalmente, todo acaba siendo trágico porque nadie gana nada. Mientras que Amy Brenneman, Diane Venora, Val Kilmer y Jon Voight están perfectamente fusionados con sus personajes y Al Pacino está desbocado, Robert de Niro y Ashley Judd se llevan la película de calle: dos actores como la copa de un pino que, muy a menudo, alcanzan el techo de sus capacidades interpretativas. Todo el mundo recordará a Neil McCauley, ese perfeccionista y solitario ladrón enamorado, y a Charlene Shiherlis, esa madre ex prostituta que solo quiere llevar una vida normal. Ambos actores están maravillosamente comedidos, entregados, convincentes. Y el film les rodea y les quiere aunque, al final, les abandona. 

miércoles, 26 de septiembre de 2012

A primera vista

2.5*

Una noble película acerca de la aceptación de las carencias propias (en este caso, de la ceguera) y sobre la capacidad del amor para despertar las ganas de superación personal. Está basada en un relato del conocido psicólogo Oliver Sacks que, a su vez, está basado en hechos reales. Sin embargo, ni las interpretaciones (bastante mediocres) ni la dirección (bastante convencional) logran transformar en excelencia cinematográfica las buenas intenciones morales de la historia, la cual, aún siendo más sofisticada de lo que cabría esperar, se alarga innecesariamente. A la dirección, el premiadísimo productor Irwin Winkler, autor de ese convincente retrato del macarthismo que fue Caza de brujas. En la línea, por tanto, de ese cine posibilista y bienintencionado como Esencia de mujer. Y nada que ver, por otro lado, con la admirable El milagro de Ana Sullivan (del minusvalorado Arthur Penn), o con Un retazo de azul, de Guy Green. Como curiosidad, el film está salpicado de canciones interpretadas por Diana Krall.