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miércoles, 10 de febrero de 2016

Noche de fin de año (Aka New Year's Eve)

2*

Decía Jean Austen que las tonterías dejan de serlo cuando son realizadas por gente sensible que actúa de forma atrevida. Pero si las personas no son sensibles, sino sensibleras, y no son atrevidas, sino engranajes de una máquina diseñada para enternecer, las tonterías quedan al descubierto. Y esto es lo que es, con precisión, esta trillada película de redenciones y propósitos “buenrollistas” de Año Nuevo. Que, incluso, tiene un discursito final. Y sus tomas falsas añadidas (sic). Y hasta un enfermo terminal y una canción de “Jon Bovi”. Un elenco variopinto de estrellas hollywoodienses viven unas cuantas historias, algunas entrecruzadas, durante las últimas horas de la Nochevieja del año 2012. Hay para todos los públicos y para todas las edades así que cientos y miles de espectadores se podrán ver representados. Como con la paparruchada esa de Pretty Woman. Pero muchos personajes, muchas situaciones y un buen puñado de diálogos y conversaciones son de lo más ramplones, manidos y pedestres. Folclore navideño, vamos. De hecho, no sería de extrañar que, cada 10 o 15 minutos de visionado, buena parte del público piense que estamos ante uno de esos productos prefabricados que te venden y que te envuelven con mil y un pliegues de papel y con mil y un lacitos de colores en esos templos de consumo que son los centros comerciales en Navidad. Un producto que huele bien, que brilla con su purpurina, que alegra la vista del consumidor pero que no tiene mucha sustancia por dentro. Algo así como uno de esos anuncios de neón que adornan Times Square.

jueves, 21 de marzo de 2013

Pretty Woman

1.5*

Epítome máximo del género chick flick y objeto de regocijo (e, incluso, de culto) para varias generaciones de mujeres a ambos lados del Atlántico. ¿La razón? Pues que Pretty Woman materializa una idea tan absurda como peligrosa: hasta una puta tiene derecho a vivir sin preocupaciones económicas y sin dar ni golpe. Solo tiene que casarse con un rico (sic). Vivian Ward (una mediocre Julia Roberts) ejerce como hooker en Beverly Hills. Edward Lewis (un mediocre Richard Gere) es un caballerete de tres al cuarto que gana muchísimo dinero subido a la ola del capitalismo más salvaje. En un momento dado, sus caminos se encuentran y comienzan a jugar al “yo soy rico pero tímido” – “yo soy pobre pero atrevida”. Y ahí está toda la sustancia de esta historia, una historia que parece una actualización naive de La Traviata, aunque en su origen parecía que se iba a centrar en un drama sobre la vida de las prostitutas californianas. El resto de elementos del film (técnica y artísticamente correctos) están al servicio de la sublimación de este falso cuento de hadas, comprensiblemente un éxito cinematográfico en toda regla. Y es que el machismo más inconsciente sigue campando a sus anchas porque, como diría Luce Irigaray, la presencia de una prostituta (algo que se puede "comprar") hace resaltar el hecho de que el tipo de sexualidad mostrada en la película está definido por el punto de vista masculino. Estupenda premisa, pues, para una película que ha triunfado entre las mujeres.