¿Por qué Ingmar Bergman se vale
de 80’ para contar una historia con la profundidad de Persona y Alfred Hitchcock necesita 120’ para narrar Cortina rasgada? De hecho, habría que
preguntarse por qué el cine del maestro sueco es tan parvo en duración mientras
que el del maestro inglés suele ser tan generoso en minutaje. La respuesta
podría estar en el suspense: para crear suspense hace falta tiempo, hace falta
dilatar la duración de las cosas, como señala Anthony “Hitchkins” al final de
ese biopic que ha protagonizado
recientemente sobre el creador de Vértigo.
Y como también señalaba François Truffaut en sus gloriosas conversaciones con
el auteur, recogidas en la edición
definitiva de El cine según Hitchcock.
En fin, reflexiones aparte, el tío Alfred pergeña una trama de espías sobre
robo de secretos nucleares en el marco de la Guerra Fría, tras el telón de acero y en el marco incomparable
del Berlín dividido de postguerra. Adereza la ensalada con un balsámico de Paul
Newman (en su única y conflictiva colaboración con el orondo director), con las
estimulantes esencias de Julie Andrews (francamente, una pareja poco sólida) y
con la minuciosa partitura especiada del siempre excelente y contrapuntístico John
Addison, el compositor de esas maravillas musicales que son las BSO de Un puente lejano, La huella o Mujeres en
Venecia, por poner solo tres gloriosos ejemplos.
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miércoles, 31 de agosto de 2016
sábado, 9 de marzo de 2013
La semilla del tamarindo
2.5*
Entretenida
historia de espionaje en el marco de la Guerra Fría, con el protagonismo de una
circunspecta Julie Andrews y de un seductor Omar Sharif, en el papel de un
agente ruso que decide pasarse al bando occidental por amor, por cinismo o por
puro y simple desencanto (o por la suma de las tres razones). En la línea de Funeral en Berlín, Scorpio, El ejecutor o,
incluso, de Cortina rasgada, resulta
convencional en su desarrollo y en su conclusión, aunque sin embargo, la
película mantiene cierto interés en la trama y el suspense, gracias a la
contención rítmica de Blake Edwards, y contiene, además, algunos diálogos
ciertamente estimulantes. Solvente plantel de secundarios (especialmente
Anthony Quayle y Oscar Homolka) y discreta BSO de John Barry, especialista en
música para películas de espías, incluidas las de James Bond. El film evoca en el espectador el recuerdo
de La noche de los generales, de
Anatole Litvak, también con Omar Sharif.
Etiquetas:
1974,
Anthony Quayle,
Blake Edwards,
Drama,
Espionaje,
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John Barry,
Julie Andrews,
La semilla del tamarindo,
Omar Shariff,
Oscar Homolka
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