El Western USAmericano ha enseñado a millones de espectadores de todo
el mundo que el mal solo puede combatirse con el revólver. Que la injusticia
solo puede erradicarse a golpe de pistola. Es una gran enseñanza, sobre todo
para un país que tiene una Segunda Enmienda y un inalienable derecho a portar y
usar armas. Sin embargo, en buena parte del resto del mundo, las armas no
sirven de mucho. Y las películas que nos cuentan los enfrentamientos de un país
mediante duelos, tiroteos y refriegas subsisten en el lado mítico de la vida.
Debido a ello, esta historia sobre un grupo heterodoxo de luchadores
individualistas, que se unen para luchar contra una banda de corrompidos
matones de tres al cuarto y salir todos ilesos y con sus respectivas mujeres
(el germen de la familia yankee), ya
no nos la creemos. Sobre todo cuando los personajes sonríen al espectador y se
mueven por la trama con claros efectos, movimientos y gestos teatrales. Lawrence
Kasdan intenta remitificar el género,
removiendo un poco las ascuas donde siempre se mantiene calentito, con un film para toda la familia, con un humor
ramplón y socarrón y con una estrategia de marketing
tan avispada como tramposa: llenar el reparto de caras más o menos conocidas pero
completamente ajenas al mundo épico de los centauros del desierto (Kevin Kline,
Kevin Costner, Scott Glenn, Danny Glover, Brian Dennehy, Rosanna Arquette,
Brion James, John Cleese, Linda Hunt, Jeff Goldblum, Lynn Whitfield, etc.). Como
diría Joseph McBride, “the myth of the frontier would not die”, pero, para ello, tiene que disneylarizarse. El resto de
elementos técnico-artísticos parecen calcados de un anuncio de Marlboro. Lo cual no es malo pero,
evidentemente, tampoco es un piropo.
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miércoles, 29 de junio de 2016
viernes, 5 de julio de 2013
Los intocables de Eliot Ness
3*
Gran éxito de crítica y público de la cinematografía
USAmerica de los años ochenta que, visto ahora, no pasa de ser un aceptable ejercicio de estilo sobre algunos de los cánones del cine de gángsters. Fué perpetrado por un creador a priori
bastante alejado del género, el hitchcockiano Brian de Palma, en uno de los múltiples
puntos muertos que han asolado su irregular carrera. La historia narra los
intentos de un agente del gobierno y de su equipo de intocables (incorruptibles) por atrapar y encarcelar a Caracortada
Capone (interpretado por un Robert de Niro excesivo). La película cuenta con
varias de las señas de identidad del director (movimientos de cámara
retorcidos, encuadres wellesianos y contrapicados,
planos en profundidad) y con alguna más que correctas virtud (como la
ambientación y el vestuario), pero ni las interpretaciones ni el guión -estereotipadas las unas, endeble el
otro (y eso que es obra del destacable David Mamet)- consiguen
estar a la altura de la fama de un film
que, no obstante, cuenta con una extraordinaria BSO de Ennio Morricone. Por
otro lado, una de las mejores secuencias de la película, casi al final de la
historia, está calcada de una escena mítica del gran S.M. Einsenstein, aunque
se pretenda pasar por un homenaje directo o por una cita a pie de escena. Lo
más interesante de este producto enlatado es, quizás, ese conjunto de sombras y
oscuridades del sistema político-policial, que se intentan denunciar sin hacer énfasis alguno, como suele ocurrir en los mejores logros de un Oliver Stone
o un Sidney Lumet, por ejemplo.
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sábado, 26 de noviembre de 2011
Mr. Brooks
3*
Hay directores de cine a quienes se les conoce por una única película. Quizás el caso más famoso sea Charles Laughton y su maravillosa La noche del cazador. Quizás el menos conocido sea Bruce A. Evans, el director de Mr. Brooks (del cual obviamos su insustancial primer trabajo).
Kevin Costner interpreta a un auténtico pero aburguesado serial killer que tiene problemas de conciencia y que pretende curar su adiccion a
despachar vidas asistiendo a sesiones de Alcohólicos Anónimos. Una idea que fascinó tanto a William Hurt que, al parecer, le decidió definitivamente a aceptar su rol de policía. Evans firma una sorprendente y estimulante pelicula sobre la
vida de dicho asesino y consigue enganchar al espectador, sin ningún artificio cinematográfico, hasta un final realmente inesperado. Merece una mención aparte la actuación del gran William Hurt. Por cierto, también aparece una tal Demi Moore.
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