¿Por qué Ingmar Bergman se vale
de 80’ para contar una historia con la profundidad de Persona y Alfred Hitchcock necesita 120’ para narrar Cortina rasgada? De hecho, habría que
preguntarse por qué el cine del maestro sueco es tan parvo en duración mientras
que el del maestro inglés suele ser tan generoso en minutaje. La respuesta
podría estar en el suspense: para crear suspense hace falta tiempo, hace falta
dilatar la duración de las cosas, como señala Anthony “Hitchkins” al final de
ese biopic que ha protagonizado
recientemente sobre el creador de Vértigo.
Y como también señalaba François Truffaut en sus gloriosas conversaciones con
el auteur, recogidas en la edición
definitiva de El cine según Hitchcock.
En fin, reflexiones aparte, el tío Alfred pergeña una trama de espías sobre
robo de secretos nucleares en el marco de la Guerra Fría, tras el telón de acero y en el marco incomparable
del Berlín dividido de postguerra. Adereza la ensalada con un balsámico de Paul
Newman (en su única y conflictiva colaboración con el orondo director), con las
estimulantes esencias de Julie Andrews (francamente, una pareja poco sólida) y
con la minuciosa partitura especiada del siempre excelente y contrapuntístico John
Addison, el compositor de esas maravillas musicales que son las BSO de Un puente lejano, La huella o Mujeres en
Venecia, por poner solo tres gloriosos ejemplos.
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miércoles, 31 de agosto de 2016
lunes, 9 de enero de 2012
El zurdo
3*
Curioso y extraño western -de los más insólitos que se han
rodado nunca-, sobre la historia de Pat Garrett y del sufrido Billy el Niño, con
un Paul Newman histriónico poniendo en práctica a la perfección el manierismo que había aprendido
en el Actor’s Studio de Nueva York,
en un papel que –por otro lado- estaba destinado a James Dean. Se trata del
primer trabajo cinematográfico de Arthur Penn, tras una experimentada carrera
en el mundo de la televisión. Se mueve entre la tragedia griega y la torturada obra
de Tennesse Williams, por lo que no es de extrañar encontrar a Gore Vidal como coautor
del guión (basado, toda sea dicho, en su propia versión televisiva anterior).
Un tanto larga y previsible, sin embargo, se hace respetar, aunque esté por
debajo, en calidad e interés artístico, de la versión que Sam Peckinpah estrenó
en 1973.
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