La joven Helen (June Allyson), de
Philadelphia, recala en Munich para trabajar en la Casa de América. Durante su
estancia en la capital Bávara, Helen se encontrará con un novio de esos que la
familia te hecha desde jovencita (y que tú consideras tu amigo) pero, también,
conocerá a un impulsivo y exitoso director de orquesta, Tonio Fischer (Rossano
Brazzi). Durante breves y románticas escapadas, Helen se enamorará del músico,
y viceversa, sin saber que su amor es, digamos, como el “do de pecho”: solo al
alcance de muy pocos. Como si de una sinfonía se tratara, Sirk vuelve a su país
de origen para rodar uno más de sus excelentes y eternos melodramas, con puntos
de contacto con Rapsodia, de Charles
Vidor. A lo largo de varios movimientos musicales, la narración va siguiendo,
acompañando, subrayando los distintos vaivenes del amor, hasta la coda final,
en la que se recupera el tema inicial, el motivo “musical” con el que comenzaba
la obra. Un final en clave mayor, por tanto, que hace sentirse en casa a los
protagonistas y, con ellos, también al espectador. Sirk rueda, así, una especie
de guía de viajes para la secretaria o para el ama de casa USAmericana de los
cincuenta, para que no se deje deslumbrar por la pasión y por el arte de la
Vieja Europa y para que no olvide que “su hogar, su verdadero hogar”, está allá
donde atracó el Mayflower. Hermosa fotografía, fascinante composición de planos
y diseño de secuencias, pulido vestuario, sofisticada producción y bella
música: en fin, lo de siempre en la filmografía del gran, y no suficientemente
valorado, Douglas Sirk. Por cierto, en 1968, Kein Billington rodaría un remake de lo más estimable y disfrutable
y con una BSO, de Georges Delerue, ciertamente emotiva.
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viernes, 30 de diciembre de 2016
jueves, 29 de septiembre de 2016
Matador
3*
Extraña mixtura entre los cánones
del giallo, el thriller más convencional y el mundo del toreo, Matador supone una de las películas más estimulantes
de toda la carrera del trasnochado Pedro Almodóvar, abandonando ya el amateurismo anterior. Por eso, ya se
vislumbra profesionalidad en los siguientes apartados de producción: la
planificación, el guión, la dirección de actores, los técnicos, la fotografía,
etc. Jugando con la sexualidad, la muerte y las convenciones patrias, el
manchego propone nada menos que una superposición de dos placas tectónicas
nacionales: la atracción por la sangre y la obsesión por el sexo. Es decir, “Pédrooooooo”
propone una reflexión visual y literaria sobre los extremos del placer, entre
el estoque, la violación, el cilicio y otras perversiones de un pueblo
reprimido y represor. La chabacanería, el puterío, el quinquismo de la movida,
la charcutería y lo carnavalesco del cine de Almodóvar, todo ello se pone al
servicio de una historia truculenta pero estetizada, a caballo entre el
conservadurismo franquista, las convenciones de la religión y de la fiesta y la transgresión
experimentadora, propia de la irredenta década de los setenta. Y, además, el film cuenta con tres aceptables
interpretaciones, la de Chus Lampreave, la de Assumpta Serna y la del siempre titubeante
Antonio Banderas, aquí poniendo los primeros ladrillos de su leyenda de casanova,
de macho cabrío, entro lo cafre, lo rudo y lo “perrito abandonado”. Como
curiosidad, el comienzo de la cinta, con la escena masturbatoria de créditos, despliega
todo un homenaje a ese cine maldito y elaboradísimo que realizó el maestro
Mario Bava (y, en menor medida, Jesús Franco). Todo un guiño al cine de género,
justificadísimo. Años después, Almodóvar volvería a intentar el mismo truco
pero, esta vez, respecto de la obra de Franjú. Y no le salió igual de bien.
lunes, 15 de febrero de 2016
Lejos del cielo (Aka Far from Heaven)
2.5*
Todd Haynes es uno de los
directores más admirados del Hollywood postmoderno. Pero igual no es admirado
por sus cualidades personales sino por haber conseguido resucitar una forma de
hacer cine que hunde sus raíces en los white upper-class melodramas, clasistas y coloreados, del
gran Douglas Sirk. De hecho, esta película, unánimemente aplaudida en todo el
mundo no es sino una recreación de Solo
el cielo lo sabe, el enorme canto a la libertad de Jane Wyman y Rock Hudson
(incluso los títulos de crédito y el movimiento de grúa inicial son un calco
del original). Sin embargo, Haynes ha sustituido el problema de fondo del film anterior por dos tabúes de la
época: una reflexión sobre la discriminación del homosexual así como sobre los
padecimientos sociales del pueblo Afroamericano, en ese American Way of Life quimérico y parcial de los cincuenta pero que
ha seguido inspirando al pueblo USAmericano en su búsqueda de la felicidad. Por
lo demás, la película es rutinaria y previsible en el desarrollo de la trama,
repletita de lugares comunes y de situaciones mil y una vez vistas. Por ello,
quizás, no consigue producir una emoción honesta y sincera en el espectador,
por mucho que Julianne Moore se entregue a un personaje que parece cortado por la
modista que la vistió en El fin del romance, aunque el patrón sea de ama de casa pin-up. Mención aparte merece Dennis Quaid, completamente
desubicado, y Patricia Clarkson, en su sempiterno rol de amiga comprensiva, una especie de Agnes Moorehead. Incluso
la evocativa BSO, del gran Elmer Bernstein, suena de cartón piedra, como buena
parte de esta aclamada cinta. Lo que sí que es de justicia destacar es la
admirable labor de ambientación y de iluminación durante todo el metraje. Una
labor que, aunque kitsch y
arbitraria, por partida doble, supone un auténtico regocijo casi para cualquier
clase de espectador. Y por eso, solo por eso, ya merece un visionado.
miércoles, 24 de junio de 2015
Como un torrente (Aka Some Came Running)
4*
Como en
An American Tragedy, de Dreiser,
Minelli rueda la historia de un arribista, David Hirsch (Sinatra), un escritor
medio fracasado que acaba de regresar de la Segunda Guerra Mundial a su pueblo
natal, en busca de sus orígenes pero también de un futuro viable. Excelente
melodrama de finales de los cincuenta, dirigido con esa rara mezcla de compacta
narración, poderosa puesta en escena y perspicaz profundidad psicológica,
propia de buena parte de la obra de Vicente Minnelli. Radiografía de una parte
de la sociedad USAmericana, concretamente de los intersticios y los contactos
entre las clases medias y las clases trabajadoras, representadas por Arthur
Kennedy y su hermano Frank Sinatra, así como por Martha Hyer y Shirley
MacLaine, respectivamente, rodeados por un outsider
(Dean Martin), que es el único personaje que consigue mantener su coherencia
durante todo el metraje,. Comparable a los mejores logros de Douglas Sirk en el
género, tanto en el análisis de los valores y de la moralidad de cada tipo
social, como en la disección de las necesidades y de las pasiones humanas. En
est sentido, Minelli cumple a la perfección con ese apotegma de Italo Calvino
que asegura que el artista ha de tener un compromiso “cívico y político” con la
sociedad que le sustenta, como ser humano y como creador. Por otra parte, la
película explora con mayor contundencia que Sirk el uso del color, los
movimientos de cámara (especialmente en los travellings),
los encuadres expresivos y la composición de las escenas según los estados de
ánimo que sugieren las tonalidades. Pinceladas intelectuales aquí y allá para
un film que acaba, abruptamente, [spoiler] con
el más injusto de los cierres.
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viernes, 8 de mayo de 2015
Una mujer sin amor
3*
Melodrama de Luís Buñuel, de su etapa mexicana, sobre un cuento de Guy de
Maupasant. Una mujer casada se enamora de un ingeniero pero ha de renunciar a
ese amor para mantener su anterior matrimonio y a su hijo. Años después, recibe
una noticia desde Brasil que hará desestabilizar su vida. El director aragonés,
sobre una capa de aparente sencillez, ofrece varias de sus certeras pinceladas
sobre los valores burgueses. La historia, un tanto increíble, permite hablar de
esta película como si fuera una especie de melodrama "saturado de color", a lo Douglas Sirk, aunque jugando con los tonos del gris, en este caso, eso sí. Desde el punto de vista de la técnica cinematográfica y de
la puesta en escena, hay un par de escenas bastante interesantes: la del vals y la de la boda, casi al final, con
dos travellings maravillosos, el uno
abriendo hueco a la pareja de baile; el otro moviéndose hasta una silla vacía.
Una de esas obras, digamos, menores del gran Luis Buñuel que, sin embargo, es
una historia muy bien narrada e interpretada.
martes, 28 de abril de 2015
Ángeles sin brillo (Aka The Tarnished Angels)
4*
Magnífico drama primerizo del
gran Douglas Sirk, construido alrededor de Pylon,
una iconoclasta novela de William Faulkner. Tanto la una como el otro desbordan
pasiones, sordidez y elementos trágicos, aunque la trama de la película de Sirk
no sea tan arriesgada como la obra de Faulkner. Sin embargo, el propio escritor
quedó satisfecho con esta magnífica adaptación. La historia se centra en la
admiración que despierta la forma de vida y el heroísmo de un piloto de acrobacias (Robert Stack), que vive junto con su mujer (Dorothy Malone) y su
hijo, en la conciencia torturada de un innominado periodista alcohólico que, no
por casualidad, anda a la caza de la “historia de interés humano” definitiva y
que, por otro lado, se siente inexorablemente atraído por estas extrañas
personas que sobreviven al margen del sueño americano. Este papel es
interpretado con admirable dignidad por un Rock Hudson que merece una
definitiva reevaluación. Solo un año antes, el cirujano Sirk había rodado otra
de sus obras maestras con el mismo terceto protagonista. Magnífica fotografía
en B&W y en Cinemascope, a propósito.
Y, por cierto, resultaría interesante rastrear las conexiones de este film con el dramático Los temerarios del aire, dirigida por otro de esos enormes directores USAmericanos eclipsados por los 4 o 5 grandes: John Frankenheimer.
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sábado, 14 de marzo de 2015
Cara de ángel (Aka Angel Face)
3.5*
Una película ciertamente curiosa
por cuanto supone una más de las espléndidas incursiones de Otto Preminger en
el terreno del film noir para
subvertir alguna de sus premisas, como ya hiciera con Al borde del peligro o Vorágine.
En este caso, una angelical femme fatale
(Jean Simmons), egoísta y manipuladora, no consigue convencer al indeciso
enfermero interpretado por Robert Mitchum para que le ayude a cometer un
crimen. Crimen que, sin embargo, acaba sucediendo y por el que ambos son
acusados. Sin embargo, Simmons se arrepiente de lo ocurrido y pretende declarar la verdad; a continuación se produce un juicio del que ambos son absueltos; la
ex pareja de Mitchum no le acepta cuando pretende volver; y, finalmente, la
despechada Simmons acaba reventando su plan original, lo que pone en duda las
sospechas del espectador sobre sus auténticos sentimientos. Con un final un
tanto previsible, Preminger se sirve de un buen guión de Oscar Milliard y Frank
Nugent (tras su participación en El
hombre Tranquilo) y perfila una solvente producción de Howard Hughes para
la RKO, con la música del siempre
acertado Dimitri Tiomkin. Una película irónica, consciente del género al que pertenece y de una solvencia técnico-artística admirable.
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martes, 10 de febrero de 2015
Cinema Paradiso
3.5*
Crónica sentimental de la historia italiana
reciente, que adquiere la forma externa de una Bildungsroman pero la interna de un melodrama en tres partes: una
primera que se centra en las relaciones de un niño, Toto, con el proyeccionista
de un pequeño cine rural (Philippe Noiret) de la Italia de los años cuarenta;
una segunda, que narra el primer amor de ese niño, ya adolescente, con la hija
de un burgés y todos los problemas que ello acarrea; y una tercera,
teletransportada a la segunda mitad de la ultraconservadora década de los
ochenta, con los personajes principales ya en la edad adulta o entrando en el
paraíso. Toda la película es un como un cóctel, algunas veces sofisticado,
muchas veces basto y otras previsible, compuesto de tres ingredientes: un
tercio de cine, otro de amor y uno final que es una lección cinematográfica, ya
que incluye una amplísima paleta de recursos visuales: multiples tipos de planos
y de movimientos de cámara y de grúa, travellings,
zooms, varias escenas hermosamente planificadas (como la de la llamada de
teléfono desde el bar), juegos con el timing,
etc. En definitiva, una producción justamente mítica que, sin embargo, muestra
cierta condescendencia con el espectador, al que zarandea gratuita y tramposamente
varias veces, unas para hacerle reir, otras para hecerle llorar. Siempre para
hacerle sentir nostalgia. A lo que
la música de Morricone acompaña a la perfección, incluso tomando prestados
motivos musicales de su previa BSO para Los
intocables de Eliot Ness. Pero, sobre todo, es un film extremadamente italiano. Y, por ello mismo, universal, como
las películas de Visconti, Fellini, Antonioni y todos esos directores, también
USAmericanos, a los que se homenajea en Cinema
Paradiso.
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jueves, 4 de diciembre de 2014
Tiempo de amar, tiempo de morir (Aka A Time to Love and a Time to Die)
3.5*
Erich Maria Remarque fue un escritor que disfrutó
de gloria y fama durante un buen periodo de tiempo (antes y después de la
Segunda Guerra Mundial). Como Vicente Blasco Ibañez antes que él, Remarque fue
adaptado a la pantalla grande por algunos de los mejores directores del Star System. Tras la adaptación de Lewis
Milestone de Sin novedad en el frente,
su amigo Douglas Sirk acomete la tarea de plasmar en imágenes la novela contra
la Alemania de Hitler, un momento histórico que el propio Sirk vivió de forma
dramatica y que, además, ya había llevado al cine con anterioridad (en Hitler’s Madman, por ejemplo). La trama
se sitúa en el frente ruso y cuenta la historia de un soldado de infanteria nazi (curioso y sorprendente punto de vista) que, cansado y hastiado de los
horrores de la guerra, decide vivir su esperado y ultimo permiso como si fuera
el ultimo. En dicho interim, visita
su ciudad natal para intentar encontrar a sus padres pero lo que encuentra es
el amor así como una extraña sensación de náusea vital. Sirk realiza un
trabajo de ambientación extraordinario (hasta el punto de que muchos planos
recuerdan la detallista obra gráfica de Jacques Tardi) y presenta un absorvente
melodrama bélico, con tintes trágicos, en el que hay franco espacio para la
reflexion filosófica y política. Con una música estupenda de Miklós Rózsa y
unas interpretaciones suficientes, A Time
to Love and a Time to Die se eleva como una de las últimas obras maestras
del director de origen alemán, una maravilla fílmica de hondas raíces
humanistas y estéticas.
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lunes, 10 de noviembre de 2014
Vidas Borrascosas (Aka Peyton Place)
3.5*
Michael Rossi (Lee Philips), un
humilde profesor, recala en Peyton Place,
una pequeña ciudad de Nueva Inglaterra, donde poco a poco irá descubriendo un
mundo oculto y reprimido de alcoholismo, incesto y escándalos de todo tipo.
Todo ello falseado, además, por las reglas de juego de las apariencias
pequeñoburguesas, propias de una sociedad que tiene como norma de
comportamiento la doble moral (como en Picnic).
Si Douglas Sirk es el mejor retratista de las frustraciones de la clase media
USAmericana de los cincuenta y Elia Kazan lo es de los fracasos de la clase
trabajadora, Vidas Borrascosas podría
ser la síntesis perfecta de ambas perspectivas, si bien se remonta a unos
EE.UU. anteriores a la Segunda Guerra Mundial. Desde este punto de vista,
podría ser considerado el melodrama perfecto. No obstante, el casting no es del todo convicente y algunas
de las subtramas se retuercen demasiado. En todo casi, lo que sí que no encaja
de ninguna de las maneras es el happy end
final, absolutamente contradictorio con todo lo mostrado (salvo desde el punto
de vista de la estrategia de la voz en
off de la narradora). Sin embargo, dicho final sí que es coherente con la
finalidad del género: producir una catarsis en el espectador por pura y simple complacencia
y no por una identificación crítica con los personajes, como en la tragedia
clásica. Por su parte, Mark Robson parece estar rodando una película a través
de contínuas estampas dibujadas por Norman Rockwell, ya que la USAmerica que destripa
es la que Rockwell intentó retratar. Hay una una segunda parte, ambientada varios
años después y bajo los efectos de la novela de la narradora de la versión
original (aunque no con todos los actores originales: ni con Lana Turner ni con
Lee Philips, por ejemplo). Además, se realizó una serie de TV durante la década
de los sesenta, inaugurando el mundo del folletín televisivo en el país de las
barras y estrellas.
sábado, 28 de junio de 2014
Solo el cielo lo sabe
4*
Una mujer viuda de clase media se
enamora de su vitalista jardinero pero el corsé socio-familiar le impiden
abandonarse a su nuevo amor. Con un comienzo que recuerda al del film Hoy
como ayer, el “príncipe del melodrama”, Douglas Sirk empieza a despuntar en
el análisis de la clase media USAmericana de los cincuenta y en la crítica de
su opresiva forma de vida burguesa, atiborrada de convenciones, prejuicios y deseos frustrados, por lo que deja poco espacio para el desarrollo personal,
especialmente para las mujeres. En este sentido, no está de más nombrar la
crítica brechtiana de la burguesía europea o el despiadado análisis de Peter
Gay en La experiencia burguesa, un
estudio de las costumbres de clase desde la reina Victoria a Sigmund Freud. Solo el cielo lo sabe es un melodrama
prototípico, ya que, siguiendo a Sidney Lumet, el melodrama es una teatralidad
sobreelevada, que hace plausible lo increíble, como en esta película, aunque sin
llegar a las cotas de delírio e inverosimilitud de Obsesión. A propósito, esta película se titula originalmente All that Heavens Allows y, curiosamente,
el género ha sido recuperado por Todd Haynes en la magnífica Lejos del cielo. Por otro lado, Jane
Wyman ya había interpretado el papel de viuda en No estoy sola, de Curtis Bernhardt (1951), donde llenaba su vacía
vida ocupándose de niños huérfanos. Por último, sobre el genio de Sirk, son
imprescindibles sus conversaciones con John Halliday, así como el conjunto de
ensayos de Ángel Faretta sobre el “melo”, La pasión manda.
sábado, 21 de junio de 2014
Un extraño en mi vida (Aka Strangers When We Meet)
4*
Decía Oscar Wilde que el matrimonio es una carga
demasiado pesada para que solo sea llevada entre dos. Es decir, Wilde subrayaba
la irrenunciable compañía de la infidelidad en el seno de la institución
familiar. Un arquitecto (Kirk Douglas) conoce a la madre de un amigo de su hijo
(Kim Novak) y mutuamente se atraen y se enamoran. Pero ambos están casados,
aunque no del todo felizmente. Rodada con esa puesta escena elegante y liviana,
típicamente made in Hollywood, la
película subraya muy bien los momentos melodramáticos y de duda, con unos
juegos de espejo realmente ingeniosos. De hecho, el realismo figural que
destilan sus fotogramas y su narración se transforma en una llamada a futuros
adúlteros. Como ha escrito Bertrand Tavernier, estamos ante un auténtico “idilio de barrio”, como Juegos secretos. El film muestra dos tipos de personas, unas
más convencionales y otras más exclusivas. Éstas últimas muestran su insatisfacción
dando de nuevo una vuelta a la ruleta del amor, encendiendo las ascuas de la
pasión con nuevos descubrimientos, con el juego del enamoramiento y de los
escarceos sexuales. Pero, en un plano más inasible, la película es un canto interruptus a una forma de vida
apasionada, anticonvencional y creativa, fuera de rutinas, hábitos y etiquetas.
Sin embargo, la película muestra que esto es también un espejismo, una quimera:
aunque el ardor y el entusiasmo sean imprescindibles en la vida, no duran infinitamente. Y Evan Hunter y Richard Quine lo saben a la perfección. Por eso
es una obra adulta, madura, al margen de los ensueños juveniles sobre el amor y
la vida en pareja.
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