John Carpenter, con el arrojo de
sus mejores entregas fantásticas, traslada el mundo de los vampiros al desierto
texano: es decir, introduce la idiosincrasia vampírica en los corsés narrativos
y estéticos del Western.
Evidentemente, no es la primera vez que se mezcla el Western con el cine de terror (vid. Curse of the Undead, Ghost
Town, Hex, Inn of the damned, o El grito
de la muerte). Y tampoco es la primera vez que se coloca al mundo vampírico
en el Far West (Vampiros a la sombra sería un buen ejemplo) o en un árido estado USAmericano
(Los viajeros de la noche). Incluso
una película como The Devil’s Rain
hace aparecer el terror satánico en medio del desierto de México, en Durango.
Sin embargo, sí es la primera vez que se hace con esa desolación pesimista
característica del mundo de Carpenter. Lo que el espectador contempla es una
epopeya sobre la desesperada misión de un grupo de ignotos caza vampiros,
capitaneados por James Woods, que se esfuerzan por impedir que un extraño
códice caiga en las manos equivocadas y permita a su poseedor hacerse con el
mundo. Estéticamente, Carpenter se rinde a las posibilidades cromáticas del
experimento y rueda una historia salvaje, con puestas de sol rojas como la
sangre y música de slide. Sin
embargo, el resultado no convence del todo: ni por el argumento, ni por su
desarrollo narrativo, ni por los personajes, ni por la acción, aunque
constantes destellos mantienen la atención del espectador, así como esa visión
nihilista, anticlerical y hawksiana, que
subyace en casi toda la obra del director de Carthage. En alguna breve ocasión,
viene a la mente la extraña producción sobre hombres lobo motoristas Werewolves on Wheels, de 1971. Tras esta
cinta de Carpenter, se desataría una extraña y secreta oleada de admiradores: The Burrowers es, quizás, una de las más
conocidas.
Mostrando entradas con la etiqueta Vampirismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vampirismo. Mostrar todas las entradas
miércoles, 29 de julio de 2015
martes, 14 de abril de 2015
Han cambiado de cara (Aka ...hanno cambiato faccia)
3*
El camino de las adaptaciones es
tortuoso. De la maravillosa obra maestra de Bram Stoker se han realizado todo
tipo de versiones (desde el Nosferatu
de Murneau hasta Nosferatu en Venecia)
pero, sin duda, esta es una de las más extrañas y asombrosas. Corrado Farina,
escenógrafo, escritor y director de cine italiano, originario de la alta
burguesía savoya, da forma a una alegoría sobre el capitalismo y la tecnología
a partir de la premisa de que los mitos no mueren, solo se transforman. Así, la
figura gótica del vampiro se
convierte en un gran propietario de medios de producción y de distribución de
bienes y servicios que sigue chupando la sangre a sus pobres víctimas, en este
caso literal y metafóricamente hablando, con la ayuda de la casta en el poder. De
hecho, ese gran propietario se llama Giovanni Nosferatu, nada menos. La excusa
argumental que dirige toda la trama gira en torno a un ingeniero de una
compañía química, Alberto Valle, que es invitado por el dueño de un
conglomerado de empresas (Adolfo Celi), a su siniestra mansión de campo, para
recibir una propuesta de ascenso. El film
es una de esas rarezas propias de la irredenta década de los setenta, de una
gran fuerza simbólica y de denuncia, y resulta curioso que esté tan olvidada
dentro del panorama cinematográfico actual. Por otro lado, la dirección se ve
algo lastrada por modas visuales coyunturales y a la trama, claramente, le
sobran algunas secuencias (como la de la partida de golf y la de los anuncios
en blanco y negro). En todo caso, una película a reivindicar, por su enorme
poderío crítico, tanto frente al status
quo como frente a las fibras de lo convencional, la sumisión y la
normalización sobre las que se sostiene.
martes, 23 de julio de 2013
Martin
3*
George A. Romero
abandona momentáneamente su saga zombi (diez años después del estreno de La noche de los muertos vivientes) para
adentrarse en la inquietante historia de un joven que parece estar afectado por
una maldición familiar, la del no muerto (es decir, la del Nosferatu). Martin,
acuciado por la necesidad de sangre, comete todo tipo de crímenes, a los que
hace pasar por suicidios. Con una realización cuasi amateur y, por momentos, abrupta, una producción de bajo coste,
rodada en un suburbio de Pittsburg (la ciudad natal del director), un montaje
atropellado y un guión algunas veces confuso, la historia, sin embargo,
consigue seducir al espectador por su misteriosa trama y gracias a momentos puntuales, como la turbadora
escena pre créditos en el compartimiento de un tren. Los encuadres, la
fotografía y la BSO apuntalan el carácter intrigante y ambiguo del relato.
Represiones y fetichismos sexuales, traumas psicológicos, disfuncionalidad
social y aspereza individual para una meta reflexión sobre la enfermedad y la adicción,
subrayada por esos flash backs en
blanco y negro, aunque sin llegar a la pedantería filo vampírica de Abel
Ferrara en su The Addiction (1995).
Como curiosidad, hay un papel para el maestro de los FX Tom Savini. Dos años después, en Thirst, Rod Hardy sorprendería con su actualización de los mitos vampíricos y con sus granjas de sangre humana.
miércoles, 3 de julio de 2013
Las vampiras (Aka Vampyros Lesbos)
2.5*
Siguiendo la estructura clásica del Drácula de Bram Stoker, Jesús Franco rueda una más de sus múltiples
variaciones sobre el género vampírico aunque, en este caso, con una pátina de
actualización y con el erotismo magnético de Soledad Miranda, una de las musas
del director (su “símbolo femenino”, como escribe Carlos Aguilar), con quien
había trabajado (con mayor o menor intensidad) desde La reina del Tabarín. La verdad es que el film no destaca precisamente por nada en especial, salvo por las
vueltas de tuerca que ofrece respecto de las obsesiones habituales del director
(como en Macumba sexual o La hija de Drácula). Y, de hecho, un par
de escenas están enraízadas, directamente, en la magnífica Miss Muerte (las de los bailes eróticos con el falso maniquí). En
todo caso, se sigue con evidente placer, el guión y la voz en off tienen cierta elaboración y al menos 3-4 escenas son
memorables, aunque la inspiración visual parece un remedo de la extraordinaria El desprecio, de Godard. Por otro lado,
Franco vuelve a componer uno de esos personajes bizarros que tanto le gustaba
interpretar, tanto en su filmografía como bajo la dirección de otros. Producción
alemana, rodada entre Berlín, Alicante y Turquía y con una BSO excelente, que el
propio Quentin Tarantino tomaría prestada para su fascinante Jackie Brown.
Etiquetas:
1970,
Coproducción,
Erótico,
Homosexualidad,
Jesús Franco,
Miss Muerte,
Quentin Tarantino,
Serie B,
Soledad Miranda,
Terror,
Vampirismo
jueves, 18 de abril de 2013
El ansia
3.5*
Como afirma la autora de la imprescindible Encyclopedia of Gothic Literature, Mary
Ellen Snodgrass, las historias de terror “are indigenous to human artistry”.
Por eso, a lo largo de la historia de las creaciones humanas, el terror ha permeado
tanto nuestras manifestaciones literarias como las visuales. Aunque es con la
aparición del medio cinematográfico con lo que el terror como género se hace
realmente popular, conquistando casi cada rincón del orbe. En este caso, la
historia se remonta al Drácula de
Bram Stoker pero actualizando y modernizando cada uno de sus componentes. David
Bowie y Catherine Deneuve son los Blaylock, un matrimonio de no muertos, ricos, chics y decadentes, que viven escondiendo a la sociedad su
vampírica condición porque, entre otras razones, tienen que matar para
sobrevivir. Por su parte, la doctora Sara Roberts (Susan Sarandon), está
investigando la posibilidad de retrasar la vejez y, con ella, de alargar la
vida, pero su camino se cruza con la del matrimonio Blaylock. Más allá de su
esteticismo impenitente, influenciado por la obra de Irving Penn, y de un
montaje inspirado en las técnicas del commercial,
El ansia es una estimable revisión
del mito vampírico, a la luz del movimiento new
romantic y mediante una excusa argumental propia de la ultraconservadora
década de los ochenta: la de la búsqueda de la eterna juventud. Además, todo se
aliña con los correspondientes toques eróticos, sanguinolentos y musicales. Sin
embargo, el final es un tanto delirante e inconsistente. En todo caso, se trata
de la opera prima del hermano de Ridley Scott, Tony Scott, y (con seguridad)
estamos ante una de sus obras maestras, junto con Marea Roja y Amor a quemarropa. Por cierto, al parecer se está rodando una continuación.
martes, 23 de octubre de 2012
El último hombre sobre la tierra
3*
De las tres
dignas versiones que se han rodado sobre la famosísima novela de Richard Matheson, Soy leyenda, esta es la
primera y la más fiel en espíritu y en letra. Por tanto, no extraña encontrar
al mismo Matheson colaborando en el guión, (aunque tuvo que usar un seudónimo
porque quedó descontento con el resultado). La apocalíptica historia se centra
en la rutina diaria del doctor Robert Morgan (Vincent Price), único
superviviente de una plaga vírica, en un mundo atestado de vampiros, a los que
persigue e intenta exterminar. Por su parte, el propio Matheson se aseguró de
que los seres que acosan al protagonista no fueran mutantes ni zombies, sino
vampiros, como en el texto original (aunque tengan comportamientos parecidos a
los zombies de George A. Romero, todo hay que decirlo). Sidney Salkow firma una
coproducción entre la AIP e Italia,
con una más que correcta interpretación de Vincent Price, una lúgubre
fotografía del siempre excelente Franco Delli Colli y un mensaje desolado y
pesimista. Otras lenguas más chismosas
han sugerido una lectura en el marco de la Guerra Fría. En todo caso, parte de la trama recuerda a esa rareza de 1959, El mundo, la carne y el diablo, de Ranald MacDougall. Para adentrarse en ficciones post apocalípticas, es muy recomendable
la compilación de John Joseph Adams, Wastelands: Stories of the Apocalypse,
que destaca la atracción por la aventura, la lucha por la supervivencia y la
exploración de nuevas fronteras, no solamente físicas, como los principales atractivos
que subyacen a este tipo de narraciones.
Etiquetas:
1964,
Adaptación,
Apocalipsis,
Ciencia Ficción,
El último hombre sobre la tierra,
Franco Delli Colli,
Richard Matheson,
Sidney Salkow,
Terror,
Vampirismo,
Vincent Price
lunes, 23 de enero de 2012
Arrebato
3.5*
Año 1979. Madrid. José Sirgado (Eusebio Poncela) es un
director de cine, adicto a la heroína, que descubre que su ex novia (Cecilia
Roth) –con la que había roto- ha acampado en su propia casa. Además, está
intentando rodar una película de terror, La
maldición del hombre lobo, que tiene todo tipo de problemas. Por otro lado, en una
escapada con su amiga Marta conoce a Pedro, un adicto al cine que lo vive como
si no existiese ninguna otra cosa sobre la faz de la tierra. Tiempo después,
José recibe una película y una cinta de audio donde Pedro le explica los
alucinantes y extraños acontecimientos que ha vivido y en los que está
implicada su cámara de Súper 8. Y así
comienza la película… Arrebato (segundo
y último largometraje de Iván Zulueta, en 35 mm) destaca como una rara avis en la filmografía española,
tan dada a una especie de autocensura pro
comercial (dejando a un lado varias notables excepciones, por supuesto).
Para empezar, constituye una absorbente reflexión sobre el cine, sobre su capacidad
de asombrarnos, de deslumbrarnos, y, por tanto, de evadirnos de la realidad. Como propone la película, el
cine nos arrebata. Destaca, además,
por la sugerencia que hace del cine una especie de vampiro: nos roba parte del
tiempo que podríamos dedicar a la vida; nos deja sin vida. Pero cualquier
reflexión sobre el mensaje de la película no es sino una conjetura y, como tal,
está sujeta a múltiples revisiones, como la esencia misma de Arrebato, una maravilla entretejida con underground neoyorkino, E.A Poe y el cine-ojo de Dziga Vértov.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



























