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miércoles, 11 de marzo de 2015

El otro (Aka The Other)

3.5*

La figura del doble, del álter ego, ha gozado de una envidiable traidición, tanto en la literatura como en el cine. En la primera, desde William Wilson a Jorge Luis Borges, pasando por Robert L. Stevenson, han sido muchos los escritores que se han sentido seducidos por la atracción del espejo desvirtuado: un reflejo muchas veces siniestro que completa freudianamente la naturaleza de nuestra identidad. En el segundo, desde Metrópolis hasta El cisne negro o Seconds apart, pasando por Inseparables, Desesperación o un capítulo de Refugio macabro, el cine ha intentado también poner en imágenes el mito del Doppelganger. En El Otro, Robert Mulligan narra las diversas trastadas de dos gemelos protoadolescentes, uno de ellos realmente malvado, en el corazón de una granja californiana, y ofrece al espectador una ejemplar muestra de cine de terror, basado en el ambiente, en las atmósferas y en el juego entre la realidad, la imaginación y la ficción, sin acelerar la cámara, el montaje o el ritmo en ningún momento y sin grandes sobresaltos o escenas sanguinolentas. Simplemente, con una buena historia de suspense, bien narrada, bien interpretada, bien musicalizada (por obra y gracia de Jerry Goldsmith) y, sobre todo, muy bien ambientada y fotografiada. Por eso, pese a una luminosidad constante, solo rota por alguna escena de interior, el terror, la crueldad y lo sobrenatural hacen acto de presencia y conforman una satisfactoria muestra de lo que se denomina American Gothic, un subgénero de terror que aglutina films como Psicosis, 2000 maníacos, La matanza de Texas, Tourist Tramp o esa humilde maravilla que es La oscura noche del espantapájaros, por poner solo algunos ejemplos. La influencia de esta cinta se encuentra incluso en fracasos tan poco conocidos como el film de 1983, Disconnected. [Spoiler: Mulligan mantiene el suspense y la ambigüedad contínuamente a través de un uso inteligente y muy preciso del montaje. Por eso, salvo algunos rápidos movimientos de cámara, ambos hermanos nunca figuran juntos en el mismo plano].

miércoles, 29 de octubre de 2014

Boyhood (Momentos de una vida)

4*

Richard Linklater vuelve a superarse con esta película rodada en unos 45 días durante 12 años, una estrategia innovadora que ha sido usada por primera vez en casi 120 años de historia del cine. La idea es que los actores evolucionen con la cronología del film, especialmente el actor protagonista, Ellar Coltrane, que pasa de los 6 años a los 18. De hecho, podría convertirse en el primer actor en representar un papel desde la infancia hasta la tercera edad. Y más allá. El efecto en el público no es tan potente como la idea podría sugerir pero, en todo caso, Linklater construye un retazo vital apabullante, donde las emociones y los reconocimientos van brotando en el espectador, primero poco a poco para luego aparecer a borbotones. Una película sobre la vida y el crecimiento, visualmente delicada y emocionalmente intensa, de un humanismo complejo y contagioso, que hará las delicias de todos aquellos que estén hartos de artificios baratos como La isla mínima (con la que conincide en la cartelera) y similares. Un film que, sin duda, se enriquecerá con el paso del tiempo, como Movida del 76, otra acertada radiografía de toda una generación USAmericana, con sus luces y sus sombras vitales. De hecho, Mason, el protagonista, recuerda al Pink de Jason London (y esta no es la única conexión entre ambos films). Por otro lado, entre el reparto podemos encontrar amigos y familiares del director, lo que termina de apuntalar el carácter cinéfilo y familiar de un experimento socio-cinematográfico que, a la postre, puede ser leído como una de las más contundentes defensas de lo que George Lakoff ha llamado la familia progresista, “de padres protectores” (como los padres de Greg Focker en Meet the Fockers), en contraposión a la familia del “padre estricto”. Una de las cosas más sorprendentes de la película es el dinero que ha costado: unos 4 millones de dólares, inversión que ya se ha recuperado con creces

miércoles, 3 de abril de 2013

La cinta blanca

3*

En La sociedad abierta y sus enemigos se afirma que lo que caracteriza a las sociedades cerradas es la ausencia de gobiernos tolerantes y flexibles. Justo el tipo de sociedad que Haneke representa en esta película. De hecho, es evidente que la historia retrata una sociedad cerrada y violenta (como el de La Granja, de Bettina Oberli), lo contrario al tipo de sociedad abierta, liberal y autocrítica que defendió Popper. En todo caso, no todo pasado fue mejor, como demuestra esta cinta pseudo histórica de Michael Haneke, que vuelve a estar organizada alrededor de un falso thriller. Lo más evidente de la película, sin embargo, es ese eco continuo que sugiere que lo que pasó en la Segunda Guerra Mundial se estaba fraguando en este tipo de sociedad germana anterior a la Gran Guerra, envidiosa, hipócrita y cruel. Como la que describe Bergman en sus memorias, Linterna mágica. O como la que estudió Wilhelm Reich. Temática y visualmente, el film podría remontarse al clásico de Vajda sobre Dürrenmatt (El cebo), mezclada con Dreyer, M, el vampiro de Düseldorf, Sombras y niebla, Los comulgantes e, incluso, Sleepy Hollow, aunque el uso del B&W (hiperoscuro unas veces, sobreexpuesto otras) también podría ser interpretado como una intención de distanciarse de la violenta historia. En todo caso, la referencia más evidente es con El huevo de la serpiente, de Bergman. Algunas de las señas de identidad del director austríaco, sino todas, hacen acto de presencia durante el visionado (una de ellas es esa extraña manía de dejar varios misterios en el aire; otra, esos tranquilos pero salvajes golpes de efecto, casi al estilo de John Woo; otra más, la ausencia casi dogmática de BSO; una última, ese ritmo lánguido). Un visionado que, a la postre, revela una historia fría, aséptica, demasiado larga para su continua previsibilidad e, incluso, vacuidad. Sí, porque el fascismo podría ser el producto de una educación represora. Esta idea no sorprende. Pero, entonces ¿por qué no ha surgido en todas esas sociedades represivas que han existido en el siglo XIX o XX? ¿Alguna propuesta? Por cierto, debido a su pretensión de qualité, Haneke adorna la narración con pequeños enlaces semánticos entre escenas, que intentan crear una sensación de continuidad, igual que la voz en off del narrador, una especie de joven Charles Laughton en Esta tierra es mía.

jueves, 8 de marzo de 2012

Veneno para las hadas

3*

Carlos Enrique Taboada fue un director mexicano, especializado en el cine de terror, que tiene en su haber algunas películas sorprendentemente interesantes, como su mítica Hasta el viento tiene miedo o El libro de piedra. Por su parte, Veneno para las hadas (1984) cuenta la historia de Flaviola, una rica jovencita, que asiste a un colegio donde conoce a Verónica, la cual afirma ser una bruja. A partir del encuentro entra ambas, desarrollarán una relación dependiente basada en el sometimiento y en la práctica de unos juegos progresivamente macabros, donde los adultos tienen un papel muy secundario (de hecho, no se ve la cara de ninguno en toda la película). Utilizando una fotografía de interiores de una riqueza cromática considerable, Taboada consigue crear ese suspense y ese miedo que caracterizan a sus películas, a base de pequeños y sutiles sobresaltos y shocks. Por otro lado, hay una escena magnífica en un cementerio y otra donde se aprecia la influencia del éxito contemporáneo de Tobe Hopper, Poltergeist, aunque, en general, la cinta recuerda a El Otro, de Robert Mulligan, y, por supuesto, al clásico de 1959, La Mala semilla, de Mervyn LeRoy. Una curiosidad: Steven Wilson, de los Porcupine Tree, tiene un tema con el mismo título.


lunes, 21 de noviembre de 2011

La tumba de las luciérnagas

3.5*





El Studio Ghibli siempre ha proporcionado películas de animación muy elaboradas y con un altísimo nivel de calidad, tanto en los aspectos técnico-artísticos como en los aspectos ético-narrativos. Sin ninguna duda, el maestro del estudio es Hayao Miyazaki (uno de sus fundadores) pero Isao Takahata (mentor y cofundador del mismo) no se queda nada atrás, especialmente si tenemos en cuenta esta película y la magnífica Recuerdos del ayer. En La tumba de las luciérnagas, Takahata mantiene los estándares del estudio al adaptar una novela autobiográfica de Akiyuki Nosaka sobre la lucha por la supervivencia de dos hermanos, de 14 y 5 años, tras el bombardeo y destrucción de su ciudad, Kobe, en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. Mientras que en otro clásico animado sobre los desastres de la guerra, en Cuando el viento sopla, la lucha por la supervivencia se basaba en el mantenimiento absurdo de una rutina, en ésta, esa lucha, es el retrato solitario de una batalla perdida por el sustento y la felicidad, en un contexto de duelo familiar, desamparo personal y cruel indiferencia social. La historia comienza de una forma desgarradora, continua con una sucesión de momentos tristes y tiernos para, finalmente, desembocar en una conclusión que, aunque ya conocida, no deja de ser igualmente desoladora. Y es que la sombra de Heidi y de Marco es alargada.