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miércoles, 30 de noviembre de 2016

Los sin nombre

2.5*
Dedicada a Lucía

Cualquier película se elabora a partir de un guión. Y ese guión puede ser original o puede ser una adaptación de otra obra previa. Esto puede ser una obviedad pero conviene recordarlo porque a veces se olvida. O, mejor, porque a veces no somos plenamente conscientes. Es verdad que hay películas, más o menos experimentales, que se “ruedan” sobre la marcha, casi sin guión. Pero también es verdad que el 99% de las obras cinematográficas se levantan sobre un texto escrito anterior. Y cuando el texto de base es obra de un autor como Ramsey Campbell, es muy difícil pifiarla. Y eso que la novela es un tour de force sobrenatural, ambientado en una Inglaterra malsana de la ultraconservadora década de los ochenta. Pero bueno, si además contamos con un director sensible al género, como Jaume Balagueró (que aquí se estrena en el largometraje), el resultado puede ser de lo más espeluznante e imprevisible. Como en este caso. Un solvente film de terror, tétrico y escalofriante, sobre una investigación criminal y una secta un poco clivebarkeriana, cenobita, extrañísima, “Los sin nombre”, que tiene relaciones con el ocultismo nazi. Igual la fotografía es un poco plana; igual la música es un poco del montón; igual las interpretaciones son un tanto grises; pero en el plano de la historia, de la atmósfera y del suspense, la película es estupenda y cumple con creces el objetivo para el que ha visto la luz: dar miedo. Enhorabuena a todo el equipo. Y no se la pierdan, por favor, en particular los admiradores de Martyrs.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Ocho apellidos vascos

2.5*

Dos “jóvenos” se conocen en Sevilla, se medio enrollan y luego se separan. Ella (Clara Lago), una vasca de pura cepa, casi kaleborrokera, con el típico humor chirimiri del norte. Él (Dani Rovira), el archiconocido señorito andaluz, chispeante, engominao y zalamero. Pero, joder, es que ella se ha dejado el bolso en Triana. Y él se ha enamorado. Con lo cual, el señorito subirá al ficticio Argoitia a matar dos pájaros de un tiro. Pero se encontrará con una posible boda y con un vascazo de la talla de Karra Elejalde. Sobre esta disparatada historia, los guionistas (Borja Cobeaga y Diego San José) y el director (Emilio Martínez-Lázaro) plantan cara a la crisis mundial con una comedia simpática y de buen corazón. El film no es gran cosa desde el punto de vista cinematográfico pero hace pasar un buen rato y, como ha dicho Félix Linares, es, de hecho, una película “benefactora” para el espectador. Bueno, para los más de 10.000.000 de concurrentes que la han visto en los cines españoles. La factura es un tanto televisiva y la música es más gris que pasar el puerto de Pancorbo. El desarrollo de la trama es un tanto arrítmica y con algunos diálogos montados como a cámara lenta, lo cual, para ser una comedia, es bastante contraproducente. Hay algunos fallos más de este tipo. Pero el guión está escrito con cariño y muchos chascarrilllos, muchos gags y muchas escenas son genuinamente cómicos, respetan el tópico, se ríen de él y lo subvierten para satirizar a una sociedad desde el respeto y la empatía. Además, hostia, hay una historia de amor y eso, para convertir una producción española en un blockbuster, es un sine qua non. Estamos ante la canción del verano euskalduna, la única película española que ha creado packs vacacionales, el hit más bestia que ha tenido el cine español, probablemente, en toda su historia (junto con Los otros y Lo imposible).

domingo, 7 de junio de 2015

También la lluvia

3.5*

Decía Aldous Huxley que la más grande lección de la historia es que nadie aprende de las lecciones de la historia. La historia, de hecho, confirma con rotundidad este apotegma. Y el cine y la poesía y la historiografía y la novela nos ofrecen mil y un ejemplo sobre la misma cuestión. También la lluvia es una muestra de ello. En Cochabamba, Bolivia, en la actualidad, una productora cinematográfica ha comenzado a buscar localizaciones y figurantes para el rodaje de un film sobre la conquista de América, 500 años después. Sobre esta escueta premisa, la protagonista de El Sur elabora una sofisticada reflexión sobre nuestras representaciones del pasado, sobre el peso del pasado en el presente y sobre las diversas actitudes morales ante ambas realidades. El guión, de Paul Laverty, está francamente inspirado al intercalar, con una envidiable sensibilidad histórica, el desarrollo de la misma película con el rodaje de la “otra” película, mezclando la vida del equipo técnico artístico en Bolivia con las vidas de los personajes históricos que van a representar así como con las vidas de los descendientes de los indígenas “conquistados”, tanto en sus "personajes" como en sus luchas presentes. A todo lo cual se añade el rodaje de un documental sobre el rodaje de esa película sobre la conquista que, a su vez, es el argumento de la película de Bollaín. Sí: una muñeca rusa dentro de otra más grande, esa es la propuesta del matrimonio Bollaín/Laverty. Si el guión es un prodigio de sofisticación y significación históricas, la puesta en escena, à la Ken Loach, demuestra que late cine por las venas de la directora, en la misma medida que por la de los talentosos actores protagonistas (especialmente Luis Tosar y Juan Carlos Aduviri). Puede parecer que le falta algo de intensidad al drama, eso es verdad. Y que incluso la conclusión es un tanto lacónica. Pero, en el fondo, estamos antes una de las películas más inteligentes, complejas y ovilladas de toda la filmografía española reciente