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viernes, 23 de septiembre de 2016

Ciudadano Kane (Aka Citizen Kane)

5*

Obra maestra. Un poderoso ejercicio sobre la identidad y la memoria. Como decía su propio creador, una película solo es buena desde el momento en que la cámara se transforma en el ojo de un poeta. Por eso, solo por ver la exuberante y barroca fotografía de Gregg Toland ya merece la pena ver esta maravilla del séptimo arte. Históricamente, se trata del estreno en pantalla grande de su jovencísimo director, un Welles teatral muy pagado de sí mismo pero que fue capaz de contar una historia adulta y crítica, con tintes sociológicos, por un lado, y shakesperianos, por el otro, con una narración sofisticadamente adaptada a la profundidad de la trama y con un elenco de actores a la altura de la propuesta. Como no podía ser de otra manera, el propio Welles quedó insatisfecho con la obra. Por su parte, el mundo entero se quedó petrificado. Aunque hay todavía miles de millones de personas que no la han visto e, incluso, algunos que la detestan. ¡Maldita subjetividad!

viernes, 25 de marzo de 2016

Solo en la noche (Aka Somewhere in the Night )

3*

Una vez acabada la 2ª Guerra Mundial, un hombre amnésico vuelve a Los Ángeles para intentar averiguar qué diantres le ha pasado y, sobre todo, para averiguar quién es realmente. Extraño thriller del gran Joseph Mankiewicz, con el protagónico de un desconocido y malogrado actor, John Hodiak, y la presencia del siempre admirable Richard Conte, en un papel irónicamente diseñado y asignado (por cierto, el personaje femenino, al que pone rostro Nancy Guild, es muy atractivo y moderno). No se trata de uno de los films más conocidos del director y ni siquiera estamos ante una gran obra. Sin embargo, como todo lo que hizo el creador de Eva el desnudo, se trata de una película estimable, sin grandes errores y con varios aciertos atractivos, en la misma línea que la novela de Patrick Modiano, Calle de las tiendas oscuras. Tal y como escribe Christian Aguilera, en su brevísimo retazo sobre la película, todo el relato “se mueve permanentemente en una zona de sombras, a imagen y semejanza del tormento síquico que padece” el protagonista, lo que obliga al director a utilizar un estilo casi expresionista, de espacios oscuros y retorcidos, levemente iluminados. Dentro de una cierta confusión argumentativa, en todo caso, el suspense se mantiene convenientemente, lo que hace interesante seguir la trama así como resolver el misterio. Además, el argumento hace cabida a varios cáusticos diálogos y a ciertas chispas de ingenio y, además, aparecen convenientes homenajes a varios tópicos del género noir. Segunda obra como director de uno de los mejores guionistas de la historia de Hollywood.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Te quiero, te quiero (Aka Je t'aime, Je t'aime)

3.5*

Un hombre que se acaba de suicidar, es seleccionado por un equipo de científicos para probar una extraña máquina del tiempo. La idea es regresar al pasado justo un año antes y volver al presente un minuto después de comenzado el experimento. Pero el viaje se complica y el sujeto revive casi de arriba abajo su relación con Catrina, una mujer a la que ha amado y odiado a la vez. Resnais, después de sus extraordinarias reflexiones sobre la memoria y el tiempo (Hiroshima, mon amour y El año pasado en Marienbad), presenta una obra mucho más accesible que, curiosamente, fue un auténtico fracaso crítico-comercial en su época. Siguiendo la premisa de Godard sobre la narración e inspirándose en la obra de Borges, Resnais presenta la historia de una relación a través del poder selectivo y conformador de los recuerdos. Por eso, en el fondo, es una historia de amor, contada con la personal habilidad cinematográfica de Alain Resnais. Vista ahora, aparece como un film seminal para una buena parte de la ciencia ficción contemporánea y, especialmente, para la obra de David Cronenberg (atención a la máquina del tiempo en cuestión, pionero ejemplar de las materializaciones inspiradas en The New Flesh) y para la de Michel Gondry (en particular, para su Olvídate de mí). Muy bien rodada, muy bien montada y bien interpretada, Te quiero, te quiero se alza como una de las mejores realizaciones del director francés en los años convulsos de las revueltas sesentayochistas. Guión del interesante autor de Sci-Fi, Jacques Stenberg, y música del siempre vanguardista Krzysztof Penderecki. Por cierto, una puntualización. La inmensa totalidad de las películas pueden pastillerarse comenzando con la palabra “un” o “una” y siguiendo con el resumen del argumento. 

jueves, 11 de julio de 2013

Memoria Letal

3*
Dedicada a Carolina Mateo
Renny Harlin, ese director de cine con aspecto de estrella de rock escandinava, ha dirigido algunas de las bazofias más taquilleras del Hollywood reciente. Sin embargo, por ejemplo, su remake de El Exorcista es una película sin alma, que no produce ningún tipo de sentiminto salvo el aburrimiento. Por otro lado, manejando los resortes del thriller y del cine de acción, Harlin ha conseguido varias películas tolerables y, sobre todo, entretenidas. Como muestra un botón: Cleaner, Máximo riesgo o La jungla 2 (alerta roja). En el caso de esta Memoria Letal, Harlin añade, además, un poco de humor (a cargo del siempre sobrado Samuel L. Jackson), una heroína a lo Jason Bourne (Geena Davies, la propia mujer del director), una trama de espías y un crescendo rítmico trepidante y muy bien conseguido. El resultado es una película espídica (aunque sin llegar al nivel de Speed), montada con una media de 3 segundos por toma (por obra y gracia de William Transformer Goldenberg), con esa chulería típica de productos como El último Boy Scout (con el que comparte guionista), que saca buen partido de las localizaciones canadienses y con una clásica y rock’n’rollera BSO. Atención al trabajo de Brian Cox y de David Morse, dos secundarios de lujo.



domingo, 1 de abril de 2012

Millennium actress

4.5*

Tras el cierre de un mítico estudio cinematográfico, dos periodistas se proponen entrevistar a Chiyoko Fujiwara, la legendaria estrella del mismo, que se retiró del cine misteriosamente y vive aislada en las montañas. Al calor de los recuerdos evocados por la ya anciana actriz (como en Fellini 8½), el espectador se va adentrando en un espectacular anime donde se mezcla el pasado con el presente, la historia con la ficción y los sueños de la juventud con los naufragios vitales de la madurez, todo ello en una espléndida estructura circular, a base de sketches y collages visuales y emotivos, lo que produce una fortísima fascinación y una emocionante empatía en el espectador. Síntesis casi perfecta de tradición e innovación y de una cinefagia muy particular, constituye una riquísima alegoría sobre el amor y el paso del tiempo, llena de matices y sutilezas. Conmovedora hasta el dolor y la lágrima, Millennium Actress es la prueba evidente de que el cine tiene su razón de ser en la materialización visual de una buena historia, algo que el director volvería a repetir en Tokyo Godfathers, con la remota inspiración del maestro Ford. La obra maestra de Satoshi Kon, un cineasta de escasa pero formidable obra.



lunes, 27 de febrero de 2012

El gran miércoles

3*

En 1978, John Millius escribió y dirigió este homenaje al paso del tiempo y al proceso de madurez a través del cual la mayoría de las personas se vuelven más egoístas e individualistas y no solamente pierden la inocencia de su juventud sino también los valores asociados a ella, como el de la amistad. Para redondear la propuesta, Millius ambienta la historia en el atractivo mundo del surf, repleto de cuerpos hermosos, juventud, rebeldía y fiestas, muchas fiestas. Además, contó con el protagonismo de varios actores familiarizados con este deporte (Jan-Michael Vincent y William Katt, el gran héroe americano, además de Gary Busey), lo cual es de agradecer, especialmente en las escenas rodadas en la cresta de las olas. Aunque la película comienza con la narración en off del personaje de Katt, la segunda mitad de la historia tiene como protagonista al personaje de Vincent, con lo que se añade una apología de la amistad al punto de vista nostálgico de la primera mitad. Además, la trama se sitúa en un duro y difícil momento de la historia de los USA (entre los sesenta y los setenta), con el cambio que implicó también en la conciencia coleciva del país. Con ciertos toques sociológicos, humorísticos y con esa marejada hedonista del momento, la película fue rodada en Hawai y en California con una absorbente fotografía en Panavisión. Entre el candor rebelde de Ride the Wild Surf, de Don Taylor (1964), y la actualización semi profesional de En las manos de Dios, de Zamlan King (1999), la película tiene su más fiel seguidor en el film de Kathrin Bigelow, Le llaman Bodhi.