Cuatro
veteranos del Vietnam, con ciertas discapacidades producidas por la guerra,
deciden atracar un banco porque no encuentran trabajo. Sin embargo, algo sale
mal y deben huir, perseguidos por la policía. Uno de ellos, en su
desesperación, esconderá parte del botín en una bolsa dentro de un buzón de
correos, con tan mala fortuna que un camello local y una preciosa vecina serán
testigos del hecho. Uno de esos thrillers
setenteros sin mucho ego pero muy correctamente escrito, rodado, montado e
interpretado (por la deliciosa Cibyll Shepherd y el icónico Bo Svenson). Además, la historia se sigue con mucho interés puesto que
siempre está pasando algo y hay alguna que otra sorpresa, en la resolución de
una escena, en una línea de diálogo, en la composición de algún plano.
Finalmente, la música de Lalo Schifrin dosifica la acción convenientemente,
insuflando a todo el producto un toque de clase y de swing funky. El final, eso sí, como un capítulo de Vacaciones en el mar.
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martes, 30 de mayo de 2017
lunes, 10 de abril de 2017
Amityville II: la posesión (Aka Amityville II: The Possession)
2.5*
La segunda parte de la serie de
terror sobre la casa encantada de Amityville, que no es una continuación stricto sensu de la anterior, la protagonizada
por James Brolin y dirigida por Stuart Rosenberg. En su lugar, la dirección
corrió a cargo de un todoterreno, Damiano Damiani, en su primer trabajo
USAmericano. Una película moralmente feroz que relata la posesión a la que es
sometido el hijo de una familia de italoamericanos, cuando comienzan a vivir en
su nueva casa, así como sus funestas consecuencias. La propia familia en sí ya
es terrible (el padre es un déspota que pega a su mujer y a sus hijos; la madre
es una creyente que perdona el comportamiento de su marido, los hijos se
dedican a jugar a los médicos…) pero es que, además, todo se complica por la
posesión y posterior exorcismo. Damiani no se anda por las ramas y centra la
atención del espectador en varios retortijones morales, escabrosos y
sanguinolentos, mostrando en todo en su esplendor las fuerzas sobrenaturales
que habitan la casa, lo que dispara en la concurrencia esa excitación perversa (Perverse
Titillation) de la que ha hablado con tanta enjundia Danny Shipka. Para terminar,
el film tiene una escena realmente
morbosa e in-cestiva.
martes, 7 de marzo de 2017
Furia (Aka Rage)
3*
Una de las tres películas que
dirigió el gran actor USAmericano y un auténtico descubrimiento. Un film de suspense y de acción pero
también de denuncia, estrenado en la irredenta década de los setenta, y con
varias y generosas virtudes. El argumento es el siguiente: un padre está de
acampada con su hijo y, una mañana, el chaval se despierta sangrando y con
convulsiones. El padre (el propio Scott) se lo lleva al hospital y, poco a
poco, comienza a descubrir una siniestra conspiración de médicos y militares que
intentan esconder un vertido de gas nervioso accidental en las montañas
cercanas. El padre, al enterarse de eso pero, también, al descubrir horrorizado
lo que le ha ocurrido a su hijo, decide armarse hasta los dientes y tomarse la
justicia por su mano. Mirando hacia adelante con ira. Pero él también está
sufriendo las consecuencias de haber inhalado ese mismo gas…. Una película
bastante olvidada y oscura pero muy estimable, con cualidades estético
artísticas evidentes y con un buen pulso narrativo que, además y sobre todo,
deja para la posteridad varias excelentes interpretaciones, incluyendo la del
ganador del oscar, el grandísimo George C. Scott, que, además, tiene un par
escenas gloriosas que pueden entroncarse, incluso, con Terminator.
sábado, 14 de enero de 2017
La gran estafa (Aka Charley Varrick)
3.5*
4 ladrones atracan un pequeño banco de Nuevo México, en Tres cruces, sin saber que se están llevando ¾ partes
de un millón de dólares de la mafia. El cabecilla de los delincuentes, Charley
Varrick (Walter Matthau), es un hombre decidido y cínico que comprende la
situación con rapidez. En su mente, solo cabe escapar de la policita, de un
matón (Joe Don Baker), que han enviado los propietarios del botín y devolver el
dinero robado. Pero no todo saldrá como se espera. Uno de esos thrillers indómitos, propios de la
irredenta década de los setenta, producida por la Universal y dirigida con la
solvencia característica por un Donald Siegel en estado de gracia (quien, por
cierto, se marca un pequeño cameo). Con una puesta en escena templada y
precisa, Siegel desarrolla la trama y crea el suspense, destacando en la
factura de interiores así como en las escenas de acción, marca de la casa, por
supuesto. Los actores cumplen a la perfección con su trabajo (aunque, vista
hoy, se percibe un tanto extraño la naturaleza de playboy de Matthau) y el excelente
soundtrack (de Lalo Schifrin) muestra,
curiosamente, algún que otro corte que recuerda a los pianos/bajos de Acorralado. Aunque fue muy bien recibida
por la crítica del momento, la taquilla no le dió el respaldo que merecía, ni
siquiera teniendo en cuenta el éxito de la novela original o la excelente e
hiper-violenta escena de inicio.
domingo, 31 de enero de 2016
Carne viva (Aka Prime Cut)
3*
Desde Chicago, un matón con la
voz invernal de Lee Marvin debe viajar a Kansas City para meter en vereda a un
ganadero que pretende establecerse por su cuenta, ampliando sus negocios de
carne con el tráfico de mujeres y drogas. No por casualidad, el realismo cinematográfico USAmericano elige Chicago, uno de los templos de la industria cárnica, tal
y como mostró Upton Sinclair en su salvaje La jungla.
Por cierto, dos años antes, Alvin Rakoff también había deslizado una
imagen, en la que se compara a la mujer con el comercio de carne, en Hoffman, amor a la inglesa.
El film cuenta, con ese
aire desaliñado propio de buena parte del cine de género de la irredenta
década de los setenta, la labor del matón Nick y de sus ayudantes, que deben castigar
al indeseable Gene Hackman y a su hermano (el matarife del negocio), pero, a la
vez, también aprovecharán para redimir a una joven Sissy Spacek de su
humillante destino. Correctísimas interpretaciones, ritmo certero, un par de
escenas soberbias (la del homenaje a Con
la muerte en los talones y la del tiroteo en los girasoles), Lalo Schifrin
percutiendo la trama, una fotografía grantwoodiana.
En fin, una película que haría las delicias de El Bosco y de su carro de heno:
hasta tal punto llega el ex televisivo Michael Ritchie en su retrato
sociológico, que no deja de mostrar, con varias resonancias cáusticas y
venenosas, la naturaleza interesada y despiadada de las personas que viven
alrededor del negocio de “la carne”: ese stalag
especista, ese “triturador de carne” infinito y maloliente que hemos creado para los animales de
granja (y, en otros países, para el resto de animales). Pero Ritchie también
muestra otras dos realidades colaterales: la falta de empatía hacia el
sufrimiento de otros seres vivos y la hipocresía que hace falta para esconder
esta cruel situación.
martes, 27 de octubre de 2015
La jungla humana (Aka Coogan's Bluff)
2.5*
Coogan (Clint Eastwood), un sheriff de Arizona, viaja a Nueva York
persiguiendo a un peligroso criminal, Don Stroud. Una vez en la ciudad, sus
métodos expeditivos y poco convencionales contrastarán con el estilo policial
de los agentes capitaneados por el teniente Lee J. Cobb quienes, además, le
confunden con un policía de Texas. Don Siegel abre los brazos al Eastwood post spaghetti western y rubrica un policíaco
solventemente rodado y apropiadamente narrado, que parece prefigurar algunos de
los posteriores éxitos del Clint actor, en particular los de su serie Harry el sucio. En todo caso, el film no destaca por nada especial y, de
hecho, tiene ciertos fallos de montaje y de guión (sobre todo con la relación
sentimental de Coogan). Por otro lado, se pueden apreciar los rostros de los
especialistas (lo cual siempre es un bajón) durante la persecución en moto por el
rintintineante parque, el cual aparece,
curiosamente, vacío. Por otro lado, también parece mostrarse una única
localización y parece que muchas de las escenas se han grabado con un plan de rodaje muy estricto. En fin, una película que no exige demasiado del espectador
pero que tampoco le engaña. Querido lector: póntela, si no te parece mal, para echarte
una siesta nocturna.
domingo, 31 de mayo de 2015
Llamada a un reportero (Aka The Mean Season)
2.5*
Phillip Borsos, el director de El zorro gris, compone un sobrio thriller de psicópatas, que no destaca por ningúna especial
novedad pero que sí contiene el gérmen de muchos éxitos posteriores. En este
sentido, el film se mueve entre Zodiac, 7even (atención a esa lluvia cuasi perpetua), El silencio de los corderos y En
la línea de fuego/Deuda de sangre.
Como curiosidad, hay una secuencia que parece un homenaje a la escena de la
ducha de Psicosis, diseñada por el
gran Saul Bass. Correcta interpretación de Kurt Russell, un pequeño
papel para un jóven Joe Pantoliano (pre-Goonies),
efectivo score de Lalo Schifrin y un
final un tanto abrupto completan algunas de las características más evidentes
de la producción. En la misma línea que 8
millones de maneras de morir, por cierto.
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Lalo Schifrin,
Llamada a un reportero,
Mariel Hemingway,
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viernes, 28 de junio de 2013
Los violentos de Kelly
3*
Hayden White afirmó en Metahistoria que el pasado puede ser contado de varias formas: como
tragedia, como comedia, como sátira o como un romance. De hecho, el cine sobre
la Segunda Guerra Mundial ha ido tocando cada uno de estos palos, aunque ha
prevalecido la forma trágica (disfrazada o mezclada con el cine de aventuras).
Incluso se pueden encontrar películas cómicas lo que, en el fondo, le da la
razón al historiador USAmericano. De hecho, el cine bélico en clave de comedia,
referido a la 2ª GM, tiene su propia sección en la historia del cine, desde El gran dictador hasta La vida es bella, pasando por ¿Qué hiciste en la guerra, papi?, 1941 o Desventuras de un recluta inocente. Y, por supuesto, no han faltado
los críticos que se han llevado las manos a la cabeza por frivolizar y
trivializar tan dramático y cruel acontecimiento histórico. En todo caso,
matiza White, la preferencia por una u otra versión de la misma porción del
pasado responde a razones estéticas o morales más que científicas. En el caso
de Los violentos de Kelly, la
historia se centra en un grupo de soldados que descubren que, pocos kilometros
tras las líneas enemigas, los nazis guardan 16 millones de dólares en oro, lo
que disparará sus ganas de hacerse ricos y, por tanto, sus avaricias personales.
Pero también la capacidad de trabajar en equipo, como en Tres reyes. Brian G. Hutton rueda una ácida historia de acción, con
un nutrido grupo de simpáticos y entrañables personajes y con un acertado uso del
ritmo narrativo (aunque la mezcla de géneros y la excesiva duración no juegen
siempre a favor del film). Además, no
faltan los momentos de humor, las parodias y las burlas, lo que estimula
nuestras representaciones amables de la guerra (sic).
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sábado, 9 de marzo de 2013
Curso 1984
3*
Mark Lester
dirige la historia de Andy Norris, un profesor de música que debe enfrentarse a
una pandilla de malhechores estudiantes, en su propio instituto. El clima de
miedo y agresión irá incrementándose hasta un violento y truculento tramo
final, con resultados ultra gore. Nada que ver, por tanto, con la "ingenua"
cinta de Sidney Poitier, Rebelión en las
aulas, y sí mucho más con La naranja
mecánica o, incluso, con Semilla de
maldad, si bien la heredera directa de esta historia es Battle Royale. Una fórmula que mezcla
cine sobre los conflictos en el sistema educativo con alguna convención del slasher; una trama de suspense con una
pizca de giallo; y, todo ello,
aprovechando la psicosis social sobre las pandillas callejeras (en especial el punk), propio de la ultraconservadora
década de los ochenta. Aunque el film,
finalmente, funcione más bien como una película de acción con algún elemento de
terror. No por casualidad, el guión (basado en hechos reales) está escrito por
Tom Holland y el propio Lester, especializado en películas de mamporros. Por su
parte, Roddy Macdowall compone un excelente retrato de esa clase de profesor
frustrado y desesperado que tiene que cortar por lo sano. Una de las primeros
películas de Michael J. Fox, en el papel de temeroso estudiante. Apropiadamente,
la música es de Alice Cooper y el score
de Lalo Schifrin. Años más tarde, el director canadiense se atrevería a
perpetrar una especie de remake: Clase de 1999.
jueves, 12 de abril de 2012
El rey del juego
3.5*
Inspirándose en la historia de El buscavidas, Richard Jessup escribió una novela que fue adaptada al cine por el realizador canadiense Norman Jewison (aunque el director previamente contratado fuera Sam Peckinpah), con el título original de The Cincinnati Kid y sobre un guión escrito a dos manos por Ring Lardner jr. y Terry Southern. Los seres humanos hacemos muchas cosas estúpidas pero, por suerte, algunas son interesantes, como jugar al póquer. Y no hay nada más estimulante para un jugador de póquer que ver cómo juegan otros para intentar mejorar sus habilidades. En este sentido, El rey del juego es un excelente retrato del mundo del juego en general y del mundo del Stud Poker, en particular (como la desnocida película de Fielder Cook, El destino también juega), aunque, además, ofrece un retrato despiadado de las luchas intergeneracionales. Jewison planifica y dirige con pulso firme este drama disfrazado de torneo y acierta al añadir un triángulo amoroso a la historia. Frente a una magnífica interpretación de Edgar G. Robinson, Steve McQueen compone un personaje aceptable, aunque el resto de secundarios están francamente convincentes. Como añadido, la película también constituye un homenaje a la ciudad de Nueva Orleans y a la cultura negra (atención al papel de Cab Calloway y a la canción de Ray Charles), aunque el score sea de Lalo Schifrin. El montaje del film corrió a cargo de Hal Ashby, quien sería conocido posteriormente como el director de Harold y Maude y de Bienvenido Mr. Chance, por ejemplo.
Inspirándose en la historia de El buscavidas, Richard Jessup escribió una novela que fue adaptada al cine por el realizador canadiense Norman Jewison (aunque el director previamente contratado fuera Sam Peckinpah), con el título original de The Cincinnati Kid y sobre un guión escrito a dos manos por Ring Lardner jr. y Terry Southern. Los seres humanos hacemos muchas cosas estúpidas pero, por suerte, algunas son interesantes, como jugar al póquer. Y no hay nada más estimulante para un jugador de póquer que ver cómo juegan otros para intentar mejorar sus habilidades. En este sentido, El rey del juego es un excelente retrato del mundo del juego en general y del mundo del Stud Poker, en particular (como la desnocida película de Fielder Cook, El destino también juega), aunque, además, ofrece un retrato despiadado de las luchas intergeneracionales. Jewison planifica y dirige con pulso firme este drama disfrazado de torneo y acierta al añadir un triángulo amoroso a la historia. Frente a una magnífica interpretación de Edgar G. Robinson, Steve McQueen compone un personaje aceptable, aunque el resto de secundarios están francamente convincentes. Como añadido, la película también constituye un homenaje a la ciudad de Nueva Orleans y a la cultura negra (atención al papel de Cab Calloway y a la canción de Ray Charles), aunque el score sea de Lalo Schifrin. El montaje del film corrió a cargo de Hal Ashby, quien sería conocido posteriormente como el director de Harold y Maude y de Bienvenido Mr. Chance, por ejemplo.
sábado, 4 de febrero de 2012
Infierno en el Pacífico
3*
Alegoría sobre lo absurdo de la guerra, en general, y sobre un cierto parasitismo usamericano, en particular, Infierno en el Pacífico es una estupenda película que cuenta la historia del
encuentro de dos soldados náufragos en una isla del pacífico: un yanqui y un
japonés, interpretados magistralmente por Lee Marvin y Toshiro Mifune,
respectivamente (quienes, por cierto, sirvieron en la Segunda Guerra Mundial).
Del recelo y la persecución mutua del comienzo, las relaciones entre los dos
personajes van distendiéndose hacia la convivencia, primero, y la colaboración,
después, sin llegar a producirse una complicidad total, algo que sí ocurriría
en Enemigo mío, creada bastantes años después al calor de esta obra. Excelente e invisible dirección de John Boorman,
en uno de sus más interesantes films, concretamente
su segundo trabajo, después del clásico negro A quemarropa. Arropado por la belleza de los paisajes de las islas
Palau (fotografiadas por Conrad Hall), por la música de Lalo Schifrin y con muy
pocos diálogos, Boorman consigue materializar un proyecto arriesgado con
resultados más que satisfactorios. Sin embargo, el final puede producir más de
un sinsabor: de hecho, existe uno alternativo, rodado para la versión estrenada
en los EE.UU.
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