Radiografía top
down de una de las causas inmediatas de la crisis económica actual, la
especulación y la avaricia, permitidas y alentadas por el capitalismo post-industrial.
En este sentido, Margin Call supone
un loable intento por poner caras y nombres a los responsables del desaguisado
económico-financiero que está ahogando a las clases medias y a las clases bajas
pero que sigue enriqueciendo a las clases más pudientes y poderosas de esta
parte del mundo (de ahí, lógicamente, el comportamiento de Jeremy Irons al
final del film). Uy, perdón, que
teniendo en cuenta el cacareado “fin de la historia” y el dominio triunfal de
ese neoliberalismo orquestado por los estados (y toda su contradictoria y
prehistórica ideología), ya no hay clases. Bueno, pero siempre queda algo: los
que ganan dinero y los que se lo ganan. Esta película da buena cuenta de ambos
grupos de personas aunque nos avisa sobre ese sorprendente sometimiento de "los empleados" white collar, ese enorme grupo de asalariados
intercambiables cuya principal característica es, según Siegfried Kracauer, su sempiterna inseguridad económica
y personal. Somos como las remóras de los tiburones capitalistas del mundo.
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miércoles, 25 de febrero de 2015
jueves, 25 de julio de 2013
Hurlyburly (Aka Descontrol)
3*
En el Macbeth de Shakespeare, al comienzo del primer acto, varias brujas están reunidas en un
aquelarre. Una de ellas espeta que “When the hurlyburly’s done/when the
battle’s lost and won:”. A lo que otra bruja afirma: “That will be ere set of
sun”. Tras la conmmoción de la batalla, sin duda, vendrá la calma. Aunque esa
calma vuelva a ser provisional y aparente. Anthony Drazan lleva a la pantalla un
texto de David Rabe, basado en el misterio de ese término utilizado por el
bardo universal, y transforma una comedia negra en un drama desolado y oscuro,
como el futuro de sus protagonistas, inmersos en varias crisis, personales,
sentimentales y laborales. En el Hollywood de finales de los noventa, una serie
de personajes que comparten piso y/o amistad llenan sus vacías vidas con
drogas, alcohol, sexo y conversaciones pseudofilosóficas sobre el sentido de la
vida, la amistad y el amor. El lenguaje, en estas conversaciones, parece
escurrir su capacidad comunicativa, dando la razón al aviso que contenía La carta de Lord Chandos. La gente no se
entiende, la gente no se escucha, la gente no tiene nada que decir salvo a sí
mismos. El problema con esta historia era ¿cómo pasar a imágenes una obra de
teatro tan densa, una obra que, por otro lado, había disfrutado de un merecido
éxito en escena? La respuesta es sencilla: si bien la dirección no es
particularmente imaginativa o creativa, tanto el guión como los actores sí que son magníficos, magnéticos, salvajes e incómodos. Por su parte, Sean Penn, Chazz Palmintieri, Robin Wright, Kevin Spacey, Anna
Paquin, Meg Ryan y Garry Shandling entregan unas convincentes y veraces interpretaciones.
En particular la de Penn, que consiguió la Copa Volpi en Venecia.
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