Mostrando entradas con la etiqueta Kevin Spacey. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kevin Spacey. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de febrero de 2015

Margin Call

3*

Radiografía top down de una de las causas inmediatas de la crisis económica actual, la especulación y la avaricia, permitidas y alentadas por el capitalismo post-industrial. En este sentido, Margin Call supone un loable intento por poner caras y nombres a los responsables del desaguisado económico-financiero que está ahogando a las clases medias y a las clases bajas pero que sigue enriqueciendo a las clases más pudientes y poderosas de esta parte del mundo (de ahí, lógicamente, el comportamiento de Jeremy Irons al final del film). Uy, perdón, que teniendo en cuenta el cacareado “fin de la historia” y el dominio triunfal de ese neoliberalismo orquestado por los estados (y toda su contradictoria y prehistórica ideología), ya no hay clases. Bueno, pero siempre queda algo: los que ganan dinero y los que se lo ganan. Esta película da buena cuenta de ambos grupos de personas aunque nos avisa sobre ese sorprendente sometimiento de "los empleados" white collar, ese enorme grupo de asalariados intercambiables cuya principal característica es, según Siegfried Kracauer, su sempiterna inseguridad económica y personal. Somos como las remóras de los tiburones capitalistas del mundo.



jueves, 25 de julio de 2013

Hurlyburly (Aka Descontrol)

3*

En el Macbeth de Shakespeare, al comienzo del primer acto, varias brujas están reunidas en un aquelarre. Una de ellas espeta que “When the hurlyburly’s done/when the battle’s lost and won:”. A lo que otra bruja afirma: “That will be ere set of sun”. Tras la conmmoción de la batalla, sin duda, vendrá la calma. Aunque esa calma vuelva a ser provisional y aparente. Anthony Drazan lleva a la pantalla un texto de David Rabe, basado en el misterio de ese término utilizado por el bardo universal, y transforma una comedia negra en un drama desolado y oscuro, como el futuro de sus protagonistas, inmersos en varias crisis, personales, sentimentales y laborales. En el Hollywood de finales de los noventa, una serie de personajes que comparten piso y/o amistad llenan sus vacías vidas con drogas, alcohol, sexo y conversaciones pseudofilosóficas sobre el sentido de la vida, la amistad y el amor. El lenguaje, en estas conversaciones, parece escurrir su capacidad comunicativa, dando la razón al aviso que contenía La carta de Lord Chandos. La gente no se entiende, la gente no se escucha, la gente no tiene nada que decir salvo a sí mismos. El problema con esta historia era ¿cómo pasar a imágenes una obra de teatro tan densa, una obra que, por otro lado, había disfrutado de un merecido éxito en escena? La respuesta es sencilla: si bien la dirección no es particularmente imaginativa o creativa, tanto el guión como los actores sí que son magníficos, magnéticos, salvajes e incómodos. Por su parte, Sean Penn, Chazz Palmintieri, Robin Wright, Kevin Spacey, Anna Paquin, Meg Ryan y Garry Shandling entregan unas convincentes y veraces interpretaciones. En particular la de Penn, que consiguió la Copa Volpi en Venecia.