Una de las mejores formas de
definir a David Lynch es mirar una de esas ilustraciones de Norman Rockwell por
detrás. O darles la vuelta: es algo banal, familiar, pero es algo a lo que se le
ve las entrañas. David Lynch es como ver por primera vez el escaparate de una carnicería.
O como fijarse en esos cangrejos que todavía están vivos en el mostrador de una
pescadería de barrio. El cine de Lynch es como un pellejo visto desde dentro. Pero, también, el
cine de Lynch es lo que hacen los personajes de Edward Hopper antes de
encerrarse en sus habitaciones o en sus bares. Algo parecido escribió David Foster Wallace en un artículo suyo que se hizo famosísimo en los noventa, un
artículo que publicó en Premiere. Algo
Lyncheano, decía, es algo banal,
oscuro, surrealista y violento. Y esto es, precisamente, Terciopelo azul. Una canción hermosa, como epítome del American Way of Life, que, en realidad,
esconde un submundo turbio, violento y misterioso. Una de esas “pequeñas películas
excéntricas” en las que Lynch se embarcó después del fracaso anunciado de Dune. Una obra hipnótica, icónica y fascinante. Un film que cimentó la fama y el éxito de su creador. Una película que no gustará a todo el mundo.
Mostrando entradas con la etiqueta David Lynch. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David Lynch. Mostrar todas las entradas
miércoles, 11 de enero de 2017
Terciopelo azul (Aka Blue Velvet)
3.5*
Etiquetas:
1986,
Angelo Badalamenti,
David Lynch,
Dean Stockwell,
Dennis Hopper,
Drama psicológico,
Isabella Rossellini,
Kyle MacLachlan,
Laura Dern,
Neo Noir,
Película de culto,
Terciopelo azul,
Thriller psicológico
viernes, 16 de septiembre de 2016
Una histortia verdadera (Aka The Straight Story)
3.5*
Una historia verdadera es la prueba
evidente que contradice todas las falacias que se han vertido contra David
Lynch y contra su supuesta incapacidad para contar una historia a la manera
tradicional y/o convencional. Las típicas críticas blandas que provienen de personas
que no conocen la trayectoria de Picasso o Dalí, por ejemplo. Por un paisaje
que es como un cuadro de Grant Wood, David Lynch mueve su cámara detrás de una
historia de sacrifios y reencuentros, en la que un impagable Richard Farnsworth
inunda los planos constantemente con su sabiduria actoral y su belleza cicatrizada.
Además, la presencia final del gran Harry Dean Stanton nos recuerda lo frágiles
y poderosos que son muchos de los actores de reparto USAmericanos. No es una
vuelta al hogar, a la manera de Ulises, sino un reencuentro familiar. Bueno, es
lo mismo. Un viaje insólito y humanísimo por su denuncia de las oscuridades del
alma humana y porque pone el acento en que todos tenemos la capacidad de
iluminarlas. Recuerda a la película de Paul Mazursky, Harry y Tonto.
Etiquetas:
1999,
Angelo Badalamenti,
David Lynch,
Drama,
Harry Dean Stanton,
Paul Mazursky,
Richard Farnsworth,
Road Movie,
Sissi Spacek,
Una historia verdadera,
Vejez
sábado, 30 de mayo de 2015
Cabeza borradora (Aka Eraserhead)
2.5*
Primera película oficial del
celebérrimo David Lynch donde ya se pueden vislumbrar algunas de las
características de su cine posterior: un sentido personalísimo de la existencia
y de su relación con lo onírico, casi lacaniana; una concepción perturbada de la narración
(como en la realidad, en el cine de Lynch, las cosas no siempre encajan); y una
cierta autocomplacencia estética; además de su obsesión por los personajes y
las historias turbias así como por la deconstrucción de las instituciones
tradicionales, como la familia o la paternidad. En un plano más específico, se
dan de la mano una estética escabrosa y decadente, un gusto por lo retro y una
representación de los interiores de inspiración hopperiana. Sin duda, una de
las películas más surrealistas y crípticas de su director, aun inexperto tanto
en el plano técnico como en el artístico, tanto en el narrativo como en el
simbólico. Aunque ya totalmente capaz de sorprender y shockear al espectador.
viernes, 28 de noviembre de 2014
Dune (versión especial)
4*
Como varios directores outsiders
y del fantastique antes y después de él, el éxito de Eraserhead y El hombre elefante permitió a David Lynch ser tentado por los mefistofélicos
estudios de Hollywood, en este caso para llevar adelante un proyecto sobre el que
Alejandro Jodorowsky llevaba años trabajando: la adaptación de la novela de Frank Herbert. Sin
embargo, la inversión de Dino y Raffaella De Laurentis, tras su éxitoso Conan el bárbaro, no se vió
recompensada, ni con la taquilla ni con la crítica, que le dieron la espalda al
film. En este sentido, Dune cuenta con un diseño de producción
majestuoso y no del todo desfasado (obra del artífice de 2001: una odisea del espacio), que resulta coherente con la
intención simbólica de la película (cada casa imperial tiene su propio mundo
estético, por ejemplo). Por otro lado, y aunque sea realmente difícil adaptar
toda la complejidad de la novela original, la película ha sobrevidido bastante
bien al paso del tiempo y se yergue como uno de los clásicos contemporáneos del
género, especialmente en la versión especial de 190’ (es decir, en la versión
que tiene casi una hora más de metraje respecto del estreno comercial
original). La dirección de Lynch se enmarca en el desarrollo de su propio mundo
aunque rinde homenaje a varias de las metáforas y de las obsesiones propias de
la época (la crítica del militarismo y del industrialismo, la preocupación
ecológica o misticismos new wave). Dune cuenta con la fotografía de una
pequeña institución del género fantástico europeo, Freddie Francis, y con la
música de Toto. En definitiva,
ciencia ficción shakesperiana, de tintes milenaristas, con una estructura
similar a la del folletin decimonónico y un reparto espectacular: Kyle
MacLachan, Silvana Mangano, Max von Sidow, Jürgen Prochnow, José Ferrer, Brad
Douriff, Sting, Patrick Stewart, Sean Young, Dean Stockwell, Linda Hunt,
Virginia Madsen, Kenneth MacMillan. Aunque, en su contra, hay que llamar la
atención sobre ciertos efectos especiales, una cierta morosidad rítmica y
varias concesiones comerciales. Dos años después de Dune, Terciopelo Azul
consagró el talento del director a la vez que popularizaró su torturado mundo,
un mundo retorcido tanto visual como moralmente aunque con sólidas raíces en la
realidad del American Way of Life. ¡Qué casualidad!
martes, 15 de octubre de 2013
Taxidermia
2*
La segunda película del director de Hipo, György Pálfi, un artista hungaro fuertemente influenciado por
la plástica bizarra tipo David Lynch y por el surrealismo balcánico tipo
Kusturica. Taxidermia es un puzzle
formado por grandes 3 piezas: 3 historias generacionales (abuelo, padre e hijo),
que ocupan un tercio del metraje cada una y que, a su vez, conforman una
extraña combinación de realismo y fantasía, reflexiones metafísicas y
escatología, lucided y absurdo, situaciones cotidianas y momentos
extraordinarios, todo ello rodeado de constantes metáforas sobre el sexo y la
creación. Aunque al final, parte de su significado se concentra en tres alegorías sobre la naturaleza y función de la Hungría reciente. Pálfi se esfuerza en desarrollar una
imagineria visual a la altura del delirio del planteamiento pero,
salvo algún momento puntual, no termina de destacar en este terreno. Y es que su
estética no llega al nivel de barroquismo desquiciado de buena parte del cine de
Jeunet y Caro o de Terry Gilliam, con los que comparte, sin embargo, similares
intenciones creativas. Además, la película abusa del uso de las vísceras,
animales y humanas, con lo cual su significado termina por confundirse entre la
sangre y la carne, entre el delirio y lo grotesco, al contrario que las mejores páginas de Rabelais, autor con el que Pálfi comparte excesos y obsesiones. Complementan el planteamiento ciertas repeticiones, movimientos
de cámara imprevisibles y una acusada arritmia narrativa. Por último, una duda
existencial ¿por qué a muchos directores que van de originales les da por
filmar el descuartizamiento de un animal?
viernes, 21 de septiembre de 2012
Mulholland Drive
4.5*
Mulholland Drive es un auténtico tour de force cinematográfico, una película fascinante y de una
variedad visual apabullante (primeros planos, cámara nerviosa, travellings elaborados, panorámicas
diagonales, planos medios, movimientos de cámara, zooms, fundidos, planos desenfocados, etc.). Fruto de una
maduración estilística y temática de la obra de David Lynch es, a la vez, una
síntesis de diversos elementos previos (provenientes, especialmente, de Terciopelo azul, Twin Peaks, Hotel Room y Carretera Perdida) así como un homenaje
cinéfilo constante. Supone, además, el Mister Hyde de su obra reciente, considerando a Una historia verdadera como su Doctor
Jekyll. Lynch dilata y reconstruye un episodio piloto que rodó para una serie de
TV que, finalmente, fue rechazado por la cadena ABC. A través de una extraña y enmarañada historia, con varias
líneas argumentales que se van cruzando así como los habituales y complejos
puzzles simbólicos, Lynch ofrece al espectador una bajada pesadillesca a los
infiernos de la industria cinematográfica: es decir, la cara B de Sunset Boulevard.
De hecho, Mulholland Drive es la
versión más tenebrosa y retorcida de todas y cuantas disecciones del Hollywood moderno
han sido propuestas por el cine USAmericano. Sin embargo, por suerte para
cualquier espectador, no llega al cripticismo de Inland Empire aún cuando se deslicen errores e incoherencias varias
y aún cuando todo el metraje esté salpicado de la inconfundible galería de insólitos
personajes, situaciones inexplicables y breves diálogos característicos del estilo
tortuoso y surrealista del director de Montana, un estilo que la BSO de Angelo Badalamenti no hace sino reforzar. Como colofón, el film regala una magnífica interpretación de Naomi Watts, en el rol principal de una historia de sueños, identidad y amor fou.
Etiquetas:
Angelo Badalamenti,
Cine dentro del cine,
Cine Noir,
Cinefilia,
David Lynch,
Mulholland Drive,
Naomi Watts,
Thriller,
Weird Cinema
viernes, 8 de junio de 2012
Laura
4*
Laura es una
mujer fascinante. Es hermosa, sensible e inteligente hasta la embriaguez. Tiene
gustos exquisitos, viste estilizadamente y su conversación sacia el paladar más
exigente. Laura es, en definitiva, Gene Tierney. Y alguien la ha asesinado. Con
esta premisa tan sugestiva como espeluznante, Otto Preminger traza un
sofisticado thriller, con la figura
del detective (Dana Andrews), en busca del asesino, como catalizador de toda la
trama. Alrededor de él, el prometido de la víctima (interpretado por Vincent
Price), una amiga (Judith Anderson) y, sobre todo, el influyente tutor y
protector de Laura, Waldo Lydecker (Clifton Webb) -en un papel que recuerda al
de George Sanders en Eva al desnudo y
al de Laurence Olivier en La Huella-.
Y como todos ellos son sospechosos, el misterio está servido, por tanto.
Preminger instituye una clase de film
noir, con protagonistas de clase alta y del mundo del arte, respetuoso con
las convenciones del género pero de un retorcimiento moral considerable, que
influirá poderosamente en autores como Alfred Hitchcock y su Vértigo o en David Lynch, que le rendirá
homenaje en Twin Peaks con su
archifamoso leit motiv “¿quién mató a
Laura Palmer?”. Rodada enteramente en los estudios de la 20th Century Fox,
destaca por su impoluto guión, repleto de suspense y agudeza (no por
casualidad, el productor era Joseph Leo Mankiewicz), por unas maravillosas
interpretaciones, por su elegante puesta en escena, por su competente
iluminación, por la BSO y por sus dos últimos minutos: de un dinamismo y de una
perfección técnica admirables.
Etiquetas:
1944,
Cine Noir,
Clifton Webb,
Dana Andrews,
David Lynch,
Gene Tierney,
Joseph L. Mankiewicz,
Laura,
Otto Preminger,
Vincent Price
Suscribirse a:
Entradas (Atom)































