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lunes, 29 de mayo de 2017

Mata Hari

2.5*

Producción Golan-Goblus (es decir, pasta puesta por los de la Cannon) para la última película del gran Curtis Harrington, un film erótico de espías, basado en la vida y andanzas de Mata Hari, la bella bailarina (mitad holandesa-mitad javanesa) que estuvo metida en asuntos de política internacional durante la Primera Guerra Mundial (entre París, Berlín y Madrid; entre el Folies Bergère, hoteles de lujo, orgías aristocráticas y el mismo frente bélico), y a la que pone cara la voluptuosa Silvia Kristel. La producción, por supuesto, es muy solvente, igual que la ambientación, la música es la apropiada (aunque resulta un poco cansina) y los actores hacen bien su papel, aunque sin exagerar. El problema con esta película es que arrastra una fama que no coincide exactamente con su calidad. Es probable que sea debido a que mucha gente que habla de ella no la ha visto, porque la historia está narrada con suficiente solvencia y los diálogos son lo suficientemente interesantes para poder decir que uno ha visto la película por el texto, lo que siempre ha pasado con los artículos del Playboy. En todo caso, hay que subrayar que no estamos ante un film extraordinario. Como curiosidad, resulta gracioso encontrarse con una escena en la que sale una calle húngara, en la que figura una tienda con un cartel en castellano que dice “perfumería” y durante la que suena un chotis.

martes, 28 de marzo de 2017

Pearl Harbour

1.5*

Americana. En toda regla. Con todas sus letras. Un espectáculo vacío de ideas pero repleto de esa clase de patriotismo de banderita y pulserita, tan propio de personas sofisticadas y adultas. Por ello, el producto está diseñado e hiper producido para cualquier buen citizen soldier USAmericano, sus familiares, sus amigos o para cualquier otro espectador henchido de pensamiento acrítico y de una emotividad enlatada e infantil. Desde el punto de vista cinematográfico, poco se puede destacar: el film lanza a la cara del espectador, cual metralla ponzoñosa, dramatismo made in Corín Tellado, hiperbombásticas escenas de acción y ramplonería histórica, todo ello con un estilo visual a medio camino entre el videoclip, la publicad y un panfleto de la oficina de reclutamiento. Parece diseñado por el ejército más poderoso del mundo, o por la máquina de propaganda más efectiva del planeta, para perpetuar la supuesta misión salvífica del país: la de intentar “liberar” a todo el mundo manteniéndose él mismo esclavo de sus prejuicios, de sus ambiciones y, sobre todo, de su ignorancia. Como era de esperar, un hit en toda regla. Aunque sin campañas de publicidad como la que precedieron a su estreno, productos como éste no resistirían un fin de semana de proyección. Banalidad, propaganda y redundancia.


miércoles, 9 de noviembre de 2016

El león del desierto (Aka Lion of the Desert)

3.5*
 
Libelo despiadado contra el colonialismo italiano en Libia, El león del desierto cuenta la historia del líder beduino contra las tropas de ocupación, lideradas por Mussolini (Rod Steiger) y por el general Graziani (Oliver Reed), que fue juzgado tras la caída del Duce. Se trata de un interesantísimo film histórico, elaborado sobre los hechos escondidos por la historia oficial y, por tanto, sobre el respeto a las víctimas de una de las lacras de la historia Europea: el colonialismo. Tras relatar la invasión de Libia por parte de Mussolini y el origen del cabecilla rebelde, Omar Mukthar (Anthony Quinn), así como las múltiples campañas militares para intentar darle caza, la película acaba con el apresamiento de Muk, con su juicio por traición y con su ejecución pública, en el año noveno de la Italia fascista (en 1931). Ese silencio final, de respeto y de emoción, nos hace pensar en que no hace falta ser Moustapha Akkad, el director, sino cualquier persona sensible antes las injusticias y los sufrimientos de los más débiles. Y ello por una sencilla razón: por la de que el colonialismo fue una realidad que solo tuvo que ver con la voluntad expansiva de las élites europeas, con su codicia y voracidad. Todo lo demás, los discursos políticos, las campañas militares, no fueron sino excusas para una injustificable masacre (se estiman en unos 200.000 asesinados en el “Holocausto” Libio). Como sutiliza en el guión, escrito por H.A.L. Craig, se introducen varios personajes empáticos con la situación: el interpretado por Raff Valone (el coronel Diodiece) y el teniente Sandrini. Producida en 1980, la película costó unos 35 millones de dólares y Akkad parece que invirtió muy bien (en términos artísticos que no mercantiles) los réditos económicos del mayor éxito de una serie B movie, el de La noche de Halloween: la producción recuerda ampliamente el Lawrence de Arabia de David Lean, y no solamente por la presencia en el equipo de Maurice Jarre. Impresionante obra maestra, menospreciada por su mensaje y recuperada por su calidad.


jueves, 23 de junio de 2016

Hombres de infantería (Aka Take the High Ground!)

2.5*

Un puñado de ciudadanos USAmericanos, un poco destartalados ellos, llegan a un fuerte de entrenamiento del ejército de tierra de los EE.UU., en la árida Texas, para prepararse e ir a la Guerra de Corea. Allí, el sargento Ryan y el sargento Holt (el bueno y el malo, respectivamente), les intentarán transformarán en máquinas de sobrevivir y de matar, llevándoles al extremo de su aguante físico y psicológico. Y es que no hay nada peor que la guerra, ni siquiera 16 semanas de cruel y dura instrucción. Entre medias, una historia de amor con la “alcohólica” de la zona, la guapísima Elaine Stewart. Estamos ante el molde del que ha salido buena parte del cine bélico contemporáneo (desde Oficial y caballero y La chaqueta metálica hasta El sargento de hierro, por poner solo tres ejemplos), rodado con “pericia televisiva” por un principiante Richard Brooks y con la típica visión moral de la época: por un lado, la inocencia típica de un país crédulo y de una población ingenua; y, por el otro, la crueldad real de su política exterior durante la Guerra Fría, que asoma en escenas como la de la “carne de cañón” o la de los gases bélicos. En todo caso, un film belicista y convencional, que exhibe los más conservadores valores sociales, aunque con ciertos chispazos propios del progresista Brooks y del insurgente guionista, Millard Kaufman. La podrían poner de hilo de fondo en los restaurantes de comida rápida tipo Foster’s Hollywood o así.

martes, 22 de marzo de 2016

El único superviviente (Aka Lone Survivor)

1.5*

Camaradería de asesinos profesionales (los Navy Seals), entre misiones antiterroristas, conversaciones familiares en mitad de los montes afganos donde viven los Talibanes y mucha, muchísima sangre aguerrida y unas gotitas de “buen rollito” (como la escena de los pastores). Desde el principio al final de esta épica patriotera, tenemos lenguaje militar (“afirmativo”, “negativo”, “Spartan a base, cambio”, “aquí centro táctico”, etc.), tecnología de ultimísima generación, una música minimalista machacona, cámara desenfocada en mano, sangre digital y “un contacto de la hostia con los del otro bando” (sic). Lo más destacable del film es la idea que parece sugerir: que de vez en cuando, incluso a los matones de patio de colegio también les dan una buena patada en el culo. Y, así, como escribió Irene Crespo en Cinemanía, tenemos un título con spoiler. Igual es la única forma de hacer cine bélico que no sea pro-bélico. Ver a 4 Seals saltando a un supuesto precipicio como si fueran los Take That en el escenario ya es para mear y no echar gota. Como la calidad y convicción de los maquillajes. O como la saturación de la pista de sonido. En fin, carne procesada de la buena, recomendable para todos aquellos que han crecido con el cine de acción rancio, musculado y ultraconservador de la Golan-Goblus. O, bien, para quienes desayunan Fast & Furious por la mañana y, de repente, se dan cuenta de que tienen un Seat Ibiza que todavía no han pagado y están en el paro. “Ahh, coño, pues al ejército”. ¿Os acordáis de Southern Comfort? Pues de ese palo. Pero, eso sí, sin la clase, el arte y la malicia de Walter Hill. De hecho, al final salen las fotos de los “héroes” reales, los de la operación Red Wings original. A quienes van dedicada la película (sic).

martes, 8 de diciembre de 2015

Boinas verdes (Aka The Green Berets)

1.5*

Un periodista, pelín descreído él, acompaña al Coronel Kirby (de los Green Berets) durante una peligrosa misión en territorio Viet Cong. Por supuesto, después de unas cuantas campañas militares, el periodista le dará las gracias a Kirby por “abrirle los ojos" y por “hacerle un hombre”. John Wayne dirige su segundo largometraje oficial y lo hace con un estilo impersonal, a lo Victor McLaglen, pero a lo chapuzas, de una forma torpe y fofa. John Wayne también lo protagoniza, junto a un nutrido grupo de M16. Ideológicamente, el film es más simple que una reunión del Tea Party (buenos, malos y cero grises) pero es que, además, la película está mal rodada, mal montada, mal escrita, mal interpretada y, en el caso del público hispanoparlante, al mismo tiempo tiene que sufrir el doblaje, que es una infamia. La producción es tan castrense y jingoísta (muy al gusto del credo patriota del Three Bad Men, como llama Scott Allen Nollen al tándem Wayne/Ford/Bond), que el famoso Arcade de Konami se queda como un entretenimiento infantil, que es lo que siempre fue, por otro lado. La última escena, de una noñería contradictoria, se musicaliza con The Ballad of the Green Beret (sic). En conclusión, una película que funciona como una oficina de reclutamiento. O al revés, depende del día.

sábado, 26 de septiembre de 2015

La máscara y la piel (Aka The Triple Echo)

3*
Jennifer O’Neill pasó el verano del 42 más sola que la una, en ausencia de su marido, alistado en la marina USAmericana que sirvió en la 2ª G.M. Sin embargo, durante esas vacaciones estivales, se entregó al amor con un inmaduro adolescente a punto de dejar de serlo. En este film, la granjera Alice (Glenda Jackson), que tiene a su marido prisionero de los japoneses en esa misma conflagración mundial, recibe a un misterioso soldado británico en su solitaria finca del countryside inglés. Poco a poco, comienzan a intimar y, parafraseando creativamente a Cernuda, la soledad y el deseo harán el resto. Extraña producción de Michael Apted (casi casi su estreno cinematográfico oficial, tras una interesante carrera como director de teleseries y algunos documentales), en la que la ambientación, la interpretación y una dirección sobria como un vaso de leche de antaño hacen el resto. La película toca temas tan interesantes como la deserción, el travestismo o el crimen por amor pero lo más destacable es la fascinante caracterización de la Jackson, partenaire de un Oliver Reed rudo como un sargento en celo y de un Brian Deacon femenino y frágil como una muñeca de porcelana. Una muy interesante loseta en el camino de baldosas amarillas de ese maravilloso cine olvidado de la irredenta década de los setenta. A redescubrir.


viernes, 23 de enero de 2015

Aquel maldito tren blindado (Aka The Inglorious Bastards)

3*

Quentin Tarantino ha dicho en varias ocasiones que el origen de su Malditos bastardos hay que buscarlo en un pequeño film de Enzo G. Castellari (de hecho, el propio título es un homenaje a esta película de 1978). Por otro lado, Harold Bloom ha resaltado en toda su carrera a los ensayistas y a los escritores proféticos, aquellos que nos ayudan “a convertirnos en lo que somos como individualidades con preocupaciones, más que como individualistas indiferentes a nosotros mismos y a los demás”. De alguna forma, el tipo de cine rodado por Castellari (irónica serie B de género) prefigura la propia obra de Tarantino. Esta película es una muestra excelente: un replanteamiento del género bélico (desde El tren hasta los Doce del patíbulo), con una extraordinaria concepción de la trama (entretenidísima) y del montaje y un espíritu irónico salpicando todo el producto, desde el diseño de personajes y la concepción de la música hasta los diálogos, la crítica del estamento militar y el propio final. Igual es un poco exagerado comparar a Castellari con un cineasta profético pero la comparación se sostiene igualmente: sin este tipo de cine corrosivo, visto y deglutido por Tarantino en su juventud, probablemente, su personalísimo estilo nunca se hubiera desarrollado.

martes, 13 de enero de 2015

Un puente lejano (Aka A Bridge Too Far)

4*
Como decía Chris Marker en Level 5, “no puede haber películas de guerra porque las películas de guerra no huelen como la guerra”. Y sin embargo, las hay. Como esta cuasi olvidada producción de los hermanos Levine de la irredenta década de los setenta. A la dirección, Richard Attenborough, el hermano del naturalista y presentador de documentales de la BBC, y poseedor de una filmografía tan extraña como interesante. El reparto, es realmente impresionate (un listado de más de 20 estrellas del cine Hollywoodiense, británico, alemán y sueco de la época). Y la historia, una exquisita y detallada maniobra, repleta de acción y de ironía, que tiene como objetivo desmontar la visión heróica de la guerra, el triunfalismo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial y la supuesta racionalidad de la estrategia militar. Pero para ello hay que ver el film en su integridad porque, esto está claro, la película arranca con tranquilidad, con parsimonia, y, sin embargo, poco a poco, va construyendo un discurso crítico y nada complaciente sobre la sinrazón de la estructura castrense y todas sus acciones. Como contrapunto a esta operación fílmica, John Addison entrega una de sus más sofisticadas partituras.
 

lunes, 15 de diciembre de 2014

La presa (Aka Southern Comfort)

2.5*

Walter Hill coloca a un grupo de 9 reservistas (en realidad, de la Guardia Nacional) de maniobras, en medio de los Everglades de Lousiana, para que sean cazados, uno a uno, por un pequeños grupo de rednecks cabreados. El resultado es casi una secuela de Deliverance o de Rituals si bien Southern Comfort es una película formalmente expléndida pero moralmente ambigua. ¿Por qué? Porque los 9 individuos que se enfrentan a los cazadores y tramperos son un desastre cada uno: hay uno que tira de gatillo fácil y precipita todo el argumento; hay otro medio indio que pierde la razón asfixiado por el pánico de la situación; otro va de machito; otro más de jefe militar incompetente; uno que lloriquea a la mínima; y así hasta Powers Boothe (¡qué nombre más varonil1) y Keith Carradine, que son los únicos que llegan a la resolución de la trama, en medio de una fiesta en un poblado cajun. Ironía del film, la broma del comienzo se produce con munición de fogueo. El guión podría haber dado para más (hay varias escenas de transición y de relleno) por lo que Hill, consciente de la artificialidad de toda la producción, va insertando contínuamente planos de las hermosas pero monótonas localizaciones para variar tanto el ritmo como la pretendida tensión de la película. En todo caso, un correctísimo ejercicio de estilo, que parece prefigurar el Depredador de MacTierman, rodado con un buen puñado de actores realmente apropiados. Por cierto, la música de banjo es de Ry Cooder, nada menos.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Tiempo de amar, tiempo de morir (Aka A Time to Love and a Time to Die)

3.5*
Erich Maria Remarque fue un escritor que disfrutó de gloria y fama durante un buen periodo de tiempo (antes y después de la Segunda Guerra Mundial). Como Vicente Blasco Ibañez antes que él, Remarque fue adaptado a la pantalla grande por algunos de los mejores directores del Star System. Tras la adaptación de Lewis Milestone de Sin novedad en el frente, su amigo Douglas Sirk acomete la tarea de plasmar en imágenes la novela contra la Alemania de Hitler, un momento histórico que el propio Sirk vivió de forma dramatica y que, además, ya había llevado al cine con anterioridad (en Hitler’s Madman, por ejemplo). La trama se sitúa en el frente ruso y cuenta la historia de un soldado de infanteria nazi (curioso y sorprendente punto de vista) que, cansado y hastiado de los horrores de la guerra, decide vivir su esperado y ultimo permiso como si fuera el ultimo. En dicho interim, visita su ciudad natal para intentar encontrar a sus padres pero lo que encuentra es el amor así como una extraña sensación de náusea vital. Sirk realiza un trabajo de ambientación extraordinario (hasta el punto de que muchos planos recuerdan la detallista obra gráfica de Jacques Tardi) y presenta un absorvente melodrama bélico, con tintes trágicos, en el que hay franco espacio para la reflexion filosófica y política. Con una música estupenda de Miklós Rózsa y unas interpretaciones suficientes, A Time to Love and a Time to Die se eleva como una de las últimas obras maestras del director de origen alemán, una maravilla fílmica de hondas raíces humanistas y estéticas.


lunes, 24 de noviembre de 2014

Salvar al soldado Ryan

2.5*

Tras el desembarco de Normandía, un escuadrón del ejército USAmericano debe infiltrarse en terreno Nazi para poner a salvo a un soldado. Tras esta misión intrascendente se esconde una de las producciones más absurda e injustamente sobrevaloradas de toda la filmografía del irregular Steven Spielberg. En el plano moral, la película queda definida perfectamente por su introducción y por su epílogo, rodado a la manera del que cerró La lista de Schindler y con su mismo espíritu: entroncar el pasado con el presente, aunque se haga de una forma superficial, patriotera y acrítica. Por otro lado, sorprende la forma con la que la mayoría de los personajes matan, mutilan y arrasan a todo tipo de enemigos, sin dudar y sin sufrir emoción alguna. Este aspecto también podría ser reprobable. En el plano estético, el metraje sorprende por su uniforme regularidad. Pero es que, además, en el plano narrativo, Spielberg va sobresaltando, aturdiendo y aburriendo al espectador, casi a partes iguales. Es verdad que la primera escena es impresionante (los primeros 10-12 minutos) pero también es verdad que una película no es mejor por un nivel feroz de hiperrealismo sangriento. En este sentido, es un defecto del espectador medio y no un acierto del film el hecho de que sorprendiera por su crudeza en la representación de la guerra. Por otro lado, dicha crudeza solo parece afectar a la carnaza narrativa porque muchos de los personajes de la trama van sobreviviendo a mil y una peripecias militares insignificantes, que no tienen más interés que el de que el espectador vaya comprobando la influencia que ha tenido esta cinta en el desarrollo de varios productos de entretenimiento en la era del simulacro (videojuegos como Medalla de honor: ¡qué casualidad!). En definitiva, una visión hipervitaminada de la II Guerra Mundial que solo te atrapa cuando te escupe sangre a la cara con el sonido seco de los disparos de fondo.
 

domingo, 3 de agosto de 2014

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3.5*

James Cameron vuelve al tema que mejor conoce para dar rienda suelta a su poderosa imaginación y a su sobresaliente control de medios en esta epopeya alegórica sobre la codicia humana y sobre otras formas de vida más solidarias y compenetradas con su medio ambiente, aunque también sean cazadores (como en Bailando con lobos). Siguiendo una estructura que el director ya ha utilizado en varias de sus películas (como en Aliens), Cameron despliega un puñado de personajes estereotipados y un argumento muy sencillo, que se basa en la perdida de la inocencia y en sus consecuencias morales (como en La selva esmeralda), para enfrentar dos formas de ver el milagro de la vida: la de quienes buscan lucrarse a toda regla (y quienes les defienden) y la de quienes deciden vivir en comunión con su hábitat (y quienes les estudian y comprenden) Aborígenes frente a comerciantes, por tanto. O cientificos frente a militares (como ya había tratado George Romero en El día de los muertos vivientes). Dos formas de vida que se concretan en los valores que han movido a Occidente en su expansión mundial (avaricia, racismo y poderío tecnológico-militar) y al resto de diferentes formas de vida. Cameron desarrolla una producción pionera (rodada con una cámara 3D), majestuosa en todos sus aspectos técnico-artísticos (atención al maravilloso despliegue visual en Pandora) pero que fracasa en redondear una historia de amplias resonancias éticas y políticas al elegir el camino más trillado y, sobre todo, al transitar por ese otro camino bienintencionado que puede terminar por amodorrar al espectador (lo mismo que hizo Star Trek: Insurrección). En este sentido, es un producto más parecido a un videojuego (WoW o Final Fantasy) que a un film maduro.