Producción Golan-Goblus (es decir, pasta puesta por los de la Cannon) para
la última película del gran Curtis Harrington, un film erótico de espías, basado en la vida y andanzas de Mata Hari, la
bella bailarina (mitad holandesa-mitad javanesa) que estuvo metida en asuntos
de política internacional durante la Primera Guerra Mundial (entre París, Berlín
y Madrid; entre el Folies Bergère, hoteles
de lujo, orgías aristocráticas y el mismo frente bélico), y a la que pone cara la
voluptuosa Silvia Kristel. La producción, por supuesto, es muy solvente, igual
que la ambientación, la música es la apropiada (aunque resulta un poco cansina)
y los actores hacen bien su papel, aunque sin exagerar. El problema con esta
película es que arrastra una fama que no coincide exactamente con su calidad.
Es probable que sea debido a que mucha gente que habla de ella no la ha visto,
porque la historia está narrada con suficiente solvencia y los diálogos son lo
suficientemente interesantes para poder decir que uno ha visto la película por
el texto, lo que siempre ha pasado con los artículos del Playboy. En todo caso, hay que subrayar que no estamos ante un film extraordinario. Como curiosidad,
resulta gracioso encontrarse con una escena en la que sale una calle húngara,
en la que figura una tienda con un cartel en castellano que dice “perfumería” y
durante la que suena un chotis.
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lunes, 29 de mayo de 2017
martes, 28 de marzo de 2017
Pearl Harbour
1.5*
Americana. En toda regla. Con todas sus
letras. Un espectáculo vacío de ideas pero repleto de esa clase de patriotismo
de banderita y pulserita, tan propio de personas sofisticadas y adultas. Por
ello, el producto está diseñado e hiper producido para cualquier buen citizen soldier USAmericano, sus
familiares, sus amigos o para cualquier otro espectador henchido de pensamiento
acrítico y de una emotividad enlatada e infantil. Desde el punto de vista
cinematográfico, poco se puede destacar: el film
lanza a la cara del espectador, cual metralla ponzoñosa, dramatismo made in Corín Tellado, hiperbombásticas
escenas de acción y ramplonería histórica, todo ello con un estilo visual a
medio camino entre el videoclip, la
publicad y un panfleto de la oficina de reclutamiento. Parece diseñado por el
ejército más poderoso del mundo, o por la máquina de propaganda más efectiva
del planeta, para perpetuar la supuesta misión salvífica del país: la de
intentar “liberar” a todo el mundo manteniéndose él mismo esclavo de sus
prejuicios, de sus ambiciones y, sobre todo, de su ignorancia. Como era de
esperar, un hit en toda regla. Aunque
sin campañas de publicidad como la que precedieron a su estreno, productos como
éste no resistirían un fin de semana de proyección. Banalidad, propaganda y redundancia.
miércoles, 9 de noviembre de 2016
El león del desierto (Aka Lion of the Desert)
3.5*
Libelo despiadado contra el
colonialismo italiano en Libia, El león del desierto cuenta la historia del líder beduino contra las tropas de
ocupación, lideradas por Mussolini (Rod Steiger) y por el general Graziani
(Oliver Reed), que fue juzgado tras la caída del Duce. Se trata de un
interesantísimo film histórico,
elaborado sobre los hechos escondidos por la historia oficial y, por tanto,
sobre el respeto a las víctimas de una de las lacras de la historia Europea: el
colonialismo. Tras relatar la invasión de Libia por parte de Mussolini y el
origen del cabecilla rebelde, Omar Mukthar (Anthony Quinn), así como las
múltiples campañas militares para intentar darle caza, la película acaba con el
apresamiento de Muk, con su juicio por traición y con su ejecución pública, en
el año noveno de la Italia fascista (en 1931). Ese silencio final, de respeto y
de emoción, nos hace pensar en que no hace falta ser Moustapha Akkad, el
director, sino cualquier persona sensible antes las injusticias y los
sufrimientos de los más débiles. Y ello por una sencilla razón: por la de que
el colonialismo fue una realidad que solo tuvo que ver con la voluntad
expansiva de las élites europeas, con su codicia y voracidad. Todo lo demás,
los discursos políticos, las campañas militares, no fueron sino excusas para
una injustificable masacre (se estiman en unos 200.000 asesinados en el
“Holocausto” Libio). Como sutiliza en el guión, escrito por H.A.L. Craig, se
introducen varios personajes empáticos con la situación: el interpretado por
Raff Valone (el coronel Diodiece) y el teniente Sandrini. Producida en 1980, la
película costó unos 35 millones de dólares y Akkad parece que invirtió muy bien
(en términos artísticos que no mercantiles) los réditos económicos del mayor
éxito de una serie B movie, el de La noche de Halloween: la producción
recuerda ampliamente el Lawrence de
Arabia de David Lean, y no solamente por la presencia en el equipo de
Maurice Jarre. Impresionante obra maestra, menospreciada por su mensaje y
recuperada por su calidad.
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jueves, 23 de junio de 2016
Hombres de infantería (Aka Take the High Ground!)
2.5*
Un puñado de ciudadanos
USAmericanos, un poco destartalados ellos, llegan a un fuerte de entrenamiento
del ejército de tierra de los EE.UU., en la árida Texas, para prepararse e ir a
la Guerra de Corea. Allí, el sargento Ryan y el sargento Holt (el bueno y el
malo, respectivamente), les intentarán transformarán en máquinas de sobrevivir
y de matar, llevándoles al extremo de su aguante físico y psicológico. Y es que
no hay nada peor que la guerra, ni siquiera 16 semanas de cruel y dura
instrucción. Entre medias, una historia de amor con la “alcohólica” de la zona,
la guapísima Elaine Stewart. Estamos ante el molde del que ha salido buena
parte del cine bélico contemporáneo (desde Oficial
y caballero y La chaqueta metálica
hasta El sargento de hierro, por
poner solo tres ejemplos), rodado con “pericia televisiva” por un principiante
Richard Brooks y con la típica visión moral de la época: por un lado, la
inocencia típica de un país crédulo y de una población ingenua; y, por el otro,
la crueldad real de su política exterior durante la Guerra Fría, que asoma en
escenas como la de la “carne de cañón” o la de los gases bélicos. En todo caso,
un film belicista y convencional, que
exhibe los más conservadores valores sociales, aunque con ciertos chispazos
propios del progresista Brooks y del insurgente guionista, Millard Kaufman. La
podrían poner de hilo de fondo en los restaurantes de comida rápida tipo Foster’s Hollywood o así.
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martes, 22 de marzo de 2016
El único superviviente (Aka Lone Survivor)
1.5*
Camaradería de asesinos profesionales (los Navy Seals), entre
misiones antiterroristas, conversaciones familiares en mitad de los montes afganos
donde viven los Talibanes y mucha, muchísima sangre aguerrida y unas gotitas de
“buen rollito” (como la escena de los pastores). Desde el principio al final de
esta épica patriotera, tenemos lenguaje militar (“afirmativo”, “negativo”, “Spartan a base, cambio”, “aquí centro
táctico”, etc.), tecnología de ultimísima generación, una música minimalista
machacona, cámara desenfocada en mano, sangre digital y “un contacto de la
hostia con los del otro bando” (sic). Lo más destacable del film es la idea que parece sugerir: que
de vez en cuando, incluso a los matones de patio de colegio también les dan una
buena patada en el culo. Y, así, como escribió Irene Crespo en Cinemanía, tenemos un título con spoiler. Igual es la única forma de
hacer cine bélico que no sea pro-bélico. Ver a 4 Seals saltando a un supuesto precipicio como si fueran los Take That en el escenario ya es para
mear y no echar gota. Como la calidad y convicción de los maquillajes. O como
la saturación de la pista de sonido. En fin, carne procesada de la buena, recomendable
para todos aquellos que han crecido con el cine de acción rancio, musculado y
ultraconservador de la Golan-Goblus. O, bien, para quienes desayunan Fast & Furious por la mañana y, de
repente, se dan cuenta de que tienen un Seat
Ibiza que todavía no han pagado y están en el paro. “Ahh, coño, pues al
ejército”. ¿Os acordáis de Southern
Comfort? Pues de ese palo. Pero, eso sí, sin la clase, el arte y la malicia
de Walter Hill. De hecho, al final salen las fotos de los “héroes” reales, los
de la operación Red Wings original. A
quienes van dedicada la película (sic).
martes, 8 de diciembre de 2015
Boinas verdes (Aka The Green Berets)
1.5*
Un periodista, pelín
descreído él, acompaña al Coronel Kirby (de los Green
Berets) durante una peligrosa misión en territorio Viet Cong.
Por supuesto, después de unas cuantas campañas militares, el periodista
le dará las gracias a Kirby por “abrirle los ojos" y por “hacerle un hombre”.
John Wayne dirige su segundo largometraje oficial y lo
hace con un estilo impersonal, a lo Victor McLaglen, pero a lo chapuzas, de una
forma torpe y fofa. John Wayne también lo protagoniza, junto a un nutrido grupo de M16. Ideológicamente, el film es más simple que una reunión del Tea Party (buenos, malos y cero grises)
pero es que, además, la película está mal rodada, mal montada, mal escrita, mal
interpretada y, en el caso del público hispanoparlante, al mismo tiempo tiene
que sufrir el doblaje, que es una infamia. La producción es tan castrense y
jingoísta (muy al gusto del credo patriota del Three Bad Men, como llama Scott Allen Nollen al tándem
Wayne/Ford/Bond), que el famoso Arcade de Konami
se queda como un entretenimiento infantil, que es lo que siempre fue, por otro
lado. La última escena, de una noñería contradictoria, se musicaliza con The Ballad of the Green Beret (sic). En
conclusión, una película que funciona como una oficina de reclutamiento. O al
revés, depende del día.
sábado, 26 de septiembre de 2015
La máscara y la piel (Aka The Triple Echo)
3*
Jennifer O’Neill pasó el verano del 42 más sola que la una, en ausencia de su marido, alistado en la marina
USAmericana que sirvió en la 2ª G.M. Sin embargo, durante esas vacaciones
estivales, se entregó al amor con un inmaduro adolescente a punto de dejar de
serlo. En este film, la granjera Alice
(Glenda Jackson), que tiene a su marido prisionero de los japoneses en esa
misma conflagración mundial, recibe a un misterioso soldado británico en su
solitaria finca del countryside
inglés. Poco a poco, comienzan a intimar y, parafraseando creativamente a
Cernuda, la soledad y el deseo harán el resto. Extraña producción de Michael
Apted (casi casi su estreno cinematográfico oficial, tras una interesante
carrera como director de teleseries y algunos documentales), en la que la
ambientación, la interpretación y una dirección sobria como un vaso de leche de
antaño hacen el resto. La película toca temas tan interesantes como la
deserción, el travestismo o el crimen por amor pero lo más destacable es la
fascinante caracterización de la Jackson, partenaire
de un Oliver Reed rudo como un sargento en celo y de un Brian Deacon femenino y
frágil como una muñeca de porcelana. Una muy interesante loseta en el camino de
baldosas amarillas de ese maravilloso cine olvidado de la irredenta década de
los setenta. A redescubrir.
viernes, 23 de enero de 2015
Aquel maldito tren blindado (Aka The Inglorious Bastards)
3*
Quentin Tarantino ha dicho en varias ocasiones que el origen de su Malditos bastardos hay que buscarlo en
un pequeño film de Enzo G. Castellari
(de hecho, el propio título es un homenaje a esta película de 1978). Por otro
lado, Harold Bloom ha resaltado en toda su carrera a los ensayistas y a los
escritores proféticos, aquellos que nos ayudan “a convertirnos en lo que somos como
individualidades con preocupaciones, más que como individualistas indiferentes
a nosotros mismos y a los demás”. De alguna forma, el tipo de cine rodado por
Castellari (irónica serie B de género) prefigura la propia obra de Tarantino.
Esta película es una muestra excelente: un replanteamiento del género bélico
(desde El tren hasta los Doce del patíbulo), con una
extraordinaria concepción de la trama (entretenidísima) y del montaje y un
espíritu irónico salpicando todo el producto, desde el diseño de personajes y
la concepción de la música hasta los diálogos, la crítica del estamento militar
y el propio final. Igual es un poco exagerado comparar a Castellari con un
cineasta profético pero la comparación se sostiene igualmente: sin este tipo de
cine corrosivo, visto y deglutido por Tarantino en su juventud, probablemente,
su personalísimo estilo nunca se hubiera desarrollado.
martes, 13 de enero de 2015
Un puente lejano (Aka A Bridge Too Far)
4*
Como decía Chris Marker en Level 5, “no puede haber películas de guerra porque las películas de guerra no huelen como la guerra”. Y sin embargo, las hay. Como esta cuasi olvidada producción de los hermanos Levine de la irredenta década de los setenta. A la dirección, Richard Attenborough, el hermano del naturalista y presentador de documentales de la BBC, y poseedor de una filmografía tan extraña como interesante. El reparto, es realmente impresionate (un listado de más de 20 estrellas del cine Hollywoodiense, británico, alemán y sueco de la época). Y la historia, una exquisita y detallada maniobra, repleta de acción y de ironía, que tiene como objetivo desmontar la visión heróica de la guerra, el triunfalismo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial y la supuesta racionalidad de la estrategia militar. Pero para ello hay que ver el film en su integridad porque, esto está claro, la película arranca con tranquilidad, con parsimonia, y, sin embargo, poco a poco, va construyendo un discurso crítico y nada complaciente sobre la sinrazón de la estructura castrense y todas sus acciones. Como contrapunto a esta operación fílmica, John Addison entrega una de sus más sofisticadas partituras.
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Un puente lejano
lunes, 15 de diciembre de 2014
La presa (Aka Southern Comfort)
2.5*
Walter Hill coloca a un grupo de 9 reservistas
(en realidad, de la Guardia Nacional) de maniobras, en medio de los Everglades
de Lousiana, para que sean cazados, uno a uno, por un pequeños grupo de rednecks cabreados. El resultado es casi
una secuela de Deliverance o de Rituals si bien Southern Comfort es una película formalmente expléndida pero
moralmente ambigua. ¿Por qué? Porque los 9 individuos que se enfrentan a los
cazadores y tramperos son un desastre cada uno: hay uno que tira de gatillo
fácil y precipita todo el argumento; hay otro medio indio que pierde la razón
asfixiado por el pánico de la situación; otro va de machito; otro más de jefe
militar incompetente; uno que lloriquea a la mínima; y así hasta Powers Boothe
(¡qué nombre más varonil1) y Keith Carradine, que son los únicos que llegan a la resolución de la trama,
en medio de una fiesta en un poblado cajun.
Ironía del film, la broma del
comienzo se produce con munición de fogueo. El guión podría haber dado para más
(hay varias escenas de transición y de relleno) por lo que Hill, consciente de
la artificialidad de toda la producción, va insertando contínuamente planos de
las hermosas pero monótonas localizaciones para variar tanto el ritmo como la
pretendida tensión de la película. En todo caso, un correctísimo ejercicio de estilo, que parece prefigurar el Depredador
de MacTierman, rodado con un buen puñado de actores realmente apropiados. Por
cierto, la música de banjo es de Ry Cooder, nada menos.
jueves, 4 de diciembre de 2014
Tiempo de amar, tiempo de morir (Aka A Time to Love and a Time to Die)
3.5*
Erich Maria Remarque fue un escritor que disfrutó
de gloria y fama durante un buen periodo de tiempo (antes y después de la
Segunda Guerra Mundial). Como Vicente Blasco Ibañez antes que él, Remarque fue
adaptado a la pantalla grande por algunos de los mejores directores del Star System. Tras la adaptación de Lewis
Milestone de Sin novedad en el frente,
su amigo Douglas Sirk acomete la tarea de plasmar en imágenes la novela contra
la Alemania de Hitler, un momento histórico que el propio Sirk vivió de forma
dramatica y que, además, ya había llevado al cine con anterioridad (en Hitler’s Madman, por ejemplo). La trama
se sitúa en el frente ruso y cuenta la historia de un soldado de infanteria nazi (curioso y sorprendente punto de vista) que, cansado y hastiado de los
horrores de la guerra, decide vivir su esperado y ultimo permiso como si fuera
el ultimo. En dicho interim, visita
su ciudad natal para intentar encontrar a sus padres pero lo que encuentra es
el amor así como una extraña sensación de náusea vital. Sirk realiza un
trabajo de ambientación extraordinario (hasta el punto de que muchos planos
recuerdan la detallista obra gráfica de Jacques Tardi) y presenta un absorvente
melodrama bélico, con tintes trágicos, en el que hay franco espacio para la
reflexion filosófica y política. Con una música estupenda de Miklós Rózsa y
unas interpretaciones suficientes, A Time
to Love and a Time to Die se eleva como una de las últimas obras maestras
del director de origen alemán, una maravilla fílmica de hondas raíces
humanistas y estéticas.
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lunes, 24 de noviembre de 2014
Salvar al soldado Ryan
2.5*
Tras el desembarco de Normandía, un escuadrón del ejército USAmericano debe infiltrarse en terreno Nazi para poner a salvo a un soldado. Tras esta misión intrascendente se esconde una de las producciones más absurda e injustamente sobrevaloradas de toda la filmografía del irregular Steven Spielberg. En el plano moral, la película queda definida perfectamente por su introducción y por su epílogo, rodado a la manera del que cerró La lista de Schindler y con su mismo espíritu: entroncar el pasado con el presente, aunque se haga de una forma superficial, patriotera y acrítica. Por otro lado, sorprende la forma con la que la mayoría de los personajes matan, mutilan y arrasan a todo tipo de enemigos, sin dudar y sin sufrir emoción alguna. Este aspecto también podría ser reprobable. En el plano estético, el metraje sorprende por su uniforme regularidad. Pero es que, además, en el plano narrativo, Spielberg va sobresaltando, aturdiendo y aburriendo al espectador, casi a partes iguales. Es verdad que la primera escena es impresionante (los primeros 10-12 minutos) pero también es verdad que una película no es mejor por un nivel feroz de hiperrealismo sangriento. En este sentido, es un defecto del espectador medio y no un acierto del film el hecho de que sorprendiera por su crudeza en la representación de la guerra. Por otro lado, dicha crudeza solo parece afectar a la carnaza narrativa porque muchos de los personajes de la trama van sobreviviendo a mil y una peripecias militares insignificantes, que no tienen más interés que el de que el espectador vaya comprobando la influencia que ha tenido esta cinta en el desarrollo de varios productos de entretenimiento en la era del simulacro (videojuegos como Medalla de honor: ¡qué casualidad!). En definitiva, una visión hipervitaminada de la II Guerra Mundial que solo te atrapa cuando te escupe sangre a la cara con el sonido seco de los disparos de fondo.
domingo, 3 de agosto de 2014
Avatar
3.5*
James Cameron vuelve al tema que mejor conoce
para dar rienda suelta a su poderosa imaginación y a su sobresaliente control
de medios en esta epopeya alegórica sobre la codicia humana y sobre otras
formas de vida más solidarias y compenetradas con su medio ambiente, aunque
también sean cazadores (como en Bailando
con lobos). Siguiendo una estructura que el director ya ha utilizado en
varias de sus películas (como en Aliens),
Cameron despliega un puñado de personajes estereotipados y un argumento muy
sencillo, que se basa en la perdida de la inocencia y en sus consecuencias
morales (como en La selva esmeralda),
para enfrentar dos formas de ver el milagro de la vida: la de quienes buscan
lucrarse a toda regla (y quienes les defienden) y la de quienes deciden vivir
en comunión con su hábitat (y quienes les estudian y comprenden) Aborígenes
frente a comerciantes, por tanto. O cientificos frente a militares (como ya
había tratado George Romero en El día de los muertos vivientes). Dos formas de vida que se concretan en los valores
que han movido a Occidente en su expansión mundial (avaricia, racismo y poderío
tecnológico-militar) y al resto de diferentes formas de vida. Cameron desarrolla
una producción pionera (rodada con una cámara 3D), majestuosa en todos sus
aspectos técnico-artísticos (atención al maravilloso despliegue visual en Pandora) pero que fracasa en redondear
una historia de amplias resonancias éticas y políticas al elegir el camino más
trillado y, sobre todo, al transitar por ese otro camino bienintencionado que puede
terminar por amodorrar al espectador (lo mismo que hizo Star Trek: Insurrección). En este sentido, es un producto más
parecido a un videojuego (WoW o Final Fantasy) que a un film maduro.
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