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miércoles, 5 de julio de 2017

El hombre de acero (Aka Man of Steel)

2*

Enésimo intento por parte de las majors de Hollywood (en este caso, la Warner y Legendary) de resucitar al mítico superhéroe de Kripton, este film de Zack Snyder es como la grandilocuente carrocería de un coche que no tiene nada por dentro. O bien, que tiene mucha menos potencia y comodidad de los que sus fulgores exteriores anuncian. Estamos ante un puro espectáculo desdramatizado, en su mayor parte, ridículo en muchas ocasiones e infantil en casi todo su metraje. El nuevo Superman es un tipo que no tiene ricito en la frente pero al que se le salen los pelos del pecho por encima del traje… Además, los actores no están especialmente bien elegidos para sus roles (mención aparte es el intento ese bienpensante de sustituir un personaje mítico por un actor negro, como el Nick Furia de la Marvel) y los efectos especiales se han quedado obsoletos el mismo día de su estreno (batiburrillo CGI). La fotografía, por supuesto, tiene la personalidad típica del Blockbuster de turno (azulada, acerada, fría, como un buen centro comercial). La música es un mejunje aparte, ya que es una partitura rutinaria que tiene la extraña virtud de sobrar casi constantemente. En definitiva, otro intento en balde por acercar una mitología portentosa, que tuvo una enorme función sociológica durante los años cuarenta del siglo XX y, particularmente, durante las postrimerías de la irredenta década de los setenta y buena parte de la ultraconservadora década de los ochenta, pero que, ahora, no termina de encontrar la forma de resucitar en el seno de una sociedad consumista, individualista y cínica. Para más INRI, la película se estira hasta esos supuestamente épicos 143 minutos. No por casualidad, detrás del guión está el prepotente y vacuo Christopher Nolan.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Capitán fantástico (Aka Captain Fantastic)

3.5*
Dedicada a Carlos C.

El homeschooling está de moda. No es una moda (¡no puede ser una moda!) pero está de moda. Y nunca será demodé. La gente se pregunta qué es eso de educar a los chavales en familia. No solamente criarles o consentirles, en familia, sino formarles, instruirles, aportarles experiencias y conocimientos educativos. Y esta película nos viene a contar cómo una familia, no-convencional, puede educar a sus hijos al margen de la escolarización estatal obligatoria. El caso se centra en los EE.UU. pero podría valer para cualquier país. Incluso con lagunas jurídicas como España. Con muchísima imaginación moral y una mirada de respeto por los matices y las contradicciones, Matt Ross ha embotellado un vino joven, fresquísimo, en una botella tradicional, absolutamente reconocible e, incluso, convencional (narrativa y estéticamente). Pero el vino joven que contiene esa botella hace estallar unos taninos de una potencia inusitada, tanto para espectadores predispuestos a sabores nuevos como para los más conservadores y reaccionarios, a quienes, por lo menos, se les despertarán algunas cuestiones en sus papilas gustativas carpetovetónicas. En la etiqueta encontramos varios ingredientes: un libertarismo de izquierdas, una familia “disfuncional” (tamaño monovolumen), filosofía chomskiana, emotividad a raudales, amor a la naturaleza, puntuales pero contundentes contrastes con una familia “funcional” (de tipo utilitaria), Viggo Mortensen, algunas contrariedades en la resolución de alguna escena (como en la escena de los “bajos” del autobús) y una historia de compromiso moral y vital que llega, con todo su sabor, a los paladares más abiertos y desprejuiciados. Una de las sorpresas de la temporada 2016.