Hay muchas formas de criticar una
película. Como cualquier producto cultural, un largometraje tiene distintos
niveles significativos, técnicos y artísticos que pueden ser desentrañados con
las más diversas técnicas analíticas e interpretativas. Lo que sorprende de La red social es que, detrás de un
estilo cinematográfico relativamente adusto (e, incluso, humilde, comparado con
los sorprendentes alardes del director), se esconde una de las más sutiles y
sofisticadas representaciones del capitalismo post-industrial reciente, concretamente
de su fase “.com”. Es decir, mucho
podría hablarse del excelente guión de Sorkin; o de la contención visual de
Fincher; o del excelente juego con las líneas temporales y con los distintos planos narrativos de la historia. Mucho se podría decir sobre todo esto (aunque,
quizás, solo quizás, y por otra parte, tampoco se ha estudiado con suficiente detalle).
Pero la cuestión clave de esta obra es el tipo de sociedad que retrata. El quid de la cuestión aquí podría ser el
siguiente: un estudiante de Harvard puede volverse un empresario de éxito y,
por extensión, un peón de la oligarquía mundial, mucho antes de haber mantenido
una relación amorosa y/o sentimental de cierta envergadura. Es decir, lo que la
película denuncia es la facilidad con la que un inútil emocional puede llegar a
ser un tótem empresarial. Qué sugestiva mixtura!! Pero, asimismo, lo curioso de
este film es que el espectador medio
no identifica al personaje “Zuckerberg” con el individuo real: al contrario,
Jesse Eisenberg será ya, para siempre, el fundador de Facebook. Y esa es, auque mínima y pese a quien pese, una conquista
de Fincher.
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jueves, 10 de diciembre de 2015
domingo, 9 de marzo de 2014
El proceso paradine
3.5*
Alfred Hitchcock tiene una de
las filmografías más absorbentes de la historia del cine. A pesar de sus
continuas manipulaciones, errores y macguffins,
el orondo director ha conseguido pergeñar un buen puñado de obras maestras, atestadas
de una poderosísima fuerza visual. Hitchcock sabía contar una historia, crear
el suspense, retorcer sus tiempos, encadenar situaciones, mantener el misterio y la ambigüedad.
En esta película, por ejemplo, hay unas cuantas escenas narradas de una forma sincrética
al alcance de muy pocos (las tomas de transición de la primera parte del film, por ejemplo), un muestrario
completo de encuadres (incluyendo un plano wellesiano del dormitorio de la
pareja protagonista) o con un uso del movimiento de cámara que dice más de lo
que muestra (como ese travelling circular
alrededor de Gregory Peck). De una sutileza psicológica maravillosa (atención a
las conversaciones entre Gregory Peck y Ann Todd) la película cuenta con una
Alida Valli, de origen aristocrático, que convence con su papel de mujer fría y
extrañamente serena. Por cierto, es de justicia destacar a los secundarios
(Charles Coburn, Ethel Barrimore, Louis Jourdan y Charles Laughton, nada
menos). El espectador perspicaz, como el propio François Truffaut, podría
preguntarse, ¿pero quién ha seleccionado el casting?
Efectivamente, Selznick impuso casi todo el reparto, lo que produce no pocas
reticencias en el espectador. Sin embargo, el resultado final es absorvente y admirable, aunque el desarrollo de la historia pueda parecer un tanto
previsible e, incluso, pueda hacerse un tanto pesado. Hay películas cuya trama
no se debería explicar. Esta es una de ellas: mejor véanla, aunque sea una obra menor, y amplien su alma.
Etiquetas:
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Intriga
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Consejo de Guerra (Aka Breaker Morant)
4*
Es una lástima (por no decir una vergüenza) la enorme
cantidad de películas que retratan la guerra como un fenómeno donde ocurren
cosas honorables. La guerra es irracional, salvaje, movida por intereses mezquinos y muy cruel. Y
esconder esta realidad solo se puede deber a una toma de postura ideológica, extremadamente
conservadora, que tiende a perpetuar los valores implícitos en la forma de vida
castrense y en sus falsos, hipócritas y contradictorios idealismos. En este caso, Beresford
afila su cámara para denunciar todos estos aspectos sin complacencias ni
coartadas y para componer un lamento, violento y desangrado, sobre cómo la
guerra cambia a las personas, tal y como explica Craig Wilcox en Making Film and Television Histories:
Australia and New Zealand. En definitiva, un thriller judicial, salpicado de escenas costumbristas de la vida en
campaña y de la guerra de guerrillas, basado en un caso verídico que, a la
postre, acaba resultando un poderoso alegato antibelicista y antimilitarista. Los
retazos de la trama pueden rastearse en películas como Senderos de gloria, El caso
Winslow, Motín del Caine o El sargento negro, con los que comparte
intenciones y resultados, aunque la relación más evidente sería con la obra
coetánea de Peter Weir, Gallipoli. El
trabajo de Bruce Beresford con la puesta en escena, variada pero no recargada,
así como el excelente y nada complaciente guión, elevan a este film como uno de los más elaborados de
toda la carrera del director australiano.
martes, 18 de diciembre de 2012
12 hombres sin piedad
4.5*
Henry Fonda se
encierra con los otros 11 miembros de un Jurado para deliberar sobre la
inocencia o la culpabilidad de un acusado. De ellos se espera el más ecuánime e
informado de los veredictos. Sobre la obra teatral de Reginald Rose, Sidney
Lumet retrata el proceso de debate y discusión de este jurado, con las
tensiones y entimemas propios de cualquier deliberación judicial. Por eso, Lumet
presenta los argumentos de unos y de otros y estrecha el círculo sobre la posibilidad de condenar
a alguien existiendo una duda razonable sobre su culpabilidad. Y lo hace
mediante una soberbia puesta en escena, que debe tanto a la televisión de la
época como a una concepción teatralizada de la dirección cinematográfica. La
película se transforma, así, en un análisis del proceso judicial anglosajón,
con manifiestas intenciones pedagógicas, con unos consistentes toques de denuncia
aunque, a la postre, se transforma en un vehículo de exaltación del sistema. Una
línea de diálogos magníficamente destilada, concisa y punzante, sobresalientes
interpretaciones y debates sociales y jurídicos para una radiografía de una
buena parte de la población USAmericana de la época, volcada en una tensa
narración judicial que te atrapa desde el principio y va creciendo, plano a
plano, escena a escena, hasta el anticlimático pero radiante final. En España,
en 1973, se grabó una estupenda versión para TV en el añejo Estudio Uno
(versión patria del Studio One de la
CBS), bajo la dirección de Gustavo Pérez Puig y con un reparto de lujo: José
María Rodero, Jesús Puente, Sancho Gracia, José Bódalo, Manuel Alexandre o
Ismael Merlo, entre otros. La BSO incluía una versión de The House of the Rising Sun. Por su parte, el director de El exorcista, dirigió una magnífica
adaptación para la TV en 1997. Por cierto, el argumento tiene mucho que ver con
la extraordinaria el Incidente en Ox-Bow.
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