Etnocentrismo zoológico europeo,
esta película siempre ha sido considerada una de las obras maestras del cine de
aventuras africanas. Vista (entonces, por algunas personas y) ahora (también
por algunas personas), no deja de ser la típica paletada de colonos ignorantes
y eurocentristas, aunque con un regusto por el conocimiento de floras y faunas
diferentes. Aunque, claro, ese conocimiento respondía una necesidad de supervivencia
o a un interés más o menos comercial (como en una película de Tarzán, vamos). Colonialismo,
especismo, machismo, racismo, en fin, todos los bonitos “ismos” que han hecho a
Europea y a su cultura un gran documento de barbarie, como dirían Benjamin o Jameson.
Evidentemente, Europa es un conjunto de muchas más cosas pero, en el fondo, su riqueza
y su preponderancia en el mundo se han construido con estas actitudes. Aunque Aristóteles,
Leonardo o Spinoza, por ejemplo, además de otros europeos anónimos, no tienen
nada que ver con estas cuestiones. En fin, una correcta adaptación (en la forma) de la novela de Haggard, protagonizada por dos pesos pesados de
segunda B de la época, los aventureros Stewart Granger y Deborah Kerr (como en Mogambo), y solo
para nostálgicos de un tipo de cine excesivamente deudor de su época. Escopetas
versus lanzas, vamos. Aunque la fotografía, del gran Robert Surtees y aciertos
parciales siguen manteniendo el interés más de 60 años después de su estreno. No confundir con Las minas de Rey Salmonete ni con el remake de la Cannon.
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sábado, 15 de octubre de 2016
Las minas del Rey Salomón (Aka King Solomon's Mines)
2.5*
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jueves, 6 de febrero de 2014
La última cacería (Aka The Last Hunt)
3.5*
Dos hombres, muy distintos entre
sí, se ganan la vida cazando búfalos en territorio indio, por lo que también
tienen que hacer frente a la oposición de éstos debido a que los búfalos son
una parte importante de su sustento. El liberal Richard Brooks, experto en
meter el dedo en la llaga (como escribe Claude Beylie), dirige un Western ecologista sobre la masacre de búfalos
e indios. Y lo hace contrastando dos caracteres y dos sensibilidades: Stewart
Granger pone la tolerancia y el respeto por los derechos de los animales mientras
que Robert Taylor ofrece el lado siniestro y depredador del hombre blanco,
obsesionado con ganar más y más a costa del resto de los seres vivos (animales
e indios). Excelente fotografía, de Rusell Harlan, y magníficos diálogos para un film que se puede considerar el
precursor de la obra de Sam Pekinpah y del Western naturalista de los setenta. Por
cierto, uno de los motivos musicales, obra de Daniele Amfitheatrof, es el mismo
que el tema principal de la BSO de Max Steiner para Centauros del desierto, estrenada ese mismo año, 1956. También
aparecen una bellísima Debra Paget y un jovencísimo Russ Tamblyn, por cierto. Un año
después, en 1957, Brooks estrenaría una obra de estructura similar pero sobre
el colonialismo y el racismo, Sangre sobre la tierra.
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