Un telefilm maravilloso, de una tensión realmente sorprendente, muy
bien escrito y desarrollado y con una interpretación de Glenn Ford
extraordinaria. El film gira en torno
a una conspiración secreta que solicita un favor muy especial a un antiguo
miembro de la misma, que entró en el selecto club en sus tiempos en la
universidad, pero que ahora tiene sus ciertas dudas y reservas. A partir de ese
momento, el miembro irá conociendo en sus propias carnes el enorme poder del
que disfruta la secta. El reparto, dirigido sabiamente por Paul Wendkos, se completa con la extremadamente bella y
talentosa Rosemary Forsyth (rescatada de sus tiempos con Charlton Heston), Dan
Jagger, Will Geer, Maurice Evans y Robert Pine, entre otros. En definitiva, un thriller conspiranóico de lo más
entretenido, tenso y sugerente.
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viernes, 7 de julio de 2017
domingo, 14 de agosto de 2016
El último de la lista (aka The List of Adrian Messenger)
3*
Por un lado, cada uno de los 11
miembros de una lista de nombres están muriendo en extrañas circunstancias,
aparentemente accidentales. Por otro, un tal Alfred Messenger muere en un
accidente de aviación y sus últimas palabras son escuchadas por un veterano de
guerra. Ambos hechos darán pié a que un antiguo miembro del Servicio de
inteligencia británico, Anthony Gethryn (George C. Scott) se ponga a investigar
los sorprendentes sucesos, lo que le llevará, nada menos, que a escarbar en
asuntos hereditarios de la nobleza inglesa. Tras Vidas rebeldes y Freud,
pasión secreta, John Huston dirige una sorprendente película que nunca figura
entre sus grandes obras pero que merece ser recordada. No es una película de
espías. No es una película de asesinatos. No es exactamente un thriller. Es, más bien, una película de
detectives. Con un interesante misterio por resolver. Y, sobre todo, es un film de embozos y caretas, que propone
un divertido juego con el espectador: el de ir reconociendo, tras sus disfraces
y maquillajes, a un nutrido plantel de actores: Kirk Douglas, Burt Lancaster,
Robert Mitchum, Frank Sinatra, Tony Curtis. Atención al discurso que sobre el
mal se marca el gran Kirk Douglas, así como a ese apunte animalista durante la
cacería del zorro. En Inglaterra, a propósito de esta última cuestión, no
escasean los Pubs del countryside que se llaman “The Fox Goes Free”. Por algo será.
miércoles, 10 de febrero de 2016
Instinto básico (Aka Basic Instinct)
3*
Thriller erótico megamastodóntico, desde el punto de vista de su resonancia social, y un ejemplo prototípico del camino que seguiría el cine policíaco en la informe década de los noventa: sexo, drogas y rock’n’roll. El éxito del film se debe sin duda, a tres factores. Primero, al carisma sexual de la high-IQ-score Sharon Stone, ”el polvo del siglo”. Segundo, a la tramposa pero efectiva dirección del holandés Paul Verhoeven, que encadena, así, un éxito tras otro desde Robocop y Desafío total. Y, tercero, al guión metaficcional escrito por el exitoso Joe Eszterhas (que venía de triunfar con La caja de música y que intentaría repetir el éxito en Acosada, Showgirls o Jade). Mientras que la puesta en escena parece un reajuste de El cuarto hombre, el script consiste en una sabia mezcla de pulsiones sexuales desaforadas, atracciones diabólicas y juegos lujosos entre el punzón, el Lotus esprit y el pañuelo de Hermès, todo ello refrito con diálogos calenturientos, cigarrillos finos, whiskey de Tennessee y cocaína. La vida real misma de Michael Douglas, vamos. Por eso no es de extrañar que la película haya pasado a la posteridad por un cruce de piernas más que por su rebuscadísimo desenlace. La BSO, obra de Jerry Goldsmith, pulsa las teclas del misterio y se mueve, metalingüísticamente, entre los timbres y la orquestación de un Bernard Herrmann. O un John Barry. No por casualidad, la película se desarrolla en ese oasis de permisividad liberal hitchcockiana que es San Francisco. La fotografía, por cierto, también colaboró en el éxito de la obra: luminosa y californiana en exteriores, oficinista pero cálida en interiores. Obra de Jan de Bont. Como dato curioso, Dorothy Malone dignifica la trama con su imprevista y misteriosa presencia.
Thriller erótico megamastodóntico, desde el punto de vista de su resonancia social, y un ejemplo prototípico del camino que seguiría el cine policíaco en la informe década de los noventa: sexo, drogas y rock’n’roll. El éxito del film se debe sin duda, a tres factores. Primero, al carisma sexual de la high-IQ-score Sharon Stone, ”el polvo del siglo”. Segundo, a la tramposa pero efectiva dirección del holandés Paul Verhoeven, que encadena, así, un éxito tras otro desde Robocop y Desafío total. Y, tercero, al guión metaficcional escrito por el exitoso Joe Eszterhas (que venía de triunfar con La caja de música y que intentaría repetir el éxito en Acosada, Showgirls o Jade). Mientras que la puesta en escena parece un reajuste de El cuarto hombre, el script consiste en una sabia mezcla de pulsiones sexuales desaforadas, atracciones diabólicas y juegos lujosos entre el punzón, el Lotus esprit y el pañuelo de Hermès, todo ello refrito con diálogos calenturientos, cigarrillos finos, whiskey de Tennessee y cocaína. La vida real misma de Michael Douglas, vamos. Por eso no es de extrañar que la película haya pasado a la posteridad por un cruce de piernas más que por su rebuscadísimo desenlace. La BSO, obra de Jerry Goldsmith, pulsa las teclas del misterio y se mueve, metalingüísticamente, entre los timbres y la orquestación de un Bernard Herrmann. O un John Barry. No por casualidad, la película se desarrolla en ese oasis de permisividad liberal hitchcockiana que es San Francisco. La fotografía, por cierto, también colaboró en el éxito de la obra: luminosa y californiana en exteriores, oficinista pero cálida en interiores. Obra de Jan de Bont. Como dato curioso, Dorothy Malone dignifica la trama con su imprevista y misteriosa presencia.
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Joe Eszterhas,
Michael Douglas,
Paul Verhoeven,
Sexo,
Sharon Stone,
Thriller psicológico
jueves, 30 de julio de 2015
El puente de Cassandra (Aka The Cassandra Crossing)
3*
En Pánico en las calles, Jack Palance es perseguido porque está
infectado por una devastadora enfermedad, la peste negra. Richard Widmark es el
encargado de perseguir al sujeto vírico para que no se propague la epidemia por
una underground Nueva Orleans, en la
que hay que moverse con sumo cuidado para que no estalle el pánico social. 26
años después, el recóndito George Pan Cosmatos (autor de algún que otro pequeño clásico) dirige esta
atractiva mezcla de cine de catástrofes setentero y de suspense viral, mezclado
con una estructura narrativa que recuerda a decenas de películas sobre trenes y
con una ambientación que, no por extraño que parezca, puede recordar al de Asesinato en el Orient Express. Además
de una intriga favorablemente dosificada, hay que mencionar, a su favor, el
destacado reparto, repletito de jóvenes y no tan jóvenes estrellas (Richard
Harris, Burt Lancaster, Sofía Loren, Ava Gardner, Ingrid Thulin, Martin Sheen,
O.J. Simpson, Lee “Hyman Roth” Strasberg, John Phillip Law, etc., y con la presencia pululante de
la pareja de Richard Harris de entonces, la hiper escuálida pero muy hermosa full of promise Ann Turkel). Con dos partes
claramente diferenciadas y un mensaje anti militar muy curioso de ver, el film deja un notable regusto a Los 7 días del cóndor y, sobre todo, a Acción ejecutiva.
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Virus
viernes, 15 de mayo de 2015
El viento y el león
3.5*
¡Joder, además de algunos portentosos guiones, el
cabrón de Milius sabe hacer películas! Larga vida y feliz recuperación a John Milius.
miércoles, 11 de marzo de 2015
El otro (Aka The Other)
3.5*
La figura del doble, del álter ego, ha gozado de una envidiable traidición, tanto en la
literatura como en el cine. En la primera, desde William Wilson a Jorge Luis Borges, pasando por Robert L. Stevenson, han sido muchos los escritores que se
han sentido seducidos por la atracción del espejo desvirtuado: un reflejo
muchas veces siniestro que completa freudianamente la naturaleza de nuestra
identidad. En el segundo, desde Metrópolis
hasta El cisne negro o Seconds apart, pasando por Inseparables, Desesperación o un capítulo de Refugio
macabro, el cine ha intentado también poner en imágenes el mito del Doppelganger. En El Otro, Robert Mulligan narra las diversas trastadas de dos
gemelos protoadolescentes, uno de ellos realmente malvado, en el corazón de una
granja californiana, y ofrece al espectador una ejemplar muestra de cine de
terror, basado en el ambiente, en las atmósferas y en el juego entre la
realidad, la imaginación y la ficción, sin acelerar la cámara, el montaje o el
ritmo en ningún momento y sin grandes sobresaltos o escenas sanguinolentas.
Simplemente, con una buena historia de suspense, bien narrada, bien
interpretada, bien musicalizada (por obra y gracia de Jerry Goldsmith) y, sobre
todo, muy bien ambientada y fotografiada. Por eso, pese a una luminosidad
constante, solo rota por alguna escena de interior, el terror, la crueldad y lo
sobrenatural hacen acto de presencia y conforman una satisfactoria muestra de
lo que se denomina American Gothic,
un subgénero de terror que aglutina films
como Psicosis, 2000 maníacos, La matanza de
Texas, Tourist Tramp o esa
humilde maravilla que es La oscura noche
del espantapájaros, por poner solo algunos ejemplos. La influencia de esta
cinta se encuentra incluso en fracasos tan poco conocidos como el film de 1983, Disconnected. [Spoiler:
Mulligan mantiene el suspense y la ambigüedad contínuamente a través de un uso
inteligente y muy preciso del montaje. Por eso, salvo algunos rápidos
movimientos de cámara, ambos hermanos nunca figuran juntos en el mismo plano].
viernes, 21 de febrero de 2014
Los valientes andan solos (Aka Lonely are the Brave)
3.5*
John W. Burns es un vaquero que
gana unos dólares cuidando vacas aquí y allá. Al enterarse de que un amigo suyo
ha sido encarcelado en un polvoriento pueblo de Nuevo México, por ayudar a unos
espaldas mojadas, decide acercarse a echarle una mano. Sin embargo, no consigue
convencer a su amigo para que se fugue de la cárcel con él por lo que debe huir
de la policía del condado. El sheriff
(Walter Mathau) comenzará a perseguirle y, poco a poco, se transformará en una
cacería. David Miller firma uno de sus mejores trabajos como director, con una
dirección solvente y sobria aunque no exenta de personalidad, con una
grandísima interpretación del trío protagonista (los mencionados más una
jovencísima y magnífica Gena Rowlands), un guión elegante y áspero de Dalton Trumbo y, por último, una magnífica BSO de Jerry Goldsmith, en uno de sus
primeros scores para el cine. Además,
el semi olvidado Philip Lathrop borda su trabajo con la cámara, fotografiando
espléndidamente tanto los interiores como los espacios abiertos. Una película
que comienza con humor (lo que recuerda a Cactus Jack) pero que, tras los créditos, se vuelve indómita porque refleja las
dificultades de adaptación a la vida moderna de una parte del pueblo
USAmericano. Finalmente, el film
guarda similitudes con Vidas rebeldes,
estrenada solo un año antes, aunque su planteamiento es más radical que la
crepuscular Junior Bonner y que La pradera sin ley. En este sentido, el
argumento contrasta la vida tradicional, basada en una concepción profesional
del trabajo y la fidelidad, con el convencionalismo de la vida modena, absurda,
mediocre y despersonalizada. Lo más curioso del film es que tiene algunas de las semillas cinematográficas que
luego germinarían en obras como Acorralado,
del gran Ted Kotcheff. Por su parte, Kirk Douglas despierta todas las simpatías
con un personaje hecho a medida de su enorme personalidad y carisma.
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Western
domingo, 6 de octubre de 2013
Poltergeist: fenómenos extraños
3.5*
Los Freeling viven en una hermosa casa de un barrio residencial
de un suburbio de California. Todo parece ir perfectamente hasta que comienzan
a producirse extraños sucesos en la casa. De hecho, Caroline, la hija pequeña
es abducida por la propia casa y se manifiesta a través del televisor, todo lo
cual apunta a la presencia de un Poltergeist. La espiral de sucesos
paranormales irá incrementándose por lo que la familia solicita la ayuda de un
equipo de parapsicólogos. Clásico del terror de 1982, dirigido por Tobe Hooper
tras realizar La matanza de Texas y
ya definitivamente absorbido por Hollywood, aunque la película no sería lo que
es sin la intervención de Steven Spielberg, tanto en labores de guión, como en
la produccion y en la dirección. El film
se erige como un retrato fiel de la forma de vida USAmericana en la
ultraconservadora década de los ochenta, aunque con ciertos apuntes liberales.
Por otro lado, la composición visual, la planificación y la amplitud de cámara
consiguen atrapar al espectador con una historia de casas encantadas en la que
toda la familia puede sentirse representada porque toda la familia participa en
su trama. Además, ha pasado a la historia del cine el personaje de Tangina, la medium, interpretado con inusual carisma
por Zelda Rubinstein, la protagonista de Angustia,
de Bigas Luna. La película cuenta con dos continuaciones (una dirigida por
Brian Gibson y la otra por Gary Sherman) y un remake reciente, todas de mucha menor calidad. Por cierto, Poltergeist se estrenó a la vez que E.T. El extraterrestre, relegando a La Cosa, de John Carpenter, a un segundísimo
plano, tanto en taquilla como en crítica. Extracinematográficamente hablando,
la película arrastra una misteriosa maldición.
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Zelda Rubinstein
viernes, 4 de enero de 2013
Los Gremlins
3.5*
No son los Critters. No son los Ghoulies. No son los
Goblins. Son los Gremlins, unos seres de origen asiático que tienen una
importante serie de handicaps: hay que cumplir una breve pero inflexible lista
de normas si queremos que convivan felizmente con nosotros. Y, si
se incumplen algunan de esas normas, las cosas pueden torcerse muy mucho. Un
alocado padre inventor regala a su hijo por Navidad un pequeño ser llamado
Gizmo (un Mogwai). Al poco rato, el descuido y las circunstancias hacen que el
entrañable ser se reproduzca y de origen a unas extrañas vainas (una especie de
huevos, como los de Alien o los de La invasión de los ladrones de cuerpos),
de las que, al cabo de un rato, emergen, como si de mariposas se tratase, unos seres ingobernables y muy bandarras. Si Gizmo representa el bien, estos
maléficos seres encarnan el mal (maniqueísmo moral muy en boga en la
ultraconservadora década de los ochenta y deudora directa de la moralina propia
de Star Wars y de las producciones made in Spielberg). Antes de Tim Burton,
Joe Dante ya regalaba a los espectadores fábulas morales navideñas, llenas de
maldad y subversión, duras en la superficie pero tiernas en el interior, y con
un mensaje poderoso y atemporal: los seres humanos somos mucho más infantiles
de lo que aparentamos. Por eso, no podemos hacernos cargo de cualquier forma de
vida que pueda caernos en las manos. Guiños cinéfilos a destajo, una BSO
conseguidamente creepy (de Jerry
Goldsmith, nada menos), una iluminación tenebrosa (subrayada por continuos
contrastes de color) y un acertado crescendo
redondean la entretenida y divertida propuesta, que tuvo su continuación.
miércoles, 25 de abril de 2012
La reencarnación de Peter Proud
2.5*
Crystal Lake es
algo más que el mítico lago donde Jason Vorhess murió ahogado en Viernes 13. Es también una de las
localizaciones de esta modesta película de suspense psicológico, que gira en torno a un
profesor universitario (Michael Sarrazin) que tiene unos extraños sueños
recurrentes, en los cuales no reconoce a ninguna persona ni a ningún lugar.
Para conseguir una explicación, visitará todo tipo de médicos y psicólogos. Sus
sospechas le harán considerar la idea de que quizá está siendo poseído por
alguien que murió tiempo ha (ahí es nada). J. Lee Thompson rueda esta cuasi inofensiva
historia de reencarnaciones ilógicas y venganzas renovadas en la que lo más
destacable es, sin duda, la presencia de la encantadora Jennifer O’Neill. A
destacar también las escenas eróticas, bastante atrevidas para la época,
especialmente una con Margot Lois Lane Kidder
en la bañera. Por otro lado, ni la música de Jerry Goldsmith, ni la fotografía
de Victor J. Kemper (experto en películas de naturaleza similar, como Ojos o Las dos vidas de Audrie Rose), ni el imprevisto final logran elevar
el film de su factura artesanal,
lastrada (además) por su excesiva duración, por varias escenas reiterativas y
por una trama que cae varias veces en el tedio.
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