Otra de esas gloriosas
radiografías sobre el poder (más adictivo que el sexo, más atractivo que el
dinero), realizada con mano firme por un Sidney Lumet que debía estar feliz en
ese momento de su carrera porque el film
pone los puntos sobre las íes pero
rápidamente los quita… Aún así, estamos ante una obra realmente estimable y una
de las mejores películas sobre el papel del marketing
y de la publicidad en el desenvolvimiento de las democracias representativas
contemporáneas o, como las llama Carl Schmitt, en estas nuestras democracias
liberales burguesas, que tanta importancia conceden al desarrollo oligárquico
de los partidos políticos y al desarrollo de las campañas políticas mediáticas.
El film muestra (aunque sin meter
demasiado el dedo en la llaga) cómo nos engañan los políticos, especialmente
cuando intentan acceder al poder, dirigidos por esos mercenarios de la imagen
que son los asesores. A destacar la labor del propio Gere, del gran E.G.
Marshall, de Gene Hackman (estos dos también comparten cartel en la maravillosa
Poder absoluto), de Fritz Weaver, de J.T.
Walsh, de Denzel Washington y de la gran Julie Christie. Como decía Enrique
Jardiel Poncela, “el que no se atreve a ser inteligente, se hace político”.
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domingo, 9 de abril de 2017
jueves, 19 de mayo de 2016
Oficial y caballero (Aka An Officer and a Gentleman)
3*
Buena parte del cine USAmericano
de los ochenta constituye una de las grandes maravillas del 7º arte. Ahí están
los maravillosos estudios cinematográficos de Douglas Brode para constatarlo. Y
una de sus características básicas fue la forma en que engarzó poderío visual,
análisis sociológico, buenas historias y música adecuada. Así, películas como Oficial y caballero, más allá de su
retrato sobre el durísimo entrenamiento militar, o más allá del enfrentamiento
entre un hijo putativo de los sesenta y su odioso sargento entrenador, se
transformó, gracias a su banda sonora (Up Where be Belong, un auténtico hit),
en uno de los primeros blockbusters
de la década, fama que siguió cosechando gracias al mercado del vídeo y gracias
a sus pases televisivos. Algo así como lo que le ha pasado a la insultante Pretty Woman. Por cierto, otro de los
pilares de su éxito fue la convincente historia de amor (lo del “caballero” del
título) entre un aspirante a soldadito y una working class hero. Viendo
el film, cualquier puede comprender
por qué se enamora Richard Gere de Debra Winger. Y, también, por qué se enamora
Debra Winger de Richard Gere. Y es que, en este punto, la sutileza y la riqueza
de Taylor Hackford da todo de sí para regalar al espectador un glorioso cuento
de amor (y pasión), además de una fábula sobre la superación personal. La del
hombre, claro. Que la mujer, con buscar al hombre adecuado ya tiene bastante
(por cierto, por si alguien no lo ha pillado, está última afirmación es un
auténtico sarcasmo). En fin, que tragedias a parte, Hackford no volvería a
conseguir otro éxito como este, aunque la crítica se rendiría ante su magnífica
Eclipse total (Dolores Clairbone).
viernes, 20 de febrero de 2015
Asuntos sucios
2.5*
Al agente Ávila (Andy Garcia) le asignan
su primera misión: investigar las posibles conexiones ilegales de Dennis
(Richard Gere), un seductor y atractivo policia de calle. Sobre esta manida
premisa, Figgis rueda un típico thriller
USAmericano de asuntos internos, con un Richard Gere particularmente
desubicado, aunque su personaje sea muy jugoso para este tipo de argumentos,
por el juego atracción/repulsión que provoca (un policia corrupto y sin
escrúpulos que tiene punch con todas
las mujeres). Por su parte, Andy Garcia vuelve a repetir con su casi sempiterno
papel de Italoamericano íntegro pero violento. Los dos, sim embargo, repiten
miradas, gestos faciales, entonaciones y formas de andar frente a la cámara. En
todo caso, Mike Figgis consigue rodar una película estimable (en una
filmografía bastante irregular), aun a costa de su naturaleza convencional. Y
lo logra afilando los salientes emotivos y sexuales de la historia pero también
llevando a los personajes casi hasta el abismo (un poco en la línea de Miami Vice). Para finalizar, puede ser
interesante analizar los distintos papeles que las mujeres juegan en la trama,
así como sus variadas representaciones fílmicas.
jueves, 18 de julio de 2013
American Gigolo
3.5*
No son pocos los thrillers
USAmericanos que, con la excusa de desvelar un crímen, radiografían una buena
parte de la sociedad del momento con sutileza y profundidad. En el caso de American Gigolo, el sospechoso de un
asesinato es Julian (Richard Gere), un individuo que vende su compañía y su savoir-faire a mujeres muy bien
posicionadas de la zona de Los Ángeles. Sin embargo, alguien parece haberle
tendido una trampa, con lo que comienza a recibir la visita del detective
Sunday (Hector Elizondo), que le acosa para que desvele su coartada así como
algunos secretos de su negocio. Una película fascinante en su primera parte,
tanto desde el punto de vista estético como narrativo, justo hasta que el
protagonista le confiesa a su nueva amante, Michelle (Lauren Hutton), el
problema en el que está metido. Pero la segunda parte desbarra un tanto al
intentar hacer interesante la investigación. Por otro lado, además de las
pesquisas policiales, por supuesto, Paul Schraeder escarba en la moralidad de
una sociedad que vive en un mundo de apariencias y que está podrida por dentro.
Diseñada por Ferdinando Scarfiott, la estética se enriquece al estar explícitamente
localizada a medio camino entre dos épocas, los sueños rotos de los setenta y
la implacable austeridad neoliberal de comienzos de los ochenta, un diseño de
producción minimalista y épico que antecede al de productos como Miami Vice o Heat. La presencia de símbolos, imágenes y referencias dispares
complementan la función: Giorgio Moroder, The
Warriors, The Police, John Hiatt,
Blondie, la música disco, el mundo
gay, el culto al cuerpo, varias veladas alusiones a la Guerra Fría y a Vértigo (de entre los muertos) y otras
más explícitas al mundo de la política. Aunque, en realidad, donde mejor
funciona el film es en el nivel de las pasiones, de la atracción sexual y del amor pero también en el de la
ambición, la culpa y la expiación.
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Thriller
jueves, 21 de marzo de 2013
Pretty Woman
1.5*
Epítome máximo del género chick flick y objeto de regocijo (e, incluso, de culto) para varias generaciones de mujeres
a ambos lados del Atlántico. ¿La razón? Pues que Pretty Woman materializa una idea tan absurda como peligrosa: hasta
una puta tiene derecho a vivir sin preocupaciones económicas y sin dar ni
golpe. Solo tiene que casarse con un rico (sic). Vivian Ward (una mediocre Julia Roberts)
ejerce como hooker en Beverly Hills. Edward
Lewis (un mediocre Richard Gere) es un caballerete de tres al cuarto que gana muchísimo
dinero subido a la ola del capitalismo más salvaje. En un momento dado, sus
caminos se encuentran y comienzan a jugar al “yo soy rico pero tímido” – “yo
soy pobre pero atrevida”. Y ahí está toda la sustancia de esta historia, una
historia que parece una actualización naive
de La Traviata, aunque en su origen
parecía que se iba a centrar en un drama sobre la vida de las prostitutas
californianas. El resto de elementos del film
(técnica y artísticamente correctos) están al servicio de la sublimación de
este falso cuento de hadas, comprensiblemente un éxito cinematográfico en toda
regla. Y es que el machismo más inconsciente sigue campando a sus anchas porque,
como diría Luce Irigaray, la presencia de una prostituta (algo que se puede "comprar") hace resaltar el hecho
de que el tipo de sexualidad mostrada en la película está definido por el punto
de vista masculino. Estupenda premisa, pues, para una película que ha triunfado entre las mujeres.
sábado, 22 de diciembre de 2012
Días del cielo
3.5*
Lo primero que hay que destacar de este film es su impresionante fotografía, de
esas que te llenan la retina y te obligan a dejar en segundo plano a la
historia. Con una amplísima gama de colores y luces pero con particular dominio
del ocre y de la “hora mágica”, al
estilo de Vermeer, Néstor Almendros consigue sacar todos los matices lumínicos a
una espiga de trigo a la vez que el claroscuro de una fiesta al calor de una hogera.
Francamente, Almendros logra su mejor trabajo, pletórico de ideas, trucajes e
innovaciones, algo que inspiraría el trabajo de fotografía de Tess. Por su parte, Terrence Malick escribe y dirige su segunda
película, una historía mínima, rodada en Canada, alrededor de la difícil vida
de una joven pareja de jornaleros que pretenden aprovecharse de un potentado
propietario al que cren enfermo. Hay que decir que el argumento se desarrolla a
comienzos del siglo XX y parece estar inspirado en una obra de Alejandro Dumas
padre. Por su parte, la historia mantiene fuertes pero solapadas resonancias
sociales e, incluso, bíblicas, lo que la emparenta con Las uvas de la ira. Los símbolos pueden parecer evidentes aunque
parcialmente contradictorios: la siembra y la cosecha como metáfora de la vida
y del paso del tiempo; la casa solitaria, del individualismo y de la familia.
Estética y visualmente, la película va variando y pasa, así, del retrato
agrícola de Grant Wood al naturalismo rural de Andrew Wyeth y de éste al
constumbrismo de un Norman Rockwell o al realismo expresionista de un Edward
Hopper. Buenas intepretaciones del trio protagonista (Richard Gere, Sam Sephard
y Brooke Adams) y de Linda Manz, en su primer papel. Ennio Morricone acompaña a
las imágenes y al argumento con una BSO que no destaca precisamente por su
fuerte personalidad, ni melódica ni armónicamente hablando, aunque, por lo
menos, regala múltiples cortes y una cierta variedad estilística, coherente con
la música diegética y la de créditos (blues, country, folk y Camille Saint-Saëns).
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