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domingo, 9 de abril de 2017

Power

3*

Otra de esas gloriosas radiografías sobre el poder (más adictivo que el sexo, más atractivo que el dinero), realizada con mano firme por un Sidney Lumet que debía estar feliz en ese momento de su carrera porque el film pone los puntos sobre las íes  pero rápidamente los quita… Aún así, estamos ante una obra realmente estimable y una de las mejores películas sobre el papel del marketing y de la publicidad en el desenvolvimiento de las democracias representativas contemporáneas o, como las llama Carl Schmitt, en estas nuestras democracias liberales burguesas, que tanta importancia conceden al desarrollo oligárquico de los partidos políticos y al desarrollo de las campañas políticas mediáticas. El film muestra (aunque sin meter demasiado el dedo en la llaga) cómo nos engañan los políticos, especialmente cuando intentan acceder al poder, dirigidos por esos mercenarios de la imagen que son los asesores. A destacar la labor del propio Gere, del gran E.G. Marshall, de Gene Hackman (estos dos también comparten cartel en la maravillosa Poder absoluto), de Fritz Weaver, de J.T. Walsh, de Denzel Washington y de la gran Julie Christie. Como decía Enrique Jardiel Poncela, “el que no se atreve a ser inteligente, se hace político”.

jueves, 19 de mayo de 2016

Oficial y caballero (Aka An Officer and a Gentleman)

3*

Buena parte del cine USAmericano de los ochenta constituye una de las grandes maravillas del 7º arte. Ahí están los maravillosos estudios cinematográficos de Douglas Brode para constatarlo. Y una de sus características básicas fue la forma en que engarzó poderío visual, análisis sociológico, buenas historias y música adecuada. Así, películas como Oficial y caballero, más allá de su retrato sobre el durísimo entrenamiento militar, o más allá del enfrentamiento entre un hijo putativo de los sesenta y su odioso sargento entrenador, se transformó, gracias a su banda sonora (Up Where be Belong, un auténtico hit), en uno de los primeros blockbusters de la década, fama que siguió cosechando gracias al mercado del vídeo y gracias a sus pases televisivos. Algo así como lo que le ha pasado a la insultante Pretty Woman. Por cierto, otro de los pilares de su éxito fue la convincente historia de amor (lo del “caballero” del título) entre un aspirante a soldadito y una working class hero. Viendo el film, cualquier puede comprender por qué se enamora Richard Gere de Debra Winger. Y, también, por qué se enamora Debra Winger de Richard Gere. Y es que, en este punto, la sutileza y la riqueza de Taylor Hackford da todo de sí para regalar al espectador un glorioso cuento de amor (y pasión), además de una fábula sobre la superación personal. La del hombre, claro. Que la mujer, con buscar al hombre adecuado ya tiene bastante (por cierto, por si alguien no lo ha pillado, está última afirmación es un auténtico sarcasmo). En fin, que tragedias a parte, Hackford no volvería a conseguir otro éxito como este, aunque la crítica se rendiría ante su magnífica Eclipse total (Dolores Clairbone).

viernes, 20 de febrero de 2015

Asuntos sucios

2.5*

Al agente Ávila (Andy Garcia) le asignan su primera misión: investigar las posibles conexiones ilegales de Dennis (Richard Gere), un seductor y atractivo policia de calle. Sobre esta manida premisa, Figgis rueda un típico thriller USAmericano de asuntos internos, con un Richard Gere particularmente desubicado, aunque su personaje sea muy jugoso para este tipo de argumentos, por el juego atracción/repulsión que provoca (un policia corrupto y sin escrúpulos que tiene punch con todas las mujeres). Por su parte, Andy Garcia vuelve a repetir con su casi sempiterno papel de Italoamericano íntegro pero violento. Los dos, sim embargo, repiten miradas, gestos faciales, entonaciones y formas de andar frente a la cámara. En todo caso, Mike Figgis consigue rodar una película estimable (en una filmografía bastante irregular), aun a costa de su naturaleza convencional. Y lo logra afilando los salientes emotivos y sexuales de la historia pero también llevando a los personajes casi hasta el abismo (un poco en la línea de Miami Vice). Para finalizar, puede ser interesante analizar los distintos papeles que las mujeres juegan en la trama, así como sus variadas representaciones fílmicas. 

jueves, 18 de julio de 2013

American Gigolo

3.5*

No son pocos los thrillers USAmericanos que, con la excusa de desvelar un crímen, radiografían una buena parte de la sociedad del momento con sutileza y profundidad. En el caso de American Gigolo, el sospechoso de un asesinato es Julian (Richard Gere), un individuo que vende su compañía y su savoir-faire a mujeres muy bien posicionadas de la zona de Los Ángeles. Sin embargo, alguien parece haberle tendido una trampa, con lo que comienza a recibir la visita del detective Sunday (Hector Elizondo), que le acosa para que desvele su coartada así como algunos secretos de su negocio. Una película fascinante en su primera parte, tanto desde el punto de vista estético como narrativo, justo hasta que el protagonista le confiesa a su nueva amante, Michelle (Lauren Hutton), el problema en el que está metido. Pero la segunda parte desbarra un tanto al intentar hacer interesante la investigación. Por otro lado, además de las pesquisas policiales, por supuesto, Paul Schraeder escarba en la moralidad de una sociedad que vive en un mundo de apariencias y que está podrida por dentro. Diseñada por Ferdinando Scarfiott, la estética se enriquece al estar explícitamente localizada a medio camino entre dos épocas, los sueños rotos de los setenta y la implacable austeridad neoliberal de comienzos de los ochenta, un diseño de producción minimalista y épico que antecede al de productos como Miami Vice o Heat. La presencia de símbolos, imágenes y referencias dispares complementan la función: Giorgio Moroder, The Warriors, The Police, John Hiatt, Blondie, la música disco, el mundo gay, el culto al cuerpo, varias veladas alusiones a la Guerra Fría y a Vértigo (de entre los muertos) y otras más explícitas al mundo de la política. Aunque, en realidad, donde mejor funciona el film es en el nivel de las pasiones, de la atracción sexual y del amor pero también en el de la ambición, la culpa y la expiación. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Pretty Woman

1.5*

Epítome máximo del género chick flick y objeto de regocijo (e, incluso, de culto) para varias generaciones de mujeres a ambos lados del Atlántico. ¿La razón? Pues que Pretty Woman materializa una idea tan absurda como peligrosa: hasta una puta tiene derecho a vivir sin preocupaciones económicas y sin dar ni golpe. Solo tiene que casarse con un rico (sic). Vivian Ward (una mediocre Julia Roberts) ejerce como hooker en Beverly Hills. Edward Lewis (un mediocre Richard Gere) es un caballerete de tres al cuarto que gana muchísimo dinero subido a la ola del capitalismo más salvaje. En un momento dado, sus caminos se encuentran y comienzan a jugar al “yo soy rico pero tímido” – “yo soy pobre pero atrevida”. Y ahí está toda la sustancia de esta historia, una historia que parece una actualización naive de La Traviata, aunque en su origen parecía que se iba a centrar en un drama sobre la vida de las prostitutas californianas. El resto de elementos del film (técnica y artísticamente correctos) están al servicio de la sublimación de este falso cuento de hadas, comprensiblemente un éxito cinematográfico en toda regla. Y es que el machismo más inconsciente sigue campando a sus anchas porque, como diría Luce Irigaray, la presencia de una prostituta (algo que se puede "comprar") hace resaltar el hecho de que el tipo de sexualidad mostrada en la película está definido por el punto de vista masculino. Estupenda premisa, pues, para una película que ha triunfado entre las mujeres.


sábado, 22 de diciembre de 2012

Días del cielo

3.5*

Lo primero que hay que destacar de este film es su impresionante fotografía, de esas que te llenan la retina y te obligan a dejar en segundo plano a la historia. Con una amplísima gama de colores y luces pero con particular dominio del ocre y de la “hora mágica”, al estilo de Vermeer, Néstor Almendros consigue sacar todos los matices lumínicos a una espiga de trigo a la vez que el claroscuro de una fiesta al calor de una hogera. Francamente, Almendros logra su mejor trabajo, pletórico de ideas, trucajes e innovaciones, algo que inspiraría el trabajo de fotografía de Tess. Por su parte, Terrence Malick escribe y dirige su segunda película, una historía mínima, rodada en Canada, alrededor de la difícil vida de una joven pareja de jornaleros que pretenden aprovecharse de un potentado propietario al que cren enfermo. Hay que decir que el argumento se desarrolla a comienzos del siglo XX y parece estar inspirado en una obra de Alejandro Dumas padre. Por su parte, la historia mantiene fuertes pero solapadas resonancias sociales e, incluso, bíblicas, lo que la emparenta con Las uvas de la ira. Los símbolos pueden parecer evidentes aunque parcialmente contradictorios: la siembra y la cosecha como metáfora de la vida y del paso del tiempo; la casa solitaria, del individualismo y de la familia. Estética y visualmente, la película va variando y pasa, así, del retrato agrícola de Grant Wood al naturalismo rural de Andrew Wyeth y de éste al constumbrismo de un Norman Rockwell o al realismo expresionista de un Edward Hopper. Buenas intepretaciones del trio protagonista (Richard Gere, Sam Sephard y Brooke Adams) y de Linda Manz, en su primer papel. Ennio Morricone acompaña a las imágenes y al argumento con una BSO que no destaca precisamente por su fuerte personalidad, ni melódica ni armónicamente hablando, aunque, por lo menos, regala múltiples cortes y una cierta variedad estilística, coherente con la música diegética y la de créditos (blues, country, folk y Camille Saint-Saëns).