El título del film resume a la perfección de qué va la
película: de dinero y de pelotas. De pelotas de baseball, se entiende. El argumento se basa en la típica situación
cíclica a la que tienen que enfrentarse todos los clubs del mundo: los Athletics,
un equipo de Oakland, frente a San Francisco, jubila a 3 jugadores importantes
a los que hay que buscarles sustituto. El general
manager del equipo (Brad Pitt) conoce a un joven licenciado en económicas
de Yale (Jonah Hill) al que contrata para que le asesore en el proceso de
recompra de varios nuevos jugadores. Y, en vez de seguir a los ojeadores y
asesores del equipo, se deja llevar por las estadísticas del economista novato
y reinventa el deporte nacional USAmericano. La película es uno de los cantos
del cisne sobre el deporte de Joe DiMaggio, lo que pasa es que toma dos
estrategias un tanto contradictorias: por un lado, intelectualiza el juego,
mitificando a los individuos que mueven los hilos del negocio. Por otro lado,
apuesta por una filosofía del segundón, del relegado, ya que el motor del capitalismo
también se mueve con piezas descartadas que no quiere nadie. Segundas
oportunidades, cultura del esfuerzo personal y del trabajo en equipo (individualmente
liderado, eso sí), obsesión por el mundo laboral. En fin, todo lo que una buena
película para televisión sobre el tema podría tener pero multiplicado por un
presupuesto gigante (que incluye la presencia de Joe Satriani tocando el Star-Spangled Banner, o la de Robin Wright o la del recientemente fallecido Philip Seymour Hoffman) y por un guión sorkinizado a tope. Sin más. Un vaso de escupideras que se
mueve entre la experiencia, la intuición, la vida familiar y las matemáticas. Y
el aburrimiento. Ahh, y al parecer está basada en hechos reales, la repanocha
del cine telefilmico. Sí, ese que
según se termina de ver se olvida.
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viernes, 4 de marzo de 2016
Moneyball: Rompiendo las reglas (Aka Moneyball)
2.5*
Etiquetas:
2011,
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Baseball,
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Drama,
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Joe Satriani,
Moneyball: rompiendo las reglas,
Philip Seymour Hoffman,
Robin Wright
sábado, 15 de febrero de 2014
Mis 5 imprescindibles de Philip Seymour Hoffman:
-
Happiness
(1998).
-
Owning
Mahowny (2003).
-
Truman
Capote (2005).
-
La
familia Savages (2007).
-
The
Master (2012).
martes, 17 de septiembre de 2013
El último concierto
3*
Las simplificaciones alrededor de la música clásica
abundan por doquier. De hecho, pocas son las obras de arte que retratan con
fidelidad la complejidad (y, a veces, la sencillez) del mundo de la creación y
de la interpretación musicales, sin mistificaciones gratuitas. Por ejemplo, Ian
McEwan ofrece unas páginas maravillosas en su novela Amsterdam, un auténtico must
para todo aquel interesado en estos temas. En este caso, el director novel Yaron
Zilberman intenta radiografiar las relaciones humanas y profesionales que
existen entre los miembros de una veterana formación, en las fases de
preparación de una de las obras más densas del viejo Beethoven, el cuarteto
para cuerda Op. 131. Lo que el espectador contempla es una sucesión de lugares
comunes, tópicos y desvirtuaciones alrededor de un grupo de intérpretes que
intentan cauterizar sus maltrechos egos y sus frustraciones personales escarbando
en una partitura muy compleja, armónica y melódicamente hablando. Una partitura
que aparece como una metáfora de la propia vida, por cierto. El film se basa en un guión que intenta
resumir varias (si no todas las) presiones a las que se ven sometidos los músicos
profesionales, en una dirección sobria que recuerda al Woody Allen de Maridos y mujeres, así como en el trabajo
de los actores. Sin embargo, en este punto, poco hay que destacar, salvo el extraordinario
trabajo de Philip Seymour Hoffman, un actor siempre a la altura de sus
personajes pero que, en este caso, como el resto del reparto, no termina de sentirse
cómodo con un instrumento de cuerda en sus manos. A pesar de todo lo dicho, la película
se hace disfrutable por varios motivos e, incluso, emociona en ocasiones.
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Enfermedad,
Música,
Philip Seymour Hoffman,
Yaron Zilberman
miércoles, 18 de abril de 2012
Los idus de marzo
3*
Son muchas las películas que se han acercado al mundo de la
política con la intención de denunciar sus vicios y de iluminar sus sombras. Los
ejemplos perfectos podrían ser El
político, de Robert Rossen, o El candidato, de Michael Ritchie. Sin embargo, son pocas las que, finalmente,
te pueden producir las ganas de dedicarte a tan apasionada como turbia profesión. Los Idus de marzo, dirigida y
protagonizada por George Clooney, es una de ellas. Y no lo decimos como un
ataque sino como la constatación de que, en política (una profesión ya de por
sí ambigua e inestable), o se tienen las ideas claras o la confusión puede
campar a sus anchas. Clooney nos cuenta la historia de una asesor de campaña,
en plenas primarias del partido demócrata, que es arrastrado a una trampa política que le puede costar el puesto. Aún así, consigue utilizar los lazos
sueltos de la moral para chantajear a uno de sus superiores y, así,
materializar sus sueños profesionales. Con una dirección muy austera, parca en travellings y en movimientos de cámara,
y manejando a la perfección el ritmo, Clooney ofrece una mezcla admirable de
cine punzante pero entretenido, repleto de referencias a la política
usamericana y sin ningún tipo de afectación trágica. Incluso aparece un homenaje (una especie de cara B) al discurso de Patton la víspera del día D. Sin embargo, no alcanza
más nota por lo previsible de su trama y por caer en algún que otro tópico
(como el de la becaria o el de la periodista aprovechada). Maravillosa
interpretación de los secundarios Paul Giamatti y, sobre todo, de esa máquina
de persuasión llamada Philip Seymour Hoffman. Por su parte, Ryan Gosling está
correcto en todo momento.
viernes, 24 de febrero de 2012
La guerra de Charlie Wilson
3*
El creador de la exitosa serie de TV El ala oeste de la Casa Blanca y guionista de La red social, Aaron Sorkin, fue la persona elegida para escribir un
guión (a partir de la documentada obra de George Crile) sobre los tejemanejes
políticos del congresista texano Charlie Wilson (Tom Hanks) para incrementar el
presupuesto de los EE.UU. en sus operaciones en Afganistán, asesorado por un
agente de la CIA de oscuro pasado. Sin embargo, de hecho, dichas operaciones
apoyaban una guerra encubierta contra la presencia soviética en la zona (guerra que ha sido mitificada
en la ultraconservadora Rambo 2). Por
su parte, lo que hace Mike Nichols es contar esa historia de una manera
simplista, maniquea y mostrando un claro posicionamiento político en favor de
la lucha contra el comunismo, posicionamiento que consigue ser relajado,
subrepticiamente, mediante una inteligente estrategia consistente en mezclar conversaciones
sobre asuntos técnicos y militares, negociaciones políticas de alto nivel,
viajes a tutiplén y fiestas y juergas varias para crear la apariencia de normalidad
y producir el siguiente argumento: los políticos son gente normal (no llevan
una vida normal, es verdad, pero sus rasgos son los mismos que los de la gente
normal: predilección por las mujeres hermosas, respeto por la religión y por la
tradición, una ligera dipsomanía, admiración por los profesionales y por las
personas francas y directas, etc.). Por lo tanto, sus acciones son normales y, por
supuesto, sus consecuencias serán normales. Ergo
buenas. Y aquí esta el problema. Que la película está tan comprometida en este
argumento que, al final, debe dejar caer una crítica (si bien limitada) en el
único punto flaco de la historia, según la perspectiva narrada. Pero para eso
el lector debe ver la película (si no lo ha hecho ya) y sacar sus propias
conclusiones. Por lo demás, la historia cuenta con dos buenas interpretaciones,
la de Seymour Hoffman y la de Amy Adams, mientras que el personaje de Julia Roberts no solamente
es un poco repelente sino que, además (y extra cinematográficamente hablando) la
belleza de la actriz está francamente desaprovechada. El resto de elementos
técnico-artísticos, a la altura de la producción.
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