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viernes, 29 de noviembre de 2013

El mago de Oz (Aka The Wizard of Oz)

4*
Dedicada a Jennifer Vegas

Desde hace más de sesenta años, El mago de Oz es la adaptación canónica de la novela de L. Frank Baum (cuya principal novedad respecto al texto original es su naturaleza musical), una obra maestra del cine fantástico y un divertimento philosophique en toda regla, apto para todas las edades (aunque francamente dirigido a un público juvenil, a diferencia de Alicia en el país de las maravillas, con la que guarda, a propósito, varias similitudes). Una película deliciosa, repleta de personajes, situaciones y escenarios excéntricos, que bascula entre la fábula moral y la sátira social y con un exquisito sentido de lo maravilloso (la bruja del Este, la Ciudad Esmeralda, el camino de baldosas amarillas, el propio Mago de Oz, etc.). El film tiene un diseño de producción delicioso, apuntalado por un saturado uso del Technicolor, repleto de esa mágica estética USAmericana que parece inspirada en una mixtura entre la obra de W.W. Denslow, Norman Rockwell, Maxfield Parrish y Arthur Rackham. Los actores seleccionados no conforman la flor y nata de la interpretación hollywoodiense de la época pero cumplen con creces sus respectivos roles. Judy Garland, por su parte, arrasa con su maravillosa Dorothy y, ademas, ha dejado para la posteridad una de las mejores versiones del Over the Rainbow, compuesto para la BSO (aunque hay muchas excelentes versiones posteriores, por supuesto). Por otro lado, el resultado final, el que disfrutamos en pantalla, no muestra el enorme conjunto de problemas y dificultades que sufrió la elaboración de este film (nótese, por ejemplo, la cadena de directores que tomaron el control del proyecto en distintas fases de su producción, desde Richard Thorpe hasta Victor Fleming, por ejemplo). Mervyn LeRoy, por tanto, hizo un buen trabajo tras bambalinas. Como curiosidad, el alma mater de la ELO, Jeff Lyne, compuso un disco progresivo conceptual inspirándose en el mismo material, El Dorado. Por cierto, Sam Raimi acaba de estrenar una nueva versión del mundo de Oz.




viernes, 14 de diciembre de 2012

Alicia en el país de las maravillas

3.5*
 
Uno de los clásicos de la época dorada de The Walt Disney Company, dirigido por el autor de varios éxitos de la productora, Clyde Geronimi, con la colaboración de dos pesos pesados de la compañía, Hamilton Luske y Wilfred Jackson. Si en todas las historias de la Disney aparece la típica concepción conservadora de la vida, propia del fundador de la compañía (llegando al estereotipo femenino y al machismo de Blancanieves y los siete enanitos y La bella durmiente o a la glorificación de la ética protestante del trabajo en Tiempo de melodía), en esta narración es relativamente difícil (aunque no imposible) encontrar una cierta visión conformista de la realidad detrás de la fachada subversiva y surrealista de la trama, respetuosa, eso sí, con el espítiru de las dos novelas originales de Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo), aunque amputadas en más de una parte. Así, se quedan fuera múltiples trabalenguas, los poemas nonsense (defendidos por Chesterton), varios personajes y capítulos, los juegos lógicos, las referencias ajedrecísticas, algunas reflexiones retorcidas sobre la realidad y los sueños, etc. Además, el argumento de las dos novelas está mezclado y la trama tiene varios añadidos, cosecha de la casa. En todo caso, el trabajo de animación es impresionante aunque el diseño de personajes esté inspirado, claramente, en la obra del ilustrador original, John Tenniel. Por otro lado, la popularidad de los caracteres (ese sombrerero loco que recuerda a Bertrand Russell), la riqueza de los colores (filmados en Technicolor) y los sorprendentes gags visuales (como el que señala Martin Gardner sobre la Oruga) hacen de la película una experiencia inolvidable (mucho más que la reciente y saturada opera burtoniana), una experiencia que el ritmo y la música no hacen sino acompañar deliciosamente. Y todo ello en poco más de 70’. Hay partes, por cierto, que serán recuperadas por el imaginario de Jim Henson mientras que otras recuerdan a El mago de Oz.