Adaptación de El Horla de Guy de
Maupassant, con la misma estética que las películas del ciclo de Roger Corman
sobre la obra de E.A. Poe, aunque con un ingrediente moralista. Vincent Price
realiza un papel, como siempre, soberbio y la función se rodea de hermosas
actrices (como la explosiva Nacy Kovack) y solventes secundarios. Los FX
resultan un tanto acartonados pero simpáticos y la ambientación es
suficientemente acertada. En todo caso, la historia se podía haber contado en
unos minutos menos. Además, el climax
final es de lo más frustrante que pueda haber. Para una buena adaptación de
Maupassant, es mejor acudir al clásico de Ophüls, El placer.
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domingo, 9 de abril de 2017
martes, 31 de enero de 2017
La mansión encantada (Aka The Haunting)
3.5*
Cuatro individuos se dan cita en
la malvada mansión Crain, de Nueva Inglaterra, para estudiar supuestos fenómenos
sobrenaturales que parecen producirse en su interior, ya que la vieja casa
arrastra una oscura maldición que el doctor Montague pretende esclarecer. Como
es sabido, la trama de este film se
basa en la novela neogótica de Shirley Jackson, a la que sigue con mucha
fidelidad y delicadeza, como ha destacado Stephen King. Por eso, no es de
extrañar la presencia de varios personajes propios de una mente femenina de la
segunda mitad del siglo XX (como el de Eleanor, pero también el del doctor Markway).
De hecho, la propia Shirley Jackson asesoró al director, Robert Wise, como
también lo haría Ira Levin con la adaptación de Roman Polansky de La semilla del diablo. El argumento hay
que situarlo en la tradición de las casas encantadas, hechizadas (es decir,
casas poseídas por espíritus o almas en pena, por maldiciones o por la
depravación de sus antiguos propietarios), aunque el personaje central no es la
Spooky Mansion, sino la débil mente
de Eleanor Vance (lo que permite que la comparemos con el clásico Los intrusos, de Lewis Allen, y con The Unknow, de Henry Levin). Discípulo
de Val Lewton, y eficaz en casi todos los géneros, Wise sostiene el relato
gracias a una puesta en escena (encuadres, juegos de cámara, travellings, iluminación) tan suntuosa
como opresiva, en la línea de The Innocents, de Jack Clayton. Por otro lado, la
música subraya más el carácter psicológico de la trama que sus componentes terroríficos o de suspense. Finalmente, sorprende la presencia del pequeño de
los Pontipee, Gideon (Russ Tamblyn). Un auténtico hit del cine de terror clásico.
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jueves, 29 de septiembre de 2016
Fellini, ocho y medio (8½) (Aka 8½ Otto e mezzo)
4*
Marcelo, ese periodista arquetípico
de La dolce vita, es “ahora” un
director de cine que, en plena crisis de inspiración, pone en marcha una nueva
película. El productor, el guionista, los actores, las actrices, los técnicos, todos
los implicados en la misma le acosan para que defina, cuanto antes, su nueva
obra, una obra que tiene lazos fantásticos y de Ciencia Ficción, sobre un
Holocausto termonuclear. Federico Fellini abandona definitivamente su previo
neorrealismo en pos de un nuevo estilo, una mezcla de costumbrismo arrebatado, esperpento
all'italiana, unas
gotitas bien dosificadas de surrealismo simbólico, metaficción y esa especie de
realismo ambiguo, de “realismo mágico”, que será la característica primordial del resto de su filmografía. En
pantalla, y con la ayuda de un blanco y negro pulcro y prodigioso, se suceden
una serie de situaciones y acontecimientos, aparentemente arbitrarios, pero
que, poco a poco, van dibujando una historia que, desvaneciendo los límites
entre la realidad y la ficción, habla de la creación, del pasado, de la
identidad, de la memoria colectiva y del amor. Una historia que impresiona al
espectador mediante una puesta en escena vanguardista que alterna entre la
sobriedad, el plano secuencia (ese que tanto amó Berlanga), pequeños
movimientos de cámara a contrapelo (que tanto gustan a Scorsese), una
profundidad de campo apasionante (que seguro que Kubrick conocía muy bien) y el
abigarramiento estético y moral puramente felliniano.
En definitiva, el canto del cisne del cine de su autor, una película compleja y
rica que logra vertebrar, como ninguna otra de su filmografía, casi todos los
elementos y obsesiones de su autor. 10 años después, y frente a una tesitura
parecida, Federico volvería a asombrar con la más popular Amarcord, igualmente poseedora de una BSO deliciosa del gran Nino
Rota.
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domingo, 14 de agosto de 2016
El último de la lista (aka The List of Adrian Messenger)
3*
Por un lado, cada uno de los 11
miembros de una lista de nombres están muriendo en extrañas circunstancias,
aparentemente accidentales. Por otro, un tal Alfred Messenger muere en un
accidente de aviación y sus últimas palabras son escuchadas por un veterano de
guerra. Ambos hechos darán pié a que un antiguo miembro del Servicio de
inteligencia británico, Anthony Gethryn (George C. Scott) se ponga a investigar
los sorprendentes sucesos, lo que le llevará, nada menos, que a escarbar en
asuntos hereditarios de la nobleza inglesa. Tras Vidas rebeldes y Freud,
pasión secreta, John Huston dirige una sorprendente película que nunca figura
entre sus grandes obras pero que merece ser recordada. No es una película de
espías. No es una película de asesinatos. No es exactamente un thriller. Es, más bien, una película de
detectives. Con un interesante misterio por resolver. Y, sobre todo, es un film de embozos y caretas, que propone
un divertido juego con el espectador: el de ir reconociendo, tras sus disfraces
y maquillajes, a un nutrido plantel de actores: Kirk Douglas, Burt Lancaster,
Robert Mitchum, Frank Sinatra, Tony Curtis. Atención al discurso que sobre el
mal se marca el gran Kirk Douglas, así como a ese apunte animalista durante la
cacería del zorro. En Inglaterra, a propósito de esta última cuestión, no
escasean los Pubs del countryside que se llaman “The Fox Goes Free”. Por algo será.
lunes, 6 de junio de 2016
Los farsantes
3*
Crónica de la España de provincias de comienzos de los sesenta y retrato de una compañía de teatro
ambulante que se dedica a viajar, de pueblo en pueblo, representando todo lo
que se pone a tiro. En un momento particularmente conflictivo, el grupo tiene
que aceptar pasar una noche divirtiendo a un grupo de personas pudientes, que
intenta humillarles y aprovecharse de ellos (la escena del streeptease forzado
es un auténtico social hit). Mario
Camus sigue apuntalando la veta del cine neorrealista español, con toques
naturalistas y elementos melodramáticos (con su consiguiente trama de atracción
y amor), a propósito de la apertura mental de la farándula en contraposición a
la sociedad que la envuelve. No por casualidad, el guionista fue Daniel Sueiro.
Sin destacar especialmente por nada, la película se erige como una de las más rotundas
radiografías de la España franquista, ahí donde la Iglesia y el fascismo
conformaban los pilares de una sociedad hipócrita, mezquina y de miras
insultantemente cortas. Varios años después, el gran Fernando Fernán Gómez se
apuntaría un tanto con su particular recreación de la farándula en plena
dictadura con su melancólico El Viaje a
ninguna parte. Y, claro, esta obra de Camus estaba, seguro, en su mente y
en su corazón, aunque, curiosamente, no la menta en sus memorias, El tiempo amarillo.
sábado, 28 de mayo de 2016
Estos son los condenados (Aka The Damned)
3*
La Guerra Fría y su epítome
máximo, el Holocausto nuclear, han sido dos de las últimas pruebas fehacientes
de que la humanidad está gobernada por una pandilla de matones indeseables, por un grupo de sociópatas avariciosos. En
todo caso, como fenómenos históricos reales, ambos acontecimientos han
condicionado buena parte del contenido de nuestras más recientes
representaciones colectivas y, con ello, de nuestras producciones culturales,
literarias, teatrales, poéticas, literarias. Y ello durante varias generaciones.
La Hammer, bajo la extraña y sorprendente dirección de Joseph Losey, produce
una película de ciencia ficción mezclada con la delincuencia juvenil, con la malévola
sencillez de quien hace una pequeña tarta de manzana para luego rellenarla de
sangre. La premisa del argumento, así como su desarrollo, es algo que se
aconseja sea descubierto por el espectador deseoso de ampliar su experiencia
vital. Entre el estreno de Eva y el
rodaje de El sirviente, Losey recibió
el encargo de rodar una historia del guionista Jamaicano Evans Jones (¡sí, el
mismo de Wake in Fright!), que recrea
una Inglaterra donde la gente se mueve entre la distopia institucional y el
masoquismo personal, entre la inevitabilidad de un plan diabólico y el heroísmo
fútil, como sugiere Colin Gardner en su revelador estudio sobre la filmografía
del director USAmericano. El montaje paralelo no hace sino ir reforzando estas
realidades que se cruzan y retroalimentan.
lunes, 28 de marzo de 2016
Young Sánchez
3*
Sin lugar a dudas, la mejor
película española sobre el mundo del boxeo, un auténtico Rocky penínsular aunque con más mala sangre y más análisis social,
es decir, con el típico púgil ingenuo y los característicos managers corruptos. Mario Camus, en esta
su segunda película, acoge en su mundo cinematográfico las menos de 30 páginas
de un relato original del gran Ignacio Aldecoa y las estira para transformarlas
en una historia visual, con un montaje excelente, sobre un candidato a boxeador
profesional que vive en un barrio proletario de la Barcelona de los sesenta. No
sería la primera vez que el Camus director plasma la obra realista, naturalista
y poética del gran escritor vasco (las otras dos serían Los pájaros de Baden-Baden y Con
el viento solano). Pero lo destacable de este film es que el guión, escrito por el propio director, desarrolla
una historia de perdedores que solo se encontraba en germen en el texto
original. El dramatismo de la historia se subraya por una dirección seca, sin
mayores alardes y decoraciones, lo cual sintoniza con una pista sonora sin
música, como si de un documental se tratara. Excelente interpretación de un
actor que nuestro querido Carlos Aguilar ha llamado el “bello tenebroso”,
Julián Mateos.
lunes, 11 de enero de 2016
El gran McLintock
2.5*
John Ford, John Wayne y Maureen O’Hara forman una mezcla efervescente. Lo demostraron en esa obra maestra que
viene siendo El hombre tranquilo, un film que, comparado con el prestigio y
admiración que despierta en la actualidad, en realidad, pasó sin pena ni gloria
el año de su estreno (de las 7 nominaciones que recibió, solo consiguió 2 Oscar
y, de ellos, uno técnico). En 1952, Cautivos
del mal, Solo ante el peligro, Moulin Rouge y El mayor espectáculo del mundo se llevaron el gato al agua. Pues
bien, varios años después, en 1963, Andrew V. McLaglen volvió a reunir a las
dos estrellas para intentar repetir el éxito de Ford, con azotes incluidos,
pero trasplantando buena parte del argumento al género Western y, sobre todo,
invirtiendo parcialmente los caracteres de los personajes e, imprimiendo al
conjunto, un mayor aire cómico y festivo. El resultado fue El gran MacLintock, una película simpática pero decididamente
menor, tanto en concepto como en acto. De las 5 películas que ambas leyendas de
la interpretación rodaron juntas, esta es, quizás, la menos consistente, la más
oportunista, la más paródica. Además de ser la penúltima. La siguiente, su
despedida como pareja prototípica de una forma de hacer cine y, sobre todo,
como una forma machista y paternalista de vivir la vida, sería El gran Jack, de 1971.
lunes, 27 de julio de 2015
Nunca pasa nada
3.5*
En un pueblo entre Palencia y
Burgos, quintaesencia de una buena parte de la España franquista de los años
sesenta, mezquina y estrecha de miras, en donde siempre parecen andar
atravesando camiones de un lado a otro, una joven francesa de la farándula es
abandonada por su compañía de variedades debido a una apendicitis. Este
intrascendente hecho moviliza un conjunto de pequeños movimientos en el tablero de juego del pueblo: el médico se enamora de la vedette mientras el profesor de francés del pueblo se enamora de la
mujer del médico. Tras la magnífica Muerte
de un ciclista, Juan Antonio Bardem vuelve a ese cine social
y sociologizante, en la línea de Calle
mayor, para describir, mediante su dominio del plano secuencia, un cuarteto
de pasiones y pulsiones, con claras referencias a una modernidad bien entendida
(el antifascismo francés, Vicente Aleixandre, Lo que el viento se llevó, etc.). Con cierto aire literario (a lo
Aldecoa, aunque obra de Alfonso Sastre) y con una partitura excelente, a cargo
de Georges Delerue (nada menos), Bardem parece prefigurar ese cine
pequeñoburgués del primer Chabrol, donde las personas parecen moverse entre el
convencionalismo insípido, las más, y sus deseos frustrados, las menos, en un
mundo ya de por sí oprimido y opresor. No se sabe si el audio del film fue deficientemente grabado o que
está mal conservado pero, en ocasiones, no se escucha con claridad el diálogo
de los personajes. Si te gustaron las dos películas mencionadas en esta
pastilla, no evites regalarte el visionado de esta pequeña obra de relojería,
llena de imágenes de un simbolismo crítico sin igual aunque oscurecida por la
fama de las otras dos así como por el fracaso comercial que sufrío en el
momento de su estreno. El médico protagonista, por cierto, parece, por momentos, una versión visual del Andrés Hurtado de El árbol de la ciencia.
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Vida rural
sábado, 16 de mayo de 2015
Mis 5 imprescindibles de Federico Fellini:
-
Los inútiles (1953).
-
La dolce vita (1960).
-
Fellini 8½ (1963).
-
Satiricón (1968).
-
Amarcord (1973).
sábado, 31 de enero de 2015
Mis 5 partituras imprescindibles de John Addison:
- Tom Jones (1963).
- Mujeres en Venecia (1967).
- La huella (1972).
- Un puente lejano (1977).
- El fantasma de la Ópera (1990).
lunes, 22 de septiembre de 2014
Corredor sin retorno (Aka Shock Corridor)
3.5*
Para conseguir descubrir quién
ha matado a un interno, el entregado periodista Johnny Barrett se
hace pasar por un obseso sexual para así ser ingresado en una institución
mental, aun en contra de la voluntad de su cómplice pareja, una bailarina de streaptease. Una vez dentro, deberá
continuar con la pantomima y, a la vez, interrogar a tres testigos del
asesinato con la intención de sonsacarles el nombre del asesino. Samuel
Fuller controla su particular e histriónico estilo, con una ironía
maravillosa: una historia de locos que está rodada de una forma humilde,
sencilla e, incluso, clásica, ya que cuenta con una puesta en escena de las más
contenidas de toda la filmografía del director. Rodado en B&W, con una fotografía
excelente de Stanley Cortez, sin embargo algunas de las
alucinaciones de los personajes están rodadas en color. Unos personajes que,
por cierto, desvelan varias de las obsesiones y, por tanto, de las paranoias
del pueblo USAmericano de la época, de esa “América sombría” de la que ha
hablado Miguel Marías: la Guerra de Corea, la industria
nuclear y el racismo. La película cuenta con unas interpretaciones gigantescas,
especialmente la del protagonista, un casi desconocido Peter Breck. Como la
cita de Eurípides del comienzo del film,
Fuller parece gritar que la ambición destruye, sobre todo la ambición
desmedida. Una de las mejores películas sobre la línea que separa la normalidad
de la locura, como Alguien volo sobre el nido del cuco o La novena
configuración.
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