Un hombre que se acaba de suicidar, es seleccionado por un
equipo de científicos para probar una extraña máquina del tiempo. La idea es
regresar al pasado justo un año antes y volver al presente un minuto después de
comenzado el experimento. Pero el viaje se complica y el sujeto revive casi de
arriba abajo su relación con Catrina, una mujer a la que ha amado y odiado a la
vez. Resnais, después de sus extraordinarias reflexiones sobre la memoria y el
tiempo (Hiroshima, mon amour y El año pasado en Marienbad), presenta
una obra mucho más accesible que, curiosamente, fue un auténtico fracaso
crítico-comercial en su época. Siguiendo la premisa de Godard sobre la
narración e inspirándose en la obra de Borges, Resnais presenta la historia de
una relación a través del poder selectivo y conformador de los recuerdos. Por
eso, en el fondo, es una historia de amor, contada con la personal habilidad
cinematográfica de Alain Resnais. Vista ahora, aparece como un film seminal para una buena parte de la
ciencia ficción contemporánea y, especialmente, para la obra de David
Cronenberg (atención a la máquina del tiempo en cuestión, pionero ejemplar de
las materializaciones inspiradas en The
New Flesh) y para la de Michel Gondry (en particular, para su Olvídate de mí). Muy bien rodada, muy
bien montada y bien interpretada, Te
quiero, te quiero se alza como una de las mejores realizaciones del
director francés en los años convulsos de las revueltas sesentayochistas. Guión
del interesante autor de Sci-Fi,
Jacques Stenberg, y música del siempre vanguardista Krzysztof Penderecki. Por
cierto, una puntualización. La inmensa totalidad de las películas pueden
pastillerarse comenzando con la palabra “un” o “una” y siguiendo con el resumen
del argumento.
Mostrando entradas con la etiqueta Tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tiempo. Mostrar todas las entradas
domingo, 24 de noviembre de 2013
martes, 10 de julio de 2012
El sanatorio de la clepsidra
3.5*
Alucinada y
barroca producción polaca, de 1973, fiel al estilo de su director, Wojciech
J. Has, que sigue la línea glorificada en su obra maestra El manuscrito encontrado en Zaragoza, en cuanto a la concepción del
argumento se refiere (enmarañado, laberíntico, poliédrico), pero también en cuanto a la
puesta en escena, a la composición de los planos, al movimiento de cámara y a
las interpretaciones, absolutamente entregadas. La trama es de una riqueza y de
una ambigüedad admirable, si bien no es apta para toda clase de espectadores, como el Malpertuis de Jean Ray.
Cuenta la historia de un hombre que llega a un extraño y decrépito sanatorio
donde se encuentra convaleciendo su padre. A partir de esta premisa, se sucede
toda una serie de escenas y espejos, en los que se mezcla la realidad, la
fantasía y lo onírico, en busca de sentido, en busca de una representación
adecuada del tiempo, para lo cual Has confecciona un buen puñado de elaborados
planos secuencia. Con una mezcla surrealista y carnavalesca de motivos y de temas (propia de la
visión cabalística y kafkiana del mundo) así como con referencias bíblicas, la
película cuenta con una riqueza visual y simbólica que puede llegar a desconcertar,
como cuando se contempla El viaje de
Chihiro. En este sentido, hay que recordar la imaginería del autor de la novela original, Bruno Schulz. En especial, los frescos que realizó en la casa de Felix Landau, su protector nazi. Por su parte, autores como Terry Gillian han sentido fuertemente la influencia de esta clase
de cine.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







