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domingo, 24 de noviembre de 2013

Te quiero, te quiero (Aka Je t'aime, Je t'aime)

3.5*

Un hombre que se acaba de suicidar, es seleccionado por un equipo de científicos para probar una extraña máquina del tiempo. La idea es regresar al pasado justo un año antes y volver al presente un minuto después de comenzado el experimento. Pero el viaje se complica y el sujeto revive casi de arriba abajo su relación con Catrina, una mujer a la que ha amado y odiado a la vez. Resnais, después de sus extraordinarias reflexiones sobre la memoria y el tiempo (Hiroshima, mon amour y El año pasado en Marienbad), presenta una obra mucho más accesible que, curiosamente, fue un auténtico fracaso crítico-comercial en su época. Siguiendo la premisa de Godard sobre la narración e inspirándose en la obra de Borges, Resnais presenta la historia de una relación a través del poder selectivo y conformador de los recuerdos. Por eso, en el fondo, es una historia de amor, contada con la personal habilidad cinematográfica de Alain Resnais. Vista ahora, aparece como un film seminal para una buena parte de la ciencia ficción contemporánea y, especialmente, para la obra de David Cronenberg (atención a la máquina del tiempo en cuestión, pionero ejemplar de las materializaciones inspiradas en The New Flesh) y para la de Michel Gondry (en particular, para su Olvídate de mí). Muy bien rodada, muy bien montada y bien interpretada, Te quiero, te quiero se alza como una de las mejores realizaciones del director francés en los años convulsos de las revueltas sesentayochistas. Guión del interesante autor de Sci-Fi, Jacques Stenberg, y música del siempre vanguardista Krzysztof Penderecki. Por cierto, una puntualización. La inmensa totalidad de las películas pueden pastillerarse comenzando con la palabra “un” o “una” y siguiendo con el resumen del argumento. 

martes, 10 de julio de 2012

El sanatorio de la clepsidra

3.5*
 
Alucinada y barroca producción polaca, de 1973, fiel al estilo de su director, Wojciech J. Has, que sigue la línea glorificada en su obra maestra El manuscrito encontrado en Zaragoza, en cuanto a la concepción del argumento se refiere (enmarañado, laberíntico, poliédrico), pero también en cuanto a la puesta en escena, a la composición de los planos, al movimiento de cámara y a las interpretaciones, absolutamente entregadas. La trama es de una riqueza y de una ambigüedad admirable, si bien no es apta para toda clase de espectadores, como el Malpertuis de Jean Ray. Cuenta la historia de un hombre que llega a un extraño y decrépito sanatorio donde se encuentra convaleciendo su padre. A partir de esta premisa, se sucede toda una serie de escenas y espejos, en los que se mezcla la realidad, la fantasía y lo onírico, en busca de sentido, en busca de una representación adecuada del tiempo, para lo cual Has confecciona un buen puñado de elaborados planos secuencia. Con una mezcla surrealista y carnavalesca de motivos y de temas (propia de la visión cabalística y kafkiana del mundo) así como con referencias bíblicas, la película cuenta con una riqueza visual y simbólica que puede llegar a desconcertar, como cuando se contempla El viaje de Chihiro. En este sentido, hay que recordar la imaginería del autor de la novela original, Bruno Schulz. En especial, los frescos que realizó en la casa de Felix Landau, su protector nazi. Por su parte, autores como Terry Gillian han sentido fuertemente la influencia de esta clase de cine.