Alfred Hitchcock tiene una de
las filmografías más absorbentes de la historia del cine. A pesar de sus
continuas manipulaciones, errores y macguffins,
el orondo director ha conseguido pergeñar un buen puñado de obras maestras, atestadas
de una poderosísima fuerza visual. Hitchcock sabía contar una historia, crear
el suspense, retorcer sus tiempos, encadenar situaciones, mantener el misterio y la ambigüedad.
En esta película, por ejemplo, hay unas cuantas escenas narradas de una forma sincrética
al alcance de muy pocos (las tomas de transición de la primera parte del film, por ejemplo), un muestrario
completo de encuadres (incluyendo un plano wellesiano del dormitorio de la
pareja protagonista) o con un uso del movimiento de cámara que dice más de lo
que muestra (como ese travelling circular
alrededor de Gregory Peck). De una sutileza psicológica maravillosa (atención a
las conversaciones entre Gregory Peck y Ann Todd) la película cuenta con una
Alida Valli, de origen aristocrático, que convence con su papel de mujer fría y
extrañamente serena. Por cierto, es de justicia destacar a los secundarios
(Charles Coburn, Ethel Barrimore, Louis Jourdan y Charles Laughton, nada
menos). El espectador perspicaz, como el propio François Truffaut, podría
preguntarse, ¿pero quién ha seleccionado el casting?
Efectivamente, Selznick impuso casi todo el reparto, lo que produce no pocas
reticencias en el espectador. Sin embargo, el resultado final es absorvente y admirable, aunque el desarrollo de la historia pueda parecer un tanto
previsible e, incluso, pueda hacerse un tanto pesado. Hay películas cuya trama
no se debería explicar. Esta es una de ellas: mejor véanla, aunque sea una obra menor, y amplien su alma.
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domingo, 9 de marzo de 2014
El proceso paradine
3.5*
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Intriga
miércoles, 5 de junio de 2013
El asesino poeta
3*
Lured, en su
título en inglés, es uno de los primeros thrillers en la historia del cine sobre una investigación policial que sigue
escrupulosamente las pistas enviadas por un serial
killer que, además, se inspira nada menos que en Charles Baudelaire. Un
asesino poeta que solo persigue a mujeres jóvenes y bonitas y frente al cual
está el inspector Harley Temple, interpretado nada menos que por Charles Coburn
(que volvería a trabajar con
Douglas Sirk en la comedia ¿Has visto a
mi chica?) y, a su lado, Sandra Carpenter, una joven, bonita y recién
contratada detective que servirá como cebo (de ahí el título original). Para
ello tendrá que presentarse a todos los anuncios de contacto, método que, al
parecer, usa el asesino para conocer a sus víctimas. Algunas características destacables
de esta película son: un cuarteto de característicos de excepción (George
Sanders, Boris Karloff, Lucille Ball y el propio Charles Coburn), una narración
típica del Star System (es decir, pletórica
en su desarrollo y concisión y con un aprovechamiento perfecto de las elipsis)
y, finalmente, una intriga que se sigue con interés gracias al perfecto dominio
del suspense y al poder sugerente de un Londres creado en estudio, misterioso y
siniestro. Sin embargo, también presupone la forzada distracción del espectador
por lo que, en determinadas ocasiones, el desarrollo es un tanto predecible.
Por cierto, es un remake de una
película del gran Robert Siodmak.
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Thriller
domingo, 21 de abril de 2013
¿Alguien ha visto a mi chica?
3*
El
multimillonario Samuel Fulton (Charles Coburn) decide dejar su fortuna a los
herederos vivos de quien fue su único amor. Previamente a la formalización del
testamento, se hace pasar por John Smith, un pobre pintor, para averiguar la
forma de vida y el carácter de sus legatarios, dando pie a todo tipo de situaciones
en las que la enseñanza moral mutua será la regla y no la excepción. Una
estupenda comedia de comienzos de los cincuenta (con ligeros toques musicales
aquí y allá) pero que se desarrolla a finales de los años veinte, con ese
espíritu propio del cine de Frank Capra. Douglas Sirk comienza a despuntar en
la disección de las clases medias y altas usamericanas (especialmente de sus
vicios, defectos e imperfecciones) y en el tratamiento de los decorados, la luz
y el color como transmisores de emociones y de significado. No por casualidad,
Sirk había sido alumno aventajado del gran teórico Erwin Panofsky y había
elaborado un trabajo sobre las relaciones iconológicas entre la pintura
medieval y los miracle plays. Tres
curiosidades: en la película se menciona un film de William Wyler de 1928, Anybody Here Seen Kelly?; la BSO tiene
una melodía que recuerda a El Mago de Oz;
y James Dean aparece fugazmente en una escena de la película.
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