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martes, 18 de octubre de 2016

Mis 5 imprescindibles de Sam Peckinpah:


-       Duelo en la alta Sierra (1962).
-       Grupo salvaje (1969).
-       La balada de Cable Hoge (1970).
-       Quiero la cabeza de Alfredo García (1974).
-       La cruz de hierro (1977).

jueves, 29 de septiembre de 2016

Los aristócratas del crímen (Aka The Killer Elite)

2.5*

Una película menor de un director mayor. El argumento es el consabido para esta clase de producciones: un mercenario traicionado y herido que, al recuperarse, tiene la ocasión de vengarse y de hacer su último trabajo. Una especie de Daredevil de Frisco (James Caan) es el mercenario. Robert Duvall, el estibador, el traidor. Y los consabidos jefes sin escrúpulos. La misión: proteger a un político japonés de sus enemigos ninjas. La primera hora del film es estupenda, apunta maneras y crea un buen clima de tensión. Sin embargo, la segunda hora es un barco a la deriva y hace aguas por varios costados (agujeros de guión, diálogos caricaturescos, diversas situaciones humorísticas que rozan el ridículo, un montaje precipitado, etc.). En todo caso, Peckinpah acierta al importar al asesino japonés embozado al thiller USAmericano, años antes de las películas de ninjas de la Cannon, así como al fotografiar a un San Franciso setentero hermoso y luminoso. Por lo demás, ni siquiera el habitual compositor de la casa, Jerry Fielding, resulta especialmente inspirado en esta obra que parece haber sufrido las típicas amputaciones de la filmografía del director. 

jueves, 27 de febrero de 2014

Perros de paja (Aka Straw Dogs)

3*

En esa línea de cine controvertido que le hizo famoso entre la década de los sesenta y setenta, Sam Peckinpah adapta para la pantalla una novela de Gordon Williams, a la que le añade escenas de contenido sexual y mucha violencia, lo que causó no pocos problemas a la distribución de la película (especialmente con la British Board of Film Censors, BBFC). La historia es de una simplicidad aplastante, en la misma medida que las pasiones y razones que mueven a los personajes: una pareja se traslada a vivir a una zona rural de Inglaterra (Cornualles), donde pronto comenzarán a sufrir el acoso y las humillaciones de parte de sus vecinos. Los dos personajes protagonistas (interpretados por Susan George y Dustin Hoffman) precipitan con sus actitudes celosas y ambiguas algunas de las situaciones, a lo que hay que añadir el comportamiento pusilánime de Hoffman y la limitación intelectual de George, así como la falta de recursos emocionales de ambos. Por otro lado, el estallido de violencia final no consigue convencer al espectador aunque la música de Fielding sí que consigue crear ese apropiado ambiente de claustrofobia y tensión mediante un adecuado uso del timbre y la orquestación, como sugiere Salvador Batlle. La historia ha conocido alguna que otra adaptación (como La violencia del sexo), así como un mediocre remake, dirigido en 2011 por Rod Lurie (el autor de la interesante Nothing but the Truth). 




lunes, 25 de marzo de 2013

Keoma

2.5*

Sucia, embarrada y arbitraria reactualización de varios clásicos del Spaghetti, especialmente de Por un puñado de dólares y, sobre todo, de Django, con el típico rambling man interpretado por Franco Nero aunque, esta vez, con más energía y vello que nunca. Enzo G. Castellari, dándose cuenta de que no se podía estirar más el Euro Western (hablamos de 1976), apostó por lo que Carlos Aguilar ha llamado la brutalización del género, añadiéndole un malsano nihilismo. Y, al mismo tiempo, apuesta por el sinsentido narrativo, de un argumento plagiado hasta la saciedad, pero que, en este caso, se mueve entre flashbacks y recuerdos alucinados. Sin embargo, aún habriamos de contar con otros epílogos de parecida ralea, como Mannaja (El valle de la muerte), de Sergio Martino. En el terreno cinematográfico, junto a constantes homenajes al estilo de Peckinpah, Castellari ofrece varios sofisticados pero gratuitos movimientos de cámara (como ese travelling interminable alrededor de una conversación), inusitados encuadres y un montaje abrupto. Y aquí está una de las pocas virtudes del film: la creatividad visual, patente en 2 o 3 escenas que sorprenden por su imaginativa bizarría (el ejemplo sería la escena en la que se identifican 4 balas con 4 dedos y éstos con 4 víctimas). La BSO, de los hermanos De Angelis, acierta en la letra pero no en el tono, ofreciendo una partitura que aunque no tropiece con la imagen, sí acaba rechinando por sus constantes efectos turbadores, como en el cuarto final, con los gritos de un parto de fondo. Por cierto, de tan bien que salió la jugada, el subgénero tuvo que ser enterrado.



domingo, 15 de julio de 2012

Mis 5 imprescindibles de Ernest Borgnine:


-       Marty (1955), de Delbert Mann.
-       Los vikingos (1958), de Richard Fleischer.
-       Grupo salvaje (1969), de Sam Peckinpah.
-       Sunday in the Country (1974), de John Trent.
-       1997 rescate en Nueva York (1981), de John Carpenter.


miércoles, 28 de marzo de 2012

No habrá paz para los malvados

3.5*

Una dura historia sobre un policía trasnochado y autodestructivo, que va un paso por delante de todo el cuerpo y justo uno por detrás de una trama de terrorismo islámico. Con fuertes pero digeridos ecos del Pekcinpah de Quiero la cabeza de Alfredo García y La huída, de ese Jean Pierre Melville antiheróico y del Siegel de Harry el sucio, Urbizu consigue su mejor trabajo hasta la fecha, en un film negro y fiero que sobresale por una iluminación homogénea y exquisita. Cada plano (incluidos los generales) está equilibradamente compuesto, cada escena convenientemente planificada, cada línea de guión es una parte acerada de un engranaje que funciona, tanto en el nivel de la trama como en el del suspense, tanto en el retrato de personajes (verosímiles aún en sus ropas arquetípicas) como en la representación de un mundo sucio, desgastado, implacable: el Madrid del siglo XXI. Salvo por algún que otro bajón rítmico, cierta confusión argumental y una BSO cuasi invisible que, paradójicamente, se nota cuando está (es decir, no acompaña, no enriquece la historia; en este punto, probablemente, haya también un problema con el sonido directo), la película es un dignísimo thriller con decenas de detalles que la hacen grande y más compleja de lo que a primera vista puede parecer. Coronado se gana al espectador con su conseguido mimetismo en el papel central, Santos Trinidad, mientras que el resto de actores cumplen con su papel (y ahí es nada) apuntalando una historia que se construye, básicamente, con imágenes, no con diálogos, como algunos de los mejores westerns.



jueves, 9 de febrero de 2012

Grupo salvaje

5*
 
Sin lugar a dudas, la obra maestra de Sam Peckinpah y una de las mejores películas de la historia del cine, de una fuerza descomunal. The Wild Bunch (en su título original) no es un western arropado por las convenciones clásicas del género sino que es una película insurrecta, donde la historia y, sobre todo, los personajes desmitifican casi todas las convenciones previas. En este sentido, el film entronca con la crisis y con la desilusión USAmericana de la época y, también, con esa sombra del sueño americano: la figura del perdedor (pero de un perdedor que se sacrifica, al menos, por un ideal ético y contra la explotación y la crueldad humanas). Por eso se la ha calificado de crepuscular aunque podría ser preferible hablar de mexican western, en la línea de Veracruz, Bandido, Yo soy la revolución, ¡Agáchate maldito! o Los compañeros. Con un diseño de producción que potencia la belleza de lo miserable, de lo sucio y de lo imperfecto (obra de Edward Carrere), Peckinpah exprime al máximo a sus espléndidos actores protagonistas, a esa compacta y genial cuadrilla de secundarios (encabezados por un soberbio Warren Oates), a sus colaboradores técnico-artísticos (excelente fotografía de Lucien Ballard, renovador montaje de Lou Lombardo y soberbio score de Jerry Fielding), y, sobre todo, a un guión magníficamente escrito (pletórico de ideas y motivos), de una sutileza admirable, de una emoción infecciosa y de una complejidad vital, humana y social, que se expande hasta un nivel pocas veces alcanzado en el género. Tanto el comienzo como el final (de una violencia cinematográfica inusual hasta el momento, 1969) han pasado merecidamente a la historia del cine.