Mostrando entradas con la etiqueta Artes marciales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Artes marciales. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de abril de 2017

Impacto final (aka Final Impact)

1.5*
Cine cenutrio en toda regla. Una especie de versión ramplona de El color del dinero (con toques de Rocky, por supuesto) pero ambientada en el mundo del kick boxing. En el film, un Lorenzo lamas especialmente chandalero y hortera hace de un ex campeón mundial traumatizado, medio adicto al peloti, que acoge a un chaval joven para intentar llevarle a lo más alto de su disciplina de combate y, encima, contra aquel que le arrebató el título. Por supuesto, el campeonato se desarrolla en esa ciudad ociosa y frívola que es las vegas, testosteroneizada a tope y putera como pocas. Por el camino, el Lamas sorprenderá al espectador con un gatillazo en toda regla e, incluso, con otra paliza en toda la jeta, adelantándose a la imagen auto irónica de un JCVD (aunque a la cola de la tradicional desmitificación de un Clint Eastwoodo un Burt reynolds). Pero, sin embargo, su pupilo tendrá la oportunidad para vengar tamaña vejación en su masculinidad. Varios cachitas de polígono y varias mujeres de silicona complementan la función.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Golpe en la pequeña china (Aka John Carpenter's Big Trouble in Little China)

2.5*

Como decía Chesterton, una aventura es algo que nos sucede, algo que nos agarra y nos escoge, no algo que escogemos nosotros. Sobre esta premisa, John Carpenter levantó, a mediados de los ochenta, en glorioso Panavision, su gran oda a la aventura, a una aventura descontrolada, urbana y mística, en la que la filosofía china, las artes marciales, la magia negra e, incluso, un halo fantástico impenitente, tienen un punto en común: el personaje de Jack Burton, un alter ego de Kurt Russell, bastante fanfarrón, bruto y mentecato. La excusa argumental gira en torno al rapto de una muchacha china por parte de una extraña secta de gángsteres. Su pareja y su mejor amigo deciden salir en su búsqueda y, al hacerlo, irán siendo sumergidos en los callejones y las mansiones más extrañas del barrio Chino de San Francisco, un mundo irreal, ilógico y aterrador, como el creado por Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas. En todo caso, aunque la película comience con un acicate individual, poco a poco se va transformando en la típica película hawksiana de grupo, tan querida por el maestro de Carthage. Situaciones inesperadas a raudales, acción sin descanso, diálogos de la ESO, humor desnudo, monstruos y mucha, mucha imaginación, juegan a su favor. En su contra, algunas escenas inverosímiles, algunos FX obsoletos y una BSO un tanto repetitiva. En cualquier caso, un pequeño clásico del cine de aventuras de la ultraconservadora década de los ochenta (tan pródiga en panfletos de un conservadurismo machacón e ideológicamente ramplón), pero que, sin embargo, en este caso, no disfrutó del éxito de taquilla como otros films de la 20th Century Fox, como Tras el corazón verde, o de la Paramount, como Indiana Jones y el templo maldito. El problema es que, salvo a un público muy juvenil, la película no fue capaz de transmitir verdadero terror o pavor a los espectadores de la época.

martes, 21 de julio de 2015

The Wandering Swordsman (Aka You Xia Er)

3.5*

Entrega de la mítica productora Shaw Brothers, de 1970, y dirigida por el prolífico y admirado director hongkonés Chang Cheh, que tiene en su haber auténticas maravillas de las artes marciales (como El espadachín manco) y del cine de kung fu. Rodada íntegramente en Movietown (los estudios de la productora), la historia gira en torno a un espadachín errante que se topa con la ocasión de enfrentarse a una banda de malhechores mientras intenta encontrar un tesoro con la ayuda de una luchadora. Además de la cuidada fotografía, la cuasi fantástica ambientación y gotas de humor irónico, el film abandona definitivamente el llamado “old-fashioned martial arts style”, caracterizado por un didactismo ramplón (donde los buenos son los mejores y los malos, además de feos, los más peores), unos bajos presupuestos y un vestuario demodé. La acción y las coreografías, por cierto, se sostienen sobre una absorbente concepción del espacio y de la puesta en escena, al margen de grandilocuencias técnicas o frenéticos montajes que engañan la mente del espectador contemporáneo. 

viernes, 11 de abril de 2014

El furor del Dragón

2.5*
 
El joven Tang (Bruce Lee) llega a Roma donde una amiga acaba de inaugurar un restaurante. Sin embargo, una panda de maliciosos gangsters karatecas les intentan hacer la vida imposible para apropiarse del local, por lo que Tang deberá rasgarse su camiseta, emitir extraños sonidos con la boca y mostrar su pericia marcial. Un argumento archiconocido y repetido hasta la saciedad (algo que haría las delicias de Heidegger y Kierkegaard) y que es llevado a la pantalla por la estrella de las artes marciales, Bruce Lee, el cual, además, interpreta su sempiterno personaje arquetípico: el del salvador de restaurantes chinos y héroe por accidente. Con una puesta en escena repleta de aspectos chirriantes y una coreografía que deja mucho que desear (falta de tensión, golpes repetitivos y defectos de coordinación de todo tipo), el film, sin embargo, se ha convertido en una obra de culto dentro del mundillo del Kung Fu, precisamente por la lucha final, en el Coliseo Romano, entre Bruce Lee y Chuck Norris (por entonces, campeón del mundo de Karate de los pesos medios): un combate que está rodado y montado con cierto suspense y pericia, aun a costa de varios encuadres corregidos y de esos fastidiosos zooms típicos de los setenta. Por cierto, fue el penúltimo papel cinematográfico del mítico luchador-filósofo de San Francisco.

lunes, 23 de julio de 2012

Las 36 cámaras de Shaolin

3.5*

Matrix nos mostró lo fácil que puede ser aprender Kung Fu si se pudiera implantar una técnica de combate mediante la instalación de un programa informático en el cerebro. Sin embargo, inexorablemente, las artes marciales requieren disciplina y años de práctica. La cultura milenaria china conoce muy bien este hecho y, por eso, abundan las películas que narran los distintos pasos en la adquisición de dicho arte. Chia Liang Liu, prolífico actor y stunt coordinator de la productora de los Hermanos Shaw, regaló a los fans del género esta historia sobre un aspirante a monje guerrero Shaolin, que se encuentra en lucha contra los Manchús de Cantón. La primera hora es un tanto convencional pero la segunda parte, que muestra las distintas fases del entrenamiento del protagonista (de ahí el título) y la materialización de su venganza, es tremendamente atractiva y poderosa. Además, el sentido del humor hace presencia en las ocasiones pertinentes. La historia cuenta con el protagonismo del legendario Gordon Liu, hermano adoptivo del director y conocido por su papel de Pai Mei en Kill Bill Vol. 2, y con extraordinarias coreografías, como es habitual en los films de los productores hongkoneses, que, además, están rodadas con elegancia y respeto, es decir, alargando las tomas y las escenas y sin hacer un uso ilegítimo del montaje. En este sentido, la utilización del Shaw Scope es apropiadísimo. Para terminar, la película abunda en el uso mágico de los decorados, como en la maravillosa The Wandering Swordsman, del gran Chang Cheh, aunque los exteriores decepcionan por su falta de espectacularidad.