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viernes, 30 de diciembre de 2016

Metrópolis (Aka Metropolis)

4.5*
Dedicada a Orit

Una de las obras maestras del cine de ciencia-ficción de todos los tiempos, Metrópolis se alza como un monumento a la imaginación humana más crítica y visionaria. A través de la elaboración detallada de una distopia, Lang y von Harbou, su mujer, retratan un mundo futuro en el que el capitalismo ha definido con precisión las clases sociales y ha creado un mundo en el que los ricos y los pobres se enfrentan inexorablemente. Pero es un mundo en el que también hay espacio para el amor. Para un amor redentor, como el que luego marcaría la diferencia en Matrix. Para un amor milenarista y judeo-cristiano y, por lo tanto, un amor revolucionario. Para un amor sincero y transversal. Mucho se ha hablado de los efectos especiales (cortesía del engranaje de la UFA), del estilo fílmico expresionista (pionero y desolador, en manos de Karl Freund) o de la música que ha acompañado a varios de sus reestrenos o reediciones (como la versión con el score de Giorgio Modorer) pero poco se ha hablado de la historia y de la enorme lupa cáustica que sus autores pusieron sobre la Europa de entreguerras, una Europa que estaba siendo asolada por el fascismo, por el capitalismo de estado, por una lucha de clases irredenta y por los pilares económico-culturales de la sociedad de masas. Una Europa que ha sido retratada por genios como Walter Benjamin, Siegfried Kracauer o Joseph Roth. Y por genios como Fritz Lang o Thea von Harbou quienes, en esta maravilla visual y moral, dejaron un monumento fílmico a la posteridad de cualquier época y lugar.

jueves, 29 de octubre de 2015

Solo se vive una vez (Aka You Only Live Once)

4*

En una entrevista con Jean-Luc Godard (titulada El dinosaurio y el bebé), Fritz Lang afirmaba que entre ellos dos hay una diferencia sustancial: en una escena de El desprecio (enorme colaboración entre ambos directores y un homenaje de Godard a su maestro), Lang hubiera rodado la escena del accidente, mostrándolo, mientras que Godard rueda las consecuencias de dicho accidente, con Palance y Bardot entre el coche que conducían y los dos camiones contra los que han chocado. Pues eso, si Godard rueda las consecuencias de la acción, Lang rueda la acción en sí. Y dejaría en fuera de plano sus consecuencias. Y en esta película que Pastilleamos hay muchas acciones, pasan muchas cosas. Estamos ante una de esas típicas historias pesimistas del viejo director alemán, una de esas historias en las que el destino encarna una pérfida función. El director de Metrópolis desarrolla las peripecias de los protagonistas (un ex presidiario, acusado de un crimen que no ha cometido, y su reciente joven esposa) con esa precisión y economía de medios característica de su filmografía. Aunque no renuncia a ciertos planos, a ciertas escenas, rodadas con un monóculo expresionista y aire de cigarro Bresson. Henry Fonda y Silvia Sidney bordan sus interpretaciones y, además, como fue propio de una industria en la que orbitaron miles de talentos, el director se rodea de tipos como Alfred Newman, quien compone una estupenda partitura, que subraya el carácter melodramático del film pero también su inexorable desarrollo. Segunda película rodada en los Estados Unidos por un director que huyó de la Alemania de Hitler y de Goebbels y, sin duda, una de sus más implacables visiones de su país de acogida, en particular, y de la naturaleza humana, en general. Un final aterrador, por cierto. Como desde otro punto de vista, lo fue el de La noche de los muertos vivientes.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Espíritu de conquista (Aka Western Union)

3.5*

Western monocular, irónico y distanciado, rodado con la típica concreción de medios por el inmigrante progresista Fritz Lang, huido del nazismo, ese cáncer que asoló la Europa de Entreguerras y que la precipitó a la mayor guerra que ha sufrido la Humanidad. De hecho, el film fue estrenado durante la 2ª Guerra Mundial y un poco antes de la entrada de los EE.UU. en la misma. Bien, dicho esto, ¿qué tenemos entre manos? Pues una historia relativamente típica del género (un género obsesionado con la venganza). ¿Cuál? La expansión del Eastern Progress por los territorios fronterizos del Oeste (en este caso, no es el ferrocarril o las líneas de diligencias, sino la telegrafía de la Western Union). Sobre la poderosa inspiración del gran Zane Grey, Lang edifica una película elegante y sofisticada, alejada de muchos de los tópicos del género y, por lo tanto, con muchos ingredientes que sorprenden al espectador contemporáneo (fíjense, por ejemplo, en ese vaquero que cuida de la salud de sus caballos o en el encuentro con las tribus indias o, en fin, en ese atípico final, fuera de campo, como suele ser habitual en el cine del maestro vienés). Rodada inmediatamente después de esa otra maravilla que fue La venganza de Frank James, la producción tiene unos movimientos de cámara y unos encuadres que casi ya no se han vuelto a ver en el cine (aunque sí en el cómic): auténticas maravillas cinematográficas. Un film subvalorado y que necesita una urgente recuperación.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Mis 5 directores "tuertos" imprescindibles:


-       John Ford.
-       Fritz Lang.
-       Samuel Fuller.
-       Raoul Walsh.
-       André de Toth.


viernes, 30 de mayo de 2014

El tigre de Esnapur

3.5*

Primera parte del díptico de aventuras que Fritz Lang rodó tras su regreso a Berlín después de su exitoso paso por Hollywood. Constituye una acertada simbiosis de aventuras, exotismo, un ligero pero contundente erotismo y ciertas dosis de misterio. La historia gira en torno al maharajá Chandra, que contrata a un arquitecto alemán para que construya en su país escuelas y hospitales. El maharajá está enamorado de una bailarina del templo (Debra Paget), que es salvada por el propio arquitecto antes de llegar a Esnapur, con lo que se gana su corazón. Por su parte, Chandra debe sufrir el rechazo de la bailarina y, además, un complot que se está organizando en contra suya en su mismo palacio. La historia es continuada cronológicamente en La tumba India, mucho más famosa que este film pero ligeramente inferior, tanto en concepción (con varios fallos de guión) como en ejecución (un poco más plomiza y contradictoria). Por cierto, el argumento original proviene de una versión anterior, de 1938, con un guión escrito, entre otros, por la mujer de Lang, Thea von Harbou. Además de crear una paraíso para el desarrollo de la aventura (Esnapur) y gracias a una dirección artística prodigiosa, Lang consiguió insuflar a la historia un apropiado tono clásico, incluso épico. Asimismo, logró esbozar una escena que roza el auténtico terror (hasta que se descubre el misterio, eso es verdad). En definitiva, una auténtica maravilla para los sentidos y el intelecto, a años luz de algunos pastiches actuales que se autodenominan de aventuras y, más bien, son versiones arqueológicas de historias de superhéroes.

 

jueves, 31 de mayo de 2012

Mis 5 directores sin Oscar imprescindibles:



-       Howard Hawks,
-       Alfred Hitchcock.
-       Orson Welles.
-       Fritz Lang.
-       Stanley Kubrick.

martes, 1 de mayo de 2012

El desprecio

4*
 
Libérrima adaptación de la novela de Moravia, El desprecio es una sofisticada y magistral radiografía de un matrimonio en crisis en el fascinante ambiente de un rodaje cinematográfico. Michel Piccoli es contratado por un productor (Jack Palance) para reescribir el guión de una adaptación de La Odisea que va a dirigir Fritz Lang. Tanto en las negociaciones como en el propio rodaje le acompaña su mujer (Brigitte Bardot), que despierta la atracción del productor. Como en el Viaggio en Italia de Rosselini, Godard opta por un estilo solemne pero no exento de innovación, erigido -en este caso- a base de elaborados planos secuencia en CinemaScope, con comportamientos y diálogos vacilantes, ambiguos, a través de los cuales los personajes van, poco a poco, revelando sus verdaderas intenciones y motivos, siempre de una forma sutil e inteligente. Magníficas interpretaciones del cuarteto protagonista para una historia que se convierte en una nostálgica mirada sobre la admiración y el aprecio como bastiones del amor. Se transforma, así, en una auténtica Odisea del (des)amor. Sobre un refinado erotismo emerge y gravita la cinefilia de Godard, que desborda casi cada plano y cada diálogo del film, desde Río Bravo hasta Psicosis, desde M hasta Hatari!, pasando por los homenajes a los míticos estudios Cinecittà y al mismo director de Los verdugos también mueren, mentada en la historia por partida doble. Finalmente, El desprecio puede ser interpretado como una radiografía de la situación del cine a comienzos de los sesenta.