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lunes, 23 de febrero de 2015

Pequeño gran hombre (Aka Little Big Man)

3.5*

Western realmente atípico, rodado por Arthur Penn a mitad de su carrera y con una portentosa interpretación de Dustin Hoffman en el papel de Jack Crabb, único superviviente de Little Big Horn. La película comienza con los recuerdos del propio Crabb, a los 121 años de edad (por cierto, su maquillaje como anciano recuerda a uno posterior, en La matanza de Texas), lo cual ya induce al espectador a relajar su exigencia de verosimilitud y/o realismo respecto de todo el flash-back en que consiste la película. De hecho, el film entero es una fabula satírica, no exenta de nostalgia, sobre la conquista del Far West, por parte del hombre blanco y a costa de los distintos pueblos indios, con los que se colisiona de una forma desigual e inexorable. El argumento está estructurado sobre distintos sketchs (más o menos autosuficientes, aunque finalmente relacionados), en los que el protagonista va personificando distintos oficios (desde indio a trampero, pasando por pistolero o borracho), va conociendo distintos personajes y va visitando distintas batallas famosas. La moraleja de la historia es que el hombre blanco no es propiamente un “ser humano”, de lo cruel y destructivo que se comporta. Precisamente por esto, quizás, podemos explicar el casi olvido al que se ha sometido a esta producción, basada en una magnífica novela de Thomas Berger (publicada en castellano por la insigne editorial Valdemar). En definitiva, una película hermosa por dentro y por fuera, con uno de los mensajes más poderosos que se puedan ver en el cine contra la forma de vida (violenta, arbitraria, obsesiva) del hombre blanco, aun con todos sus premios Nobel de la Paz, todas sus ONGs y todas sus creaciones artísticas, científicas y filosóficas.

lunes, 16 de abril de 2012

Network (Un mundo implacable)

3.5*

Despiadado retrato de los tejemanejes televisivos y de la forma en que las cadenas de TV sacan brillo a los intereses económicos de las corporaciones que hay detrás de ellas. Sidney Lumet sirve en bandeja de plata un drama sobre las ambiciones de un selecto grupo de hueros y despiadados ejecutivos en su lucha por los índices de audiencia. Y lo hace a costa de caer algunas veces en una ridícula farsa. Sin embargo, la profundidad general del planteamiento y la entregada interpretación del cuarteto protagonista salvan con creces la función. A destacar el sobrio papel de William Holden, una histriónica pero glacial Faye Dunaway, un avaricioso Robert Duvall y, por encima de todos, un mesiánico y subversivo agitador –interpretado con mil y un registros por un Peter Finch en su último papel-, el cual, a la postre, es descarnadamente utilizado para los propios fines corporativos. Unos fines corporativos representados por el personaje de Mr. Jensen, que pronuncia una de las frases más famosas del film: “el mundo es un negocio”. La dirección es sutil, fluida, televisiva, con una excelente fotografía fija de Owen Roizman (el mismo de Libertad Condicional o de la magnífica Los tres días del cóndor). 4 años más tarde, en 1980, Bertrand Tavernier rodaría La muerte en directo, una alegoría futurista sobre un mundo en el que filmar la muerte es todo un acontecimiento televisivo. Por cierto, uno de los 2 asesinos que salen en la película es Tim Robbins.