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sábado, 28 de mayo de 2016

Estos son los condenados (Aka The Damned)

3*

La Guerra Fría y su epítome máximo, el Holocausto nuclear, han sido dos de las últimas pruebas fehacientes de que la humanidad está gobernada por una pandilla de matones indeseables, por un grupo de sociópatas avariciosos. En todo caso, como fenómenos históricos reales, ambos acontecimientos han condicionado buena parte del contenido de nuestras más recientes representaciones colectivas y, con ello, de nuestras producciones culturales, literarias, teatrales, poéticas, literarias. Y ello durante varias generaciones. La Hammer, bajo la extraña y sorprendente dirección de Joseph Losey, produce una película de ciencia ficción mezclada con la delincuencia juvenil, con la malévola sencillez de quien hace una pequeña tarta de manzana para luego rellenarla de sangre. La premisa del argumento, así como su desarrollo, es algo que se aconseja sea descubierto por el espectador deseoso de ampliar su experiencia vital. Entre el estreno de Eva y el rodaje de El sirviente, Losey recibió el encargo de rodar una historia del guionista Jamaicano Evans Jones (¡sí, el mismo de Wake in Fright!), que recrea una Inglaterra donde la gente se mueve entre la distopia institucional y el masoquismo personal, entre la inevitabilidad de un plan diabólico y el heroísmo fútil, como sugiere Colin Gardner en su revelador estudio sobre la filmografía del director USAmericano. El montaje paralelo no hace sino ir reforzando estas realidades que se cruzan y retroalimentan.

jueves, 28 de abril de 2016

El síndrome de China (Aka The China Syndrome)

3.5*

Después del éxito del cine de catástrofes, propio de una época (la irredenta década de los setenta) ávida de experiencias cinematográficas morbosas, más o menos increíbles, había que contar las amenazas reales a las que está expuesta “la sociedad del espectáculo”. Por eso proliferaron, a finales de la década, varios disaster films, digamos, “reales” y críticos, es decir, sobre situaciones que pueden asolar perfectamente nuestra forma de vida y que, de hecho, en muchos casos, están en la base de la misma (especialmente con empresas sin escrúpulos de por medio). Por ejemplo, el riesgo de la energía nuclear, en varias de sus formas, no solamente como Holocausto Nuclear. Con el compromiso y la producción del propio Michael Douglas, un desconocido James Bridges rueda una muy bien narrada y muy tensa historia sobre una central nuclear que está a punto de ocasionar un auténtico estropicio en el idílico territorio de California. En este sentido, es modélico el final elegido. Jane Fonda y Jack Lemon regalan dos personajes admirablemente interpretados, al igual que el propio Douglas, o los veteranos Scott Brady, James Hampton, James Karen, Peter Donat, Richard Herd o el carpenteriano Wilford Brimley. Con una factura cuasi televisiva, The China Syndrome (y, luego, películas como Silkwood, Plutonium o Alerta atómica) puso en contacto a la población USAmericana con los riesgos de la energía atómica, luego confirmados por variados accidentes, como el que ocurrió solo unos pocos días después en Pensilvania. Pero está visto que los seres humanos no tenemos memoria. Y así nos va.

lunes, 13 de julio de 2015

Hiroshima, mon amour

3.5*

Lindsay Anderson nos recordó, en el manifiesto de los angry young men, allá por los años cincuenta del “siglo corto”, que el cine es una industria. Pero también un arte. Y un medio de comunicación. Y algunas cosas más. Y que algunos directores son conscientes de estas tres circunstancias para intentar exprimirlas en una obra compacta y sin fisuras. Alain Resnais, casi el padre de la nouvella vague, comenzó su andadura cinematográfica con varios cortometrajes y un par de documentales, devenidos en clásicos, en particular Noche y niebla. Sin embargo, su salto al largometraje (digamos, de ficción) fue con esta adaptación de un guión de la gran Marguerite Duras. El contenido gira en torno a las 24 horas que pasan dos amantes, una actriz francesa y un arquitecto japonés, en el Japón de postguerra, ocupado por los EE.UU. La forma intenta vertebrar un grupo de imágenes alrededor de varios diálogos y escenas en torno al presente de los amantes pero también a su pasado, disparado por algunos recuerdos y el trauma asociado a los mismos. Pero contenido y forma se funden en una reflexión experimental sobre la memoria y el olvido, sobre el amor y el dolor, sobre el presente y el futuro, disparado por un acontecimiento histórico modernista, como diría Hayden White: el bombardeo de Hiroshima, magistralmente representado por el Masuji Ibuse de Kurio Ame. Y que Resnais podía haber conocido si, como quiere Borges, la cronología hubiera podido invertirse. Una película hermosa y dolorosa, moderna y atemporal a la vez. Un film que te exije atención y esfuerzo pero que te hace un regalo, pese al abrupto final. Una experiencia reflexiva, en definitiva, no apta para públicos remolones y pasivos, esos que medio llenan algunas salas de los kindergarten fílmicos de los centros comerciales.

martes, 30 de junio de 2015

Cartas de un hombre muerto (Aka Dead Man's Letters)

3.5*

Decía Win Wenders que las visiones del final de los tiempos se han generalizado tanto que ya no se puede edificar nada nuevo sobre ellas. Así, son muchas las historias cinematográficas ambientadas en un futuro post holocausto nuclear. Desde Five, de Arch Oboler (1951) y El muelle, de Chris Marker (1962) hasta 12 monos, de Terry Gilliam (1995) o La carretera, de John Hillcoat, (2009), pasando por El planeta de los simios, Damnation Alley, Mad Max, Last Night, Testamento final, El día después o el pseudo documental Threads. Por todo ello, nuestra obsesión por un Apocalipsis laico ha sido una constante a lo largo del siglo XX. Y el cine ha sido uno de los medios privilegiados para representarlo. El oscuro y semi desconocido film Deluge, de 1933, da prueba del pionero interés por estas cuestiones. Por su parte, la cinematografía rusa tampoco ha estado al margen de este interés. Por ejemplo, este Cartas de un hombre muerto, rodado en 1986 por el discípulo de Tarkovski, el director ucraniano Konstantin Lopushansky, que trabajó con el genio ruso en Stalker. Se trata de un film desasosegante y tétrico, donde la humanidad superviviente, refugiada en Bunkers subterráneos, reflexiona sobre el sentido de su final, a lo Frank Kermode, entre niños que han perdido el habla, científicos devastados por la culpa y una geografía desolada y radioactiva. Un clásico de la ciencia ficción soviética.

viernes, 10 de abril de 2015

70 minutos para huir (Aka Miracle Mile)

3.5*

Harry Washello (Anthony Edwards) conoce un día cualquiera de trabajo a Julie (Mare Winningham), la chica de sus sueños, de la que se enamora y con la que queda unas horas después en la cafetería donde ella trabaja, en Miracle Mile, un barrio de Los Ángeles. El despertador no funciona correctamente y, cuando llega tarde a la cita, la chica no está y, curiosamente, el teléfono de la cafetería no deja de sonar. En cuanto lo coje, una temblorosa voz le comunica que en 70 minutos van a caer unos misiles nucleares que ya han salido de su destino. A partir de este momento se desencadena todo un conjunto de situaciones imprevisibles que tienen como hilo conductor la huida de los personajes para salvarse de la inminente hecatombe nuclear. La película está dirigida por Steve De Jarnatt (el creador de la videoclubera Cherry 2.000) y muestra una sofisticación en la composición de los planos, en la planificación y en la dosificación del ritmo y del desasosiego, propios de un artista consagrado, no de un cuasi debutante. Fotografía crepuscular y artística, que saca buen partido apocalíptico de la geografía urbana. La BSO, atmosférica y tensa, como la que los mismos Tangerine Dream compusieron para Risky Business. Las interpretaciones, convincentes como el acento siciliano de Robert de Niro en El Padrino II. Y el final, por cierto, es uno de los más valientes del género aunque, desde el punto de vista dramático, es un tanto insatisfactorio.

jueves, 23 de enero de 2014

Threads

3.5*

Threads es una de las más dramáticas y desoladoras visiones sobre un hipotético holocausto nuclear. La película comienza con la presentación de la vida normal en una ciudad de Gran Bretaña, a mediados de los ochenta, y en cómo, de una forma abrupta e imprevisible, comienza una escalada militar que acaba con el lanzamiento generalizado de misiles nucleares. Pero la película destaca por mostrar con todo lujo de detalles las secuelas de un ataque atómico, a todos los niveles, tanto a nivel personal como a nivel colectivo; tanto a nivel psicológico como a nivel biológico; y todo ello narrado “día a día”, destacando por su aspereza y contundencia, como algunas imágenes de Cartas de un hombre muerto. En 1984, la BBC retransmitió este film por televisión y, debido a la dureza de lo que retrata y al carácter cuasi documental con el que fué rodado, produjo depresión en miles de espectadores. De alguna forma, causó las mismas o similares reacciones que El día después, la famosa producción USAmericana que tanto impresionó al mismo Ronald Reagan. Como curiosidad, Carl Sagan ejerció como consultor técnico-científico de este film, una producción que el propio Ted Turner costeó en su pase por la TBS. Por cierto, la película presenta una denuncia solapada de la inutilidad de la tecnología, de la fragilidad e interconexión de la vida moderna y muestra también algunos curiosos guiños al imaginario cristiano. Una de las más desagradables y desalentadoras historias que un espectador se puede echar a la vista.

martes, 28 de agosto de 2012

Juegos de guerra

3*

Entretenida intriga juvenil sobre un barbilampiño adolescente (Matthew Broderick), con talento para la informática, que accede accidental y telefónicamente (los antecedentes de Internet) a WOPR, el ordenador central de la defensa de EE.UU., lo que desencadena un conflicto nuclear que solo puede ser desactivado utilizando las mismas habilidades tecnológicas que lo han causada aunque, en todo caso, con la ayuda del profesor Falken (un papel que fue escrito originariamente para John Lennon). Con endebles matices políticos y en el contexto del desmantelamiento de la Guerra Fría (El día después y Testament son del mismo año), la película se ve con agrado puesto que el mensaje (más allá del típico maniqueísmo USAmericano de la ultraconservadora década de los ochenta), es moralmente loable por su antibelicismo, aunque el guión y la materialización cinematográfica adolezcan de casi todos los defectos de la época (estereotipos sociológicos, simplismo ideológico, sexualidad reprimida pero latente, convencionalismos fílmicos varios), además de alargarse hasta casi las dos horas. La escena del comienzo está calcada de un film de Jack Smight, Damnation Alley y la idea del ordenador de defensa que toma el control parece extraída de Colossus: The Forbin Project. El director, John Badham (autor del idioteque setentero Fiebre de sábado noche), volvería a intentar repetir el éxito con Cortocircuito.