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viernes, 11 de diciembre de 2015

Tarón y el caldero mágico (Aka The Black Cauldron)

3*

Atípica y cuasi desconocida película de Disney, estrenada en pleno éxito de Los Cazafantasmas, Legend, La historia interminable e, incluso, Merlin el encantador y Excalibur, de todas las cuales se toman prestados ciertos elementos aunque, en todo caso, estamos frente a una adaptación animada de Las Crónicas de Prydain de Lloyd Alexander, elaboradas al calor de la obra de Tolkien, Shakespeare y del ciclo artúrico. Lo prodigioso es que en la película hay oscuridad, magia, erotismo, extraños personajes, muertos vivientes, comportamientos insólitos en el cine de la compañía, etc. Lo menos prodigioso, por tanto, es descubrir el poco éxito que tuvo en su época, tanto de critica como de público. De hecho, tardó varios años en llegar al mercado del video. Estéticamente, el diseño de personajes es el que se podría esperar de la Disney en esa época aunque hay evidentes conexiones con la estética de las obras de Ralph Bakshi, en particular con las dibujadas por Frank Frazetta. Por cierto, el film posee una hermosísima partitura de Elmer Bernstein y entre las voces de los principales personajes podemos encontrar las de John Hurt, Freddie Jones, Nigel Hawthorne o John Byner así como la del propio John Huston. Con probabilidad, la película más underground de The Walt Disney Company.

miércoles, 26 de junio de 2013

Remando al viento

3*
Dedicada a David Granda
James Whale tuvo la inspirada visión de comenzar su obra maestra, La novia de Frankenstein, con una escena mítica: la de la noche en la que Mary Shelley imaginó su gótico prometeo, en diálogo con Lord Byron, John Polidori y Percy B. Shelley, con quienes estaba en villa Diodati, en Ginebra. Esta escena forma parte de cierto imaginario colectivo y alimenta nuestras representaciones sobre el poder de la imaginación y el desarrollo del proceso creativo. Gonzalo Suárez, por su parte, tuvo también una excelente idea: contar la historia de la gestación de un mito moderno, el de Frankenstein, a través de los recuerdos (mitad realidad, mitad fantasía) de una Mary Shelley de viaje por el Polo Norte, un lugar que es, precisamente, donde comienza y finaliza la novela original. Aquí, Suárez (autor del guión) utiliza el recurso de la memoria en off para sustituir la naturaleza epistolar de la novela original. Por otro lado, usa la imagen gélida del Polo Norte como una metáfora dual, tanto de lo inexplorado como de la muerte, al estilo de Poe, Melville o Lovecraft. El resultado es una película de un halo romántico considerable pero que, en ocasiones, no resulta del todo convincente por el frío perfeccionismo con el que está rodada (un filtro oscuro aquí, unas falsas lágrimas allá), así como por la solemnidad de algunas conversaciones y reflexiones. En todo caso, se trata de una estimable realización y una de las típicas creaciones del director (en la línea de Mi nombre es sombra, por ejemplo): una película literaria, teatral y culturalista (en el mejor sentido de la palabra), esteticista (gracias a una magnífica composición visual, de evidentes componentes pictóricos), narrativamente audaz (por esa mezcla riquísima y muy postmodena de remembranza, historia y fantasía), muy bien ambientada, con un score extraordinario y unas interpretaciones, digamos, que nunca pasan de la corrección. El film, por cierto, coincidió con el estreno de Haunted Summer, sobre los mismos hechos.

lunes, 8 de abril de 2013

Dentro del laberinto

3.5*

Sarah (Jennifer Connelly) fantasea con que los Goblins se lleven a su hermano pequeño, al que debe cuidar a regañadientes en ausencia de sus padres. Al verse cumplido su deseo, Sarah, arrepentida, se embarca en una aventura que le llevará al interior de un enorme laberinto para recuperar a su hermano de las garras de Jareth (David Bowie), el Rey de los Goblins. La factoria de Jim Henson (creadora de Barrio Sésamo y de Cristal oscuro, por ejemplo) presenta una fábula sobre el paso de la adolescencia a la madurez, es decir, sobre el abandono del característico egoísmo infantil y sobre la construcción de la generosidad y la entrega que se supone deben caracterizar a los adultos. Pero la película también es una fábula sobre el poder de la imaginación y de la fantasía, un poder que puede mejorar la realidad y que crea mundos y nos permite vivir en ellos. El film, mágico y tenebroso a partes iguales (la escena del baile entre Sarah y Jareth es espectacular, en este sentido), está rodado y narrado con ese buen gusto característico de la compañía de Henson. El guión es de Terry Jones (miembro de los Monty Pithon) y es un texto ejemplar por su mezcla de aventuras, drama, romance, comedia y fantasía. Además, el diseño de producción es maravilloso, la música es ya casi un pequeño clásico y la historia está llena de referencias a la cultura anglosajona más exquisita, desde la mitología artúrica a Robin Hood, pasando por El mago de Oz, Maurice Sendak o Lewis Carroll. Para terminar, debido al fracaso comercial de la película, ya que coincidió con el estreno simultáneo de Willow, Jim Henson tuvo que abandonar su carrera como director. Sin embargo, la película ha venido disfrutando, desde entonces, de un seguimiento amplio y fiel por parte de millones de aficionados de todo el mundo. 




lunes, 4 de marzo de 2013

Simbad y el ojo del tigre

3*

El príncipe Hassan (Nadim Sawalha), futuro Califa, es transformado en mandril el mismo día de su coronación. Simbad el marino (Patrick Wayne, el hijo del Duke), que va detrás de su hermana (la bellísima Jane Saymour), se ofrece voluntario para deshacer el entuerto y revertir la maldición. Para ello, habrán de embarcarse en una travesía que les llevará desde el desierto a las tierras polares, en busca de un palacio secreto y legendario en el cual podrán devolver la forma humana al heredero del Califato. Como decía Jorge Luís Borges, Simbad, el otro Ulises, vive en un mundo boreal y mágico que, a lo largo de 7 viajes, ha permeado a varias generaciones a través de los siglos, tanto en su lengua original como en las traducciones a las lenguas Occidentales. Sam Wanamaker rueda una aventura fantástica, con elementos de espada y brujería, a través de una narración fluida, ligera y llena de momentos sorprendentes, en la línea de varias de las que se popularizaron entre mediados de los cincuenta y finales de los setenta (de 20.000 leguas de viaje submarino hasta Los hijos del Capitán Grant o Alfombras mágicas e, incluso, la secuencia del viaje de El hombre que puedo reinar), y con reminiscencias de El ladrón de Bagdad, de Alexander Korda. En todo caso, los motivos y la forma se someten a las mejores convenciones de la tradición de los films sobre Simbad, como la maravillosa El viaje fantástico de Simbad. Por su parte, Ray Harryhausen echa el resto y llena la trama de muñecos y batallas que se mueven al ritmo del stop motion: el resultado es simpatiquísimo, aunque absolutamente demodé.



sábado, 24 de noviembre de 2012

Hellboy 2: El ejército dorado

2.5*

Guillermo del Toro se pone tras la cámara por segunda vez para perpetrar otra adaptación de las aventuras del personaje creado por Mike Mignola y publicado en la imprescindible Dark Horse Comics. El resultado no es ni mejor ni peor que la primera. Creatividad visual a raudales para una historia ocultista, pulp y con mucha acción que, sin embargo, pierde un poco de empaque a causa de algunas escenas en extremo sentimentales y de algún que otro dialogo más propio de la factoria Disney que del oscuro e inteligente mundo del director mexicano. Ron Perlman, por su parte, compone un personaje digno de su propia altura, tanto física como interpretativa. Por cierto, ¿a que se debe esa extraña manía de multiplicar y de llenar cada plano con miles de seres clónicos, producidos exclusivamente por el departamento de efectos digitales?



martes, 10 de julio de 2012

El sanatorio de la clepsidra

3.5*
 
Alucinada y barroca producción polaca, de 1973, fiel al estilo de su director, Wojciech J. Has, que sigue la línea glorificada en su obra maestra El manuscrito encontrado en Zaragoza, en cuanto a la concepción del argumento se refiere (enmarañado, laberíntico, poliédrico), pero también en cuanto a la puesta en escena, a la composición de los planos, al movimiento de cámara y a las interpretaciones, absolutamente entregadas. La trama es de una riqueza y de una ambigüedad admirable, si bien no es apta para toda clase de espectadores, como el Malpertuis de Jean Ray. Cuenta la historia de un hombre que llega a un extraño y decrépito sanatorio donde se encuentra convaleciendo su padre. A partir de esta premisa, se sucede toda una serie de escenas y espejos, en los que se mezcla la realidad, la fantasía y lo onírico, en busca de sentido, en busca de una representación adecuada del tiempo, para lo cual Has confecciona un buen puñado de elaborados planos secuencia. Con una mezcla surrealista y carnavalesca de motivos y de temas (propia de la visión cabalística y kafkiana del mundo) así como con referencias bíblicas, la película cuenta con una riqueza visual y simbólica que puede llegar a desconcertar, como cuando se contempla El viaje de Chihiro. En este sentido, hay que recordar la imaginería del autor de la novela original, Bruno Schulz. En especial, los frescos que realizó en la casa de Felix Landau, su protector nazi. Por su parte, autores como Terry Gillian han sentido fuertemente la influencia de esta clase de cine.

jueves, 7 de junio de 2012

El carnaval de las tinieblas

3.5*
En memoria de Ray Bradbury (1920-2012)

De todas las adaptaciones cinematográficas de la obra de Ray Bradbury, esta es, probablemente, una de las más conseguidas, junto con la versión de Fahrenheit 451, dirigida por Truffaut. El mismo Ray Bradbury escribió el guión, basándose en su estupenda novela La feria de las tinieblas. Si en El vino del estío, el protagonista era, sin duda, el verano, ahora la estrella es el decadente otoño, con su perenne viento siseante, sus oscuras tormentas y su olor a hojas quemadas y a tierra mojada. Jack Clayton dirige una de esas historias, propias del gran escritor de Illinois, sobre la magia de la juventud y la rareza de la vida, con ese aura maravillosa que algunas veces consiguen las mejores producciones Disney. La BSO de James Horner subraya, precisamente, ese aura, con una partitura bella, aventurera, levemente épica pero también carnavalesca y misteriosa. El argumento es bien sencillo: una feria ambulante (Darks Pandemonium Carnival) llega a una pequeña localidad de Nueva Inglaterra, para asombro y regocijo de dos pequeños y curiosos amigos. Sorprendentemente, la feria parece conceder los deseos de quienes la visitan, aunque no siempre con los efectos positivos que se esperan. A partir de esta premisa y aunque la película fue amputada por la productora, la pareja Clayton/Bradbury hacen el resto: sorprender y asustar al espectador con un cuento perverso, que permite varias y superpuestas lecturas. Jason Robards realiza una maravillosa interpretación, acompañado por un Jonathan Pryce francamente mimetizado con su demoníaco personaje. Sin embargo, los efectos visuales (y el propio final) podrían ser más convincentes. 





martes, 22 de noviembre de 2011

El curioso caso de Benjamin Button

3.5*


El curioso caso de Benjamin Button cuenta la historia de un ser extraordinario que nace con la apariencia física de un anciano y va cumpliendo años y viviendo su vida al revés: es decir, rejuveneciendo constantemente. Para ello, se presentan dos planos narrativos, tal y como hizo Clint Eastwood en Los puentes de Madison: el de la vida, aventuras y amores del protagonista y el de una mujer joven que narra un diario a su anciana madre, postrada en la cama de un hospital. Inspirándose en un relato de Francis Scott Fitzgerald -que, a su vez, se basa en un comentario de Mark Twain-, el siempre sorprendente David Fincher firma una película inmensamente triste sobre la fugacidad de las cosas y, especialmente, sobre la brevedad de la felicidad, a la que siempre hay que esperar tenaz y pacientemente y que, por eso mismo, es un sentimiento de plenitud pasajera que conviene disfrutar con la ingenuidad de la infancia. Además del dominio técnico de Fincher, hay que destacar el excelente diseño de producción, el maquillaje y los efectos visuales, que consiguen hacer medianamente creíbles las continuas transformaciones de los personajes. En un mundo como el nuestro es imposible que pueda existir alguien como Benjamin Button y no por el carácter fantástico de la propuesta sino porque sería acosado por la curiosidad anquilosante de la ciencia y nada de lo que -según Fitzgerald y Fincher- vivió, hubiera podido experimentarlo. De hecho, ¿por qué aparece varias veces un colibrí en esta melancólica historia? La respuesta es evidente: porque es el único pájaro que puede volar hacia atrás y, curiosamente, ha sido perseguido hasta casi su exterminio total simplemente para la confección de prendas femeninas.