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miércoles, 24 de junio de 2015

Como un torrente (Aka Some Came Running)

4*

Como en An American Tragedy, de Dreiser, Minelli rueda la historia de un arribista, David Hirsch (Sinatra), un escritor medio fracasado que acaba de regresar de la Segunda Guerra Mundial a su pueblo natal, en busca de sus orígenes pero también de un futuro viable. Excelente melodrama de finales de los cincuenta, dirigido con esa rara mezcla de compacta narración, poderosa puesta en escena y perspicaz profundidad psicológica, propia de buena parte de la obra de Vicente Minnelli. Radiografía de una parte de la sociedad USAmericana, concretamente de los intersticios y los contactos entre las clases medias y las clases trabajadoras, representadas por Arthur Kennedy y su hermano Frank Sinatra, así como por Martha Hyer y Shirley MacLaine, respectivamente, rodeados por un outsider (Dean Martin), que es el único personaje que consigue mantener su coherencia durante todo el metraje,. Comparable a los mejores logros de Douglas Sirk en el género, tanto en el análisis de los valores y de la moralidad de cada tipo social, como en la disección de las necesidades y de las pasiones humanas. En est sentido, Minelli cumple a la perfección con ese apotegma de Italo Calvino que asegura que el artista ha de tener un compromiso “cívico y político” con la sociedad que le sustenta, como ser humano y como creador. Por otra parte, la película explora con mayor contundencia que Sirk el uso del color, los movimientos de cámara (especialmente en los travellings), los encuadres expresivos y la composición de las escenas según los estados de ánimo que sugieren las tonalidades. Pinceladas intelectuales aquí y allá para un film que acaba, abruptamente, [spoiler] con el más injusto de los cierres. 

sábado, 29 de noviembre de 2014

The Town That Dreaded Sundown (Aka Terror al anochecer)

3*

Una de las joyas del terror de los años setenta (no confundir con su horrible remake), The Town That Dreaded Sundown es el Alma Mater de casi todos los slasher posteriores (especialmente de La noche de Halloween, Viernes 13, The Burning y Scream). Dirigida con pulso firme y las ideas claras por Charles B. Peirce, el autor de The Evictors, el film explota con contundencia y efectividad los hechos reales sobre los que se basa la historia, ocurridos en 1946, para componer un thriller con elementos del cine de terror, elementos que venían siendo explotados por el manido giallo de la época. Una voz en off va guiando al espectador por la trama, a la vez que va describiendo el clima de paranoia en el que van cayendo los habitantes de Texarkana, una pequeña ciudad de Arkansas que está siendo acosada por un psicópata enmascarado. De tan cruel que es el serial killer y de tan pocas pistas que tienen los policías locales, las autoridades municipales se ven obligadas a llamar al Capitán Morales (un espléndido Ben Johnson). Sin llegar a la crudeza y experimentación de la previa La matanza de Texas, esta producción del Cormaniano Samuel Z. Arkoff es un prodigio del horror y la tensión, especialmente por las escenas en las que aparece el asesino, aunque las escenas de humor con las que se salpica la trama son francamente horripilantes. Por cierto, Zodiac tiene aquí un claro precedente.

viernes, 25 de abril de 2014

El hombre que nunca estuvo allí

4*

Los hermanos Cohen, fieles a su espíritu transgresor pero también apegados a su potente conocimiento de la tradición cinematográfica USAmericana, establecen una serie de múltiples contrastes entre varios componentes del film: el homenaje a muchas convenciones del género negro, especialmente a la obra de James M. Cain (voz en off, infidelidades, asesinatos, chantajes, etc.) al que añade un par de subtramas interesantes (especialmente la de la formación musical); una BSO que alterna la música clásica (de Beethoven) y un par de cortes de piano y violines de Carter Burwell; una película pegada a la tierra (Santa Rosa, ese pequeño pueblo de California) pero con una fotografía a veces neblinosa del gran Roger Deakins (mitad tabaco y mitad vacilación); una película que se basa en la búsqueda de la verdad (aunque la verdad “de jaqueca”), en el desentrañamiento judicial de un caso de asesinato, pero que se encorva ante el principio de incertidumbre de Heisenberg, defendido por un personaje memorable, Freddy Riedenschneider (“a veces nuestra mirada altera lo que vemos, desconocemos lo que ha ocurrido de verdad o lo que hubiera ocurrido si no hubieramos metido las narices en un asunto”). Y, sobre todo, ese argumento contado al ritmo del discreto peluquero que lo protagoniza y esa ironía constante, desde el principio hasta el final, desde su concepción en color hasta su estreno en B&W. Por otro lado, el casting es realmente apropiado, tanto Billy Bob Thornton como Frances MacDormand portan rostros de finales de los cuarenta, de 1949, al igual que James Galdolfini, Michael Badalucco, Tony Shalhoub o Scarlett Johansson, pero el que marca la diferencia es Jon Polito, que compone un personajes a la altura de su talento. Una película que parece que solo tiene una cara pero que mira al espectador con mil y un rostros, los de los múltiples temas y asuntos que pasan por sus fotogramas (hasta hay una referencia a las conspiraciones marcianas de los cincuenta, muy Daniel Clowes).