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lunes, 26 de junio de 2017

La momia: la tumba del emperador Dragón (aka The Mummy)

2*
Reactualización Ni-Ni del cine de aventuras à la Indiana Jones, aunque mucho más convencional y para toda la familia, y con un Brendar Fraser inverosímil, siguiendo sus correrías habituales como guaperas chuleras profesional. En una trama irrisoria y muy pastichera (con elementos de Indiana Jones y el templo maldito, La momia, El Yeti, Shangri-La e Indiana Jones y la última cruzada), el director despliega una enorme cantidad de efectos CGI: es decir, saturación informática sin alma, lo que produce una sucesión incansable de escenas, claramente desdramatizadas, y un humor ramplón y absurdo. A lo que hay que añadir unos diálogos de nivel ESO y una BSO con los cortes desechados de mil y un productos de este tipo. Por cierto, sorprende darse cuenta de que los protagonistas van de arqueólogos cuidadosos pero todo lo que tocan se lo cargan: a su alrededor no queda en pié nada, da igual que sea moderno o antiguo. En definitiva, un film solo aconsejable para los fans del Tamagotchi.


sábado, 10 de junio de 2017

El príncipe valiente (Aka Prince Valiant)

3.5*
Sin lugar a dudas, y por derecho propio, conquistado generación tras generación, uno de los ejemplos incombustibles del cine clásico de aventuras (si, ese género sobre el cual el recientemente fallecido Javier Coma tiene un excelente diccionario cinéfilo), que, además, supone una magnífica adaptación del celebérrimo cómic original, dibujado a plumilla por el enorme Hal Foster, y con el protagonismo de Robert Wagner, James Mason, Sterling Hayden, de la bellísima Janet Leigh así como de una jovencísima y espectacular Debra Paget (que luego sería mitificada para el cine por dos pesos pesados, Roger Corman y Fritz Lang). La película, dirigida por el todoterreno de Henry Hathaway, está repletita de todas esas moñadas monárquicas y aristocráticas pasadas de moda pero, como una pura leyenda del ciclo de aventuras artúricas, convenientemente actualizada, el film es una auténtica delicia, tanto visual como narrativamente, tanto dramática como interpretativamente. Por cierto, como escribe Javier Coma, con esta película el ciclo artúrico “quedaba vinculado con el de las obras referidas a vikingos”, en la línea de Los Vikingos o Los invasores, de Fleischer y Cardiff, respectivamente.
 

martes, 28 de febrero de 2017

La princesa del Nilo (Aka Princess of the Nile)

3*

En plena Alta Edad Media, los beduinos intentan conquistar Egipto, sometiendo a su población y a sus mandatarios. Sin embargo, la princesa Shalimar (Debra Paget) se resiste, haciéndose pasar por la bailarina Taura, la reina del Tambourine, para poder así informar a sus conciudadanos de las intenciones del Rama Khan (Michael Rennie). A su lado, contará con la ayuda del príncipe Haidi (Jeffrey Hunter), el hijo del Califa de Bagdad. Una muestra de cine clásico de aventuras, rodada sin ningún interés histórico pero con ese sentido de lo maravilloso propio de una época que ya ha pasado a la historia: el Hollywood de los cuarenta/cincuenta. Pasadizos, duelos con espada, secretos de palacio, bailes impíos, apasionados amores, una trama de disputas encontradas y lucha por el poder… En fin, todo lo necesario para pasar una buena tarde al calor del Technicolor. Además, Debra Paget, en uno de sus pocos protagónicos, está realmente cautivadora, en un papel que Fritz Lang intentaría resucitar, con éxito, en su díptico sobre la bailarina Seetha (fusionados en un solo film por la AIP para el público USAmericano de matinée). El mismo año de su estreno, vería la luz otro de los clásicos del cine de aventuras de todos los tiempos, la nervuda y entretenidísima El Príncipe valiente, en la que Paget también tenía un hermoso papel.

martes, 31 de enero de 2017

Carne de horca

3.5*

Un “cochino señorito” andaluz ha de infiltrarse en la pandilla de salteadores y secuestradores de Lucero, un bandolero mitificado por los relatos populares pero que se las gasta muy, pero que muy, mal con todo el mundo. Las razones para esa infiltración son spoiler pero se puede adelantar que hay un cargo de conciencia y, además, un motivo de venganza, como en todo buen Western que se precie. Ladislao Vajda, el húngaro errante (como el llamó Francisco Llinás), conocido por películas como Marcelino, pan y vino o El cebo, regala al espectador actual una obra sobresalienta, desde el punto de vista cinematográfico y narrativo, excelente en las escenas de interiores e impresionante en los planos generales y panorámicos, donde toda la acción se entiende perfectamente y se ven y se disfrutan los detalles, todo gracias a su maestría poniendo en escena la acción. Además, le película comienza con un admirable retruécano narrativo, que se cierra al final, algo propio de directores que conocen la historia del cine. El film, por otro lado, es entretenidísimo y muestra una violencia inusitada para la época: de hecho, estamos ante una obra cruel, salvaje e, incluso, tiene una escena, pre-PeTA que ahora mismo sería delito rodarla (en plan Holocausto caníbal). Por su parte, los actores, especialmente Rossano Brazzi y Fosco Giachetti, están tremendos, aunque no superan al gran y torvo Felix Dafauce; Emma penella está guapísima y el resto de personajes cumplen a la perfección con sus papeles. En definitiva, una película sorprendente, por su dureza y por su maravilloso sentido del ritmo y de la intriga narrativa.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Golpe en la pequeña china (Aka John Carpenter's Big Trouble in Little China)

2.5*

Como decía Chesterton, una aventura es algo que nos sucede, algo que nos agarra y nos escoge, no algo que escogemos nosotros. Sobre esta premisa, John Carpenter levantó, a mediados de los ochenta, en glorioso Panavision, su gran oda a la aventura, a una aventura descontrolada, urbana y mística, en la que la filosofía china, las artes marciales, la magia negra e, incluso, un halo fantástico impenitente, tienen un punto en común: el personaje de Jack Burton, un alter ego de Kurt Russell, bastante fanfarrón, bruto y mentecato. La excusa argumental gira en torno al rapto de una muchacha china por parte de una extraña secta de gángsteres. Su pareja y su mejor amigo deciden salir en su búsqueda y, al hacerlo, irán siendo sumergidos en los callejones y las mansiones más extrañas del barrio Chino de San Francisco, un mundo irreal, ilógico y aterrador, como el creado por Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas. En todo caso, aunque la película comience con un acicate individual, poco a poco se va transformando en la típica película hawksiana de grupo, tan querida por el maestro de Carthage. Situaciones inesperadas a raudales, acción sin descanso, diálogos de la ESO, humor desnudo, monstruos y mucha, mucha imaginación, juegan a su favor. En su contra, algunas escenas inverosímiles, algunos FX obsoletos y una BSO un tanto repetitiva. En cualquier caso, un pequeño clásico del cine de aventuras de la ultraconservadora década de los ochenta (tan pródiga en panfletos de un conservadurismo machacón e ideológicamente ramplón), pero que, sin embargo, en este caso, no disfrutó del éxito de taquilla como otros films de la 20th Century Fox, como Tras el corazón verde, o de la Paramount, como Indiana Jones y el templo maldito. El problema es que, salvo a un público muy juvenil, la película no fue capaz de transmitir verdadero terror o pavor a los espectadores de la época.

sábado, 15 de octubre de 2016

Las minas del Rey Salomón (Aka King Solomon's Mines)

2.5*

Etnocentrismo zoológico europeo, esta película siempre ha sido considerada una de las obras maestras del cine de aventuras africanas. Vista (entonces, por algunas personas y) ahora (también por algunas personas), no deja de ser la típica paletada de colonos ignorantes y eurocentristas, aunque con un regusto por el conocimiento de floras y faunas diferentes. Aunque, claro, ese conocimiento respondía una necesidad de supervivencia o a un interés más o menos comercial (como en una película de Tarzán, vamos). Colonialismo, especismo, machismo, racismo, en fin, todos los bonitos “ismos” que han hecho a Europea y a su cultura un gran documento de barbarie, como dirían Benjamin o Jameson. Evidentemente, Europa es un conjunto de muchas más cosas pero, en el fondo, su riqueza y su preponderancia en el mundo se han construido con estas actitudes. Aunque Aristóteles, Leonardo o Spinoza, por ejemplo, además de otros europeos anónimos, no tienen nada que ver con estas cuestiones. En fin, una correcta adaptación (en la forma) de la novela de Haggard, protagonizada por dos pesos pesados de segunda B de la época, los aventureros Stewart Granger y Deborah Kerr (como en Mogambo), y solo para nostálgicos de un tipo de cine excesivamente deudor de su época. Escopetas versus lanzas, vamos. Aunque la fotografía, del gran Robert Surtees y aciertos parciales siguen manteniendo el interés más de 60 años después de su estreno. No confundir con Las minas de Rey Salmonete ni con el remake de la Cannon.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Aguirre, la cólera de Dios (Aka Aguirre, the Wrath of God)

3.5*

Howard Zinn, en su enormemente popular A People’s History of the United States, dejó escrito que los españoles y los portugueses conquistaron las tierras y las gentes del Nuevo Mundo de una forma violenta y descarnada. Para ello, en buena medida, contaron también con la presencia hipócrita de la Iglesia y con las aspiraciones mercantiles de los conquistadores. Lo mismito fue denunciado, en tiempos, por Bartolomé de las Casas. En este clásico del cine de Herzog, rodado en 1972, Lópe de Aguirre y Gáspar de Carvajal se embarcan con un grupo de soldados españoles para descender el Paraná, desde el Perú, hacía las enormes extensiones de las selvas Amazónicas. Su objetivo es encontrar El Dorado y sus intenciones pasan por conquistar tierras, apresar enemigos de la corona y encontrar oro con el que hacerse ricos y adquirir poder. Sin embargo, el viaje no sale como estaba planeado y la muerte y la locura comienzan a hacer acto de presencia. Werner Herzog dirige una de esas historias tan queridas por el tipo de cine crudo que le gusta hacer, sobre una leve estructura narrativa que deja espacio a la reflexión y al ensueño y donde se van introduciendo elementos experimentales y documentales. Klaus Kinski compone un personaje a la altura de su paroxística personalidad y carisma, parco en palabras pero rico en ambiciones. Cinematográficamente hablando, la película muestra fallos de guión, de montaje e, incluso, de iluminación pero la fuerza de las imágenes y de las localizaciones así como la naturalidad de varias de sus escenas borran la marca de sus errores y la hacen destacar dentro del cine alemán de la época. En la misma línea temático-artística, Herzog rodaría, junto a su conflictivo muso (Klaus Kinski), Fitzcarraldo y Cobra Verde. Por su parte, el film de Saura El Dorado, debe algo de sus mejores logros a esta película de Herzog.

miércoles, 27 de julio de 2016

Donde viven los monstruos (Aka Where the Wild Things Are)

2*

Maurice Sendak es uno de los autores de literatura infantil más vendidos y más leídos del mundo. Su obra ilustrada es una auténtica delicia, al igual que sus diferentes textos y ensayos sobre las más diversas cuestiones (por ejemplo, los recopilados en Caldecott & Co.). Sendak es una institución mundial en el campo de la creación visual. Por eso, cuando Spike Jonze decidió adaptar Where the Wild Things Are, su clásico de 1963, las expectativas estaban creadas. Sin embargo, el resultado deja mucho que desear, especialmente desde el punto de vista del guión, que no satisface ni a los espectadores más jóvenes ni a los más mayores y nostálgicos. De hecho, la película es tan poco sentimental como el libro pero la historia original se pierde en mil y un vericuetos y la imagen real no ayuda a entrar en una historia protagonizada por actores y monstruos reales que no conmueve ni emociona. El carácter simbólico del cuento, donde cada monstruo representa un miedo infantil, está bien representado pero Dave Eggers, autor de The Circle y guionista ad hoc, no consigue empatizar con la inmensa mayoría del público. Es una lástima. Mucho más interesante es el cortometraje que dirigió Gene Deitch, en 1973, sobre la misma base creativa. O la personalísima versión que Jim Henson hizo de otra obra de la misma trilogía, Outside Over There, que se transformó en Dentro del laberinto.

lunes, 13 de junio de 2016

Man to Man

2*

Cioran escribió que la razón “es una puta que sobrevive mediante la simulación, la versatilidad y la desvergüenza”. Y la ciencia, hija predilecta de la razón, es el ejemplo perfecto. Durante siglos, y también en la actualidad, la ciencia ha tenido que esconder las vergüenzas de sus acciones. La ciencia es una actividad (y una disciplina) que ha caído, a menudo, en el distanciamiento inhumano y en una falta de empatía repleta de crueldad. Buena parte de los científicos de los últimos doscientos años han metido la pata hasta las trancas, dejando en ridículo a la comunidad científica. Eso lo sabe casi cualquier ciudadano medianamente informado. Es decir, que no lo sabe todo el mundo, debido a esa mitificación cuasi primitivista con la que tratamos a la ciencia, amiga del progreso y aliada de la distopia. En todo caso, el film es uno de esos ejemplos bienintencionados que se propone denunciar la ignorancia de tiempos pasados, mostrando la normalidad con la que se desenvuelve la crueldad frente a lo desconocido, que normalmente se identifica con los más débiles (razas, animales, culturas, etc.). Sin embargo, las interpretaciones, varias situaciones y muchos diálogos no son del todo convincentes, así como el desarrollo estereotipado y parcial de la sociedad en la que está ambientada la historia. La buena intención de origen se transforma, así, en una película plana y sensiblera, como ha resumido acertadamente Carlos Boyero. De todas formas, es un ejemplo palmario de la estulticia humana, que no tiene edad y que se agazapa en cualquier tipo de personas, sean pobres o ricas, estén formadas o sean totalmente analfabetas. Y, como ejemplo, podría servir adecuadamente en la enseñanza obligatoria de las sociedades de masas en las que vivimos. Pero seguro que está película, con todos sus defectos, no llega a las aulas.

sábado, 7 de mayo de 2016

El oso (Aka L'ours)

3.5*

Jean-Jacques Annaud es uno de los directores franceses más valientes de las últimas décadas. Ha tocado casi todos los géneros y ha rodado casi todas las historias, aunque un elemento común a todas ellas es su arrojo a la hora de afrontar los proyectos más arriesgados. Comenzó su filmografía con una película sobre la prehistoria, que se ha convertido en un film mítico, En busca del fuego. Un film de 1981 que ha resistido muy dignamente el paso del tiempo y que se mantiene incólume a su poder corruptor. Es verdad que, con anterioridad, Annaud había rodado dos obras previas (El cabezazo y La victoire en chantant) pero sería con ese retrato de la vida antropoide, en los orígenes de la humanidad, con la que se daría a conocer. Acto seguido vendría su exitosa adaptación de la novela de Umberto Eco, El nombre de la rosa, de 1986. Y, 2 años después, estrenaría El oso, un feroz pero emotivo retrato de la vida salvaje en las espectaculares montañas de la British Columbia (aunque, en realidad, la película fue rodada en Los Alpes), protagonizado por un osezno cuya madre ha muerto por un desprendimiento de rocas en un panal de abejas. Annaud consigue que el espectador se emocione con las peripecias del pequeño animal, que parece seguir con fidelidad el arco argumental y que, por supuesto, no necesita diálogos para comunicar su estado de ánimo ni sus pensamientos. Estamos ante una versión adulta y conservacionista de las películas de Disney protagonizadas por animales, por lo menos las que Disney ha estrenado desde Bambi. Atención a la escena en la que el osezno se “reecuentra” con su madre (sic.). En Dos hermanos, Annaud volvería al cine rodado con animales, con una calidad similar.


viernes, 8 de abril de 2016

Holocausto caníbal (Aka Cannibal Holocaust)

1*

El padre y la madre de casi todo el cine reciente sobre found footage, este film de Ruggero Deodato explota sin rubor ni conmiseración ninguna el morbazo de una buena parte de los espectadores cinematográficos, a la vez que muestra el cruel espíritu que hay detrás del colonialismo Occidental (incluso de su acercamiento antropológico al mismo). De hecho, los documentalistas son una panda de cabrones en toda regla. Deodato, además, introduce escenas de sexo, sacrificios y desmembramientos reales de animales (una tortuga, varias serpientes, monos, un cerdo salvaje), todo tipo de secuencias desagradables, crueldades varias, etc., y todo ello acentuado por una BSO que dramatiza y subraya todo lo que las imágenes muestran. A la postre, lo que el espectador contempla no es plato de buen gusto ni educa de ninguna manera. ¿Cine de denuncia? ¿Cine auto complaciente sin valor? ¿Obscenidad? Es verdad que la obra juega a la ambigüedad y que, al incluir, varios puntos de vista sobre los hechos, se desliza hacia la metaficción, recalcada por ese “todos somos caníbales” final. Pero una cosa no se puede olvidar. Desde el punto de vista ético, cuando una película muestra (y se recrea en) la muerte gratuita de animales, traspasa el límite de lo razonable, pisoteando la dignidad animal, y, por tanto, transforma el resultado en un insulto a la razón y en una vergüenza para la empatía humana. Todas las demás consideraciones (estéticas, técnicas, interpretativas, etc.) no pueden estar por encima de la vida, por muy humilde que ésta sea. 

martes, 8 de marzo de 2016

Misión de audaces (Aka The Horse Soldiers)

3.5*

El Homero visual USAmericano, John Ford (el único par visual a la altura de Walt Whitman y el director favorito de Orson Welles), dirigió tres películas que forman parte de lo que se conoce como “La trilogía de la caballería”. En ellas (y simplificando), Ford presentaba una imagen militarista, defensora de la autoridad e, incluso, racista. Pero en otros films, Ford se auto enmendó la plana. Este es uno de ellos y consiste, por encima de todo, en una especie de versión oficial, “yanqui”, de la Guerra de Secesión. El argumento, digamos, sigue las campañas del coronel Marlowe (John Wayne) en territorio del Sur hasta que se topa con una rebelde sureña (interpretada por Constance Towers), que hará lo indecible para echar al traste los objetivos del Norte. Para terminar de azuzar el fuego, Marlowe tiene que realizar su misión con la simple ayuda de un regimiento al mando del Mayor Cirujano Kendall (William Holden). La historia original proviene de una novela escrita por Harold Sinclair, que fue un auténtico best seller en su momento y que tuvo una especie de continuación en The Cavalryman (1958). Por cierto, atención a las excelentes escenas de acción bélica. Como es típico en las producciones Fordianas de la época, en la BSO se deslizan melodías del score de Centauros del desierto. Por cierto, la fecha de publicación de la novela de Sinclair coincidió con el estreno de The Searchers. Y otra casualidad más: el título original de ésta y el de aquella, pulsan en el espectador la imagen del caballo, auténtica mano derecha, aquí también, de “las campañas del desierto”, de esa “avanzadilla del progreso” que tan bien ha hecho a unos como mal a muchos otros.

jueves, 28 de enero de 2016

Outlander

2*

El principal problema de esta película no es la curiosa mezcla de géneros (Sci-Fi, aventuras, monstruos, vikingos, etc.). Ni las mediocres interpretaciones. Ni el casting (un John Hurt que no convence como guerrero noruego; o un Caviezel que tiene la misma mueca mohína que en La delgada línea roja). El principal handicap de este film es el desarrollo de la narración: está repleta de tópicos, de escenas de relleno, de situaciones archi-conocidas, de diálogos acecinados como la alimentación vikinga, de secuencias típicas, de gestos mil y una vez contemplados. Hace falta ser un poco tierno o un poco aprendiz en cuestiones fílmicas para disfrutar con fruición de esta película. Por otro lado, buena parte del supuesto atractivo de la cinta descansa en los FX. Pero éstos tampoco sobresalen en una puesta en escena estandarizada y típica de este tipo de producciones y que, además, tiende al aturdimiento, mediante el uso de los característicos mil y un planos, de la cámara en mano y del hipermontaje (ese montaje ultra rápido que consigue que el espectador no pueda ver realmente qué está sucediendo). Casi en cada plano hay un efecto digital. De hecho, en muchos planos hay una saturación de efectos por ordenador. Y no siempre convincentes. Cuando pasa un caballo por un poblado lacerado, el caballo es digital. Cuando aparece un árbol en medio de una casa vikinga, el árbol es digital. Cuando dos tipos compiten saltando de escudo en escudo, todo es digital. Lo único que hay real en la película, lo único que es de carne y hueso, son los paisajes. Y, bueno, en algunos momentos, los actores.