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miércoles, 31 de agosto de 2016

Agente 007 contra el Dr. No (Aka Dr. No)

3.5*
Primera incursión fílmica de ese mito contemporáneo creado por Ian Fleming, James Bond, un agente británico al servicio secreto de su Majestad que tiene que viajar a Jamaica (antigua colonia inglesa) para investigar la desaparición de otro agente. Un malvado, el Doctor Julius No, con manos mecánicas, es un mercenario renegado que no quiere trabajar ni para el Este ni para el Oeste (es decir, ni para el Capitalismo ni para el Comunismo), dinamitando así los presupuestos de la Guerra Fría. De hecho, el Doctor No afirma trabajar para Spectra (SPecial Executive for Counter-intelligence, Terrorism, Revenge and Extortion), por lo que, de hecho, estamos ante la primera aparición de esta icónica organización del mal. Una organización que representa todo aquello que Bond combate. Un film alejado de esa espectacularidad banal, propia de buena parte de la filmografía del personaje, y con pocas o nulas escenas inverosímiles (de hecho, a Bond le pegan y le engañan varias veces), aunque bien asentado en esa mezcla de cine de acción con espías, política ficción y suspense, con el lujo adecuado, una adecuada presencia de mujeres hermosas (estamos ante un producto para hombres) y la aparición de todo tipo de artilugios tecnológicos. Un hito cinematográfico en su momento, incluso criticado por su sadismo, pero que, en la actualidad, ha rebajado considerablemente su capacidad para impresionar al espectador medio, tanto por el mero paso del tiempo como por el desarrollo de la experiencia media del público. 


miércoles, 30 de marzo de 2016

Mis 5 imprescindibles de Sean Connery:


-       James Bond contra Goldfinger (1964).
-       La tienda roja (1969).
-       La ofensa (1973).
-       Robin y Marian (1976).
-       El nombre de la rosa (1986).

viernes, 15 de mayo de 2015

El viento y el león

3.5*

¡Joder, además de algunos portentosos guiones, el cabrón de Milius sabe hacer películas! Larga vida y feliz recuperación a John Milius.


martes, 20 de enero de 2015

El nombre de la rosa

4*

En una abadía bajomedieval italiana se están cometiendo unos asesinatos justo en el momento en que se va a producir un debate teológico entre franciscanos y representantes del Papa. Fray Guillermo de Baskerville (un trasunto de Occam, Holmes y el propio Eco, al que pone cara un mimetizado Sean Connery) acude a la abadía para investigar los asesinatos. Para ello, contará con la ayuda de su discípulo Adso (Christian Slater) aunque chocará con el representante de la Santa Inquisición, Bernardo Gui (F. Murray Abraham). Adaptación fílmica del erudito pero entretenido best seller de Umberto Eco, el apocalíptico semiólogo italiano, rodada con mucho cariño y respeto por un Jean-Jacques Annaud francamente inspirado. La película es un prodigio en la reconstrucción histórica (algo de lo que el director ya dió buenas muestras en En busca de el fuego) y en el desarrollo del suspense, pese a algunos fallos de guión (como la salida del laberinto, por ejemplo), y, además, consigue crear un micromundo absolutamente verosímil mediante una curiosa postura postmoderna de base: situar arquetipos literarios contemporáneos (incluyendo a Borges) en un mundo tan extraño y supersticioso como la cristiandad medieval. Los actores cumplen a la perfección con sus roles (mención especial a toda la galería de secundarios, como Ron Perlman), la fotografía es deliciosamente oscurantista y el score consigue trasladar al espectador al otoño de la Edad Media. Finalmente, todo este palimpsesto trasciende el puro entretenimiento sirviendo en bandeja una devastadora crítica contra la hipocresía y la crueldad de la Iglesia de Roma.

martes, 13 de enero de 2015

Un puente lejano (Aka A Bridge Too Far)

4*
Como decía Chris Marker en Level 5, “no puede haber películas de guerra porque las películas de guerra no huelen como la guerra”. Y sin embargo, las hay. Como esta cuasi olvidada producción de los hermanos Levine de la irredenta década de los setenta. A la dirección, Richard Attenborough, el hermano del naturalista y presentador de documentales de la BBC, y poseedor de una filmografía tan extraña como interesante. El reparto, es realmente impresionate (un listado de más de 20 estrellas del cine Hollywoodiense, británico, alemán y sueco de la época). Y la historia, una exquisita y detallada maniobra, repleta de acción y de ironía, que tiene como objetivo desmontar la visión heróica de la guerra, el triunfalismo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial y la supuesta racionalidad de la estrategia militar. Pero para ello hay que ver el film en su integridad porque, esto está claro, la película arranca con tranquilidad, con parsimonia, y, sin embargo, poco a poco, va construyendo un discurso crítico y nada complaciente sobre la sinrazón de la estructura castrense y todas sus acciones. Como contrapunto a esta operación fílmica, John Addison entrega una de sus más sofisticadas partituras.
 

miércoles, 21 de mayo de 2014

Odio en las entrañas (Aka The Molly Maguires)

3.5*

El desclasado detective James McParlan (Richard Harris) se infiltra en un pueblo minero de Pennsylvania para descabezar una organización que boicotea la cadena de produción de una empresa de la zona. Harto de ir por el país sin dinero en el bolsillo y con el orgullo de un lumpenproletariat, decide ponerse del lado de los aparatos represivos del estado, como los llamaba Althusser, para ganarse la confianza de los cabecillas de la organización y entregarlos a la policía. Martin Ritt, que tuvo que sufrir las consecuencias profesionales de la caza de brujas (como el guionista), pergeña una metáfora sobre el MacCarthysmo que es, en general, una metáfora sobre una concepción de la sociedad que contrasta lo que dice (la moral cristiana) y lo que hace (las necesidades del capitalismo), es decir, entre lo que está bien para muchos y lo que está bien solo para unos pocos. Ritt retrata con elegancia las condiciones de vida y las actividades clandestinas de los Inverness y, subsidiariamente, de los Molly Maguires, una organización secreta de irlandeses que lucharon por lo que Kevin Kenney ha llamado una “rough justice”. Para ello, se enfrentaron a las miserables y explotadoras condiciones laborales de finales del siglo XIX, en una USAmérica en plena expansión industrial, mediante luchas y boicots. No hay heroismo ni romanticismo alguno, solamente descripción, especialmente de todas las formas de violencia que arrinconan las vidas de los personajes. En este sentido, es una gozada la miriada de pequeños detalles que salpican la película, contrastando la humildad en la que viven la inmensa mayoría de los protagonistas del film con la riqueza y opulencia de los poderes fácticos. Y lo hace sin ningún subrayado, solamente con una inteligente puesta en escena, a base de una serie de encuadres y de movimientos de cámara que retratan con sutileza las vidas y las ideas. Es, en definitiva, un magnífico retrato de la dura vida de los mineros, tanto dentro como fuera de la mina, y, también una alegato por la justicia social, como hizo la expléndida Matewan o la seminal Qué verde era mi valle. A destacar el magnífico trabajo tras la cámara del veterano James Wong Howe, así como del resto del reparto (un casi principiante Sean Connery, Samantha Eggar, Anthony Zerbe y Frank Finlay). 

viernes, 5 de julio de 2013

Los intocables de Eliot Ness

3*

Gran éxito de crítica y público de la cinematografía USAmerica de los años ochenta que, visto ahora, no pasa de ser un aceptable ejercicio de estilo sobre algunos de los cánones del cine de gángsters. Fué perpetrado por un creador a priori bastante alejado del género, el hitchcockiano Brian de Palma, en uno de los múltiples puntos muertos que han asolado su irregular carrera. La historia narra los intentos de un agente del gobierno y de su equipo de intocables (incorruptibles) por atrapar y encarcelar a Caracortada Capone (interpretado por un Robert de Niro excesivo). La película cuenta con varias de las señas de identidad del director (movimientos de cámara retorcidos, encuadres wellesianos y contrapicados, planos en profundidad) y con alguna más que correctas virtud (como la ambientación y el vestuario), pero ni las interpretaciones ni el guión -estereotipadas las unas, endeble el otro (y eso que es obra del destacable David Mamet)- consiguen estar a la altura de la fama de un film que, no obstante, cuenta con una extraordinaria BSO de Ennio Morricone. Por otro lado, una de las mejores secuencias de la película, casi al final de la historia, está calcada de una escena mítica del gran S.M. Einsenstein, aunque se pretenda pasar por un homenaje directo o por una cita a pie de escena. Lo más interesante de este producto enlatado es, quizás, ese conjunto de sombras y oscuridades del sistema político-policial, que se intentan denunciar sin hacer énfasis alguno, como suele ocurrir en los mejores logros de un Oliver Stone o un Sidney Lumet, por ejemplo.




jueves, 6 de diciembre de 2012

007 Al servicio secreto de su Majestad

2.5*

Tras Sólo se vive dos veces, su sexta participación en la serie Bond, un aburrido Sean Connery cedió el papel del agente 007 al actor australiano George Lazenby. Sin embargo, tras el fracaso crítico (que no comercial) de esta película de Peter Hunt, Connery hubo de volver a enfundarse el smoking del agente con licencia para matar. ¿Cuáles fueron las razones para este regreso? En primer lugar, 007 Al servicio secreto de su Majestad es una producción estremadamente fiel a la novela original, lo cual obligó a estirar la trama hasta los 140’. En segundo lugar, George Lazenby no consiguió imprimir una imagen convicente a la figura de Bond, tanto por sus rasgos físicos como por su mediocre interpretación. De hecho, se hacen bromas en la misma película sobre las orejas del actor. En tercer lugar, la historia es emocionalmente compleja, sin varios de los tópicos anteriores, y en la que se puede ver a un Bond vulnerable y enamorado, como en la posterior Casino Royale. En cuarto lugar, el film tiene varios fallos de guión, de puesta en escena y de ritmo. En quinto lugar, la trama mantiene interesantes conexiones con problemas de gran actualidad (como las guerras bacteriológicas), pero el desarrollo es bastante convencional e increible (como ese grupo de letales y pizpiretas asesinas). En sexto lugar, el diseño de producción bascula entre la imagineria pop, el clasicismo british, el Estilo Internacional y lo vintage, produciendo una cierta confusión visual. En septimo lugar, la ambigüedad moral de la historia. Por ejemplo, el principal colaborador de Bond es Draco (Gabriele Ferzetti), el padre de Tracy (Dianna Rigg) y capo de una orgnización criminal que también tiene negocios legales. En octavo lugar, el pseudo aristocrático e inconsistente villano, intepretado con desgana por Telly Savallas. En noveno lugar, la película adolece de algunos irrisorios rasgos del estilo cinematográfico de finales de los sesenta y comienzos de los setenta. Sin embargo, a su favor, hay que mencionar la BSO de John Barry, la fotografía y algunas escenas de acción, francamente bien rodadas y montadas.


lunes, 9 de abril de 2012

Los Inmortales

3*
Dedicada a J.Ignacio Gallego
Connor MacLeod (Christopher Lambert) vive torturado por haber perdido al amor de su vida. Además, una inquietud silenciosa le persigue como consecuencia de su lucha perenne contra el mal, representado en la figura del Kurgan. Sin embargo, su principal desasosiego proviene de su inmortalidad, lo que le sitúa en el centro de un selecto grupo de seres indestructibles que, a causa de una maldición, deben decapitarse entre sí hasta que sólo uno de ellos sobreviva. El director australiano Russell Mulcahy, especialista en pergeñar vídeos musicales cardados, dirigió esta historia de ciencia ficción metafísica, tenuemente inspirada en la figura vampírica, sobre el enfrentamiento entre el bien y el mal y ambientada en las tierras altas de Escocia (de ahí su título original, Highlander), en una de las líneas argumentales, y en el Nueva York conservador de Reagan, en una segunda línea cronológica. Con una estética y un estilo demodé, vigorosamente heredero de la década de los ochenta (esa mezcla de gabardina y deportivas blancas; ese montaje de videoclip), y plagado de errores y anacronismos, la historia acaba derivando en una fábula maniquea sobre la violencia, donde lo más interesante es, sin duda, la composición del personaje de Sean Connery (ese espadachín español que responde al nombre de Juan Ramírez Sánchez Villalobos, nada menos) y la estupenda BSO de Queen, la banda británica creadora del desgarrador Who Wants to Live Forever, además de varias escenas fuertemente icónicas. Por su parte, Lambert obsequia al espectador con varias miradas de loco que favorecen convenientemente a la historia.
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