[Spoiler: ¿Se imaginan una conspiración para asesinar políticos
incómodos? ¿Se imaginan a una misteriosa empresa, Parallax (como las que describe Dave Eggers), detrás de esa
conspiración? ¿Se imaginan a alguno de ustedes investigando para desenmascarar
dicha conspiración? ¿Y se imaginan presentando una solicitud para entrar a
formar parte de los recursos humanos de esa empresa? ¿Se imaginan que las cosas
no acaban como uno espera? Pues bien, esto es justo de lo que trata esta
película]. Warren Beatty, testigo de un crimen político en Seattle, descubre
que el resto de espectadores del magnicidio están muriendo en extrañas circunstancias.
Poco a poco se pone a investigar y lo que descubre no le hará ni pizca de
gracia. Con una puesta en escena realmente sobria, típica de la filmografía del
director (planos fijos, pequeños movimientos de cámara, ligeros travellings, grandes planos generales,
etc.), y un ritmo adecuadamente sincopado, Pakula entrega al espectador uno de
sus característicos thrillers de política-ficción (con más política que ficción, por cierto), y con un espíritu
políticamente fustigador, en la línea de Acción
ejecutiva o JFK, por ejemplo. A
la postre, estamos ante un producto muy pesimista, que denuncia la naturaleza realpolitik que hay detrás de buena
parte de la democracia liberal representativa USAmericana (tal y como destaca
Beverly Merrill en su Reelpolitik
Ideologies in American Political Film), y que, incluso, se atreve a ponerle
una buena zancadilla a la comisión Warren, pantomima demócrata para averiguar los
motivos del asesinato de Kennedy. Como diría el propio Beatty, en el clásico de
Peter Biskind, Star: The Life and Wild
Times of Warren Beatty, “there’s nothing that can destroy Democratic Party
like a Democrat”. Convendría destacar la similitud entre el cine rodado por
Coppola en la época (especialmente, las dos primeras partes de El padrino) con el aspecto visual de este
film. No por casualidad, el artífice
de las tres narraciones visuales es Gordon Willis, nada menos, que comenta su
trabajo en el imprescindible The Masters
of Light. Uno de esos films que
ayudan al espectador ingenuo a comprender las reglas del juego político.
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miércoles, 21 de octubre de 2015
sábado, 2 de junio de 2012
La decisión de Sophie
3*
La cultura
occidental ha sido capaz de producir a Beethoven y a Walt Whitman pero también
la cámara de gas y el Holocausto. Incluso muchos nazis (como ha subrayado
George Steiner), leían a Rilke o tocaban a Schubert por la mañana y torturaban y
masacraban por la tarde. Y son muchos los esfuerzos que se han realizado para
explicar y comprender el exterminio provocado por los nazis durante la 2ª
Guerra Mundial. Esta película es uno de esos esfuerzos. William Styron, tras su
controvertida novela The Confessions of
Nat Turner, escribió la historia de Sophie, una polaca católica no judía
que, tras la guerra, emigra a los USA,
donde conoce a Nathan (del que se enamora) y, posteriormente, a Stingo, un
escritor en ciernes que se transforma en el mejor amigo de la pareja. Alan J.
Pakula dirigió (unos pocos años antes del Historikerstreit alemán) este intenso drama sobre la
experiencia de los campos de concentración y sobre el recuerdo traumático e imborrable
que deja en las personas que lo han vivido, especialmente cuando han tenido que
realizar trágicas elecciones y han sobrevivido tanto a ellas como a la
barbarie. Meryl Streep realiza una interpretación antológica (no solamente con
las distintas lenguas o acentos que debe hablar sino también a nivel emocional,
gestual), apoyada por una solvente pareja masculina, Kevin Kline y Peter
MacNicol. El guión juega bastante bien sus bazas (aunque se vea lastrado por un
elemento folletinesco, melodramático, sentimental) pero la película se alarga innecesariamente hasta los 150’.
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