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jueves, 25 de junio de 2015

Érase una vez en América (Aka Once Upon a Time in America)

5*

Una vez escribió el más atrabiliario de los críticos modernos, Sainte-Beuve, que un clásico es muchas cosas: una obra bella, una obra sensata, una obra sana, una obra que nos debe enriquecer el espíritu y que debe ser fácilmente comprensible para la época que lo produce. Pero, al mismo tiempo, el archienemigo de Marcel Proust subrayaba la idea de que un clásico debe devolvernos “nuestros propios pensamientos con toda riqueza y madurez” además de darnos “esa amistad que no engaña”. Pues bien, frente a varias obras cinematográficas del siglo XX podemos encontrarnos con todos estos valores, independientemente de ese juego secreto de acuerdos entre críticos y lectores que caracteriza la elaboración de las diferentes listas y cánones de clásicos. Sergio Leone, poseedor de una filmografía envidiable (por su calidad intrínseca pero también por el enorme esfuerzo de autosuperación que representa), es autor de, al menos, dos clásicos contemporáneos: El bueno, el feo y el malo y Hasta que llegó su hora, curiosamente dos Westerns. Aunque parece evidente que su testamento cinematográfico, Once Upon a Time in America, es la más compleja y rica de todas sus películas, incluso habiendo sido amputada y re-montada por la productora, la conservadora Warner Bros, a su real antojo (por cierto: hay una edición, de casi 250', que parece que se acerca a lo que originariamente quería el director). Estamos ante una maravilla narrativa (laberíntica, cronotípica y lineal a la vez) que, a la par, ofrece un conjunto de interpretaciones estratosféricas, una BSO mítica de Morricone y que, en conjunto, se presenta como un retrato generacional, como una reflexión sobre los efectos del tiempo en la amistad y como un retrato del lado oscuro de la historia reciente USAmericana. Martin Scorsese intentaría hacer algo parecido con Gangs of New York pero su resultado no llega ni a la suela de los zapatos a esta obra maestra de 1984. A propósito: el film está repleto de planos y de escenas memorables.


lunes, 8 de abril de 2013

Dentro del laberinto

3.5*

Sarah (Jennifer Connelly) fantasea con que los Goblins se lleven a su hermano pequeño, al que debe cuidar a regañadientes en ausencia de sus padres. Al verse cumplido su deseo, Sarah, arrepentida, se embarca en una aventura que le llevará al interior de un enorme laberinto para recuperar a su hermano de las garras de Jareth (David Bowie), el Rey de los Goblins. La factoria de Jim Henson (creadora de Barrio Sésamo y de Cristal oscuro, por ejemplo) presenta una fábula sobre el paso de la adolescencia a la madurez, es decir, sobre el abandono del característico egoísmo infantil y sobre la construcción de la generosidad y la entrega que se supone deben caracterizar a los adultos. Pero la película también es una fábula sobre el poder de la imaginación y de la fantasía, un poder que puede mejorar la realidad y que crea mundos y nos permite vivir en ellos. El film, mágico y tenebroso a partes iguales (la escena del baile entre Sarah y Jareth es espectacular, en este sentido), está rodado y narrado con ese buen gusto característico de la compañía de Henson. El guión es de Terry Jones (miembro de los Monty Pithon) y es un texto ejemplar por su mezcla de aventuras, drama, romance, comedia y fantasía. Además, el diseño de producción es maravilloso, la música es ya casi un pequeño clásico y la historia está llena de referencias a la cultura anglosajona más exquisita, desde la mitología artúrica a Robin Hood, pasando por El mago de Oz, Maurice Sendak o Lewis Carroll. Para terminar, debido al fracaso comercial de la película, ya que coincidió con el estreno simultáneo de Willow, Jim Henson tuvo que abandonar su carrera como director. Sin embargo, la película ha venido disfrutando, desde entonces, de un seguimiento amplio y fiel por parte de millones de aficionados de todo el mundo. 




sábado, 15 de diciembre de 2012

Juegos secretos

3*
Las apariencias engañan. La normalidad suele esconder sombras de represión e infelicidad. Y lo anormal, en la mayoría de las casos, no es ni tan grave ni tan peligroso como la normalidad imagina. La historia de Juegos secretos se desarrolla en un barrio residencial normal. Un barrio de clase media holgada, con matrimonios, hijos pequeños y unos padres que esconden distintas adicciones, traumas o algún tipo de extraño secreto, que la gente normal esconde a sus semejantes y suele estar relacionado con una filia sexual, como en Hapiness, de Todd Solonz. En el centro de la trama, Sarah (Kate Winslet), una especie de Emma Bovary contemporánea, que busca realizarse más allá de su papel de esposa y de madre y que, un buen día, topa con un hombre en su misma situación, Brad (Patrick Wilson). Sus respectivas parejas les desatienden y minusvaloran y por ello se desencadena toda la trama. En el plano artístico, junto a una narración que ha sido encuadrada y montada de forma convencional, el director va insertando pequeños y cinéfilos detalles: un zoom hacia atrás a lo Kubrick, unos planos de detalle a lo Wes Anderson, algunos motivos utilizados por Gus Van Sant, esa saturación de luz a lo Soderberg, una morosidad a lo Shyamalan, una planificación a lo Sam Mendes, etc. Sin embargo, hay varios destellos de auténtica personalidad, como en la puesta en escena en la secuencia de la piscina. Por otro lado, los actores están realmente bien, en particular Kate Winslet y Jackie Earle Haley. Además, el guión esta construido con una tercera persona en voz en off, que es el narrador, que sobrevuela por encima del comportamiento de los personajes y da sentido a una historia que finalmente, de una insólita manera, consigue situar a cada personaje un poco más allá de donde estaban al comenzar la película. Un drama en la línea de En la habitación, la ópera prima del director, Todd Field





martes, 15 de mayo de 2012

Mis 5 imprescindibles de Jennifer Connelly:


-       Dentro del laberinto (1986).
-       Resucitar un amor (2000).
-       Réquiem por un sueño (2000).
-       Casa de arena y niebla (2003).
-       Juegos secretos (2006).