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viernes, 12 de diciembre de 2014

Caravana de paz (Aka Wagon Master)

3.5*
Una caravana de mormones emprende un viaje hasta Utah acompañada por un par de amigos vendedores de caballos. Por el camino, viviran todo tipo de experiencias y conocerán a varios grupos humanos. Prototipo de buena parte de la filmografía de John Ford, Wagon Master (en su título original) condensa en sus casi 90 minutos varios de los mottos típicos del cine de su llorado autor: un viaje a la tierra prometida que es, además, un arquetipo para la vida de frontera en los EE.U.; una historia protagonizada por personajes humildes que adquiere un aliento épico; una narración que avanza como un carromato por las montañas de un país todavía por descubrir; una concepción grandiosa y espectacular del paisaje; diversos excursos festivos, cómicos y de acción; una visión tradicional de las relaciones humanas donde, sin embargo, hay espacio para la novedad, la redención y la diferencia (incluyendo a los aborígenes USAmericanos); y una concepción casi familiar del trabajo cinematográfico (con un lugar de privilegio para varios profesionales del gang fordiano: un expléndido Ward Bond, Ben Johnson, Harry Carey jr., Joanne Dru, Jane Darwell y Hank Worden). En definitiva, una obra de transición dignísima, rodada bajo el paraguas de Argosy, la productora del director, justo un año antes de Río Grande y solo un año después de La legión invencible. Por cierto, en La última película, de Peter Bogdanovich, se rinde un pequeño homenaje a este estupendo film.


viernes, 14 de septiembre de 2012

Las uvas de la ira

5*

Richard Rorty ha escrito que una descripción detallada de los sufrimientos e injusticias presentes y pasadas puede movilizar a las víctimas a la vez que puede intranquilizar a quienes cometen o consienten tales ofensas. John Steinbeck, que ya había plasmado la difícil lucha por la supervivencia en De ratones y hombres, condensó todas sus virtudes éticas y artísticas en Las uvas de la ira, que el guionista Nunnally Johnson adaptó para esta obra maestra de John Ford, primera parte del tríptico sobre las clases trabajadoras que completan Qué verde era mi valle y La ruta del tabaco. En la línea del mejor progresismo USAmericano (Jefferson, Whitman, Dewey, Roosevelt) Ford dirigió esta legendaria radiografía de la Gran Depresión, que se ha convertido en uno de los paradigmas del cine social por la hondura del análisis y el vigor de los símbolos utilizados, por la falta de sensiblería y, finalmente, por la maestría artística. Al mismo tiempo, hay una ráfaga anticapitalista en el film. Como en El pan nuestro de cada día, Ford no mitifica a la clase trabajadora y a los agricultores de la Dust Bowl que perdieron sus granjas “a golpe de subasta”, como escribió Howard Zinn, porque eso sería falsificar la realidad. En su lugar, presenta un sosegado retrato de sus sufrimientos y dota a los personajes de una gran dignidad, materializada a través del contraste entre la crueldad de la injusticia padecida y la entereza con la que la sobrellevan. Además, John Ford resalta la fraternidad y solidaridad existente entre las clases bajas (sin, por otro lado, escatimar los conflictos y zancadillas en su seno), en contraposición al tratamiento que reciben de las clases propietarias, avariciosas e insolidarias. Magnífica interpretación de un grupo de maravillosos actores (especialmente Henry Fonda, Jane Darwell y John Carradine). Por último, la fotografía de un Gregg Toland pre Kane es para quitarse el sombrero. Se aconseja comparar con Sounder, de Martin Ritt.